II

Tres niños están jugando

a la puerta de su casa;

entre los mayores brinca

un cuervo de negras alas.

La mujer vigila, cose,

y a ratos sonríe y canta.

—Hijos, ¿qué hacéis?—les pregunta.

Ellos se miran y callan.

—Subid al monte, hijos míos,

y antes que la noche caiga,

con un brazado de estepas

hacedme una buena llama.


III

Sobre el lar de Alvargonzález

está la leña apilada;

el mayor quiere encenderla,

pero no brota la llama.

—Padre, la hoguera no prende;

está la estepa mojada.

Su hermano viene a ayudarle,

y arroja astillas y ramas

sobre los troncos de roble;

pero el rescoldo se apaga.

Acude el menor, y enciende

bajo la negra campana

de la cocina, una hoguera

que alumbra toda la casa.


IV

Alvargonzález levanta

en brazos al más pequeño,

y en sus rodillas lo sienta.

—Tus manos hacen el fuego...

Aunque el último naciste,

tú eres en mi amor primero.

Los dos mayores se alejan

por los rincones del sueño.

Entre los dos fugitivos

reluce un hacha de hierro.