V

Los tres hermanos contemplan

el triste hogar en silencio,

y con la noche cerrada

arrecia el frío y el viento.

—Hermanos, ¿no tenéis leña?—

dice Miguel.

—No tenemos—

responde el mayor.

Un hombre

milagrosamente ha abierto

la gruesa puerta, cerrada

con doble barra de hierro.

El hombre que ha entrado tiene

el rostro del padre muerto.

Un halo de luz dorada

orla sus blancos cabellos.

Lleva un haz de leña al hombro

y empuña un hacha de hierro.