ESCENA V

DON ANTONIO y SEÑOR TÁRSILO, del foro.

Társilo

(Hombre soez y ordinario, habla ásperamente.) ¿S’había usté dormido?

Antonio

(Exagerando la afabilidad.) No, señor, señor Társilo, no me había dormido, era que...

Társilo

Pues me paece que llamo pa que me oigan.

Antonio

Sí, efectivamente, son llamadas de colegio de sordomudos. Pero siéntese usté, señor Társilo.

Társilo

¿Pa qué?... Pa que me ensucie como la otra tarde, que me senté en una silla y aplasté un garbanzo...

Antonio

¡¡Un garbanzo!!...

Társilo

¡Un garbanzo!

Antonio

(Como recordando.) ¡Ah!, hará unos ocho días, sí; pues crea usted que es que no lo vimos, porque si no, no se extravía. Aquí los garbanzos, como no se metan bajo tierra, perecen.

Társilo

(Tratando de sonreír.) ¡Bajo tierra!... ¡Amos, que tie usté un humor!... ¡Estar en plena miseria y toavía con gana de chirigotas!... ¡Es frescura!

Antonio

No es frescura, señor Társilo; pero si no tomase las penalidades de la vida con cierta resignación, pues ya me había muerto.

Társilo

¡Pa lo que iba usté a perder!

Antonio

Hombre, iba a perder el mayor bien de la tierra, porque tengo una hija.

Társilo

Y yo tengo dos. Pues por eso hay que mirar por ellas y no estarse mano sobre mano, que los panecillos no caen de la atmósfera, don Antonio.

Antonio

Ya, ya; pero muchas veces de nada sirve la voluntad de los hombres...

Társilo

Bueno, bueno... Después de too, me estoy metiendo en camisa de ocho metros veinticinco, que vienen a ser las once varas, aproximadamente. Conque a lo que vengo.

Antonio

Dígame.

Társilo

Pues usté s’acordará que me dijo el día primero que me pasara por aquí a hacer efectivos los cuatro recibos que me se adeudan, hoy nueve del que corre.

Antonio

(Aparte, angustiado.) (Del que quisiera correr.)

Társilo

(Que ha empezado a hojear un paquete de recibos que lleva.) De forma que aquí los tie usté... (Se moja el dedo, aparta cuatro y los presenta.)

Antonio

Uno, dos, tres, cuatro... exactamente, señor Társilo; cuatro recibos... Ahora bien, es decir, ahora mal... o mejor dicho, el caso es, señor Társilo, que en este momento, y comoquiera que no he podido hacer efectivas ciertas cantidades que yo esperaba, me es imposible... (El señor Társilo da un terrible puñetazo sobre la mesa ) ¡Mi madre!... (Asustado, suelta los recibos encima de la mesa y los vuelve a recoger el portero.)

Társilo

¡Contraporra!... ¿Pero es que me va usté a salir ahora con que no me paga?

Antonio

No, señor Társilo, no es eso, pero es que en este momento...

Társilo

(Otro puñetazo.) Pues no, señor, ¡vaya!... Que ya estoy yo harto de pamplinas... Cuando los hombres peinan canas y dan una palabra, como usté me la ha dao a mí, por veinte vigésima vez, la cumplen. ¡Y no hay más cera que la que arde! De forma, que hoy me paga usté a mí por encima de too, o salen usté y su hija danzando pa la calle; que no tengo yo cara e palo pa irle con cuentos al casero y que se crea que esto es un juego e compadres. (Puñetazo.) ¡Qué porra!

Antonio

Sí, señor, señor Társilo; tiene usté razón que le sobra para enfadarse, lo reconozco.

Társilo

¡Que si la tengo!...

Antonio

Yo le prometí pagarle hoy, es verdad; pero es que me engañan los deseos, señor Társilo... He buscado por todas partes y nadie me auxilia... Estoy en un momento de desgracia, desamparado, solo... Si usté quisiera esperar unos días...

Társilo

¿Cómo unos días?... ¡Ni un minuto ni naa!... que a usté ya le he tañao yo, don Antonio; qué usté lo que s’ha propuesto con sus mansedumbres y sus hipocriterías es vivir de guagua.

Antonio

No me juzgue usté tan cruelmente, señor Társilo.

Társilo

Las cosas como son. Y jugar con el casero y tomarle el pelo a un servidor; pero a mí, ¡magras del Perú!, que tengo yo muchas agallas pa que me zarandee un desahogao como usté.

Antonio

Señor Társilo, eso de desahogado...

Társilo

Eso de desahogao se lo digo yo a usté aquí y en la calle y en toos terrenos. Y si encima de tramposo me se pone usté chulo; le juro a usté... (Amenazador e iracundo.)

Antonio

¿Qué está usté diciendo, señor Társilo? Yo no me pongo chulo, porque ni sé, ni puedo, ni quiero. Yo lo que le ruego a usté es que se compadezca o no de mi desgracia, pero que no me maltrate, ¡porque yo no soy ningún tramposo!

Társilo

(Riendo.) ¡¡Menudo!!

Antonio

Yo soy un pobre hombre, vencido, acobardado por la miseria, porque tengo una criatura y quiero luchar para salvarla de este naufragio de mi vida; que si no fuera por ella, ya me habría ido de aquí, y chulo, no, no me pondría; pero me pondría donde se ponen los hombres que tienen dignidad cuando se los maltrata injustamente.

Társilo

¡Injustamente!... ¡Si no mirara!... (Amenazador.)

Antonio

¡Señor Társilo!... ¡Que está usted abusando de mi desgracia!

Társilo

Y hemos acabao, y lo dicho; dentro e media hora vuelvo, y me paga usté u escaleras abajo. Y en la calle ya le diré a usté yo dos o tres cositas ilustrás con grabaos en madera. ¡Que a mí, humitos y rentoys, no! (A punto de agredirle.) Ni usté ni cien como usté... Que si no fuera usté un desgraciao, ahora mismo... (Le amenaza.)

Antonio

(Asustado, retrocede.) ¡Pero señor Társilo!... ¿Qué he dicho yo para?...

Leonor

(Entrando aterrada.) ¡Papá!... ¡Señor Társilo!... ¿Pero qué ocurre?

Antonio

¡Por Dios, la niña!

Társilo

¡Vaya usté y que le den un caldo! ¡Pues hombre!... ¡El tío farsante!... ¡Maldita sea!...

(Vase.)