II.
La primera parte de esta empresa era por todo estremo difícil. Cuantos de las cosas políticas se ocupan conocen bien los compromisos precisos, terminantes, ineludibles, del partido radical en la cuestion ultramarina. No era preciso remontarse al año de 1837 en que al ser expulsados,—sin razon ni motivo, y contra el voto de 65 progresistas, entre ellos D. Fermin Caballero, Vila, Diez y otros no menos respetables,—los representantes en Córtes, de las provincias de Ultramar, se levantaba D. Agustin de Argüelles á decir: «No condenamos á la isla de Cuba y al resto de esa grande monarquía que ha finalizado para nosotros, á un sistema absoluto, despótico... Yo quiero que sean (aquellos habitantes) tan felices como nosotros; no quiero que haya un solo ápice de diferencia entre ellos y nosotros, pero quiero que esta felicidad proceda por leyes análogas á su situacion y circunstancias;» vano deseo, protesta vana que dió de sí, por un lado, la promesa, consignada como letra muerta en la Constitucion de 1837, de las leyes especiales por que se habian de regir las provincias de Ultramar, y, por otra parte, cerca de cuarenta años de absolutismo, de persecuciones y de opresion en las Antillas, que han tenido muy buen cuidado de recordar siempre los partidos conservadores, declinando toda la responsabilidad sobre el partido progresista.
Tampoco era menester acudir á las Constituyentes de 1855, en cuyo seno el Sr. D. Nicolás M. Rivero sostuvo una proposicion de ley para llevar las conquistas de la revolucion al otro lado de los mares; proposicion retirada bajo la formal palabra de los hombres de aquellos dias de que no tan solo se consignaria en las bases de la Constitucion el precepto de las leyes especiales, sino que para nuestras Antillas, se harian aquellas por las mismas Constituyentes, detenidas un instante ante el temor de la conspiracion de Pintó y las exageraciones de los sucesos de Cuba; recurso supremo á que han apelado siempre, para sostener el statu quo los reaccionarios ultramarinos, los reaccionarios de interés y de corazon, con voz y voto en los períodos revolucionarios y con autoridad, tan evidente como perjudicial, entre sus mismos enemigos de la Península, gracias al pretexto de que en nuestras Antillas solo se ventila una cuestion nacional.
No se necesitaba tampoco recordar los discursos de las eminencias del progresismo en las Córtes de 1858 al 62; las elocuentes protestas de arrepentimiento del célebre banquete de los Campos Elíseos en 1864; el texto del manifiesto del partido progresista y el espíritu y la letra de todos los programas de la democracia, señaladamente el de 1865: documentos todos en que aparece, de un modo claro y perfecto, la voluntad de los dos bandos que luego, por la fuerza de las circunstancias, han venido á formar el partido que hoy impera en las esferas del poder, proclamando la personalidad del hombre, sus augustos destinos y sus derechos naturales é imprescriptibles, y por tanto, los mismos é idénticos, ora en medio de la bravura de los trópicos, ora en las ardientes arenas del Africa, ora en el seno de las cultas y refinadas ciudades de la vieja Europa.
De más cerca son los compromisos, llevados ahora casi al detalle, porque la mayor comunicacion con nuestras provincias de Ultramar, la misma guerra de Cuba, el adelantamiento general de las ideas y la mayor cultura de nuestros hombres políticos—prescindiendo de otras causas—han hecho posible la inteligencia de muchas de las cuestiones coloniales, la distincion entre comarcas y comarcas y el presentimiento, cuando menos, de problemas antes ni sospechados, pero cuya trascendencia en el órden político interior de la Península no puede ocultarse á los que han visto cómo en nuestras Antillas se han creado las fortunas y robustecido las posiciones de ese centenar de soldados y ese grupo de burócratas, de sedientos banqueros é inverosímiles cuanto escandalosos potentados, base de los partidos reaccionarios de España é implacables verdugos de nuestros partidos liberales.
Ahí está la solemne declaracion del último Gobierno Provisional, en su Manifiesto de 25 de Octubre de 1868 á la Nacion, y que á la letra decia:
"De las ventajas y beneficios de la Revolucion gozarán tambien nuestras queridas provincias de Ultramar, que forman parte de la gran familia española y que tienen derecho á intervenir con su inteligencia y su voto, en las árduas cuestiones políticas, administrativas y sociales planteadas en su seno."
