LXXI

Non quisiera, yernos míos,

haber visto tal guisado,

cual el d’este mal suceso,

magüer cuido algún gran daño.

¿Son éstas ropas de bodas?

¡Haya mal grado el diablo!

¿Qué pavor ha sido el vuestro,

que habéis fecho tal recaudo?

Teniendo las vuesas armas,

¿por qué fugisteis entrambos?

¿Non estábades conmigo

para siquiera mirallo?

Pedisteis al Rey mis fijas

cuidando de valer algo,

non fice mi voluntad,

mas fice en el su mandado.

¿Vosotros sodes los novios

para mi vejez guardados?

¡Buena vejez me daredes

siendo tan afeminados!

No quiero pasar de aquí,

que si miro lo pasado

reviento de pesadumbre

considerando este caso.—

Estas palabras el Cid

les dijo muy enojado

por haber así fuído

del león los dos hermanos:

agraviáronse los Condes,

y con él quedan odiados.