I
No era posible, en modo alguno, que la patria del descubridor del Nuevo Mundo dejara de asociarse á la celebración del cuarto Centenario del incomparable descubrimiento. Y, en honor de la verdad sea dicho, no sólo la ciudad de Génova, cuna del gran navegante, sino Italia entera así lo comprendieron por fortuna desde el primer instante.
Dejando á un lado fiestas, congresos, exposiciones y otros actos semejantes—inferiores, dicho sea de paso, á los celebrados en España,—justo es reconocer que, en lo tocante á estudios y publicaciones históricas y bibliográficas, las italianas, ya en calidad, ya en número, han rivalizado dignamente con las españolas.
Entre unas y otras media, sin embargo, la capital diferencia de que las italianas se refieren principalmente á la personalidad de Colón, mientras que las españolas, aun aquellas que estudian con preferencia la participación de nuestra patria en el descubrimiento, no prescinden jamás, cualesquiera que sean los juicios emitidos, del descubridor y primer Almirante de las Indias.
Así se explica que entre nosotros no haya habido un solo escritor, que sepamos, que osase calificar dicho descubrimiento de empresa absolutamente española, mientras que el exclusivismo italianista ha llegado á decir en más de un escrito que «la scoperta dell’America e gloria tutta italiana.»
Mucha parte de las publicaciones que en Italia han visto la luz pública se refieren á cuestiones particulares, en especial la del lugar de nacimiento de Colón, que, con ser materia tan clara y tan sabida, con motivo del Centenario, ha sido renovada con grandes bríos, pero sin materiales ni argumentos de verdadera novedad y alcance, y de la cual Génova ha salido, como no podía menos de salir, vencedora de las pretendidas patrias colombinas.
Pasando de los trabajos relativos á cuestiones particulares, á los de carácter general, esto es, referentes á la vida ó la empresa de Colón, diremos que, de éstos, solamente el del doctísimo escritor italiano Cesare De Lollis, que se intitula Cristoforo Colombo nella storia e nella leggenda, es obra de originales y positivos merecimientos.
El Cristoforo Colombo de Ciamberini, no es, en suma, sino humilde trasunto de nuestro Navarrete, al que sigue constantemente, sin tener en cuenta ni los trabajos de Harrise, ni los demás que desde Navarrete acá han proseguido y ampliado las doctas investigaciones del sabio español. L’Opera scientifica de Cristoforo Colombo, de Luigi Hugues, está sacada en su mayor parte de los escritos de Humboldt. Y las biografías de Colón, de Tarducci y de Bellío, sobre todo la primera, como su autor confiesa, se fundan, por lo común, en el Cristophe Colomb del Conde Roselly de Lorgues, traducido en 1857 al italiano por el Conde Tullio Dandollo y reimpreso en Milán en el año 1891.
Como se ve, el Cristóbal Colón preferido en Italia, al tiempo del Centenario, es el Cristóbal Colón del Conde francés, que ha tomado sobre sí la empresa de canonizar al descubridor del Nuevo Mundo, al par que la de denigrar á los españoles.
La índole novelesca de esta obra, el fuego religioso que la enciende y el entusiasmo colombino de su autor, debían ser tan del gusto de los italianos como de los franceses, y aun de los españoles, á pesar del constante antiespañolismo que guía la pluma del escritor francés.
Bien puede decirse que, al menos en las naciones latinas, el Cristóbal Colón del Conde Roselly de Lorgues es el que prevalece aun hoy día. Es cierto que en España ha encontrado contradictores, pero pocos, y aun éstos contagiados á veces, aunque en sentido opuesto, de las exageraciones del Conde francés, esto es, tocados de exagerado españolismo.
En Francia, fuera de la excelente obra de Gaffarel, las nuevas que han salido á luz con motivo del Centenario, tales como el Christophe Colomb, de A. Rastoul, pertenecen á la escuela de Roselly de Lorgues. La causa de este favor en la República vecina es de índole esencialmente religiosa. Decláralo así, sinceramente, escritor tan distinguido como Lécoy de la Marche. Durante mucho tiempo—escribía—escritores protestantes, Robertson, Irving, Humboldt, han monopolizado la biografía de Colón. En sus escritos llegan, á lo sumo, á comprender al marino y al civilizador; nunca el espíritu católico que impulsaba al célebre navegante á playas desconocidas, que es precisamente lo que ha tenido la fortuna de conocer y de revelar al mundo en sus escritos Roselly de Lorgues.