Ahí está el art. 108 de la Constitucion de 1869 que á la letra dice «que las Córtes Constituyentes reformarán el sistema actual del gobierno de las provincias de Ultramar, cuando hayan tomado asiento los diputados de Cuba Ó DE PUERTO-RICO, para hacer estensivas á las mismas, con las modificaciones que se creyeren necesarias, los derechos consignados en la Constitucion;» artículo en cuya primitiva redaccion se habia suprimido la disyuntiva.
Ahí está el proyecto de Constitucion para Puerto-Rico, presentado á la Cámara por el ministro de Ultramar, don Manuel Becerra, y en cuyo preámbulo se leen estas elocuentes frases: «Aunque otros motivos más íntimos no tuviera la Madre Patria, bastaria el indicado (el órden y la fidelidad de la pequeña Antilla) para que volviendo sobre pasados errores procurase el olvido de injusticias anteriores con la reparacion solemne y pública de ellas, con el reconocimiento leal, á la vez que ilimitado, del derecho igual para todos los hijos de España, no solo por esta consideracion de índole política, sino por otra más poderosa, de carácter puramente humano: que allí donde existe un sér inteligente y responsable, se da el derecho como el único medio de manifestacion y vida propia, de comunicacion con sus semejantes, de realizacion, en fin, del destino individual y social que la Providencia ha marcado con indelebles caractéres á los hombres y á los pueblos.... Hoy que la provincia de Puerto-Rico ha expresado su voluntad y nos presta el concurso de sus delegados, fuera impolítico, y sobre impolítico injusto, diferir por más tiempo el cumplimiento de solemnes compromisos, de reiteradas promesas, y ante todo de deberes ineludibles, que la España, que las Córtes Constituyentes, que el Gobierno, ni pueden, ni deben olvidar.»[1]
Ahí está el fallo de la Cámara que por 103 votos contra 13 desechó el particular del Sr. Romero Robledo que proponia que «se aplazase la deliberacion sobre el proyecto de Constitucion de Puerto-Rico, hasta que tomasen asiento los diputados cubanos, recomendando al gobierno la urgencia de que se procediese á hacer las elecciones en la isla de Cuba;» votacion[2] importantísima no solo por la materia sobre que recaia, si que tambien por haberse abstenido todos los diputados de procedencia conservadora, emitiendo sus votos solo los tradicionalistas y cuatro progresistas[3] y siendo quizá la primera vez que se rompia el pacto de los dos partidos gobernantes desde Octubre de 1868.
Ahí está la Ley preparatoria para la abolicion de la esclavitud, presentada por el Sr. D. Segismundo Moret y votada por la Cámara Constituyente; ley en cuyo art. 21 se dice de un modo terminante: «El gobierno presentará á las Córtes cuando en ellas hayan sido admitidos los diputados de Cuba, el proyecto de ley de emancipacion indemnizada de los que queden en servidumbre, despues del planteamiento de la Ley preparatoria;» siendo de advertir que la condicion de la presencia «de los diputados de Cuba» se establecia por acuerdo del autor de la frase, del ministro de Ultramar y de la comision que habia dado dictámen, en el supuesto de que en la próxima legislatura habrian de estar los tales diputados, sin que su ausencia, en todo caso, pudiese detener la ejecucion de la ley en la legislatura próxima.[4]
Ahí está la Ley de organizacion municipal, obra del señor don Nicolás M. Rivero, votada por las Constituyentes en Junio de 1870, y en cuya 4.ª disposicion transitoria se manda que «se aplique la ley desde luego á la provincia de Puerto-Rico con arreglo á los proyectos de Constitucion y de Ayuntamientos de la misma»—presentados por el señor Becerra—precepto hasta ahora no cumplido, para desdoro del poder soberano de la Metrópoli y agravio de la memoria de las Constituyentes.[5]
Ahí están las palabras con que D. Cristino Martos, que á la sazon ocupaba la presidencia de la Cámara saludó la entrada de los diputados de Puerto-Rico en las Constituyentes:
"Sea bien venido ese represente Sr. Vardes Linares, (el que acababa de hablar en la cuestion de los defensores de las Tunas, abogando porque se hiciese de Puerto-Rico una verdadera provincia española) con todos sus dignos compañeros. Que sepa que la Asamblea Constituyente, representante de la revolucion de Setiembre, acoje con placer su noble palabra y con gratitud la espresion de sus patrióticos sentimientos, y que ciertamente las Córtes soberanas de la nacion, lo mismo que el gobierno, han de responder á ese sentimiento de elevado patriotismo que aquí se expone en nombre de esa provincia, llevando allí tan pronto como sea posible las reformas liberales á que tiene derecho."[6]
