DIA 1.º DE MAYO.
Amaneció con viento fuertísimo, el que se mantuvo hasta las 4 de la tarde, que empezó á llover. Anocheció lloviendo fuerte; hoy casi todo el dia estuvo á bordo Chulilaquin: á la noche le dí el santo y se fué á su toldo. Con motivo de haberse mantenido hoy á bordo, y un hermano suyo que está bien impuesto en el rio de la Encarnacion, les hice diversas preguntas del país por medio de la lenguaraza, y me dijeron que en aquel rio habia mucha cantidad de maderas, y en tanta abundancia, que en muchas partes no se podia romper á pié ni á caballo, por su espesura; y que eran muy altas y gruesas. Que la casa y capilla que habian hecho los cristianos en la orilla de aquel rio, distaba jornada y media á caballo de su desague: que en aquel sitio habia mucha cantidad de papas ó batatas muy grandes: que siguiéndolo aguas arriba, un poco mas, y cortando el campo, dejando el rio á la izquierda, luego se veia la mar. Que habia poco tiempo que los cristianos habian andado en dicho rio con una embarcacion, la cual se les hizo pedazos entre las piedras, y que el parage á donde está dicha capilla y casa se llama Tucamelel, y el rio.
En este rio se hallaron estos indios con los Tehuelches de San Julian, con los cuales dicen hicieron mucho comercio, porque venian muy ricos con las alhajas que les habian regalado los cristianos de aquel establecimiento.
A las 10 de la noche cesó la lluvia, y volvió á establecerse el viento por el O muy récio, de cuyo modo se mantuvo el resto de la noche.
DIA 2.
Amaneció nublado, y el viento al O duro. Hoy recogí algunas manzanas, é hice un barril de cidra de diez frascos; y hechas las cuentas de las que consumió la gente desde que estamos aquí, y las que entre unos y otros tienen y existen embarcadas, ascendian al número de treinta mil.
Desde esta mañana hasta la noche creció el rio cerca de media vara, cuya creciente me es indispensable aprovechar para mi regreso, pues á no hacerlo así, me será casi imposible poder estorbar que las chalupas se hagan pedazos entre las piedras, de los muchos despeñaderos que se hallan en este rio, por su violentísima corriente.
Hoy quedó Chulilaquin en que mañana seguiria su marcha.
Anocheció nublado, y el dicho viento; se llevó la misma formalidad de darle el santo á Chulilaquin, como en las noches antecedentes, quedando él en observar como siempre las órdenes que le he dado: recogí toda la gente, y largué las embarcaciones afuera.
A las 10 de la noche estaba la creciente en su mayor incremento, que llegó á cerca de tres pies.
DIA 3.
Amaneció el viento al O fuerte, y esta noche bajó el rio un palmo: continuó bajando todo el dia. A las 8 de la mañana le dije á Chulilaquin como no habia ya levantado su tolderia, y me dijo que la causa era el estar una sobrina suya de parto, y que á lo menos le era forzoso esperarse dos dias, para que pudiese montar á caballo. Averigué el caso, y era cierto. A mediodia le dije que ya no le esperaba mas, y que en el dia de mañana seguia mi viage. Me suplicó que no le desemparase, ya que le habia hecho tanto favor: que me debia la vida; que no le dejase en manos de sus enemigos, y diciéndole yo: qué miedo podia tener cuando estaba tanta gente junta; me dijo que su vida la tenian comprada los parientes de Guchumpilqui, porque habian regaládole, y pagádole fuertemente á todos los caciques inmediatos que habitan esta serrania, para que todos con sus indiadas viniesen incorporados para acabar con él y con sus indios, pero que solo el respeto de nosotros habia sido capaz de contener esta faccion; pero que estaba cierto y seguro de que los Aucaces lo seguirian hasta su tierra, por lo cual pensaba en variar camino y retirarse hasta nuestro establecimiento del Rio Negro. Me nombró los caciques de la faccion, que ascienden á 27, los cuales viven en estas inmediaciones, y son los siguientes:—Guchulap, Guchumpilqui, (hijo del muerto) Niquinilla, Pevnaquin, Cuijual, Pangacal, Chaquelaelna, Chopá, Nangohuel, Cachuachen, Marnaiel, Nengulaldá, Tamoahenta, Naquinavajen, Gulchunchen, Mencon, Cholon, Milaon, Milaoente, Ignacio, Lejep, Mechecaoxque, Quelasquen, Maniloal, Cusjilap, Milelenco, Milahuente; y dice Chulilaquin que las indiadas de estos caciques es tan numerosa, que excede á las arenas que tiene el rio en sus orillas[23].
