ESCENA III
DON MARCELINO. Luego PICAVEA, puerta derecha.
Marc.
Bueno, y cualquiera que me vea a mí con este periódico en la mano cree que yo sé alemán; pues no, señor. Es que me entretengo en contar las pes, las cús y las kás que hay en cada columna. ¡Un diluvio! ¡Qué gana de complicar! ¡Para qué tantas consonantes, señor! Es como añadirle espinas a un pescado.
(Entra Pablito Picavea, mozo vano y elegante, con una elegancia un poco provinciana. Entra anheloso, impaciente. Es sujeto rápido de expresión y de movimientos.)
Pic.
Buenos días, don Marcelino.
(Deja el bastón y el sombrero, mira por el balcón de la izquierda, consulta su reloj, lo confronta con el del salón y empieza a revolver entre los periódicos.)
Marc.
Hola, Pablito. ¡Qué raro!... ¡Tú por el gabinete de lectura!
Pic.
Que no tengo más remedio.
Marc.
Ya decía yo.
Pic.
(Rebuscando entre los periódicos.) ¿Está El Baluarte?
Marc.
Sí, aquí lo tienes. (Se lo da cada vez más asombrado.) ¡Pero tú leyendo un periódico! ¡No salgo de mi asombro!
Pic.
Que no tengo más remedio. Quiero enterarme de una cosa.
Marc.
¿Ciencias, política, literatura?
Pic.
¡Ca, hombre! Que quiero enterarme de una cosa que va a pasar en la casa de enfrente; y para ello cojo el periódico; ¿entiende usted? le hago un agujero como la muestra, (Se la hace.) y por él, sentado estratégicamente, averiguo cuándo se asoma Solita, la doncella de los Trevelez. (Hace cuanto dice colocándose frente a la ventana de la derecha y mirando a ella por el roto del periódico.)
Marc.
¡Ah, granuja! ¡Conque Solita! ¡Buen bocadito!
Pic.
Eso no es un bocadito, don Marcelino, eso es un banquete de cincuenta cubiertos.
Marc.
Con brindis y todo... Pero lo que no me explico es lo del agujero que haces en el diario...
Pic.
Muy sencillo. Como Solita tiene relaciones con el criado de la casa, que es un animal, con un carácter que se pega con su sombra, yo vengo, agujereo la sección de espectáculos y a la par que atisbo, evito el peligro de una sorpresa y la probabilidad de un puñetazo, ¿usted me comprende?
Marc.
¡Ah, libertino!
Pic.
¡Si viera usted Los Baluartes que llevo agujereados!
Marc.
Eres un mortero del cuarenta y dos.
Pic.
Calle usté... ¡Ella!... La absorbo como una vorágine, don Marcelino. ¡Verá usté qué demencia!
Marc.
Yo os observaré desde aquí. (Coge un periódico.) Me conformaré con El Eco.
Pic.
No, que es muy pequeño, coja usted La Voz.
Marc.
Cogeré La Voz. (Coge el periódico «La Voz». Mete los dedos, arranca un trozo de papel, hace un agujero y mira.)