Ahí están las frases del presidente del Consejo de ministros, de D. Juan Prim, en la misma sesion y con idéntico motivo:
"...Estén tranquilos los diputados por Puerto-Rico; tranquilícese aquella hermosa provincia que yo aprendí á estimar cuando tuve el honor de mandarla como capitan general: yo que me llevé de aquel país un buen recuerdo, á mí recibieron allí con aprecio y benevolencia, y siempre les he correspondido y en cuanto de mi dependa, pueden estar seguros los señores representantes de Puerto-Rico que sus deseos serán satisfechos. En cuanto á las ideas políticas, estén seguros tambien los puerto-riqueños que de una manera completa y bien entendida quedarán satisfechas todas sus aspiraciones."
Ahí está el discurso pronunciado por el entonces ministro de Ultramar, D. Segismundo Moret, al terminarse las sesiones de las Constituyentes, y cuyas últimas frases fueron—contestando al diputado Sr. Padial, que preguntaba: ¿cómo se han de cumplir en lo sucesivo los arts. 108 y 109 de la Constitucion?
"La obligacion de hacer estensiva la Constitucion de la monarquía á las provincias de Ultramar y la de presentar una ley especial de gobierno para las islas Filipinas, es una obligacion constitucional que queda perfectamente definida y habrá de continuarse, lo mismo en este punto que en lo referente á la organizacion municipal en las futuras Asambleas que por el país se elijan; y lo mismo digo respecto á la cuestion de esclavitud. Esto me parece absolutamente fuera de toda duda, y solo por satisfacer á S. S. lo afirma ahora el Gobierno."
"...En resúmen, la Constitucion de Puerto-Rico queda para las Córtes próximas, y entre tanto, los derechos electorales están para siempre adquiridos en Puerto-Rico, pues no entiende el Gobierno que pueda haber elecciones generales sin que las haya tambien en aquella leal provincia. Y respecto de los demás puntos, en especial á la esclavitud, el Gobierno cree que sus compromisos no concluyen en esta Asamblea, sino que siguen y seguirán hasta que tengan completa satisfaccion."[7]
Ahí está el párrafo de la contestacion al Mensage de la Corona de Abril de 1871; párrafo debido, segun de público se dijo y nadie negó, á las reclamaciones de los señores don Nicolás María Rivero y D. Gabriel Rodriguez, presidente é individuo, respectivamente, de la comision nombrada para redactar el documento, y que á la letra dice: «Fatal legado del antiguo régimen, durante el cual fermentaron las pasiones rencorosas y se preparó la esplosion, es la guerra civil que arde en Cuba todavía; pero el Congreso de Diputados comparte con V. M. la esperanza de que pronto y dichosamente termine. La entereza del gobierno, el patriotismo, valor y sufrimiento de la marina, del ejército y de los voluntarios, la pericia de sus jefes y el constante ánimo de la nacion entera, contribuirán á este fin juntamente con la persuasion que ha de ganar al cabo la mente de los rebeldes, de que sometidos, alcanzarán las libertades que en vano quieren obtener por la fuerza. Su empleo estorba solo el cumplimiento de las promesas de la revolucion, las cuales no tardarán en cumplirse, como el Congreso desea, en la otra grande Antilla española, donde la paz no se ha turbado y donde el pleno goce de los derechos políticos y la abolicion de la esclavitud no han de influir en que se turbe.»[8]
Ahí está el manifiesto de 15 de Octubre de 1871, que sirvió de bandera al partido radical de la Península, firmado por catorce diputados de la pequeña Antilla, y que, con asentimiento (como era natural) de los prohombres del radicalismo fué llevado á Puerto-Rico, por los Sres. Baldorioty, Blanco y Sanromá, para que á su sombra peleasen, como pelearon en medio de las mayores contrariedades, los electores puerto-riqueños, y enviaran cuatro miembros, notables por su carácter y, su inteligencia y su palabra[9], á la oposicion radical del Congreso, y dos á la oposicion del Senado.[10] .....«Extinguir á todo trance la rebelion de Cuba, y asegurar á toda costa la integridad nacional, sin hacer para ello concesiones que el honor de España no consiente ni transacciones que el patriotismo de nuestro partido rechaza; y una vez restablecida la paz, entrar para aquella isla en el camino de las reformas que la Constitucion de 1869 ha ofrecido libremente á nuestros conciudadanos de Ultramar y que han comenzado á plantearse en Puerto-Rico, donde la tranquilad no se ha turbado y donde el complemento de estas reformas y la abolicion de la esclavitud no han de influir para que se turbe...: he aquí nuestro firme propósito.»
