ESCENA VI
DICHOS y DON GONZALO. Luego MENÉNDEZ.
Gonz.
(Que se asoma por la ventana de la izquierda de la casa vecina. Aparece despeinado, con un peinador puesto, media cara llena de jabón y una navaja en la mano.) ¡Pero hoy también el Barbero!... ¡Caramba, qué latita! ¡Quince días con lo mismo, y a la hora de afeitarme! Esto parece una burla. (Mirando a la calle y en voz alta.) Chits... ejecutantes... (Más alto.) Ejecutantes... Tengan la bondad de evadirse y continuar el concierto extramuros... ¿Qué?... ¿Que si no me gusta la voz del bajo? No, señor. Eso no es voz de bajo; ¡es voz de enano, todo lo más! (Como siguiendo la conversación con alguien de abajo.) Y como me estoy afeitando y desentona de una forma que me crispa, me he dado un tajo que se me ven las muelas... ¿Cómo?... ¿Que si las postizas?... ¡Hombre, si no hubiera señoritas en los balcones, ya le diría yo a usted!... pero ahora le bajará un criado el adjetivo que merece esa estupidez para que se lo repartan entre los cinco del cuarteto. ¡So sinvergüenzas!... ¡No, señor, no echo de menos al barbero!... ¡Vayan muy enhoramala, rasca intestinos!
Marc.
No les hagas caso, Gonzalo.
Pic.
Desprécielos usted, don Gonzalo.
Men.
(Que se ha asomado también.) Ya se van.
Marc.
Y no es el cuarteto de ciegos.
Gonz.
¡No, es un cuarteto de cojos!... Unos cojos que se atreven con todo. Ayer ejecutaron un andante de Mendelssohn. ¡Figúrate como les saldría el andante!
Marc.
¡Desprécialos!
Gonz.
(Gesto de desprecio.) ¡Aaaah!...
(Don Marcelino y Pablito entran del balcón. Pablito dando suelta a una risa contenida, habla en voz baja con don Marcelino.)
Gonz.
(A Menéndez y en tono confidencial.) Chits... Menéndez.
Men.
Mande usted, don Gonzalo.
Gonz.
¿He tenido cartas?
Men.
Cinco.
Gonz.
Masculinas o... (Gesto picaresco.)
Men.
Tres masculinas y dos o... (Imita el gesto.) Una de ellas perfumada.
Gonz.
¿A qué huele?
Men.
A heno.
Gonz.
Ya sé de quién es. No me la extravíes, que me matas. ¿Y la otra?
Men.
Tiene letra picuda.
Gonz.
De la de Avecilla.
Men.
Viene dirigida al señor Presidente del Real Aero-Club de Villanea.
Gonz.
Sí, sí... ya sé... Esa puedes extraviármela si te place. Es pidiéndome un donativo para un ropero. El ropero de San Sebastián. ¡Figúrate tú, San Sebastián con ropero! ¡Nada, es la monomanía actual de las señoras! Empeñadas en hacer mucha ropa a los pobres y ellas cada vez con menos.
Men.
Que no quieren pedricar con el ejemplo.
Gonz.
Se dice predicar, querido Menéndez; de hablar bien a hablar mal hay gran diferiencia. Hasta luego. (Entra y cierra la ventana.)
Men.
Adiós, don Gonzalo. Otro muerdaz. (Vase izquierda.)