No obstante todo esto, le dije que no podia detenerme, pues me faltaba el bizcocho, y que los soldados no sabian comer sin él. Se desconsoló mucho, y yo preparé mis cosas para salir el dia de mañana. Hoy mandé exprimir manzanas para completar un barril de carga de zumo, y quedó lleno: pero bien se puede hacer aquí bastante cantidad de cidra, y que sea suficiente, y aunque sobre de la que se pueda consumir en todo el vireinato de Buenos Aires.
DIA 4
Al amanecer se empezó la faena de acomodar todas las cosas de las chalupas para nuestro regreso. A las 8½ me despedí de Chulilaquin, que poco le faltó para llorar, y me puse en viage para el establecimiento; pues ya no me dan lugar los víveres á poder subsistir mas en este sitio: pero aun no habia perdido de vista los toldos, cuando ví que los indios á toda prisa recogian su caballadas. A las 10 hallé unos 3 ó 4 toldos, y pasé sin parar. A la 1 de la tarde descubrió agua la chalupa San Francisco, en tanta cantidad que se iba á pique. Arrimé á tierra y junté toda la gente á su descarga, y se reconoció que una piedra le habia abierto un agujero que cabia el puño por él. Este golpe lo recibió en la última varada, que, desde que salí hasta que arrimé á tierra, varamos tres veces; y en todas ellas fué preciso echar toda la gente al agua, y costó bastante trabajo el sacarlas.
Luego que se descargó, la hice varar, se le hechó este rumbo, y se volvió á echar al agua. Al anocher ya la tenia cargada y lista para navegar.
En cuanto se estuvo componiendo la chalupa, hice traer cerca, ó mas de 200 manzanos chicos, que puse con tierra en un cajon para llevar al establecimiento, y en este intermedio pasó la indiada de Chulilaquin, rio abajo: tal es el miedo que tiene á los Aucaces, y la prisa que se dió en levantar los toldos; pero es cierto que si nosotros estuvieramos junto de sus toldos, él no pensaria en moverse de allí. Mandó un esclavo á decir que paraba un poco mas abajo: él no llegó, por haber una barranca muy alta y una laguna de por medio. Anocheció claro y en calma.
DIA 5.
Luego que aclaró el dia me puse en camino, navegando aguas abajo el rio. Vararon tres veces esta mañana las chalupas; en sacarlas se tardó dos horas: no obstante llegué al rio de la Encarnacion, ó á la isla que tiene en su desague, á donde dejé las maderas cuando fuí para arriba, á las 2 de la tarde, habiendo hecho en las dos mañanas de ayer y hoy, el camino que hice cuando fuí para arriba en 21 dias, tal es la violencia que trae la corriente de este rio; y esto sin velas, con viento, aunque poco, por la proa, ni otros remos que los necesarios para el gobierno.
A las 8 de la mañana hallé la tolderia de Chulilaquin, pero pasé sin arrimar á tierra ni hablar, mas que la griteria de los indios y marineros, que se despedian con algazára.
Luego que llegué á la isla, y habiendo en ella hecho la gente mediodia, hice escoger y cortar un pedacito de madera de todas las calidades que allí habia dejado para conducir al establecimiento del Rio Negro, escribiendo en cada uno su diámetro.
