DIA 1.º DE ENERO DE 1783.

Esta mañana vinieron los indios á las 8, y despues de haberlos convidado, mandó el cacique por uno de sus indios á llamar otros que estaban mas abajo de nosotros, y vinieron 4; entre ellos un viejo con un muchacho como de 16 años de edad, que hablaba mejor el castellano que cuantos indios hasta ahora he visto desde que estoy empleado en la Costa Patagónica. Estos indios son moradores de Huechun-lauquen, ó Laguna de Límite, nombrada por Falkner en su diario, y los primeros son de la Tierra de las Manzanas.

Dicen los de Huechum que su tierra dista cuatro jornadas de Valdivia; que aunque la distancia es corta, el camino es malo; que se pasa la Cordillera por el Portillo: que la tierra del cacique Cangapol nos queda dos dias de jornada aguas abajo; lo que me hace cierto el juicio que hice de la isla y cercado de los Tehuelhets que cita Falkner, ser el mismo que pasé dias pasados: que el Rio Chico del N que cita dicho diario, dista de donde estamos cuatro jornadas, y que viene de la Cordillera: que este algunas veces se vadea á caballo y otras á nado; pero que el rio mas grande es el que viene de Huechun-lauquen: que cuanto mas arriba este rio tiene mas corriente, y esto es lo mismo que voy experimentando. Dicen que ellos vienen de la Sierra del Volcan; que há cerca de un año que bajaron á buscar ganado caballar y vacuno, y que con este hacen trato con los de Valdivia, unas veces llevándolo los indios á dicho pueblo, y otras viniendo los cristianos á comprárselo á sus tierras, el cual cambian por sombreros, cuentas, frenos, espuelas y añil para teñir los ponchos: (véase aquí ya abierto el camino y comunicacion por la orilla del rio con Valdivia, y entablado una especie de trato por los indios, robando el ganado á Buenos Aires, y vendiéndolo en aquel presidio.) Que Chile está de Huechun-lauquen mucho mas lejos que Valdivia: que estos indios viven en toldos, y que siembran trigo, cebada, y habas: que los que tienen ranchos de paja bastantes capaces, viven mas arriba por la falda de la Cordillera, los cuales ademas de las semillas referidas, siembran lentejas, porotos, garbanzos, y todo género de vituallas. Uno de sus caciquea se llama Roman.

Estos indios jamás han estado en nuestro establecimiento del Rio Negro: si bien dicen tienen noticia de habernos establecido, pero que ellos para caminar á sus tierras, atraviesan el campo desde el Colorado á este rio por el Chuelechel, 70 leguas al poniente de nuestro establecimiento. Que en su tierra hay muchísimos pinos, y que los piñones son casi tan grandes como dátiles, y muy gustosos; de cuyo fruto hacen los indios prevencion: que por aquel pais no hay sal, y por esto la llevan de las salinas del Colorado en cargas, y con efecto las he visto en sacos de cuero (y así lo dice Falkner.) Que por la parte del N de este rio no hay establecimiento alguno de indios hasta las Manzanas, y los que hay son solo los que van de pasage que por la del S están los Hulliches, los cuales los suelen aguardar cuando pasan los de Huechun con sus ganados, y los asaltan, roban y matan, y por esto suelen pasar bastante temerosos: y así no cesaban de preguntarme si por la parte del S habia indios; me dieron noticia del Rio Lime-leubú, y de sus moradores los Limeches. Los nombres de los parages, que jamás pudieron entender otros indios leyendo á Falkner, estos los nombran del mismo modo que su diario, y convienen con él en las noticias, diferenciándose solo en la distancia de Huechun á Valdivia, que dicho diario pone dos jornadas, y estos indios dicen que cuatro.

El Rio Chico del N que entra en el Negro, dicen viene de la Cordillera; pero que no saben si pasa inmediato á Mendoza, porque de allí no son baqueanos: pero que su cacique habia andado mucho á la orilla de dicho rio, y que podía dar razon; y para traerlo fué con ellos el peón José Oyola, mendocino.

Este muchacho dice que en su tierra no hay indios ladinos, y que el motivo de haber él aprendido el castellano, fué porque un perulero llamado Prieto, que por el trato de ganado habia tenido recíproca amistad con su padre, lo llevó á Valdivia para enseñarlo, y que despues de un año, habiendo empobrecido dicho Prieto, se fué á Chile llamado de un tal D. Antonio Roldan, amigo suyo, y el muchacho corrió la misma fortuna, y dice que habrá poco mas de año que volvió á su tierra. Nombra el vino de Penco, y dá noticia individual de todo, hasta de las perdices que se venden por medio en Chile, y otras menudencias á este tenor.

