I

Abril florecía

frente a mi ventana.

Entre los jazmines

y las rosas blancas

de un balcón florido,

vi las dos hermanas.

La menor cosía,

la mayor hilaba...

Entre los jazmines

y las rosas blancas,

la más pequeñita,

risueña y rosada,

su aguja en el aire,

miró a mi ventana.

La mayor seguía,

silenciosa y pálida,

el huso en su rueca,

que el lino enroscaba.

Abril florecía

frente a mi ventana.

Una clara tarde

la mayor lloraba,

entre los jazmines

y las rosas blancas,

y ante el blanco lino

que en su rueca hilaba.

—¿Qué tienes?—le dije.—

Silenciosa y pálida,

señaló el vestido

que empezó la hermana:

en la negra túnica

la aguja brillaba;

sobre el blanco velo,

el dedal de plata.

Señaló a la tarde

de Abril que soñaba,

mientras que se oía

tañer las campanas.

Y en la clara tarde

me enseñó sus lágrimas...

Abril florecía

frente a mi ventana.

Fué otro Abril alegre

y otra tarde plácida.

El balcón florido

solitario estaba...

Ni la pequeñita,

risueña y rosada,

ni la hermana triste,

silenciosa y pálida,

ni la negra túnica,

ni la toca blanca...

Tan sólo en el huso

el lino giraba

por mano invisible;

y en la obscura sala

la luna del limpio

espejo brillaba...

Entre los jazmines

y las rosas blancas

del balcón florido,

me miré en la clara

luna del espejo

que lejos soñaba...

Abril florecía

frente a mi ventana.


DE LA VIDA
(COPLAS ELEGÍACAS)

¡Ay del que llega sediento

a ver el agua correr

y dice: La sed que siento

no me la calma el beber!

¡Ay de quien bebe y, saciada

la sed, desprecia la vida:

moneda al tahur prestada

que sea al azar rendida!

¡Del iluso que suspira

bajo el orden soberano,

y del que sueña la lira

pitagórica en su mano!

¡Ay del noble peregrino

que se para a meditar,

después de largo camino,

en el horror de llegar!

¡Ay de la melancolía

que llorando se consuela,

y de la melomanía

de un corazón de zarzuela!

¡Ay de nuestro ruiseñor,

si en una noche serena

se cura del mal de amor

que llora y canta sin pena!

¡De los jardines secretos,

de los pensiles soñados,

y de los sueños poblados

de propósitos discretos!

¡Ay del galán sin fortuna

que ronda a la Luna bella;

de cuantos caen de la Luna,

de cuantos se marchan a ella!

¡De quien el fruto prendido

en la rama no alcanzó;

de quien el fruto ha mordido,

y el gusto amargo probó!

¡Y de nuestro amor primero,

y de su fe mal pagada,

y, también, del verdadero

amante de nuestra amada!