Pero Lécoy de la Marche, como todos los que así piensan, aun en España, desconocen, por lo visto, que siglos antes que naciera el postulante de la canonización de Colón ya un teólogo español, historiador de las Indias, Fray Bartolomé de las Casas, consideraba el descubrimiento del Nuevo Mundo como obra maravillosa de Dios, y que, para este efecto, parece haber la Providencia divina elegido al Almirante que las descubrió, al que llama á boca llena, como más tarde Roselly de Lorgues, Ministro de Dios y Apóstol primero de las Indias.
Además, ¿quién que compare los escritos de las Casas con los de Roselly de Lorgues, no observará, desde luego, que el fraile sevillano escribió siempre movido de la pasión religiosa que le lleva, en ocasiones, á intransigencias, exageraciones é injusticias semejantes á las de su discípulo francés en nuestros días?
Viniendo ahora á la biografía de Colón, de Cesare de Lollis, que citamos arriba, debemos decir que su erudito autor, apartándose en mucho de los biógrafos anteriores, allegando los mejores y más nuevos materiales, coordinándolos con discreción y arte en dos volúmenes bien meditados y bien escritos, ha enaltecido las letras italianas con la más docta y artística de las biografías colombinas que han visto la luz con motivo del Centenario.
El lugar del nacimiento de Colón, su familia, su juventud, en suma, la parte italiana del descubridor del Nuevo Mundo, ilustrada está en la obra de Lollis con gran erudición y á la luz de la crítica más circunspecta. Cabe decir otro tanto de los viajes de Colón, sobre todo el primero y principal, el del descubrimiento de América, que poco ó nada dejan de desear en la obra que examinamos.
Más informado y más prudente que los anteriores biógrafos, Lollis hace por lo común justicia á los españoles, y es el primero de los italianos en declarar, de acuerdo con los escritos de Fernández Duro, que Martín Alonso Pinzón agevolò (á Colón) tutti i mezzi dell’impresa. Solamente con Bobadilla se muestra algún tanto severo, cuando escribe que Colón grande sarebbe ad ogni costo apparso alla storia dell’umanità, pero que simpatico, profundamente simpatico, lo resero le catene del Bobadilla.
Pero en lo que Lollis se diferencia más capitalmente de los otros biógrafos de Colón, no ya italianos, sino de las demás naciones, es en lo que concierne á la originalidad científica de los proyectos colombinos, que Lollis considera como simple ejecución de las doctrinas de otro italiano insigne, esto es, Toscanelli.
La idea no es nueva: pertenece al Marqués d’Avezac, quien, diez años antes, en 1871, en el Congreso geográfico de Amberes, la expuso con entera decisión y entusiasmo, diciendo que Toscanelli fué el iniciador del Descubrimiento de América y Colón el ejecutor del pensamiento de su compatriota, el sabio florentino. Tal especie, desatendida, cuando no contradicha, en otras naciones, podía ser bien recibida en la italiana, puesto que si con ella se mermaba la gloria de un gran italiano, se acrecentaba la de otro; el descubrimiento de América seguía siendo italiano como antes, é Italia salía gananciosa con un hijo ilustre más, hasta entonces tenido en menos.
Así se explica que los italianos hayan tenido tanto empeño en sublimar la figura de Toscanelli, como algunos españoles en levantar y engrandecer la de los Pinzones, señaladamente la de Martín Alonso. Lo extraño del caso es que en Italia como en España se haya escogido igualmente para una y otra empresa, y como ocasión más adecuada, la celebración del Centenario colombino.
Cesare de Lollis, primero en el artículo que publicó en la Nuova Antologia, intitulado La mente e l’opera di Cristoforo Colombo, y después en la obra que examinamos, se muestra del mismo modo Toscanellista ardiente y convencido. Y de la misma manera, otros escritores italianos, por ejemplo, Bellío en su Cristoforo Colombo, y Gustavo Uzielli en el libro Paolo dal Pozzo Toscanelli iniziatore della scoperta dell’America, que volveremos á examinar más adelante. En todas estas obras se llega á la misma conclusión, á saber: que el descubrimiento del Nuevo Mundo es gloria tutta italiana, debida á la inteligencia de dos italianos: l’una, quella del Toscanelli, fornì gli argomenti scientifici e l’impulso; l’altra, quella di Colombo, colla sua arditezza, diede effetto al disegno.»
No he de entrar aquí en el examen de la teoría Toscanellista, sobre la cual he dicho lo que sentía en el primero de los trabajos que comprende este libro, y que requería, no otro, sino varios para ventilar una por una las cuestiones que encierra. Basta á mi objeto señalar únicamente esta tendencia de los estudios colombinos en las publicaciones del Centenario en Italia.