Un marinero de la expedicion, llamado Bartolomé de Peña, que estuvo mucho tiempo en Valdivia, Penco, &c., y pasó la Cordillera por el Portillo cuando el levantamiento grande de los indios, que vió los pinos y comió los piñones, al cual hice carear con el muchacho, á quien preguntó por muchos parajes, respondió, segun dice el marinero, con tanta puntualidad, dando señas de todas las cosas con tanta certeza, que no dejó nada que dudar. Le dije á este muchacho que se conchabase conmigo para ir con las embarcaciones hasta Huechun, y que de allí pasaríamos á caballo á Valdivia, para lo cual habló á su padre: y este dijo que no podia, porque llevaba mucho ganado que arrear, y que no tenia quien le ayudase; que lo que podia hacer pagándole era acompañarme con su hijo hasta Valdivia, luego que llegásemos á Huechun-lauquen. Pero el muchacho me dijo mandase á hablar al cacique porque tenia ganas de acompañarnos; y para esta navegacion, y traer el cacique, se ofreció José Oyola, que como llevo dicho se fué con ellos esta tarde en un caballo que compré á los primeros indios, y fueron obsequiados todo lo posible.

Tambien convienen estos indios con la sospecha de Falkner, de que la laguna de Huechun-lauquen envie un brazo al rio de Valdivia; pues dicen que no es así, pero que Huechun está muy cerca de dicho rio, el cual es muy caudaloso, y solo dista el rio de la laguna una jornada.

Dicen que todos, ó casi todos los indios que habitan ó residen en las sierras del Volcan y Pampas de Buenos Aires, son de este rio arriba, y que el motivo de pasar tantos tiempos en aquellos parages, es por la abundancia que hay de ganados, y por la facilidad de mantenimiento; y que algunos paran dos años, otros mas y menos, segun les acomoda.

DIA 2.

A las 8 de la mañana llegó José Oyola con el cacique Guchumpilqui, y otros cinco caciques mas que el primero habia mandado á buscar, los cuales tenian sus haciendas mas abajo: y dijo Oyola que Guchumpilqui solo tenia mas de 100 indios, que tenia mucho ganado caballar y vacuno. Los regalé y obsequié todo lo posible, estando entre ellos el cacique Roman, uno de los que tienen ranchos de paja: fueron concurriendo indios de tal suerte que se juntaron sobre 80 ó 100 indios y 6 chinas. Es imposible decir la paciencia que fué precisa tener con ellos: pero no pude recabar que me diesen al muchacho lenguaraz; tampoco pude saber de donde viene, ó si pasa por Mendoza el Rio Pequeño del NO, Pichileubú, que cita Falkner en su diario, porque dicen no son vaqueanos de este rio: aunque yo tengo grandes sospechas de que sea el Tunuyan, por estar informado de que no entra (como quiere Falkner) en las lagunas de Guanacache, en cuyo caso precisamente estaria muy cerca de Mendoza. Estos indios dicen, que el año próximo pasado hicieron ajuste con los españoles de Valdivia de llevarles ganado, y que por eso bajaron de sus tierras (que están muy inmediatas á Valdivia) á los campos de Buenos Aires, y que se retiran ahora, y que inmediatamente que lleguen vendrán los de Valdivia á comprárselo, como tienen tratado; y que muchos de ellos irán á Valdivia, sin parar en parte alguna, para hacer dicha venta. Asimismo dicen, que luego que lleguen las embarcaciones á Huechun-lauquen, que me conducirán á dicha ciudad. El cacique Guchumpilqui me regaló una res, que se le pagó bastante, y hasta bien de noche estuvieron importunando por aguardiente. El muchacho lenguaraz me dijo, que en Chile habia tenido la noticia de que nosotros teniamos establecimiento en el Rio Negro, y muchos indios que frecuentan á Valdivia, he visto y conocido en el establecimiento: por esto y por otras razones, creo que todos los habitantes de este continente, así españoles como indios, tienen noticia de nuestra poblacion en el Rio Negro.

DIA 3.

