ESCENA V
DICHOS y MARCOS
Marcos
(Saliendo.) Buenos días.
Sole
(Asombrada.) ¡Anda, pero no estabas solo!
Antonio
No, estaba este joven ahí, barnizando una silla.
Marcos
Servidor.
Antonio
Es el novio de la nena.
Sole
¡Ah! ¿Este joven tan simpático es el novio de su hija de usted?
Marcos
Pa servirla.
Sole
Caramba, pues van ustés a hacer una parejita súper.
Marcos
Regular.
Sole
Súper. No rebajo naa. Porque la chiquilla es monísima.
Antonio
Mi retrato.
Sole
Pero usté... ¡usté es un mocito pero que muy apañao!
Marcos
Señora...
Sole
Diga usté, joven, y dispense la pregunta, ¿el rizao del pelo es natural?
Marcos
Que me levanto; hago así con la mano naa más y ya ve usté cómo me se queda.
Sole
Una preciosidad.
Antonio
Ensortijillao.
Sole
Pero, vamos, que no dice usté que es un obrero, y por el tipo... ¡cuántos señoritos quisieran!..
Marcos
Eso sí; ve usté que está feo que uno lo diga, pero ya me ha dicho bastante gente...
Sole
En fin, que no sale perdiendo naa su novia.
Marcos
Usté que es muy amable.
Sole
¿Amable?... No tie usté más que mirarse al espejo... figura, simpatía, buen porte... amos, que si yo me casase con usté...
Marcos
¡Por Dios!... (Sonriendo.)
Sole
¡Que no iba a estar tranquila, palabra!
Marcos
No, eso sí, porque uno tie su miaja de partido, pero vamos...
Sole
¡Qué pelo! ¡Estoy enamorá!
Marcos
Pues si tanto le gusta...
Sole
No me lo ofrezca usté, que se lo tomo.
Antonio
No insistas, que te toma el pelo.
Marcos
Pues ande usté... Con que me deje usté el necesario pa que me conozcan en casa...
Antonio
(¡Lo ha fascinao!)
Sole
Pero en fin, basta de bromas y a lo que venía... ¿No le sería a usté posible, don Antonio, aquí, con permiso del joven, darme siquiera pa pagar el recibo de la luz, que sube a cincuenta pesetas y han venío ya tres veces?
Antonio
Pero hija, si ya te he dicho que no dispongo...
Sole
Por Dios, Antonio, que han dicho que me la cortan. Son cincuenta pesetas naa más y por esa porquería, joven, me va a pasar lo que no l’ha pasao a nadie: verse a oscuras.
Marcos
Sí que sería raro.
Sole
Rebaña a ver, hombre... (Marcos instintivamente se registra el chaleco.)
Antonio
(Contando lo que ha sacado del bolsillo.) Nada, que no me quedan más que siete duros...
Sole
¡Pero, Dios mío, qué afrenta!... ¡Y por tres cochinos duros!... ¿No podrían ustedes, aunque fuese entre los dos?...
Marcos
(Rebañando su bolsillo.) Calle usté a ver si yo... Yo no tengo más que doce pesetas treinta y cinco céntimos... ¿si sirven?
Sole
¡Ay, cómo no!... ¡Pero que me habéis salvao! Siete tuyos y aquí lo del pollo... Pero por supuesto, en calidá de devolución, que coste.
Marcos
¡Señora, por Dios!...
Sole
¡Que si no, no lo tomo!...