I.

Sr. Director de El Imparcial.

Muy señor mio: La insistencia con que los periódicos conservadores han dado en extraviar la opinion pública respecto de lo que ha sucedido en las últimas elecciones de Puerto-Rico; la gravedad de todas las cuestiones que afectan á nuestra política colonial y la actitud del popular diario que le dirige, me escitan á molestar su atencion con estas líneas, dedicadas á referir exacta y brevemente cuanto respecto de la cuestion electoral puerto-riqueña ha acontecido, respondiendo yo de la verdad de los hechos con pruebas de todo género que obran en mi poder y que comunicaria á Vd. si hubiese quien deseara verificarlas.

No pretendo poner de manifiesto ni menos sincerar la conducta y la intencion de los conservadores. Eso será tarea de otro momento: mas sí me permitiré recordar que los mismos gritos y las mismas inexactitudes con que hoy se procura producir la alarma en la península, prevaliéndose de la distancia á que Puerto-Rico está y el poco conocimiento que aquí se tiene de aquellas cosas y aquellos hombres, los mismos gritos y las mismas inexactitudes se utilizaron hace poco más de un año, cuando los conservadores fueron derrotados en las elecciones de Junio de la pequeña Antilla. Vd. recordará que llegó el caso de que se vendiese por las calles de Madrid á grito pelado un periódico que anunciaba la revolucion de Puerto-Rico y no sé cuántas catástrofes, cuyo anuncio, en efecto, alarmó al público hasta que se supo que todo era una farsa. Preciso es, por tanto, estar en guardia, y bajar en todas estas cosas ultramarinas al fondo de la cuestion.

Ahora las censuras han comenzado por denunciar ante el país al presidente del Consejo de ministros como decidido protector de los diputados electos por Puerto-Rico, al señor ministro de Ultramar como opuesto al Sr. Zorrilla, inclinándose á los conservadores, enemigos aquí y allá de la actual situacion política y al general La Torre como autor de no sé cuántos desaguisados que han dado la victoria á los laborantes puerto-riqueños.

Conviene que se sepa que al abrirse el período electoral dos comisiones se personaron cerca del jefe del actual gabinete, para tratar de los asuntos de Puerto-Rico. La una la constituian los ex-diputados conservadores Sres. Esperanza, Oteiza, Sanz, Diz Romero y no sé qué otro más. La otra los Sres. Castro, Becerra, Labra, Rodriguez, Padial, Sanromá, Mosquera y otras cinco ó seis personas. Ignoro el pormenor de esa conferencia de los primeros, aunque debo declarar que á correligionarios suyos he oido que los conservadores pretendian que su actitud en el próximo Congreso, no debia preocupar al gobierno, toda vez que se inspirarian en la conducta de los diputados vascos y en una idea que repiten con frecuencia, á saber: que la política ultramarina es completamente extraña á las cuestiones de nuestros partidos; á pesar de todo lo que, siempre hemos visto á nuestros conservadores aquí haciendo de un modo perfecto, pura y simplemente política de partido.

Respecto de la conferencia de los radicales, puedo asegurar que se redujo á recabar del ministerio la seguridad de una ámplia libertad electoral y que no hubiese en Puerto-Rico ni asomo de candidaturas ministeriales. En este sentido se explicaron las personas citadas, y esto se consignó en una nota firmada por todas ellas, que obra de seguro en el ministerio de Ultramar, al cual se pasó.

A esto hay que añadir la actitud de la prensa. Yo recuerdo que El Debate—el más encarnizado adalid de los conservadores—exigió repetidas veces del ministro de Ultramar que condenase y rechazase las candidaturas de los Sres. Labra, Padial, Sanromá, Rodriguez y otros ex-diputados puerto-riqueños, legítimos y genuinos representantes del partido radical de la pequeña Antilla, prometiendo, en cierto caso, el apoyo de los conservadores en la cuestion de Ultramar. En tanto los periódicos radicales—recuerdo muy particularmente La Lertulia y El Universal—combatian estas pretensiones pidiendo al gobierno que mantuviese la libertad electoral en Puerto-Rico, absteniéndose de inmiscuirse de ningun modo en estos asuntos.

Esto fué lo que pasó aquí. Me atrevo á retar á todo el que afirme que otra cosa sucedió, á que diga qué candidato radical pidió proteccion de ningun género al ministerio ó siquiera reclamó una sola credencial ó una gracia cualquiera para su distrito: qué nuevos pasos se dieron despues de la conferencia con el señor Zorrilla, y qué insinuacion pública ó privada se hizo en contra de las inverosímiles candidaturas de los conservadores.

Es muy fácil suponer protectorados cuando la costumbre del que los supone es ejercerlos ó utilizarlos en su provecho; es muy hábil repetir uno y otro dia que la comunidad de ideas del ministerio y de tales ó cuales diputados, entraña necesariamente el apoyo de aquel en la lucha electoral; pero esto no basta ni puede bastar, para los que saben que los mismos conservadores unánimemente declaraban la víspera de las penúltimas elecciones que en Puerto-Rico era seguro el triunfo de los radicales si no se limitaba más el sufragio. Las violencias del general Gomez Pulido, análogas á las coacciones de Sagasta en la Península, determinaron entonces el retraimiento del partido radical aun en distritos tan seguros como San German, Arecibo y Mayagüez, y el éxito escandaloso de aquellas elecciones (que no esperaban los mismos conservadores, á pesar de que en Puerto-Rico rige todavía el decreto absolutista de 1825, que da al capitan general todas las facultades precisas para prender y deportar sin formacion de causa), no fué la menor de las atrocidades que registra la historia de la última administracion.

Todos sabemos cómo se pretende y se obtiene y se utiliza la influencia oficial en los períodos de elecciones. Lo saben mejor que ninguno los conservadores. Por esto es necesario que cuando se hable de proteccion gubernamental y de la ingerencia del actual ministerio en las elecciones de Puerto-Rico, se precisen los cargos, se detallen las idas y venidas de los candidatos al ministerio, se denuncien los favores, aún los más sencillos, que los candidatos logran y que pueden traducirse como una preparacion del distrito. Por lo demás es hablar al aire, cuando no hacer otra cosa de muy dura calificacion.

Ahora veamos lo que ha sucedido en Puerto-Rico; mas para esto necesito y espero de la bondad de Vd., Sr. Director, otra columna en su apreciable periódico.

Dispénseme la molestia en gracia del propósito.—B. S. M.—Un puerto-riqueño.