La Penitenciaría.
A despecho de su apariencia de salubridad y de limpieza, este es un lugar de refinada y sutil inquisición. Los presos son maltratados, mal alimentados, mal cuidados. En siete años entraron 1275 penados, de los que fallecieron 162. Obligan allí á los sentenciados á trabajar, pagándoles la décima sexta parte del jornal del trabajador peor retribuído. Los guardianes, como en Belén, son todo poderosos, brutales é injustos. El director de la prisión aumenta meses de recargo de pena á la sentencia de un penado por el solo informe de un guardián, sin entrar en más averiguaciones. Los infelices penados andan casi desnudos, si no tienen ropas propias ó no hay una persona caritativa que se las proporcione. Los médicos visitan la prisión cada ocho días, ó cada diez.