VIII
Y nada importa ya que el vino de oro
rebose de tu copa cristalina,
o el agrio zumo enturbie el puro vaso...
Tú sabes las secretas galerías
del alma, los caminos de los sueños
y la tarde tranquila
donde van a morir... Allí te aguardan
las hadas silenciosas de la vida,
y hacia un jardín de eterna primavera
te llevarán un día.
IX
¡Tocados de otros días,
mustios encajes y marchitas sedas;
salterios arrumbados,
rincones de las salas polvorientas;
daguerreotipos turbios,
cartas que amarillean;
libracos no leídos
que guardan grises florecitas secas:
romanticismos muertos,
cursilerías viejas,
cosas de ayer que sois mi alma, y cantos
y cuentos de la abuela!...