XXXVII.
"Al recoger la carta fatal, ví otra que llegó adjunta y de la que no me había apercibido cuando también cayó al suelo."
"Era de Carolina, que con su genial dulzura me daba detalles relativos á la enfermedad de mi madre prodigándome consuelos y despidiéndose de mí porque se iba para Guadalajara donde permanecería por algún tiempo en un colegio; mas en postdata escrita con letra que denunciaba no ser la suya, me decía con frío laconismo:—Te participo que, contagiada con la enfermedad de tu mamá, también murió María Luisa."
"Entonces creí que mis sufrimientos habían llegado al límite del dolor humano."
"Al asomarme en el abismo que la muerte abría en mi alma quitándome cuanto amaba en el mundo, sentí el vértigo de la desesperación. ¿No cree Ud., Padre, que tenía justicia?"
Estas últimas palabras las pronunció D. Carlos con voz muy agitada y el Padre José le contestó inmediatamente:
—No, hijo mío, no le pidamos á Dios cuenta de sus obras; Él sabe lo que hace...... Las gotas amargas que apuramos en algunas ocasiones, suelen ser preservativos para la desgracia...... el llanto derramado para dominar una pasión puede ahorrarnos la necesidad de vadear el río de lágrimas que corre por el valle de la vida.