Ahí está el discurso pronunciado por el Sr. Rivero (actual presidente del Congreso y fundador de aquel célebre periódico La Constitucion, que desde el primer dia levantó bandera contra las dos rebeliones de Cuba, antes del motin contra el Banco, la huelga de los cocheros y los fusilamientos del 28 de Noviembre de 1871 en la Habana) en el gran meeting tenido por el partido radical en el Circo de Price el 26 de Noviembre del año último, y donde decia:
"He sido llamado filibustero y republicano. Deseo ser bien comprendido por lo que respecta á esta materia, y hablaré sin reserva alguna á mis amigos políticos aquí reunidos. Señores, yo siempre he defendido el mismo principio, del cual jamás me desviaré. Es mi deseo que las colonias sean verdaderas provincias españolas, pero que el pabellon de Castilla ondee siempre en ellas. Siempre he defendido esto, y me tomo la libertad de observar que yo fuí el primero que levantó la bandera de la perfecta asimilacion de aquellas posesiones, en el sentido político y administrativo, con las demás provincias de nuestro país. Pero, señores, por la misma razon que amo á los habitantes de aquellas colonias como hermanos, quisiera verlos en el goce de las mismas libertades y los mismos derechos que aquí hemos conquistado con tanto trabajo: derechos y libertades que les son debidos porque les han sido prometidos y porque yo deseo que estén dispuestos á ser leales y verdaderos hermanos nuestros. (Aplausos.) Señores, yo no quiero esclavos. (Grandes aplausos.) Yo no quiero que mi país, no quiero que el país de Isabel la Católica, no quiero que la patria del P. Las Casas sea la última en arrancar de su seno este baldon de la humanidad. Mas si deseo para mis hermanos de las colonias la Constitucion y las libertades de España, nunca por mi parte, concurriré á que mi país conceda esa libertad y esa constitucion á los que nos las piden á balazos. (Aplausos.) Ha de ser don espontáneo de nuestras almas: acuerdo de los poderes públicos generosamente tomado. Sólo así, esto que nuestros padres conquistaron, que nosotros mismos hemos alcanzado á costa de tanta sangre, de tantas lágrimas, de tantas heróicas víctimas, les puede ser concedido."
Y el Sr. Martos añadia en la misma reunion entre los aplausos de las 12 mil personas que asistian á ella. «Somos llamados filibusteros porque queremos conceder reformas á nuestras posesiones coloniales, á Cuba, despues de haber hecho sentir á los rebeldes el peso de nuestras armas, y porque asimismo, somos favorables á la abolicion de la esclavitud, que es un insulto al siglo. Con más justicia podríamos nosotros apellidar á los que así nos hablan, negreros:»—palabras (de igual suerte que las del Sr. Rivero) de tanta importancia, como que fueron reproducidas en los despachos de Mr. Sickles, embajador de los Estados-Unidos, al Gobierno de su país, y de Mr. Layard al conde Granville, ministro de Negocios Extranjeros de la Gran Bretaña, en 28 de Noviembre de aquel mismo año.[11]
Ahí está la enmienda presentada (aunque no discutida) por los Sres. Sanromá (actual consejero de Estado) Pasaron y Lastra (actual vicepresidente del Congreso) Gomez Marin (actual subsecretario del ministerio de Ultramar), Moreno Portela (actual gobernador de Toledo), Alvarez Peralta, Molini y Anglada (actuales diputados á Córtes), como miembros de la oposicion radical en Mayo de 1872, al proyecto de contestacion al Mensaje de la Corona; Mensage notable por su absoluto silencio respecto de Puerto-Rico y por sus afirmaciones del statu quo ultramarino mientras durase la guerra de Cuba. «En tanto llega—decia la enmienda—el anhelado dia de la paz en la grande Antilla, la Cámara cree que deben cumplirse los compromisos de honor, contraidos por la revolucion de Setiembre llevando á Puerto-Rico las reformas á que se refiere el art. 108 de la Constitucion vigente y declarando abolida la esclavitud de los negros, conforme á las constantes escitaciones de los habitantes de aquella isla, preparada escepcionalmente para la solucion definitiva de su cuestion social.»[12]
Ahí está el discurso pronunciado en aquella misma legislatura por D. Manuel Becerra que decia.....
