I

Juan y Martín, los mayores

de Alvargonzález, un día

pesada marcha emprendieron,

con el alba, Duero arriba.

La estrella de la mañana

en el alto azul ardía.

Se iba tiñendo de rosa

la espesa y blanca neblina

de los valles y barrancos,

y algunas nubes plomizas

a Urbión, donde el Duero nace,

como un turbante ponían.

Se acercaban a la fuente.

El agua clara corría

sonando cual si contara

una vieja historia dicha

mil veces, y que tuviera

mil veces que repetirla.

Agua que corre en el campo

dice en su monotonía:

“Yo sé el crimen. ¿No es un crimen,

cerca del agua, la vida?”

Al pasar los dos hermanos

relataba el agua limpia:

“A la vera de la fuente

Alvargonzález dormía.”