Salí de mañana, y huyendo la importunidad de los indios, pasé á la banda del S, y asimismo pasé dos caballos que compré para dar algun alivio á la gente que llevo mas enfermos: pero aquí nadie está exento del trabajo. A mediodia llegó una gran tropa de ellos: todas sus relaciones, que son muy largas, llenas de ofrecimientos, encareciendo su amistad y su poder, se dirijen á que les den; pues todas vienen á parar en pedir, y en no dándoles se enojan. A las 8 de la noche me acampé, y me siguieron los indios, importunando por aguardiente. Un cacique ponderó mucho su poder, diciéndome que estas eran sus tierras, las cuales se extendian hasta mucho mas abajo del Chuelechel á fin de que le diese 4 frascos de aguardiente para convidar á sus soldados, que este nombre daba á sus indios: como dando á entender que queria le pagase algun derecho por el pasage. A lo que le respondí, que me alegraba mucho de conocerle, y de saber que estas eran sus tierras, y que fuese en ellas tan poderoso: porque así como nosotros cuando bajaban los indios á nuestros pueblos los regalabamos, y dabamos de comer y beber, así esperaba yo lo mismo de la amistad que tanto me encarece. Se rió bastante, y dió á entender la respuesta á todos los indios que pasarian de 60, y al fin me dijo, que cuando no tuviese que comer se lo avisase, que me daria una vaca, la que nunca vino.

Los caciques son los siguientes: Guchumpilqui, Llancoapi: estos dos son los que tienen sus tierras en la laguna de Huechun-lauquen.

El cacique Roman se embarcó hoy para seguir viage en las chalupas, y dice está algo enfermo: asimismo se embarcó Jose Roldan lenguaraz. Este muchacho parece bastante afecto á nosotros, pues lo he visto enojarse bastante con los indios por tus pesadeces: no sé en adelante lo que dará de sí.

Curuanca estuvo algunas veces en el establecimiento del Rio Negro, los otros dos no sé sus nombres. En este sitio se angostan bastante las barrancas, que de una á otra no hay media legua pero no son tan altas como las de abajo, y con propiedad se le puede llamar angostura. Navegué este dia al OSO 5° O 4½ millas de distancia.

DIA 4.

Salí al amanecer, haciendo diligencia de librarme de los indios, que por mas que se les regale, nunca estan contentos: pero á las 11 del dia ya estaban con nosotros mas de 80.

A la media legua de mi salida esta mañana, se hallan unos cerros áridos de arena blanquisca, piedra y alguna maleza, y aquí sigue el camino, ó se aparta del rio y toma tierra adentro: pero me dice el lenguaraz que no es mas de una jornada. Compré dos caballos por habérseme cansado ya uno de los que antecedentemente compré; y porque es como imposible poder continuar sin ellos. Al mediodia se fué con los indios el peon José Oyola, porque el padre del lenguaraz lo pidió para que le ayudase á arrear su ganado, respecto á que su hijo venia con nosotros.

Navegué este dia al O ¼ SO 3 millas de distancia, habiéndome acampado despues de puesto el sol: siguen los cerros altos de una y otra banda.

DIA 5.

Salí al amanecer con viento N, y tuve que volver media legua rio abajo, por no hallar paso para las chalupas: seguí á vela y remo, y á las 3 de la tarde varó la chalupa San José. Costó mucho el sacarla, y puestos ya en la canal con viento fresco, fuerza de vela, y una espia, por la cual tiraban treinta hombres, no pudimos adelantar nada. El cabo de la espia era nuevo, y de cuatro pulgadas de grueso, y habiendo aflojado algo el viento, y no pudiendo los 30 hombres aguantar la chalupa, mandé darle á la espia vuelta de firme, y fué tal la corriente, que rompió el cabo. Fué preciso tender el calabrote, y juntar toda la gente: solo así pudimos sacar la chalupa, que á no ser el expresado calabrote se hubiera quedado en este sitio. Esta faena duró hasta las 8 de la noche, que llegué á acamparme con la gente bastante fatigada, y rendida del trabajo.

Navegué este dia al O ¼ SO, 5 millas de distancia, arrimado siempre á la barranca del N que es tierra infeliz, y no tierra, sino una especie de tosca compuesta de piedrecitas, arena, y polvo blanco, que se desmorona y se unde al pisarla. Críanse en ella arbolitos muy bajos, espinosos, ó maleza que para nada sirve, y esto poco: lo mismo es por la parte del S. La barranca del S se abre bastante, y deja un valle bien largo entre ella y la orilla del rio. Luego reconocí ser un rincon, volviéndose á angostar las barrancas áridas, y de un infernal aspecto.

DIA 6.

Salí de mañana á la espia, por ser el viento contrario, y la corriente tan fuerte, que no fué posible romper á la sirga. Trabajó hoy excesivamente la gente, y en todo el dia solo se caminó, sin que haya dado vuelta el rio, 2,500 varas al OSO corregido.

DIA 7.

Amaneció el viento al SO, duro, por lo que no fué posible continuar.

