ESCENA XII
NUMERIANO GALÁN y DON MARCELINO
Num.
(Desesperado.) ¿Pero qué han hecho estos cafres, don Marcelino?
Marc.
¿No lo adivinas, infeliz? Pues que imitando tu letra han escrito una carta de declaración a Florita de Trevelez firmada por ti.
Num.
¡Dios mío!
Marc.
Que ella, romántica y presumida como un diantre, te ha visto mil veces al acecho en ese balcón y creyendo que salías por ella ha caído fácilmente en el engaño, y que te contesta aceptando tu amor.
Num.
¡Cuerno!
Marc.
Y de ese modo te inutilizan para que sigas cortejando a la doncellita y Picavea se sale con la suya. ¿Ves qué sencillo?
Num.
¡Dios mío, pero esto es una felonía, una canallada, que no estoy dispuesto a consentir! Yo deshago el error inmediatamente. (Llamando desde el balcón.) ¡Flora... Flora... Florita... amiga Flora!...
Marc.
Aguarda, hombre, aguarda. Así, a voces y desde el balcón, no me parece procedimiento para deshacer una broma que pone en ridículo a personas respetables.
Num.
¿Y qué hago yo, don Marcelino? Porque ya conoce usted el carácter de don Gonzalo.
Marc.
¡Que si le conozco! ¡Pues eso es lo único grave de este asunto!
Num.
Y por lo que aquí dice, se ha enterado.
Marc.
Como que esta burla puede acabar en tragedia: porque Gonzalo, en su persona, tolera toda clase de chanzas, pero a su hermana, que es todo su amor... ¡Acuérdate que tuvo a Martínez cuatro meses en cama de una estocada, sólo porque la llamó la jamona de Trevelez!... ¡Conque si se entera de que esto es una guasa, hazte cargo de lo que sería capaz!...
Num.
¡Ay, calle usted, por Dios!... Pero yo le diré que la carta no es mía, que compruebe la letra.
Marc.
Sí, pero ellos pueden decirle que la has desfigurado para asegurarte la impunidad, y entre que si sí y que si no, el primer golpe lo disfrutas tú.
Num.
¡Miserables, canallas!... ¿Y qué hago yo, don Marcelino, qué hago yo?
(Se oye rumor de voces.)
Marc.
¡Silencio!... ¿Oyes?...
Num.
¡Madre!... ¡Es don Gonzalo! ¡Don Gonzalo que viene!
Marc.
Y viene con esos bárbaros.
Num.
¡Ay, don Marcelino!... ¡ay! ¿qué hago yo?
Marc.
Ocúltate. En cuanto nos dejen solos, yo procuraré tantearle. Le dejaré entrever la posibilidad de una broma... Tú oyes detrás de una puerta, y según oigas, procede.
Num.
Sí, eso haré. ¡Canallas! ¡Bandidos! (Vase segunda izquierda.)