Las cordilleras están tan cubiertas de la nieve que cayó en ellas en los dias que estuve en el Huechum-huechuen, que ya no se vén aquellos promontorios de piedras que se veian cuando fuí para arriba, sino una superficie en cada cerro, blanca y lisa, habiendo tapado ó llenado la nieve sus grandes y profundas concavidades.
DIA 6.
Salí de la isla al salir el sol. Toda la mañana ha estado nevando sobre las sierras inmediatas al rio, sin caer ninguna en el valle. Toda la tarde cayó en el valle, aunque no en mucha cantidad, pero derretida. Navegué este dia, nueve, de los que fuí para arriba, y sin varar, solo sí tocó un poco sobre una piedra la chalupa San Juan, por lo cual no fué preciso que este dia se echase la gente al agua, único, en siete meses y nueve dias que aquí salí del establecimiento del Rio Negro, para este reconocimiento.
A la noche se le sacaron á la chalupa San Juan, 40 baldes de agua; y á no estar el rio tan crecido, desde luego á esta hora estarian las chalupas hechos pedazos.
Despues que se incorporaron con el rio principal el de la Encarnacion, y el que Falkner llama Desaguadero, hallé el rio tres palmos mas crecido que cuando fuí para arriba. Todas las cañadas y zanjas que entonces estaban secas, traen porcion de agua, de modo que no se vé otra cosa que hermosos arroyuelos que de todas estas sierras bajan al rio precipitadamente: con lo poco que ha llovido, se abrieron infinitos manantiales, que antes no se conocian por otra cosa que por algun verdor que se hallaba entre las ásperas y áridas serranias.
Anocheció lloviendo, á cuya hora me acampé á la parte del N del rio. Duró la lluvia hasta las 10 de la noche, que cesó, y se llamó el viento al SE récio.
DIA 7.
Amaneció nublado, y con el viento al SE sumamente fuerte y contrario á mi navegacion. Al salir el sol proseguí mi viage, y á las once de la mañana salí de la serrania que forman los albardones de la Cordillera, en la que cayó nieve todo el dia, no obstante estar el viento tan fuerte de proa, y el dia frio é incómodo, y en una estacion en que los dias son muy cortos. Navegué ocho, de los que fuí para arriba, de manera que sale á cada hora de navegacion para arriba, una hora de navegacion para abajo, y en ella se descuenta la navegacion de un dia para arriba.
Al anochecer me acampé en una isla, y á esta hora entré en las Barrancas Coloradas.
DIA 8.
Salí al amanecer con viento fresco y contrario: vararon cuatro veces las chalupas en el Salto del Mosquito, y despues entre las islas vararon cinco veces. Fué preciso echar toda la gente al rio, con frio excesivo. Navegué este dia la distancia que navegué en 16 cuando fuí para arriba, que desde luego asciende á 40 leguas por el rio.
Ya cerrada la noche me acampé en una isla. A las once empezó á llover, y duró el agua hasta las 9 de la mañana siguiente.
DIA 9.
Amaneció lloviendo. A las 9 de la mañana cesó el agua, y seguí mi viage. A las 11 llegué á la isla á donde habia dejado enterrados los Barriles, los que desenterré con lo demas que habia dejado, y se acomodó todo á bordo de las chalupas; y para ello le descargaron y limpiaron. A las 4½ de la tarde tenia ya las embarcaciones cargadas y prontas: á dicha hora hice toldar, y me quedé en dicha isla por estar lloviznando.
DIA 10.
Amaneció cerrado de neblina y en calma. A las 7½ empezó á aclarar, y me largué de la isla al remo. A las 3 de la tarde llegué á la Estatua del Indio, habiendo pasado como ocho cuadras mas arriba por la boca de un arroyo chico que viene del S, y entra en el rio principal por dicha parte. Este viene muy de tierra adentro: la tierra de sus orillas es infeliz.
