ESCENA XIII

DON MARCELINO, DON GONZALO, TITO GUILOYA, MANCHÓN, TORRIJA y PICAVEA. Salen por la derecha.

El rumor de las voces ha ido creciendo; al fin aparecen por la puerta derecha, precediendo a don Gonzalo, Manchón, Picavea y Torrija, que bulliciosa y alegremente se forman en fila a la parte izquierda de la puerta, y al salir don Gonzalo agitan los sombreros aclamándole con entusiasmo.

Tito

¡Hurra por don Gonzalo!

Todos

¡Hurra!

Gonz.

(Sale sombrero en mano. Viste con elegancia llamativa y extremada para sus años. Va teñido y muy peripuesto.) Gracias, señores, gracias.

Tito

¡Bravo, don Gonzalo, bravo!

Tor.

¡Elegantísimo! ¡Cada día más elegante!

Man.

¡Deslumbrador!

Pic.

¡Lovelacesco!

Gonz.

(Riendo.) ¡Hombre, por Dios, no es para tanto!

Pic.

Inmóvil, y con un letrero debajo, la primera plana del Pictorial Revieu.

Tito

¡Si Roma tuvo un Petronio, Villanea tiene un Trevelez!... ¡Digámoslo muy alto!

Gonz.

Nada, hombre, nada. Total un trajecillo higge faeshion, un chalequito de fantasía, una corbata bien entonada, una flor bien elegida, un poquito de caché, de chic... y vuestro afecto. Nada, hijos míos, nada. (Les abraza.) ¿Y tú, qué tal, Marcelino, cómo estás?

Marc.

Bien, Gonzalo, ¿y tú?

Gonz.

Ya lo ves; confundido con los elogios de estos tarambanas... ¡Yo!... ¡un pobre viejo!... ¡figúrate!...

Pic.

¿Cómo viejo? Usted es como el buen vino, don Gonzalo; cuantos más años más fuerza, más aroma, más bouquet.

Tito

Y si no que lo digan las mujeres. Ellas acreditan su marca. Le saborean y se embriagan. ¿Niéguelo usted?

Gonz.

(Jovialmente.) ¡Hombre, hombre!... Entono y reconforto... Voila tout... ¡Ja, ja, ja!

Todos

(Aplauden.) ¡Bravo, bravo!

Tor.

¡Y lo que le ocurre a don Gonzalo es rarísimo, cuanto más años pasan, menos canas tiene!

Tito

Y se le acentúa más ese tinte juvenil... ese tinte de distinción, que le da toda la arrogancia de un Bayardo.

Gonz.

¡Ah, no, amigos míos, no burlaros de mí! Yo ya no soy nada. Claro está que las altas cimas de mis ilusiones aún tienen resplandores de sol, postrera luz de un ocaso espléndido... pero al fin mi vida ya no es más que un crepúsculo...

Todos

¡Bravo, bravo!

Tito

¡Qué poetazo!

Pic.

Pero usted todavía ama, don Gonzalo, y el amor...

Gonz.

¡Amor, amor!... Eterna poesía. Es el dulce rumor que va cantando en su marcha hacia el misterio de la muerte, el río caudaloso de la vida. Esto es de un poema que tengo empezado.

Todos

¡Colosal! ¡Colosal!

Tor.

Gran maestro en amor debe ser usted.

Gonz.

¡Maestro!... ¡Ah, hijo mío, en amor, como las que enseñan son las mujeres, cuanto más te enseñan... más suspenso te dejan!

Todos

¡Muy bien, muy bien!

Gonz.

Sin embargo, yo tengo mis teorías.

Todos

Veamos, veamos.

Gonz.

La mujer es un misterio.

Man.

Muy nuevo, muy nuevo.

Gonz.

Amar a una mujer es como tirarse al agua sin saber nadar: se ahoga uno sin remedio. Si le dicen a uno que sí, le ahoga la alegría; si le dicen que no, le ahoga la pena...

Tito

¿Y si le dan a uno calabazas?

Gonz.

¡Ah, si le dan a uno calabazas, entonces... nada!

Todos

(Riendo.) ¡Ja, ja, ja!... ¡Muy bien! ¡Bravo!

Pic.

¡Graciosísimo!

Tito

¡Y se llama viejo un hombre de tan sutil ingenio!

Pic.

¡Viejo, un hombre de contextura tan hercúlea!... ¡Porque fijaos en este torso!... (Le golpea la espalda.) ¡Qué músculos!

Tor.

¡Es el Moisés de Miguel Ángel!

Gonz.

(Satisfecho.) ¡Ah, eso sí!... ¡Todavía tuerzo una barra de hierro y parto un tablero de mármol!... Hundo un tabique...

Tito

¡Mirad qué bíceps!

Man.

¡Enorme!

Tor.

Pues ¿y los sports, cómo los practica?...

Todos

¡¡Oh!!

Gonz.

En fin, pollos, esperadme en la sala de billar, que tengo algo interesante que decir a don Marcelino, y en seguida corro a vuestro encuentro y jugaremos ese match prometido.

Tito

Pues allí esperamos.

Pic.

¡Viva don Gonzalo!

Todos

¡Viva!

Tito

¡Arbiter elegantorum civitatis villanearum, salve!

Pic.

¡Salve y Padre nuestro! (Se abrazan.)

Gonz.

Gracias, gracias.

(Vanse riendo primera izquierda.)