ESCENA ÚLTIMA
LEONOR y el QUEMARROPA, foro.
Quemarropa
(Es el tipo de matón descrito por don Antonio. Habla con acento andaluz.) Mu güeno día.
Leonor
(Muy cariñosa y haciéndose la tonta, actitud en que continúa toda la escena.) Muy buenos. ¿Qué deseaba usted?
Quemarropa
Er zeñó don Antonio Jimene er Modozo, ¿mora en esta vivienda, u por mejó decí, vive en esta morada?
Leonor
Sí, señor, aquí vive; pase usté adelante.
Quemarropa
¿Y tendría usté la bondá de desirme si se halla en eya, u por mejó desí, si está en casa?
Leonor
Sí, señor, está. Y en seguida sale. Siéntese usté. ¿Y quién le digo que le busca?
Quemarropa
(¡Se muere del susto!) Nadie... Er señó Vitoriano Molina, er Quemarropa.
Leonor
(Mostrando una gran alegría.) ¡Uy!... ¡Usté el Quemarropa!... ¡Oy, qué alegría va a tener mi papá!
Quemarropa
¿Alegría?
Leonor
Sí, señor. ¡El Quemarropa en casa! Si aquí hace una semana que no hablamos de otra cosa. Desde que le dijeron a mi papá que había usté dicho no sé qué en la casa de Andorra, que le anda a usté buscando por todas partes.
Quemarropa
¿Él a mí? ¿Estaz zegura?
Leonor
Anda, como que le ha escrito a usté cinco o seis cartas, citándolo.
Quemarropa
Puez no las he recibío. ¿Y qué me quiere, si no es curiozidá?
Leonor
Yo no sé qué le he oído decir de una oreja... el caso es que cada vez que habla de usté, saca una navaja que tiene que corta mucho, y prueba así el filo con la uña, como hacen los barberos, y además ha encargado un estuche.
Quemarropa
¡Josú! ¡Qué concidencia!
Leonor
¡Ay, en cuanto le diga que está usté aquí, qué alegría va a tener! Porque esta, mañana, ya desesperado de dar con usté, y creyendo que se había vuelto usté a Málaga, ha sacao un kilométrico para ir a buscarle.
Quemarropa
¡Un kilométrico!
Leonor
Sí, señor; verá usté, aquí en la americana creo que lo tiene. (Coge la americana, busca por los bolsillos y empieza a sacar de ellos navajas y pistolas, que tira ruidosamente sobre la mesa.)
Quemarropa
¡Caray, va pertrechao!
Leonor
Pos en el traje nuevo tiene más. Pero no lo encuentro. Se conoce que lo lleva encima. Ya se lo enseñará él a usté cuando salga. (Se sienta y con la mano golpea en la mesa. De pronto se oye un golpe seco, que inquieta al Quemarropa; luego, voces de disputa, dos o tres estacazos y ayes.)
Quemarropa
¿Qué paza ahí que?...
Leonor
(Riendo y con cara de boba.) Es mi papá...
Quemarropa
Pero...
Leonor
Que le está pegando a un señor.
Quemarropa
Güeno, pero...
Leonor
Y todos los días lo mismo. ¡Se entretiene en unas cosas! Ayer fue una risa; metió a uno en ese cuarto, y a los cinco minutos salía el pobre hombre con todas las muelas en un papelito.
Quemarropa
¿Pero toas?
Leonor
Sí, señor; las llevaba en un cucuruchito, como si se hubiera comprao piñones. ¡Me dio una risa!
Quemarropa
¿Pero tú no ties mieo?
Leonor
¡Anda, miedo!... ¡Pues si a veces tiran hasta tiros!
Quemarropa
¡Mi mare!
Leonor
Anteayer, sin ir más lejos, dio una bala en esa silla donde está usté sentado.
Quemarropa
Oye, niña... (Se levanta de un salto.)
Leonor
Y el otro día estaba yo haciendo jersey, y una bala se me llevó media aguja. ¡Me dio una risa!
Quemarropa
(Azorado y nervioso.) Bueno, niña; como veo que tu papaíto... voy a ver zi tengo una tarjeta... (Busca en el bolsillo.)
Leonor
No, espere usté, si sale en seguida. Los despacha en un vuelo. (Suenan dos tiros, ayes, gritos, estacazos.) Ve usté, ya está acabando. ¡En seguida pasa usté!
Quemarropa
¡Un cuerno!... (De pronto sale don Antonio demudado, trémulo, lívido, con la ropa en desorden.)
Antonio
¡Despachao! (A su hija.) Ya está. Avisa a la Casa de Socorro. Creo que le he estrangulado. (Se oyen dentro del cuarto lamentos largos y débiles.)
Leonor
Voy en seguida.
Antonio
Aún no ha muerto. (Al Quemarropa.) Usté dirá qué se le ofrece. A su disposición.
Quemarropa
Zí, güeno; pero como veo que está osté ahora mu ocupao... Gorveré.
Antonio
No, diga usté, si a mí estas cosas...
Quemarropa
No, zeñó; gorveré en otra ocazión, no me gusta molestá, y veo que... Con Dio. (Sale disparado.)
Leonor
No le dejes ir, papá, que es el Quemarropa...
Antonio
(Gritando.) ¡Eh... venga usté aquí, granuja, bocón, embustero!... ¡Va como alma que lleva el diablo!...
Leonor
¡Lo veis!
Antonio
¡Gracias, hija mía!... ¡Gracias!...
Marcos
(Sale riéndose.) Bueno, tú te pones a hacer películas y te ríes de la Musicidora. ¡Qué susto lleva el gachó!
Antonio
¡Y estos son los matones... los valientes! ¡Cuánto timo hay en la vida! ¡En fin, hija mía, a pelear otra vez con la miseria!
Leonor
No, con la miseria, no, porque ahora ya sé yo hacer algo útil, sé hacer sombreros, y con las diez mil pesetas que tenemos...
Antonio
No, hija mía, no... ¡no te hagas ilusiones!
Leonor
¿Cómo que no me haga ilusiones?
Marcos
Sí, porque las diez mil pesetas, volaverum... Se lo digo en francés pa que no la haga tan mal efezto.
Leonor
¿Pero qué decís?...
Antonio
Sí, hija mía, la verdad, perdóname. Me las he gastado con... con...
Leonor
Me lo figuraba. ¡Vayan con Dios!... Dinero de vicio y de infamia, ¿qué cosa útil podía hacer?... Trabajaremos.
Marcos
Y tan ricamente. Cuatro de tu jornal y diez del mío... ¡y a vivir, tropa! Y vayan con Dios los sobresaltos, que bien poco provecho hemos sacao de ellos.
Antonio
Eso no, hijo mío. De todas las cosas, aún de las más humildes, se puede sacar un poco de provecho.
Marcos
Sí, pero de esta...
Antonio
Pues esta te ha enseñado que no hay en el mundo farsa más grande que la del valor. Cuando los hombres tienen que salvar la vida y la honra de los suyos, todos son valientes, porque el valor es el cumplimiento del deber... ¡Todo lo demás, ya lo has visto, farsas! Tú habrás oído hablar del Cid, de Roldán, de Napoleón... ¡pchs, nada!... Para valiente, un tío con ocho hijos que no sepa cómo darles de comer y no quiera robar y no tenga más alimento que agua del Lozoya...
Marcos
¡Digo, y como viene ahora!...
Antonio
¡Ese, ese es un valiente!
(Al público.)
Y aquí termina esta grotesca tragedia, en la que se ha pretendido deciros la verdad del valor de los hombres. Perdonad si el que la compuso no logró su propósito. — Telón.
FIN DE LA OBRA