DIA 8.

Al amanecer salí con dicho viento, pero mas bonancible. Navegué hasta las 9 del dia, y á esta hora no pudiendo pasar, volví al mismo sitio donde habia salido á buscar otra canal, y seguí con viento y corriente contrarios, no habiendo podido navegar mas que 1½ millas de distancia al OSO 5° S, arrimado siempre á la barranca del N.

DIA 9.

A las 4½ de la mañana seguí mi viage á la espia, por no poder la gente romper la corriente á la sirga, y siempre arrimado á la barranca del N, la cual tiene unos cerros tajados al rio, y de tanta altura, que hasta ahora no hallé otros de igual tamaño. A mediodia pasé un parage, que puestos 40 hombres á cada chalupa no podian romper el ímpetu de la corriente, y en este paso está el rio lleno de peñascos. Navegué este dia al OSO 3 millas de distancia.

DIA 10.

Salí á las 5 de la mañana á la sirga con viento OSO, y me acampé á las 7½ de la tarde, habiendo navegado al OSO 5° O 3 millas de distancia: se le sacaron hoy al Champan 30 baldes de agua.

DIA 11.

Salí al salir el sol, y á la media legua andada al OSO, hallé los indios, y arrimé á tierra. Venia con ellos el peon José Oyola, y los caciques Guchumpilqui y Curuanca. Este, habiendo hallado ayer al marinero que tenia, con los caballos en tierra, sin que pudiesen llegar en donde estaban las embarcaciones, le preguntó si habia comido: y habiéndole respondido el marinero que nó, lo llevó á los toldos, hizo matar un novillo y le dió de comer. A este le regalé bien por esta fineza, y porque les sirva de egemplo en lo sucesivo; pues puede darse muchas veces igual caso de encontrar á los nuestros sin abrigo alguno.

El cacique Cayupilqui, que parece el de mayor sequito entre ellos, vino á bordo; y despues de diversas preguntas que me hizo acerca del designio que llevaba, á las que satisfice diciendo, que mi viage era á Valdivia, porque tenia con aquel Gobernador recíproca amistad, y algunas cuentas que ajustar en aquella tierra, pero que tardaria muy poco en volverme; me dijo que me acompañaria desde su tierra á Valdivia, y me franquearia caballos para el viage: y cuando yo bajase rio abajo concluido mi viage, que se vendria él conmigo, y sus indios por tierra, á fin de conocer el establecimiento del Rio Negro, de allí pasar á las Pampa de Buenos Aires á tomar ganado vacuno y caballar para su provision y mantenimiento, y vender en Valdivia: cuyo trato dejó entablado cuando vino á esta misma diligencia. Que él no hacia daño, pues el ganado que llevaba lo tomaba del bagual que andaba en el campo: que cuando venian de sus tierras, venian con muy pocos caballos, pero que traian ponchos y otras cosas, con las cuales hacian trato con los indios del Volcan, por caballos para correr en la Pampa.

De este sitio se aparta el rio, y se arrima á los cerros del S, que son blancos muy altos, y cortados hácia el rio. Se desembarcó el cacique Roman.

DIA 12.

Vinieron de mañana los caciques, y Guchumpilqui me dijo, que en el término de 3 ó 4 dias tenia determinado mandar aviso á su tierra de como iba llegando, y que le trajesen algunos caballos gordos, por llevar toda la caballada flaca de la larga distancia que habia caminado. Le pregunté qué tiempo tardarian en llegar á Huechun-lauquen los chasques, y dijo que seis dias, y de allí á Valdivia que habia tres dias de camino, y que ahora era el tiempo en que los Valdivianos solian todos los años venir á su tierra á comprar ponchos. En esta inteligencia determiné escribirle al Sr. Gobernador de aquella plaza, así para que el Exmo. Sr. Virey de Buenos Aires tenga esta noticia, como para saber yo si de aquella plaza podré ser socorrido con víveres, para si así fuese poder hacer un completo reconocimiento, y sino para tomar mis medidas y contar solo con los víveres que tengo:[7] pues puede ser que, entregando los indios que van de chasque á los de Valdivia las cartas, lleguen á manos de dicho Sr. Gobernador, y pueda por el mismo conducto tener yo la respuesta. Me regaló una vaca este cacique, y otra el cacique Curuanca.

