ESCENA III
LEONOR y DON ANTONIO.
Antonio
¡Adiós, terrorista!... ¡Pobre Marquitos, qué bueno es! Es en lo único que has tenido suerte, hija, en el novio. Eso es como un pedazo de pan: ¡lo muerdes y encima te alimenta!
Leonor
No, y físicamente tampoco es despreciable, no creas, papá.
Antonio
Mujer, tanto como eso... (Gesto de duda.) porque como guapo, la verdad... (Se levanta, coge papel, tintero y pluma.)
Leonor
¿Qué tienes que decir de sus ojos?
Antonio
Que son chiquitos como aceitunas... y tiene dos niñas, como dos perdigones.
Leonor
Hombre, no te diré yo que sean unas niñas como para llevarlas con «mamuasel», pero como expresivas...
Antonio
No, si para mí, con que sea bueno y te quiera, ya tiene la mayor hermosura. (Se sienta a escribir.)
Leonor
¿Qué vas a escribir, papá?
Antonio
Pues voy a redactarte el recibito para la señora Calixta. Así, al entregarle el traje, le entregas la cuenta, y siempre es menos violento que pedirle el dinero de viva voz.
Leonor
Y además comprenderá la prisa. ¡Porque si no nos pagara!... ¡Otro día sin nada, Virgen santa!
Antonio
Calla, hijita, no vaticines. No querrá Dios. Verás. (Escribiendo.) He recibido de doña Calixta Cacho... ¿Cómo se llama el marido?
Leonor
Ceneque... (Se levanta, dobla el trajecito y lo envuelve en un pañuelo.)
Antonio
De doña Calixta Cacho de Ceneque, la cantidad de seis pesetas cincuenta céntimos... He añadido estos cincuenta céntimos por si me quieres traer unos pitillitos; así no te soy gravoso... Se lo cargo a Ceneque.
Leonor
Ya lo creo, papaíto; bien hecho.
Antonio
Seis pesetas cincuenta céntimos por la confección de un trajecito marinero, modelo primera comunión, para su señor hijo Anicetín, hecho en piqué, con cuello y bocamangas merino, anclas a realce. Madrid, a tantos de tantos... Leonor Jiménez, especialidad en primeras comuniones para niños y niñas de ambos sexos.
Leonor
Si pones de ambos sexos, sobran las niñas.
Antonio
Es verdad. Para niños de ambos sexos. Ahí va el recibo. (Se lo da.)
Leonor
Y el traje ya está bien envueltecito. ¡Ahora a entregarlo! ¡Tengo un temblor! ¿Me habrá salido bien, papá?
Antonio
¡Ya lo creo, hija!... Ya verás. Dios es bueno.
Leonor
Dios, sí; pero como el patrón era para un niño mayorcito, si no he calculado bien las medidas, pues... ¡En fin, sea lo que Dios quiera!
(Vase.)
Antonio
¡Ánimo, hija mía, ánimo!... (Cierra la puerta.)