"¿Hay alguna razon para que no se lleven á Puerto-Rico las reformas que reclama con tanta justicia, despues de haberles dicho un dia y otro que sí, que serian tales españoles, que gozarian de los mismos derechos que nosotros, de los mismos deberes y de las mismas ventajas? Nosotros que por una malhadada idea los echamos del Congreso en 1837 á esos puerto-riqueños, que en una lucha con malas condiciones han dado sus soldados, y no sólo dieron soldados sino que el país quedó sin uno siquiera por que todos fueran á Santo Domingo á defender la bandera española con motivo de la guerra á que dió márgen la desdichada, la efímera anexion de 1861. Yo pregunto: si allí no hay guerra ¿por qué no llevais la Constitucion española modificada como requiere el estado de aquel país? ¿Por qué no pensais en abolir la esclavitud? ¿Qué inconveniente ofrece esto más que la indemnizacion? ¿Por qué no pensais en darles un Código Penal, del cual carecen?..... De suerte que todo de consuno, la conveniencia, la justicia nos aconseja llevar inmediatamente la reforma á Puerto-Rico. ¿Os parece, señores diputados, un escándalo el que Puerto-Rico tenga un Ayuntamiento? ¿Os parece escándalo que una poblacion de tal densidad y con tales condiciones viva sin Ayuntamiento? ¿Os parece que es este un buen sistema colonial? ¿Es este el sistema colonial de los ingleses, de los holandeses, de los portugueses, del Brasil? ¡Quedamos hoy, ó somos nosotros la sola Nacion que tiene la horrible mancha de la esclavitud, mancha que cae lo mismo sobre el oprimido que sobre el opresor!"[13]
Ahí está la prensa radical de Madrid en el momento de subir al poder el partido dominante. El Imparcial decia el 3 de Julio:
"Sería chusco que el partido radical, sólo por imitar á los conservadores, que tanto han explotado las cuestiones ultramarinas para hacerles servir á sus fines en la Península; que el partido radical, decimos, no procediera respecto á aquellas provincias tal y como en sus manifestaciones ha dicho al país, así en el Parlamento como fuera de él, lo mismo por la voz autorizada de sus jefes en el poder y en la oposicion, que por los solemnes documentos que de vez en cuando se ha visto obligado á publicar." [14]
Y más tarde, el dia 4, añadía:
"Nosotros no hemos dicho por cuenta propia que no existe política radical para Ultramar. Es una opinion de los conservadores y del mismo Debate cuando asegura que allí no es posible hacer otra política que la española. La nuestra y la del colega son españolas y sin embargo, difieren en muchos puntos que no hay para qué nombrar ahora."
"Cuando ayer hablamos de la política ultramarina de nuestro partido, nos referimos á las declaraciones que el partido ha dirigido al país. Ahí están nuestros manifiestos, los programas de los gabinetes radicales. Las opiniones individuales que difieren en más ó en menos del resto del partido, no constituye dogma en la iglesia radical."[15]
La Tertulia en su número del 14 de Julio combatiendo á los que como La Discusion, temian que el gobierno retrocediese en la política colonial y á los que, como El Debate, le invitaban á entrar en sus aguas, decia:
"¿Duda nadie que nuestros hombres cumplirán sus compromisos y sus ofertas en puntos tan graves como las quintas, el jurado, el derecho de asociacion, etc. etc.? Pues ¡porqué ha de retroceder en la cuestion de Ultramar!!!....."