Me han dicho que mas arriba del Rio Chico del N que entra en este, se aparta el Rio Grande mucho para el S, haciendo una gran vuelta; por cuyo motivo no seguian ellos su orilla y caminaban tierra adentro: pero por buen campo, de mucho pasto y muy regado de diversisimos arroyuelos que bajan de las montañas, entre las cuales dicen haber amenísimos valles. Me quedé admirado al haber oido hablar á estos indios de nuestras guerras con los Ingleses, pues me preguntaron si aun duraban. Y preguntándoles yo, por donde habian sabido de esta guerra, respondieron que en Valdivia lo habian sabido, y que por este motivo valian en aquella plaza todas las cosas caras, pues no podian pasar las embarcaciones de España para las Indias.

A las 12 del dia se fueron, y me digeron que poco mas arriba nos veriamos, que ellos no se mudaban hasta mañana.

Estos indios llegarán al número de 300, entre los cuales no van mas que 6 chinas, y hay entre ellos bastantes que sirven solo para arrear y cazar. Sus ganados ascenderán al número de 8,000 cabezas, entre caballos, yeguas y vacas, y de aquí se puede inferir le que destruyen los indios á Buenos Aires, pues todo el ganado es marcado, y señalado de los vecinos de esta ciudad.

Al instante que se fueron los indios, eché de menos al marinero José Navarro, y me han dicho que habia montado á caballo. Mandé á recoger los caballos nuestros, y faltaba uno, y salió á buscarlo José Mariano, marinero. A la hora de comer no vinieron estos marineros, pero me hice cargo andarian buscando el caballo que faltaba, aunque ya con bastante desconfianza de si me los habian llevado los indios; pues en ellos es la mayor proeza, la mayor maldad, y sin embargo de haberlos regalado y acariciado todo lo posible, conociendo su infame trato, me llenó de desconfianza la breve falta de estos dos marineros: y mas, habiéndose desembarcado el cacique Roman, y el muchacho lenguaraz. Por presto que subí á una lomita á ver si los veia, ya divisé una nube de polvo, distante como legua y media de donde tenian los toldos, sin haber animal alguno adonde estaban acampados. Esto me llenó de tristeza, por conocer la falta que me hacen estos dos individuos si los hubiesen llevado: pero no estaba del todo desesperado de que volviesen, por lo bien que habia tratado á estos indios. Esta polvadera se alejaba con suma presteza, y se perdió de vista á las 5 de la tarde; y á esta hora pasó un marinero por casualidad por debajo de unos sauces, y halló 8 pares de bolas, de las que los indios suelen traer perdidas, y vestigios de haber estado mucha gente allí la noche antecedente, y esto distaria 100 varas de nosotros, y sus toldos ó campamento, distaba tres cuartos de legua.

Cuando se embarcó conmigo el cacique Roman, pretestando estar enfermo, bien comprendi que no lo hacia por otra cosa que por observar nuestros movimientos, y yo me alegré; porque como el asunto, á mi parecer mas importante, es el no quebrar con ellos, y aunque den ellos motivo por el cual me viese precisado á ello, no seria lo mas favorable.

Esperé toda la tarde la venida de los dos marineros, que no han vuelto. A las 7 supe que Navarro habia tenido no sé que ajuste con una china, y que la habia ido siguiendo, porque ella le habia hurtado unos cascabeles. Los que oyeron y supieron esto, se callaron hasta dicha hora; y esta fué la causa de que se perdiese no solo Navarro, sino tambien José Mariano: porque si me lo hubieran dicho, le estorbaria, porque cuando fuese imposible evitar la pérdida del primero, á lo menos no tendriamos la del segundo.

DIA 13.

Amaneció con el viento al SO fresco, y contrario para poder continuar, y ya salido el sol, registramos lo posible el campo á ver si se hallaban algunos vestigios de los marineros, y lo que se halló fueron unos coletos, ó ponchos de cuero de vaca, frescos recien hechos; montones de piedras, y cuero fresco, y guasoas cortadas para retobar bolas, en la misma parte donde se hallaron los 8 pares de bolas: y segun esto parece que los indios tuvieron dispuesto el avanzarnos.[8]

A las 7 de la mañana salí continuando mi viage, pero es cierto que el rio, cuanto mas se va descubriendo, mas dificultoso está de navegar. Desde las 10 de la mañana hasta las 4 de la tarde estuve en un paso, sin que en todo este tiempo pudiese adelantar 60 varas de distancia: aquí se rompieron cabos, y fué preciso ponerle 4 al Champan, desde 3 á 3½ pulgadas de grueso.

