ESCENA II
MENÉNDEZ y DON MARCELINO por primera derecha
Marc.
(Entrando.) Nadie. El salón de lectura desierto, como siempre. Es el Sahara del Casino. Menéndez dormido, como de costumbre; pues, ¡vive Dios! que no veo señal de lo que en este anónimo y misterioso papel se me previene. Anoche lo recibí, y dice a la letra... (Leyendo.) «Querido Córcoles: Si quieres ser testigo de un ameno y divertido suceso, no faltes mañana a las once menos cuarto, al salón de lectura del Casino. Llega y espera. No te impacientes. Los sucesos se desarrollarán con cierta lentitud, porque la broma es complicada. Salud y alegría para gozarla.—X.» ¿Qué será esto?... Lo ignoro; pero está la vida tan falta de amenidad en estos poblachos, que el más ligero vislumbre de distracción atrae como un imán poderoso. Esperaré leyendo. Veamos qué dice la noble prensa de la ilustre ciudad de Villanea. (Busca.) Aquí están los periódicos locales, El Baluarte, La Muralla, La Trinchera. ¡Y todo esto para defender a un cacique!... El Grito, La Voz, El Clamor, El Eco. Y estotro para decir las cuatro necedades que se le ocurran al susodicho cacique... (Deja los periódicos con desprecio.) ¡Bah! Me entretendré con las Ilustraciones extranjeras. (Coge una y lee.) U, u, u, u, u... (Don Marcelino al leer produce un monótono ronroneo que crece y apiana alternativamente y que no tiene nada que envidiar al zumbido de cualquier moscón. Menéndez sacude el aire con la mano como espantándose una mosca. Las primeras veces don Marcelino no lo advierte y sigue con su ronroneo. Al fin observa el error de Menéndez.) ¿Qué hace ese?... (Llamándole.) Menéndez... (Más fuerte.) ¡Menéndez!
Men.
(Despertando.) ¿Eeeh?...
Marc.
No sacudas, que no te pico.
Men.
¡Caramba, señor Córcoles! Hubiera jurado que era un moscón. (Se despereza.)
Marc.
Pues soy yo. Dispensa.
Men.
Deje usted; es igual.
Marc.
Tantísimas gracias.
Men.
¿Pero cómo tan de mañana? ¿Es que no ha tenido usté clase en el Estituto?
Marc.
Que los chicos no han querido entrar hoy tampoco.
Men.
¿Pues?...
Marc.
Es el cumpleaños del Gobernador civil.
Men.
¡Hombre! ¿Y cuántos cumple?
Marc.
El año pasado cumplió cincuenta y cuatro; este año no sé, porque es una cuenta que le gusta llevarla a él solo. ¿Ha venido el correo de Madrid?
Men.
Abajo estará.
Marc.
Pues anda a subirlo, hombre.
Men.
Es que como a mí no me gusta moverme de mi obligación.
Marc.
No, y que además tú, cuando te agarras a la obligación no te despierta un tiro.
Men.
(Haciendo mutis.) ¡Qué don Marcelino, pero cuidao que es usté muerdaz! (Vase segunda izquierda.)