A las 3½ de la tarde hallé un toldo, como dos cuadras mas arriba de la Cabeza del Carnero, y arrimé á tierra para saber qué gente era: pero fué buena esta diligencia, porque á penas nos divisaron los indios, dispararon, llevándose por delante como unas 100 cabezas de ganado caballar. Asimismo dispararon tres chinas á pié, abandonando el toldo y cuanto tenian en él: era fácil el alcanzarlas, pero no quise que las siguiesen. Fuí á ver el toldo, de donde me retiré inmediatamente, sin permitir que nadie le tocase cosa alguna de cuanto en él habia. Hice embarcar la gente, y seguí mi viage.
Conocí que estos indios venian del oriente, por haber hallado en el toldo una fruta que produce el chañar, que los indios llaman daal, la que no se cria sino del Choelechel para adelante.
Tambien me hace creer que por aquí cerca se crian manzanos, el haber hallado en dicho toldo una rama que me parece no pasa de uno á dos dias que se sacó del árbol, porque todavia no estaban las hojas marchitas.
Otras señas me dieron á conocer que estos indios venian de la parte oriental, como el tener muchos cueritos de zorrillo, yeguas, sal, goma, &a., que no hay por la parte occidental.
Al anochecer me acampé á la parte del S, en el mismo sitio en donde me acampé el dia 4 de Febrero, cuando fuí para arriba.
DIA 11.
Esta mañana proseguí navegando el rio aguas abajo, sin haber habido otra novedad que la de haber varado tres veces las chalupas, pero por ser el fondo de arena gruesa, no se maltrataron. Al anochecer me acampé en una isla, y divisando la punta de la barranca del Diamante.
Con lo que ha llovido desde que fuí para arriba, se advierte otro verdor en estos campos, pero solo las márgenes del rio, y á donde las crecientes los bañan pueden fructificar: esto es, en los llanos que hay desde el Diamante hasta la Encarnacion del Indio, que son los mas dilatados, pues de allí para arriba van muy cortos.
DIA 12.
Amaneció en calma y cerrado de neblina muy densa. A las 9½ empezó á aclarar, y á esta hora proseguí mi viage al remo. A las 11½ llegué al Diamante, entré en él, y lo hallé mas bajo que cuando fuí para arriba. Arrimé á tierra, y reconocí que no me permitia navegarle, aunque tenia dispuesto, si lo hallase crecido, de seguirlo algunos dias.[24] A las 2 de la tarde salí de él, y proseguí mi viage hasta la noche, que me acampé á la parte del S, habiendo varado esta tarde las chalupas tres veces.
Por las orillas del Diamante me parece que no habitan los indios, porque no se hallan caminos, ni veredas en ellas.
Luego que salí de la serrania, advertí el tiempo mas templado, cuya suavidad se experimenta, al paso que se alarga la distancia de ella.
DIA 13.
Salí esta mañana prosiguiendo el rio aguas abajo, el que tiene ahora menos agua que cuando fuí para arriba, cansado por la poca que en este tiempo trae el Diamante. Este en aquel tiempo venia mas crecido que ahora, antes de venir á unirse con el otro: entonces los dos incorporados tenian mas agua que ahora. Ahora el principal trae mas agua que traia en aquel entonces; pero el Diamante, ó los dos incorporados juntan ahora menos caudal que en aquel tiempo: luego quien causa esta alteracion en el conjunto de todos los rios, y en la estacion presente, es el Diamante.
Desde que se junta este rio al principal, no corre el agua la mitad que antes de juntarse.
Tambien á proporcion que vá alargando la distancia de las nacientes de los rios y de las serranias de la Cordillera, vá minorándose la velocidad de la corriente.
Hoy estuvo el viento al SSE bonancible, y no hubo mas que una varada, que costó poco sacar las embarcaciones.
Al anochecer me acampé á la parte del S.
DIA 14.
