ESCENA PRIMERA

Aparece el sotabanco en una leve penumbra. Entra por una ventana que quedó un poco entreabierta una suave claridad. DON ANTONIO, sentado junto a una mesa, duerme de bruces sobre ella. Tiene a su lado una botella de Pedro Ximénez y otra de coñac y un periódico. Entre los dedos, un puro enorme. Dentro, VOZ DE HOMBRE y MUJER. Luego LEONORCITA.

Voz hombre

(En el patio.) Señá Balbina, dígale usté a Ufrasio que baje si quie venir pa la obra, que son las ocho.

Voz mujer

(Ídem.) Dice que eches a andar, que ahora te alcanza.

Voz hombre

¿Se le han pegao las sábanas?

Voz mujer

Con colchones y todo.

Voz hombre

Pues dígale usté que no corra, que voy en tranvía. ¡Ta lego! (Pausa.)

Leonor

(Por la puerta izquierda, vestida con modestia.) ¡Ah, papá durmiendo aquí! Yo creí que no había venido, como otras noches. Pero llegaría al amanecer y se conoce que por no despertarme... (Abre las ventanas. Entra la luz.) ¡Calle, y se ha bebido media botella de coñac!... «Coñac Tres Cepas»... ¡Tres cepas y él, cuatro! Y otra de Pedro Ximénez. Es lo que más le gusta. ¡Como son tocayos! ¡Y menudo puro!... ¡Pobre papaíto!... Porque él es bueno... Ahora, que desde que se metió en esas cosas de juego y de matonerías... Y como alrededor de eso siempre andan mujeres, pues... ¡claro!... Pero él es bueno, sino que a veces los hombres más buenos tienen que hacer cosas que parecen malos. ¡Lo que él ha sufrido hasta acostumbrarse a parecer malo!