II

Y era el demonio de mi sueño, el ángel

más hermoso. Brillaban

como aceros los ojos victoriosos,

y las sangrientas llamas

de su antorcha alumbraron

la honda cripta del alma.

—¿Vendrás conmigo?—No, jamás; las tumbas

y los muertos me espantan.—

Pero la férrea mano

mi diestra atenazaba.

—Vendrás conmigo...—Y avancé en mi sueño,

cegado por la roja luminaria.

Y en la cripta sentí sonar cadenas

y rebullir de fieras enjauladas.


III

Desde el umbral de un sueño me llamaron...

Era la buena voz, la voz querida.

—Dime: ¿vendrás conmigo a ver el alma?...

Llegó a mi corazón una caricia.

—Contigo siempre... Y avancé en mi sueño

por una larga, escueta galería,

sintiendo el roce de la veste pura

y el palpitar süave de la mano amiga.


IV
SUEÑO INFANTIL

Una clara noche

de fiesta y de luna,

noche de mis sueños,

noche de alegría

—era luz mi alma,

que hoy es bruma toda,

no eran mis cabellos

negros todavía,—

el hada más joven

me llevó en sus brazos

a la alegre fiesta

que en la plaza ardía.

So el chisporroteo

de las luminarias,

Amor sus madejas

de danzas tejía.

Y en aquella noche

de fiesta y de luna,

noche de mis sueños,

noche de alegría,

el hada más joven

besaba mi frente...,

con su linda mano

su adiós me decía...

Todos los rosales

daban sus aromas,

todos los amores

Amor entreabría.