"Que dentro de un gran partido haya grados y matices, todo el mundo lo sabe, y esto prueba la riqueza del partido. Así, no es estraño que entre los radicales haya muchos que crean, sobre Ultramar, tal ó cual reforma preferible á esta ó la otra..."
"Se trata, por ejemplo, de la abolicion de la esclavitud. Muchos de nuestros amigos son partidarios de la abolicion inmediata, y otros de la lenta ó aplazada, todos empero, y este es el compromiso del partido, son defensores, no sólo de la abolicion, sino á comenzar desde luego á realizarla."
"Y hay más. Dentro del partido radical, como dentro de todos los partidos, caben hombres que no están en un todo y absolutamente de acuerdo con el programa ó el credo de la Iglesia, si bien aceptan ó defienden la mayor parte, la casi totalidad de sus artículos. No por esto los rechazamos; pero en cambio sostenemos que esos hombres no pueden tomar el nombre ni valerse de la autoridad del partido para realizar sus opiniones particulares. Un enemigo de las reformas, por ejemplo, sería imposible en el ministerio de Ultramar, como lo sería un partidario de las reformas políticas inmediatas en Cuba."[16]
El Universal escribia el 5 de Julio:
"... Precisa, por tanto fijar bien el estado de las cosas. Ni carantoñas, ni ladridos podrán conseguir del partido radical que renuncie á sus compromisos ni falte á su palabra. Nosotros tenemos un programa, y nadie, ni alto, ni bajo, puede faltar á él sin incurrir en nota que todos los hombres honrados miran con horror."
"Nadie puede alegar duda respecto de lo que hará el partido radical. Al aire tiene desplegada su bandera la víspera del 16 de Junio, y todo el mundo conoce su manifiesto programa del 15 de Octubre de 1871."
"En lo relativo á Ultramar es terminante."
"Extinguir á todo trance, etc... y que han comenzado á plantearse en Puerto-Rico, donde la tranquilidad no se ha turbado, y donde el complemento de estas reformas y la abolicion de la esclavitud no ha de influir en que se turbe."
"He aquí nuestros compromisos:"
"... Lo que se puede pedir, lo que hay perfecto derecho de pedir de nuestro partido, y por tanto al ministro actual, lo dice claro el párrafo que hemos copiado; y nosotros podemos afirmar, que á fuer de sincero y honrado el partido radical hará la reforma en Puerto-Rico y abolirá la esclavitud. Para esto ha subido al poder."[17]
La Nacion decia el 3 de Julio:
"... (Despues de copiar las palabras del Manifiesto de Octubre del 71.)"
"Pues bien, cuando tan terminantemente se consignan esos propósitos por un partido, ¿es justo abrigar sospechas sobre ellos? De ningun modo. Nosotros venimos sosteniendo constantemente la opinion de que si en Cuba no es posible intentar reforma alguna, en Puerto-Rico muy al contrario, estamos obligados á llevar aquellas á que se han hecho acreedores con su conducta sensata, y tan solemnemente les tenemos prometidas."
"Que fuera gran torpeza y notoria injusticia condenar á la menor de las Antillas á misma suerte que su vecina la isla de Cuba, por el solo hecho de su proximidad á la insurreccion. Esto, en vez de atraer culpabilidad sobre Puerto-Rico, es un timbre glorioso para los fieles borinqueños que no se contagian con la traicion de sus hermanos y que saben conservarse fieles á la madre patria."[18]
Ahí está la contestacion del Mensaje de la corona en las actuales Córtes. El del Congreso decia:
"Conseguido el propósito, pacificada la isla, salvo el honor, que ya no podrán estimarse las reformas ni motejarse la libertad como muestras de flaqueza ó complacencias exigidas y arrancadas, anhelan el Congreso y el gobierno que goce Cuba de libertades y derechos, cumpliéndose lealmente las solemnes promesas hechas por las Córtes Constituyentes."