Hoy me han dicho el abominable comercio de Navarro con la china, y que por los cascabeles la habia ido persiguiendo de tal suerte, que derribó del caballo á otra que la tal china llevaba en ancas: por lo que me pienso no lo habrá pasado bien. Y no hago juicio de lo que le habrá sucedido á Mariano: lo cierto es que este insolente descompuso toda la armonia que yo llevaba con los indios, y lo peor es, que todos estos indios son de Huechum-huechum, de Huechum-lauquen, y de la Cordillera, muy inmediatos á Valdivia, por donde yo tenia determinado pasar á aquella plaza.

En el parage adonde estaban los indios acampados, se hallaron 6 reses vacunas muertas y desolladas, sin que les faltase carne alguna, y de los cueros se hallaron hechos coletos: cuyas reses no habian muerto en el tiempo que estuvo con ellos José Oyola, que fué dos noches, y un dia antes que se fuesen los indios. Por esto me parece que su intento fué sorprendernos, porque esta prevencion tan repentina dá á conocer su alevosía, y que no tuvieron valor para egecutarla. Navegué este dia al O ¼ SO 3 millas de distancia.

DIA 14.

Salí á las 5 de la mañana, y con la ayuda de los caballos navegué 6 millas al O corregido, y en este punto llegué á los cerros ó barrancas del S.

Esta tarde tuve que pasar las embarcaciones por tres palmos de agua, y por haber ocupado toda la tarde en pasar este paso, caminé las dichas 6 millas. Tal es el fomento de los caballos, pero lo malo es que ya se cansó uno.

DIA 15.

A las 5 de la mañana, estando el viento al S ¼ SE bonancible, me hice á la vela y remo: seguí todo el dia arrimado á la barranca del S (si bien que de esta á la del N apenas hay media legua): refrescó bastante el viento por el ESE, y navegué al O ¼ NO 12 millas de distancia, habiéndome acampado á las 8 de la noche.

DIA 16.

Desde que salimos del potrero, ó por mejor decir, desde antes de haber salido, hizo muchísima agua el Champan, porque, estando estanco cuando vacio, luego que se cargó se anegaba: lo que dió motivo á descargarle, y volverlo á componer con el calafate Dominguez, por haber quedado falsa la obra que hizo en él José de los Santos. A los pocos dias de navegacion volvió á hacer agua, la que con todo cuidado se le achicaba. Esta mañana salió para la racion una galleta algo humeda, é hice registrar el pan, y hallando mojado el que estaba sobre el plan, lo hice descargar y pasar todo el que cupo en la chalupa chica, y la carga de esta pasarla al Champan: se escogió el pan bueno del podrido, y este, que ascenderia de 8 á 10 quintales, se tiró al agua.[9] Duró esta faena hasta las 4 de la tarde, á cuya hora se aturbonó el horizonte: mandé al instante toldar las embarcaciones, y á las 5 se dejó venir la turbonada, con tanta abundancia de viento SO, agua, truenos y piedra, cual no habia visto en la costa patagónica. Duró lo mas fuerte de ella cerca de dos horas: calmó el viento, y quedó lloviendo poco y tronando mucho, hasta las 10 de la noche que aclaró.

DIA 17.

Salí á la sirga, ayudado de los tres extenuados caballos que tengo, y con algunas ventolinas del SSO navegué al ONO 5° O 8 millas de distancia. Aquí hacen una inflexion las barrancas, que habrá de una á otra una legua, cuyo llano por la parte del N es un regular terreno, pero el que queda atras, despues de haber hallado los indios, es el mas infeliz que se puede imaginar.

DIA 18.

Este dia navegué con mucha dificultad, por los malos pasos del rio; al O corregido, 4 millas de distancia.

DIA 19.

Se compusieron los cabos, y se le dió lugar á la gente de lavar la ropa.

DIA 20.

Al salir el sol me hice á la vela, con viento por el SSE bonancible, y al remo, por no ser posible romper las corrientes, á menos que no sea una tormenta. Refrescó bastante el viento, y navegué este dia siempre arrimado á la barranca del S al O corregido, 11½ millas de distancia.

A las 7 de la mañana, llegamos á unas barrancas de extraordinaria altura en la costa del S, que distan cerca de media legua de la orilla del rio: entre estas y dicha orilla hay otras coloradas, compuestas de una especie de polvo de este color, y chinos ó piedras menudas. El compuesto de estas y de las antecedentes no tiene liga alguna, ni jugo para poder ligarse ó juntarse, y es cierto que forma una vista maravillosa.

Por la parte del rio son estas barrancas inaccesibles: parecen castillos muy altos, particularmente las blancas, con sus cornizas ó molduras. No producen sus cumbres ni sus faldas ninguna especie de yerba, solo si algunas muy pocas, y chicas matas de maleza espinosa; pero tan raras y ruines, que jamas llegó á mi imaginacion que en todo el globo de la tierra pudiese haber alguna tan infeliz como esta: no se ven rastros ni animales, pero ni tampoco pájaros.