Salí á las 9 de la mañana, por estar hasta esta hora cerrado de densa neblina. A la 1 de la tarde pasé el sitio á donde se fué, y apartó Guchumpilqui. Al anochecer me acampé media legua distante mas arriba, donde hallé los indios Aucaces el dia 31 de Diciembre del año pasado.
Esta tarde vino el viento por el NNE bonancible, de cuyo modo anocheció.
DIA 15.
Luego que aclaró el dia, seguí viage en calma hasta la tarde, que vino el viento por el S bonancible. A la noche me acampé, habiendo navegado este dia 4½, de los que fuí para arriba: anocheció claro y sereno.
DIA 16.
Salí de mañana, estando el viento al SSE y nublado. A las 10 pasé el parage á donde se desertó Benites. Al anochecer vararon las chalupas: se tardó una hora y cuarto en sacarlas. Arrimé á tierra á la banda del S, y me acampé una legua mas arriba de la Fortaleza de Villarino.
DIA 17.
Salí de mañana y llegué á la Fortaleza de Villarino, en el Choelechel. En este sitio hallé la estacada, ranchos y trinchera, en la misma conformidad que lo dejé cuando fuí para arriba: en aquel tiempo me parecieron estas tierras buenas para el cultivo, pero ahora me parecen mucho mas superiores. En los sitios á donde todo habia quedado trillado, hay pasto muy alto y vicioso. A las orillas de la estacada, á donde se movió la tierra para hacer la zanja, está el pasto de una vara de alto debajo de la enramada, á donde tenia yo el cuerpo de guardia que se habia hecho él solo á pison: estaba todo cubierto del expresado pasto, de cardos, cerrajas y de navos. Hallé habas, que he recogido ya en el suelo, que se habian caido de maduras: otras hallé verdes, otras en flor todo vicioso, producidas de algunas que, por descuido, se habrán caido en el tiempo que pasó aquí la expedicion: y por considerar esta tierra tan fructífera, hice sembrar en ella semilla de manzana.
Es cierto que en todo este rio no hay parage mas á propósito para recoger, cultivando las tierras, abundantes frutos, á mi parecer.
Paré aquí el resto del dia, para componer velas, toldos y otras cosas, para cuya conclusion hace falta todo el dia de mañana.
Esta tarde salí un corto rato por examinar si hallaba vestigios de haber estado indios en este sitio en el tiempo que aquí falto de él, y reconocí que no estuvo nadie, y hallé muchas gamas: pero me admiró la abundancia de perdices; porque con ser muy corto el rato, y estar el dia muy malo con un viento fuertísimo al NNE, maté 15, sin apartarme mas que dos ó tres cuadras de los ranchos: asimismo tiene la isla en frente superiores tierras.
DIA 18.
Toda la noche estuvo el viento al NNE fuerte, y siguió todo el dia. Salí de mañana á registrar las tierras vecinas y el potrero, del cual saqué 46 perdices: y por haber tiempo que faltan los indios de estos parages, concurrió á estos llanos y potreros muchísima caza mayor.
Hoy se acabó de componer las velas, toldos, remos y otras cosas, é hice hacer cuatro docenas de velas, por habérseme acabado las que hice en este mismo sitio, cuando fuí para arriba. Asimismo conocí aquí el árbol, de quien sacan los indios aquella goma ó resina, semejante á nuestro incienso, citado por Falkner, del que dice que lo tienen los indios por sagrado: y así en esto como en otras muchas cosas, padece este ingles bastantes equivocaciones, las que puede que yo manifieste al fin de este diario. Y la causa de ellas me parece que es, el no haber el dicho Falkner andado estos parages, y sí, haber adquirido noticias de ellos por los indios y por el cacique Cacapol, que habitaba en el Choelechel, cuando se retiraba de robar en las pampas de Buenos Aires. Conocí ahora en el Huechum-huechuen una hija suya, y creo que no hay mas de su familia, segun me dijo ella misma, por medio de la lenguaraza Maria Lopez.