"En la otra Antilla, donde la paz no se ha turbado, y donde el pleno goce de los derechos políticos y la abolicion de la esclavitud no han de influir en que se turbe, no tardarán sin duda, como el Congreso desea, en verse totalmente realizadas las promesas de la revolucion."[19]
El del Senado como sigue:
"Ese venturoso restablecimiento de la calma en la parte más considerable y feraz de la isla, permite esperar que en breve han de estenderse los beneficios de la paz á la escasa porcion de territorio agitada todavía por el furor de las bandas insurrectas, y que entonces, puestos á salvo de toda sospecha los generosos móviles del gobierno, será dado cumplir, sin nota de flaqueza, los solemnes compromisos de la revolucion."
"Parte de esta deuda está satisfecha ya con las acertadas reformas que, despues de salvar la crísis económica, han regularizado la administracion, introduciendo en ella escrupulosa moralidad."
"En más breve plazo podrá gozar de mayores ventajas la pacífica isla de Puerto-Rico, la cual, encerrada en los limites del deber por la sola fuerza de su lealtad, merece ver atendidas sin temor ni recelo sus justas aspiraciones, y conseguir que los poderes públicos, secundando la generosa conducta de sus habitantes, promuevan la abolicion de la esclavitud."[20]
Ahí están, en fin, los discursos del Sr. D. Manuel Ruiz Zorrilla; uno al terciar en el debate sobre las actas de Puerto-Rico; otro al resumir los solemnes debates de la contestacion del Mensaje en el Congreso. En el primero decia:
"La cuestion de Puerto-Rico es completamente distinta, y así lo han consignado el gobierno y la comision en el discurso de la corona y en la contestacion al mismo: aquí discutiremos lo que más convenga al bien de la patria y al reposo de este país tan perturbado, mirando si una medida prematura puede traer la pérdida de unos ó de otros intereses de los que debemos mirar con predileccion en las Antillas."
"Examinaremos las cuestiones de Puerto-Rico, oiremos á sus diputados; pero lo mismo acerca de esto que acerca de todo lo demás, voy á hablar con sinceridad, como mi conciencia me dicta; creo que así opinan mis compañeros de gabinete y la mayoría de ambos cuerpos colegisladores: todo lo que pueda perjudicar á la integridad del territorio, no lo hemos de hacer, ni lo hemos de proponer ni lo hemos de procurar nosotros; todo lo que pueda favorecer la integridad de la patria, nosotros lo hemos de hacer y proponer y procurar. Y en cuanto al cumplimiento de las promesas que la revolucion ha hecho, hechas están, y los hombres que las votaron no han de decir que no quieren cumplirlas. Si creyeran que se habian equivocado, lo dirian; pero no lo creen, y están dispuestos á sostener y realizar aquellas promesas."
"Pero, ¿le parece al Sr. Sanromá que se puede marchar tan de prisa como S. S. desea? Pues qué ¿hemos hecho aquí todo lo que teniamos que hacer? ¿No está puesto en tela de juicio todo, desde la dinastía hasta la última conquista revolucionaria? Si esto es verdad, si los ánimos están agitados, si las conciencias no están formadas sobre multitud de asuntos; si las opiniones están divididas, y más que en nada en la cuestion de Ultramar, ¿no han de creer los amigos que piensan que allí nada se puede hacer, y los amigos que opinan que se puede hacer todo; no han de creer, contando con la buena fé y el liberalismo de este gobierno, que se han de conseguir estas dos cosas: para los unos la pacificacion de la isla, defendiendo la integridad del territorio; para los otros despues las reformas en las Antillas, recibiendo las bendiciones de los que hoy las pretenden, y convenciendo á los que hoy las combaten? (Aplausos.)"[21]
En el segundo discurso decia el Sr. Zorrilla, despues de hablar del statu quo en Cuba, mientras durase la guerra:
"Y vamos á Puerto-Rico, que es la otra colonia. En Puerto-Rico, señores, éstos como los otros gobiernos de la revolucion, éste como los otros Congresos, han marcado siempre la diferencia que habia respecto de Cuba. Tomad los programas de los gobiernos; tomad los discursos de todos los oradores; tomad la contestacion al discurso de la Corona; tomad el proceder de todos los ministros, y vereis cómo siempre se han propuesto, cómo siempre se han trazado una marcha completamente distinta en la una y en la otra isla, en la una y en la otra provincia. Respecto de esto dije tambien terminantemente, en nombre de todos mis compañeros, que sosteniamos todas y cada una de las promesas hechas por la revolucion."
