II.
Cómo Psique se fue a presentar ante Venus por demandarle perdón, y los trabajos que con ella hubo.
De esta manera espantada Psique, viéndose desechada del favor de las diosas, determinó presentarse ante la diosa Venus, pensando que con esta humildad y obediencia la aplacaría. En este medio tiempo, Venus, enojada de andar a buscar a Psique por la tierra, determinó subir al cielo, y mandó aparejar su carro, el cual, Vulcano, su marido, muy sutil y pulidamente había fabricado y se lo había dado en arras de su casamiento, y luego a la hora salieron de su cámara cuatro palomas muy blancas, pusiéronse en orden para llevar el carro, y como Venus subió encima, comenzaron a volar alegremente, y tras el carro comenzaron a volar muchos pajaritos y aves que cantaban muy dulcemente, haciendo saber como Venus venía.
En esta manera llegó al palacio real de Júpiter, y con mucha osadía pidió que le mandase al dios Mercurio le ayudase con su voz, que había menester para cierto negocio.
Júpiter se lo otorgó, y mandó que así se hiciese.
Entonces ella, alegremente, acompañándola Mercurio, se partió del cielo y de esta manera habló a Mercurio:
—Hermano de Arcadia, tú sabes bien que tu hermana Venus nunca hizo cosa alguna sin tu ayuda y presencia, y ahora tú no ignoras cuánto tiempo ha que yo no puedo hallar a aquella mi sierva que se anda escondiendo de mí; así que ya no tengo otro remedio sino que públicamente tú pregones que le será dado gran premio a quien la descubriere. Por ende te ruego que hagas prestamente lo que te digo, y en tu pregón da las señas e indicios por donde manifiestamente se pueda conocer.
Diciendo esto, se fue a su casa.
No olvidó Mercurio lo que Venus le mandó hacer, y luego se fue por todos los lugares y ciudades pregonando que si alguno mostrare o prendiere a Psique, hija del rey y sierva de Venus, que anda huida, que le dará por ello muy grande premio.
De esta manera pregonando Mercurio, todos buscaban a Psique por ganar el hallazgo, la cual cosa oída por ella, luego a mucha prisa se fue a presentar al templo de Venus, y como llegó a las puertas del templo, salió a ella una doncella de Venus, que había nombre Costumbre, y como la vio, comenzó a dar grandes voces diciendo:
—Vos dueña, mala esclava, ya sentís que tenéis señora; no sabéis cuánto trabajo nos habéis dado, que andamos por todas las partes a buscaros. Pero bien está pues caísteis en mis manos; haced cuenta que caísteis en la cárcel del infierno, adonde para siempre jamás nunca podréis salir, y muy prestamente recibiréis la pena de vuestra gran contumacia y fiera rebeldía.
Diciendo esto arremetió a ella, y tomándola por los cabellos, la llevó ante Venus, la cual, como la vio, comenzose a reír, y meneando la cabeza, rascándose en la oreja, comenzó a decir:
—Basta, que ya fuiste contenta de hablar a tu suegra; mas antes creo que lo hiciste por ver a tu marido, que está a la muerte de la llaga que tú le causaste; pero está segura que yo te recibiré como conviene a buena nuera.
Y como esto dijo, llamó a sus criadas la Costumbre y la Tristeza, a las cuales mandó que azotasen cruelmente a Psique. Ellas, obedeciendo el mandamiento de su señora, dieron tantos azotes a la mezquina Psique, que la atormentaron muy malamente, y luego la tornaron a presentar otra vez ante su señora. Venus, como la vio, se comenzó otra vez a reír, y dijo:
—¿No veis cómo aun en el vientre que trae hinchado nos conmueve a misericordia? Piensa hacerme abuela, bien dichosa con lo que saliere de esta su preñez. Dichosa yo que en la flor de mi edad me llamarán abuela, y el hijo de una bellaca oirá que le llamen nieto de la diosa Venus; pero necia soy en decir esto, porque mi hijo no es casado, por cuanto las personas no son iguales, y lo que hicieron entre sí no es válido, que fue en un monte escondido y sin testigos, ni con consentimiento de padre ni madre.
Y diciendo esto, tomó trigo y cebada, mijo y centeno, garbanzos y lentejas, lo cual todo mezclado y hecho un gran montón, dijo a Psique:
—Tú me pareces mujer de gran cuidado: yo quiero experimentar tu servicio; por tanto, aparta todos los granos de estas simientes que están juntos en este montón, y cada simiente apartada me la has de dar antes de la noche.
Y diciendo esto, se fue a comer a las bodas de sus dioses.
Psique, embarazada con la grandeza de aquel mandamiento, estaba callando como una muerta, que nunca alzó la mano a comenzar tan grande obra para nunca acabar.
Entonces aquellas pequeñas hormigas del campo, teniendo mancilla de tan gran trabajo y dificultad como era el de la mujer del dios de amor, discurrieron prestamente por esos campos, y llamaron todas las huestes de hormigas, diciéndoles:
—¡Oh sutiles hijas, criadas de la tierra, madre de todas las cosas, habed mancilla de una moza hermosa, mujer del dios de amor, y socorredla presto, que está en gran peligro!
—Entonces, como ondas de agua, venían infinitas hormigas, cayendo unas sobre otras, y con mucha diligencia apartaron todo el montón, grano a grano. Después de apartado y divisos todos los géneros de simiente, prestamente se fueron de allí.
Luego, al comienzo de la noche, Venus llegó, y vista la diligencia de la obra, dijo:
—¡Oh mala, no es tuya ni de tus manos esta obra sino de aquel a quien tú más has placido!
Y diciendo esto, echole un pedazo de pan para que comiese, y se fue a acostar.