ESCENA XI
PEPE OJEDA, DOÑA EDUARDA, segunda derecha. Los otros al paño.
Pepe
(Audacia, Ojeda.) (Abre la puerta segunda derecha. Alto.) Tenga la bondad, señora.
Eduarda
(Saliendo) Pero...
Pepe
(Nos oyen; discreción.) (Le ofrece una silla de espaldas a primera derecha.)
Eduarda
(¿Quién?)
Pepe
(¡Tu marido!)
Eduarda
¡Ah!...
Pepe
(Silencio. Va a quedar tu honor como las propias rosas. Calma.) (Se sienta también.) Pues nada, señora, perdone esta pequeña e involuntaria interrupción en nuestra conferencia, que estaba deseando reanudar; y estaba deseando reanudarla, porque la honra de una señora tan digna como usted, me interesa como mi propia honra.
D. Régulo
(Por entre las cortinas.) ¡Ella!
Eduarda
¡Muchísimas gracias, señor mío!...
Pepe
Y claro está que yo, como usted me exige, le diré a su esposo, dándole cuantas pruebas estime justas, que es usted víctima de una calumnia incalificable.
Eduarda
¡Más que incalificable, artera!
Pepe
Fementida. Pero le añadiré que él sin sospecharlo, también es víctima de una villanía inmunda.
Eduarda
¡De una trama diabólica!
Pepe
Es preciso que le digamos que no soy yo, ¡pobre de mí! que he llegado hace cuarenta y ocho horas a este pueblo, el que le hace a usted el amor, no; que el que le hace a usted el amor, hace más de seis años, el que la viene a usted asediando con cartas y la atropella y la pellizca bárbara y villanamente, por rincones y pasillos, que no soy yo, que no soy yo... ¡que es el señor Alcalde! ¡El señor Alcalde! ¿No es esto verdad, señora?
(Se han ido asomando poco a poco don Acisclo y Cazorla por el montante, don Régulo por entre las cortinas.)
Eduarda
¡No ha de serlo! ¡Pruebas mil puedo dar!
Pepe
Es preciso que su esposo sepa también que el que me inculpa a mí es el canalla de Cazorla.
Eduarda
Sí, señor; ese zorro consistorial y académico.
Pepe
Que quiere que su esposo me finiquite para que una vez yo en la huesa y don Régulo en presidio, echarla a usted en brazos del Alcalde. ¿No es verdad todo esto, doña Eduarda, no es verdad?
Eduarda
Tan verdad como el Evangelio. Lo juro por la sagrada memoria de mi padre. (Se oyen en la habitación primera derecha, estacazos, ayes, golpes, gritos de socorro.) ¿Pero qué sucede ahí dentro?
Pepe
Parece que están jugando a carambolas. (Más golpes.)
Eduarda
¡Jesús!
Pepe
¡Pues es a palos!
(Salen lívidos, descompuestos, con los pelos en desorden, don Acisclo y Cazorla, huyendo de don Régulo, que los persigue frenético y al que no queda ya del bastón más que una viruta.)
D. Acisclo
¡Socorro!
Cazorla
¡Auxilio!... ¡Por Dios, don Régulo!... ¡Falso, impostura!...
D. Régulo
¡Canallas! ¡Miserables!
D. Acisclo
¡Sujetarlo, que es una calumnia! ¡Sujetarlo!
Eduarda
¡Pero estaban los tres!
Pepe
¡Pues no, que se juega!
D. Régulo
¿Pero es de veras lo que he oído, Eduarda?
Eduarda
Yo ignoraba que estuvieses con ellos, pero sí, lo que ha dicho este señor es la verdad. ¡Mi honor ante todo!
D. Acisclo
Yo no fue sino que le gasté unas bromas.
Pepe
¡Silencio!
D. Régulo
¿De modo que todos aquellos cardenales?...
Pepe
De ese papa. (Señala a don Acisclo.)
D. Régulo
¡Déjame que los mate!...
Eduarda
No, por Dios, vámonos... No te pierdas por esos bribones...
D. Régulo
¡Granujas... bandidos!...
Eduarda
¡Y mañana nos vamos del pueblo!...
D. Régulo
¡Me darán ustedes una satisfacción!...
Pepe
¿Qué más satisfacción?... Ha venido usted con una carga de leña y se va con una viruta, conque no sé...
Eduarda
¡Cálmate, Régulo, cálmate! (Se lo lleva.)
D. Acisclo
(Amenazador.) ¡Y usté jugarnos esta encerrona!
Pepe
¿Y la que me preparaban ustedes a mí, señor Arrambla?
Cazorla
¡Me ha hecho pedazos!
Pepe
Ya le volverá a usted a pegar. ¡No se apure!
D. Acisclo
¡Ha sido una infamia!
Cazorla
¡Meternos en una ratonera!
Pepe
¿Pues qué quería usted, zarandearme la masa pilosa y que yo permaneciese estático?
Cazorla
¡Qué traición!
Pepe
¡Cada uno tiene su manera de exterminar insectos acrobáticos, mi cultiparlante amigo!
D. Acisclo
Vámonos, vámonos, y yo le juro...