"Pero viene despues la segunda parte; y dicen los amigos, y dicen los partidarios de las reformas en más ó menos escala en aquella Antilla: "pero ¿y cuándo? porque esto lo han dicho todos los gobiernos, hasta los gobiernos moderados. ¿Y qué reformas son las que vais á llevar? porque esto lo necesitamos saber." Pues yo os digo, despues de haber tomado antecedentes de ministros de distintas opiniones, de unos oyéndolos de viva voz, de otros porque hay datos en el ministerio de Ultramar, que la cuestion de la esclavitud en la isla de Puerto-Rico es una cuestion fácil, es una cuestion sencilla, es una cuestion que se podrá realizar pronto; pero que no puede el gobierno, ni podia el gobierno, ni tenia nadie derecho á exigirle que cuando no hay una sola ley todavía empezada á discutir de las que ha presentado sobre la mesa á pesar de haber muchas ó algunas que le hacen falta, pusiera sobre todas la cuestion de la esclavitud en Puerto-Rico."
"Y viene una segunda cuestion, de la cual tambien hay antecedentes en el ministerio de Ultramar, sobre la cual ha discutido el gobierno, y sobre la cual tiene formada su opinion; y con esto contesto á los que el otro dia tradujeron, sin acordarse de mi carácter, sin reconocer mi franqueza, porque cuando no quiero decir una cosa me la callo, pero nunca digo lo contrario, á los que el otro dia creyeron que cuando yo decia: "estudiaremos todo lo que hay que hacer en Puerto-Rico," yo decia: "estamos lo mismo que hace diez años, estamos lo mismo que la víspera de la revolucion; estamos lo mismo que si aquí hubiera un gobierno que se propusiera que las Antillas estuvieran, en la situacion en que estaban hace veinte años." Hay, pues, una cosa importantísima que desean, que piden la mayor parte de los españoles de Puerto-Rico, y es el planteamiento de la ley de ayuntamientos. El gobierno ha de resolver tambien sobre esta cuestion, y el gobierno os ha de traer á las Córtes la resolucion que acerca de ella recaiga; pero estad seguros que aunque no sea más que para cargarse de mucha más razon y de mucho más derecho con los rebeldes de Cuba, ha de manifestar su gratitud, su cariño y su consideracion á los leales de Puerto-Rico. ¿Qué quereis que os diga esta noche? ¿Estos y estos artículos tendrá este proyecto de ley y el otro proyecto de ley? ¿Es esta la discusion en que estamos? ¿Hemos descendido á esto en ninguno de los párrafos de que se ocupa el discurso de la Corona?"
"Y despues de todo, si creeis que el gobierno tarda, si creeis que el gobierno no cumple sus promesas, ¿no teneis la iniciativa del diputado ó para escitar su celo, ó para escitar á la Cámara para que cumpla las promesas que el gobierno no quiere cumplir?"
"No tengo más que decir sobre la cuestion de Ultramar. El párrafo del discurso de la Corona relativo á este punto es el que los individuos de todos los partidos votaron en las Córtes del año anterior, cuando existia el ministerio de conciliacion. Ese es nuestro programa; ese es nuestro pensamiento; eso fué lo que se dijo en el manifiesto del 12 de Noviembre, eso es lo que yo he dicho cuando se ha reunido el partido radical; eso es lo que yo dije antes del 15 de Octubre, y eso es lo que como hombres leales estamos dispuestos á cumplir. ¿Hay algo más de lo que yo os he dicho, porque exigen esta explicacion el estado de los ánimos y la importancia que á esta cuestion se ha dado en estos dias; hay algo más en el párrafo? Pues el gobierno está dispuesto á cumplirlo. ¿Hay algo menos? Pues ya sabeis lo que el gobierno ha agregado á lo que en el párrafo se dice."[22]
Tales son no solo los compromisos del partido radical en la cuestion de Puerto-Rico, sino las manifestaciones que los hombres más importantes del radicalismo han hecho, lo mismo en la oposicion que en las esferas del poder: comentario el más autorizado del Manifiesto de 15 de Octubre de 1871.