ESCENA FINAL
DICHOS, ALFREDO y MONREAL, aparecen por izquierda.
Pepe
No, calma, un poco de calma, señor Alcalde. No hemos terminado.
Alfredo
Tío, aquí está el señor Monreal.
Monreal
Señor Ojeda. (Se estrechan la mano.)
Pepe
Pase usted, pase usted... Tengo el honor de presentarle a don Acisclo Arrambla Pael, Alcalde, dueño y señor de este pueblo insigne, y a su digno Secretario...
Monreal
(Reverencia.) Señores... ¿Pero qué les ha ocurrido, les observo una agitación?...
Pepe
Nada... un ligero match de boxeo. Señor Alcalde, presento a usted al señor Delegado del Gobierno, que es el que viene a ajustarles a ustedes las cuentas.
D. Acisclo
(Asombrado.) ¿Eh?... ¿Cómo?...
Monreal
Aquí traigo mis credenciales.
D. Acisclo
Entonces, ¿ustedes han venido?...
Alfredo
(Que ha salido con la maleta y la manta.) Por su sobrina de usted, que ya está en la estación.
D. Acisclo
(Asombrado ) ¿Pero qué dicen?
Alfredo
¡Detalles por correo!
Pepe
Conque aquí le dejo a usted, señor Monreal, con un Alcalde de pronóstico, los libros, dos kilómetros de longaniza, varios jamones, el Carlanca, un recibo de dos mil pesetas y un perro rabioso... Y usted, apreciable y exiguo filósofo tendrá la exquisitez de acompañarnos.
Cazorla
¿Yo?
Pepe
Hasta el propio sleeping, y debemos advertirle que como en la vía pública cualquier cofrade trate de agredirnos, le alojo a usted en la deforme pelota que está haciendo pasar por cráneo, un esferoide plúmbeo. (Le apunta con la browning.)
Cazorla
Pero...
Pepe
Dale la maleta. (Alfredo se la da.) Andando. (A don Acisclo.) ¡Y a este señor es al que deben ustedes tocarle el pasodoble de Joselito! ¡Que sigan ustedes bien!... (Volviendo.) ¡Ah, y que conste que los españoles no podremos gritar con alegría ¡viva España!, hasta que hayamos matado para siempre el caciquismo! (Vase. — Telón.)
FIN DE LA FARSA