Es infelicísima la tierra de una y otra banda, despues que se embarcó el cacique Roman hasta aquí: pero ninguna hallé como la de hoy; horroriza su esterilidad, y los precipicios de sus barrancas.

DIA 21.

A las 5 de la mañana me hice á la vela, con viento ESE fresco, y á las 8 de la noche me acampé: cuya navegacion hice arrimado á la costa del S que toda es de barrancas coloradas; y las altas blancas se retiran tierra adentro, á distancia de 3 leguas. Hoy, con haber habido viento, y con la ayuda de mis 3 caballos, no pude adelantar mas que 4 millas de distancia al ONO corregido: tal es la furia de las corrientes, y malos pasos de este rio.

DIA 22.

Proseguí á las 5 de la mañana, arrimado siempre á las barrancas coloradas del S, ó mas bien admirables y estériles precipicios de extraordinaria altura, quedando á la parte del N la llanura, que tendria media legua de latitud, pero esterilísima, á cuyo término está la barranca, que forma una vista que parece una serie de castillos altísimos.

El rio cada dia lo hallo de peor navegacion: á cada hora se halla un salto por donde se despeña el agua, y en algunos está lleno de peñascos que se desgajan de estos altos barrancones. Navegué este dia ON corregido 4½ millas de distancia.

DIA 23.

A las 5 de la mañana me hice á la vela, con viento al ESE medianamente fresco, y navegué arrimado á las barrancas coloradas del S, habiendo dejado los caballos á mediodia, por estar ya cansados, flacos, é inservibles, los que hice reyunar. A las 7¼ de la tarde me acampé en una isla que está en la confluencia de los rios, el Grande Desaguadero, y el Diamante ó Sanquel, y es el que me dijeron los indios distaba tres jornadas de donde se separaron de nosotros: y segun Falkner, no puede distar mucho de nosotros la Laguna del Límite, porque dice que desde el desague de este rio, hasta el otro que viene del N, á quien dan los indios el nombre de Pichi-Epiantú-leubú hay 4 jornadas, y desde este hasta Huechum, jornada y media, que hacen cinco dias y medio de camino: y aunque las jornadas sean de 12 leguas, distará 60, de la cual á Valdivia, dice, hay dos jornadas.

Tengo determinado pasar mañana á reconocerlo, para seguirlo si fuere caudaloso, como se me previene en la instruccion. Navegué este dia al O ¼ NO, 5 millas de distancia.

DIA 24.

Esta mañana enmendé las embarcaciones á mejor parage, media legua mas arriba por el Desaguadero, y á las 11 salí con el bote á reconocer el otro. Cuando estuve en la division de uno y otro, advertí el diferente color de sus aguas, que formaban una línea, sin mezclarse, por espacio de una milla: siendo la del rio del S en lo cristalina, emulacion del cristal mas fino, y la del N bastantemente turbia. Gusté una y otra, y la primera era tan conforme su dulzura con su claridad, como lo grueso, y disgustado de la segunda con su opacidad. Seguí el rio arriba, que es bastante caudaloso, y á la legua de su desague al N hallé el Paso de los Indios, y el rastro de haber pasado 3 ó 4 dias antes los que van delante y llevan ganado á Valdivia. Hasta este paso tiene buena navegacion, pero luego que se parte, por dos islas que tiene en medio, en cuatro arroyos, que se distribuyen entre todos su caudal, no permitia paso para la chalupa. Este rio es casi tan grande como el del S, y mucho mayor que el Colorado: sus corrientes son formidables, y mucho mayores que las del Desaguadero, segun demuestran los vestigios de ellas. Corre por un valle profundo de cerca de 2 leguas de ancho, formando innumerables islas, cubiertas de chicos sauces y mimbres, sin que se vea un sauce de 5 pulgadas de diametro. Las tierras de su llanura son estériles y salitrosas, y esterilísimas las de las montañas; barrancas coloradas ó precipicios que ponen término á la llanura. No me parece que tenga otro paso que el que está inmediato á su desague, porque desde él siguen estas barrancas inaccesibles: todo lo que pude avistar desde la eminencia de un cerro bastantemente alto, es que corre el rio bañando las de O, dejando al E la llanura. Los campos que siguen tierra adentro de las barrancas, no producen pastos, ni árboles, ni están llenos de espesos bosques, como quiere Falkner: antes bien, en lo que he visto, por lo contrario, se hacen estos campos intransitables, á excepcion de las orillas de los rios, porque en ellos falta el agua, la caza y el pasto para las bestias. A las 6 de la tarde se dejó caer una turbonada con viento SO, agua y trueno: pero el agua duró un cuarto de hora, aunque el aparato del tiempo era para hacerse juicio de que llovería una semana. A las 7 de la tarde volví á bordo de las chalupas, y conduje una porcion de agua de aquel rio, y tomando de ella 5 frascos y 5 granos, la pesé con igual porcion de la del rio del S, y esta pesó 4 adarmes y 5 granos menos que la otra.

