ESCENA IX

DICHOS y EUSTAQUIO.

Eustaquio

¿Da usté su premiso?

Pepe

Pasa.

Eustaquio

El señó Alcalde, el Secretario y don Régulo, que si puen pasar a saludarle a usté.

D. Sabino

(Ahí están.)

Pepe

Sí, pero que tengan la bondad de aguardar un instante.

Eustaquio

Está bien.

Pepe

Dales el recado y vuelve, que he de hacerte un encargo.

Eustaquio

Volando. (Vase.)

D. Sabino

¡Ellos aquí!...

Pepe

Calma. Tenga la bondad de hacerme un recibo de las dos mil pesetas.

D. Sabino

Con mucho gusto, sí, señor.

Pepe

Mientras escribiré yo unas líneas. (Los dos se sientan y escriben rápidamente.) ¡A mí Carlancas y Régulos!... ¡Ya veréis la que os preparo!

D. Sabino

(Entregándoselo.) El recibo.

Pepe

Muy bien. Pues ahora, sin perder minuto, entre en esa habitación y explique a Cristina, a mi sobrino y a doña Eduarda, que están en ella, cuanto hemos convenido. Salgan al marcharse usted y su hija, con Cristina y mi sobrino, por la puerta que da a esa calleja y a la estación. Dígale a doña Eduarda que espere mi aviso. Gracias por todo y hasta luego.

D. Sabino

Vamos, hija.

M.ª Teresa

¡Caballero! (Vanse segunda derecha.)

Eustaquio

(Entrando.) Usté mandará.

Pepe

Toma esta carta y llévala a casa del sargento de la Guardia Civil.

Eustaquio

Sí, señor.

Pepe

Si no la llevas te mando fusilar.

Eustaquio

No, señor.

Pepe

A escape.

Eustaquio

Sí, señor.

Pepe

No tardes.

Eustaquio

No, señor.

Pepe

Y a esos señores que pasen.

Eustaquio

Sí, señor.

Pepe

Ahora, Dios mío, inspiración y desenvoltura para acabar con estos reptiles. Es una villanía la que voy a hacer, pero con fulleros no es cosa de jugar limpio.