DIA 19.
Salí al amanecer, y no me fué posible adelantar mucho, porque á cada paso varaban las chalupas, por estar el rio sumamente bajo. A la noche me acampé á la banda del S.
DIA 20.
Al amanecer proseguí al remo. A las 4½ de la tarde pasé el parage á donde hallé, cuando fuí para arriba, los primeros toldos. Al anochecer me acampé en la que se dice Tercera Angostura.
NOTA.—El camino de Chulilaquin se separa del rio en la Fortaleza de Villarino, y el del Cacique Viejo se separa á donde hallé los primeros toldos para su tierra, que es cerca del Puerto Deseado. En el intermedio hay un arroyo que corre al S, pero ignoro donde desagua: este nunca se seca ni se corta, saliendo del rio por este camino, no se halla agua en un dia y una noche, y los indios la llevan del rio en pellejos para beber. Estos caminos me los enseñó ahora la lenguaraza, como tambien los del Choelechel para el Colorado; y el dicho Choelechel tiene varios caminos, en cuya inteligencia no estuvimos hasta ahora, ni tampoco Choelechel se entiende un solo parage determinado, pues tiene muchas leguas y varios caminos de un rio á otro.
DIA 21.
Al ser de dia proseguí navegando al remo. A la una de la tarde vino el viento al NO, y pude dar la vela; y vine á acamparme á la banda del S, distante 6 leguas de la Angostura. Anocheció con el viento al NO fuerte.
DIA 22.
Al amanecer me hice á la vela y remo, con viento al NO fresco: duró todo el dia, y este ha sido el de mayor navegacion despues que pasé el Diamante. A las 3 de la tarde pasé el parage á donde puse el palo al Champan. A las 4½ el camino de San Antonio: á las 5, la Angostura, y me acampé al anochecer á la parte del S; al oriente, media legua de la Angostura, sin haber varado ayer ni hoy: pero desde ante ayer creció el rio, á mi parecer, mas de 5 pies.
DIA 23.
Amaneció lloviendo. A las 8½ cesó de llover, y me hice á la vela y al remo con viento NO flojo. A las 2½ de la tarde pasé la última Angostura, y vine á acampar dos leguas y media de ella, á la banda del N del rio. Anocheció lloviendo y calma.
DIA 24.
Al amanecer me puse en marcha al remo por estar calma. Al mediodia llegué al Corte de la Madera: allí supe que José Domingo Gonzalorena habia ido con una partida, rio arriba. A la media hora de estar allí llegó dicho Gonzalorena, y me dijo habia llegado á la Fortaleza de Villarino. De allí salí á las 2 de la tarde, y vine á acampar en la Isla de los Gallegos.
DIA 25.
A las 6 de la mañana proseguí mi viage al remo, y á las 8½ anclé en el establecimiento del Rio Negro, habiendo saludado á la plaza con 9 cañonazos. Desembarqué, y me presenté con la expedicion de mi cargo al caballero Super-Intendente: con lo que concluí este diario, que aunque tiene bastante que enmendar, por no ser posible examinar con propiedad algunas cosas que están en él escritas, cuyos juicios salieron despues inciertos, y otras anotaciones, lo dejo para cuando se hagan los planos que pertenecen á este reconocimiento, con cuya presencia se puede mas bien demostrar y hacer patente todo, desde lo que mas interesa hasta la parte mas mínima.[25]
Acabados de hacer los expresados planos, no huvo tiempo para corregir este diario, así de los errores de los rumbos y distancias calculadas, (para que apareciesen las operaciones claras) como de algunos errados juicios y otras cosas que en él se escribieron y apuntaron, solo para memoria: las cuales no servirán acaso mas que para que fastidie su lectura. Pero no son de momento alguno para el fin principal.
Rio Negro, y Agosto 16 de 1783.
BASILIO VILLARINO.