Este rio, en mi juicio, es el Diamante, y aunque José Oyola dice y afirma que el agua de dicho rio es mejor que la que tiene aquí, tambien dice que la de Tunuyan, que pasa cerca de Mendoza, es mucho mas gruesa y turbia que esta, y esto induce mucho á pensar, que la compuesta de una y otra, sea ni tan buena como la del Diamante, ni tan mala como la del Tunuyan, que, segun las noticias del Exmo. Sr. Virey, estos dos rios se juntan: y es cierto que me es bastante sensible el no hallarlo bien crecido, para emprender por él mi navegacion, creido en que antes de 25 dias estaria en la Punta de San Luis, ó tal vez en Mendoza.[10]

DIA 25.

Al salir el sol proseguí mi viage á la sirga por estar calma, siguiendo el rio del S, y con la esperanza de lograr á tiempo desembarazado de nieves el paso de la Cordillera á Valdivia que es el motivo porque no me detengo en reconocer siquiera 8 dias con el bote el Diamante aguas arriba. Una legua mas arriba del confluente de estos dos rios, observé el sol en 38° 41′ de latitud S. Navegué esta tarde, desde el punto de la observacion al O corregido, 2½ millas de distancia.

DIA 26.

Este dia salí á reconocer los cerros, á cuanta distancia pude andar á pié. En todos hallé una misma especie de terreno, y el mas infeliz de toda la costa patagónica, y que imaginar se puede. Es un compuesto de polvo, arena, y guijarros, medio junto todo: de suerte que al pisarle se hunde y desmorona, sin que produzca pasto alguno.

En la rinconada que hace el Diamante con el Desaguadero, á las orillas de este hay tierras, que se podrían tomar en ellas de todos frutos para mantener hasta 200 personas. En el paso seria muy conveniente una guardia, por las razones que expresaré en su lugar, y mas si hiciere ó tuviere tiempo y víveres para reconocer este rio.

DIA 27.

A las 5 de la mañana me hice á la vela, con viento al SE bastante fresco. A las 10 se rindió el palo mayor del Champan, por lo que me fué preciso arrimar á tierra para asegurarlo: siguió el viento fresco todo el dia por el ESE, y seguí todo el dia, y navegué al O SO 12 millas de distancia, arrimado á la barranca del S.

DIA 28.

Al amanecer mandé hacer la descubierta á un cerro alto á la banda del S, y me avisaron de que se veian dos ginetes á la del N; subí al mismo cerro á informarme, y no pude divisarlos. A las 7 de la mañana me hice á la vela y á la sirga, con viento por el O: de suerte que, aunque flojo, ayuda á vencer la disforme corriente de este rio; pero esta fué tal, que habiéndose trabajado todo el dia incesantemente, navegué al S ¼ al SE 2,000 varas de distancia, y en esto solo se conoce lo fácil ó dificultoso que es este rio de navegarse.

DIA 29.

Al salir el sol proseguí mi viage, y puse á bordo del Champan una barcada de bizcocho de la chalupa chica, para distribuir á las tripulaciones, y en su lugar cargué seis barriles de carne, uno de grasa y cuatro sacos de menestras.

Navegué este dia siempre por la barranca del S, al OSO 5° O 3 millas de distancia.

DIA 30.

Todo el dia caminé á la sirga por estar calma, y navegué al OSO 5° O 4½ millas de distancia, hasta un codillo que forma el rio, desde el que es el rumbo corregido que sigue al SSO y SO ¼ S; aunque por ser muy tarde no pude examinarlo bien.

DIA 31.

Esta mañana salí á reconocer el campo. El rio sigue muy al S, y el camino de los indios vá desde aquí por tierra adentro: y esto es porque no hay otro remedio, que por su orilla no se puede transitar, ni por la banda del N, ni por la del S, porque de una y otra son las barrancas perpendiculares, y tocan sus cimientos en el rio mismo.[11] Navegué esto dia al SSO corregido 3 millas de distancia.