CARROS

Xenius ha dedicado, hace tiempo, uno de sus glosarios á los carros; los carros—para el glosador—componen una característica del ambiente de Cataluña; con el paisaje, el pueblo, las costumbres se armonizan los carros. No sólo de la tierra catalana, sino de toda la tierra española, son parte integrante los carros. Existen varias clases de carros. La división fundamental es ésta: carritos ligeros; carros «gruesos». Los ligeros corren y saltan por los caminos; son alegres y frívolos; tienen pocos asientos; son para ir á una estación, para devanear por el campo, para hacer un viaje á una granja, para realizar una alegre jira. En Levante, en los crepúsculos vespertinos de primavera, cuando el aire tiene una tibieza voluptuosa, cuando los frutales blanquean de flor, los carritos tornan con ruido de cascabeles, con chasquidos ligeros de látigos; de dentro parten, risas, carcajadas y voces femeninas; parten canciones entonadas á coro. Esas levantinas, tan delicadas y sensitivas, tornan de una merienda en un prado, al pie de una fontana, y tienen los ojos brillantes, lucidores y las mejillas amapoladas.

Los carros gruesos son graves, solemnes. Con ellos se portea el vino, el aceite, los granos. Con ellos se hacen largos viajes por los caminos que cruzan las llanuras, bordean los ríos, reptan por las anfractuosidades de las montañas. Los varales de estos carros son recios; recio el toldo, de unidos y trabados cañizos; recias las escalas—pintadas de azul—; recia la honda «bolsa», que va cruzada por el eje y que casi roza la tierra del camino.

Llevan estos carros una barjuleta á la derecha, donde se pone la botija con agua; á la izquierda, en otra barjuleta, van las provisiones del viático. El ruido que hacen estos carros es sonoroso, estruendoso; al rechocar en los hondos y pedregosos relejes, su voz se extiende y repercute largamente. Una ringla de mulas arrastra al solemne vehículo. En el paisaje levantino, el carro es inseparable de las redondas y finas colinas, de las huertas que rodean las ciudades, de las ventas y paradores, puestos en lo alto de los puertos, de los caminos viejos—estrechos y amarillentos—y de las carreteras blancas y polvorientas.

Los carros evocan las andanzas de nuestra niñez y de nuestra adolescencia. Evocamos los días en que—de un pueblo á otro—nos llevaban al colegio, con los baúles, los colchones y la ropa blanca, y en que, ya mozos, hemos viajado por los llanos y por los altozanos suaves avizorando los paisajes. Al pensar en los carros vemos un panorama de verdes viñedos—en Julio—; un panorama por el que un camino angosto, torcido, con hondas carriladas, se aleja entre la verdura. Caminamos y caminamos. El día ha llegado á su plenitud; está el cielo limpio; ya el sol reverberante ha cegado los colores del campo. No se percibe ni el más pequeño ruido; á intervalos, una bocanada tibia de viento nos trae olores de tomillo, romero, cantueso. Baja el olor desde una montaña vecina, que cierra, á mano izquierda, el horizonte. Por la derecha el panorama se extiende, se aleja, se dilata hasta perderse—esfumado, tenue—en el vaho caliginoso de la tierra. Como en los paisajes de algunos maestros holandeses de batallas, vemos en la extensión que la vista alcanza, caseríos blancos, acequias de agua que relucen, un macizo de árboles, un pueblecito con su campanario enhiesto. Callemos un momento; el carro ha parado. ¿No parece que oímos lejano, muy lejano, casi imperceptible, el son de una campana?

Caminamos y caminamos. Ya es mediodía. Hemos pasado por delante de una casa de labor y nos hemos detenido. La puerta es ancha; empedrado está el zaguán de menudos guijos, ó solado con anchas baldosas; las sillas tienen el asiento de tomiza urdida con esparto crudo. Las mesas son de pino blanco—con redondos nudos rojizos—y una de ellas es bajita, casi terrera, y en torno de ella, en sillas también bajitas, se sientan nuestros labriegos á comer. Con estos muebles forman concierto los jarros, peroles, cazuelas, picheles en que se cocina ó se bebe. Las formas de estos recipientes son armónicas y definitivas; de una vez para todas—revelación de la idea—se han inventado estas rotundidades y estas angosturas del barro y del metal... Repica el almirez; unas palomas se entran por la puerta y marchan por el pavimento picoteando entre las piedras. Á lo lejos se divisa el verde de los viñedos, el azul tenue de las montañas.

Cuando no comemos en una alquería que encontramos al paso, nos detenemos junto á unos árboles. El olivo es el árbol de Levante; invierno y verano, el olivo es el mismo; hiele ó haga calor, su ramaje es siempre idéntico. Su tronco se hiende y se retuerce; su fronda cenicienta, plateada, se destaca sobre el tapiz verde de las viñas. Al pie de un olivo, en el silencio del mediodía, hacemos nuestro yantar. Luego proseguimos el viaje, hasta que, cuando va declinando el día, comenzamos á penetrar por las huertas y herreñales que rodean el pueblo adonde nos dirigimos... Por los caminos de España marchan lentos, muy lentos, los gruesos carros.

Los carreteros, de bruces sobre la mercancía, reposan amodorrados. Las picazas de la Mancha conocen los carros; las bandadas de cuervos que cruzan sobre el azul son conocedoras también de los carros. Con los carros se cruzan—ó siguen la misma ruta—los cosarios y arrieros que portean cargas de carbón, corambres de aceite, cacharros revueltos entre paja. Carros y almocrebes se perfilan sobre el cielo radiante y azul de España. En Castilla los carros atronadores y recios y los carreteros membrudos y coléricos nos traen á la memoria el manteamiento de Sancho, las palizas de los yangüeses, el apedreamiento de Don Quijote en la noche de su vela de armas. Los carros en Madrid, cargados enormemente, son destrozo de pavimentos, atascamientos en las cuestas, vociferaciones iracundas, blasfemias, chasquidos de trallas, bárbaro apaleamiento á las pobres mulas, corro de bausanes para presenciar la cruel y estulta escena. No son éstos nuestros carros; no son los carritos de Levante, que armonizan con los granados, con los almendros, con el mar lejano y con las voluptuosas carcajadas femeninas.