XLII

Aún no es bien amanescido,

qu’el cielo estaba estrellado,

cuando se armaba en Zamora

el buen viejo Arias Gonzalo:

ármanle sus cuatro hijos,

qu’ellos ya estaban armados.

Mientras las armas le ponen

les dice el viejo esforzado:

—De cinco que sois, mis hijos,

escogí sólo los cuatro,

por ser yo el quinto y postrero,

que me hallaré en el campo.

Bien conozco, hijos míos,

que este afán me era excusado,

pues do vosotros estáis

ya yo soy privilegiado;

mas el repto de don Diego

á ninguno había excusado,

ni viejo, chico ni mozo,

ni por nacer ni finado.

Hierbas, aguas, plantas, peces,

todo lo tienen reptado,

y pues él nada reserva,

no quiero ser reservado.

Mirad, hijos, que lleváis

delante al que os ha engendrado;

mirad que dice el refrán

en Castilla muy usado:

«Por su ley y por su rey

»y su tierra, está obligado

ȇ morir cualquiera bueno.

»y mejor si es hijodalgo.»

Mirad, hijos, que lo sois

de sangre d’este mi lado,

y que el honor ó la afrenta

eso queda en vuestra mano.