ESCENA PRIMERA
PEPE OJEDA, DON RÉGULO y CAZORLA.
Al levantarse el telón aparece Ojeda en el Casino. Está de pie, pronunciando un brindis a la cabecera de la mesa donde acaban de celebrar un banquete. Se ven socios sentados cerca de él, que en las ocasiones que se indicarán le aplauden. En el cuarto de la fonda, que tiene las vidrieras de los dos balcones cerradas, razón por la cual se ve accionar a Ojeda sin que se le oiga, están Don Régulo y Cazorla. Se hallan situados junto al balcón de la izquierda, mirando a través de las vidrieras hacia el Casino.
D. Régulo
(Iracundo y exaltadísimo apunta a Ojeda con una browning que tiene en la mano.) ¡Sí, sí, déjeme usted, lo mato sin remedio! ¡Lo mato en pleno discurso!
Cazorla
(Esforzándose por contenerle.) ¡No, no, por Dios! ¡Sería una tragedia espantosa! ¡Sería una interrupción que ni en el Congreso! Calma, mucha calma.
D. Régulo
¿Pero no oye usted lo que dice? ¿No oye usted lo que grita ahora ese cínico?
(Quedan atentos, abren un poco la vidriera y entonces se oye a Ojeda hablando como un poco lejos y en tono oratorio.)
Pepe
Celebremos, sí, celebremos todas nuestras conquistas, nuestras hermosas conquistas, para que nos envidien aquellos que...
(Cierran. Se deja de oír, aunque se le sigue viendo accionar.)
D. Régulo
¡Ah, miserable! ¡Que celebren sus conquistas! ¡Y mírela usted, mi mujer se sonríe! ¡¡Oh!!
Cazorla
¡Qué cinismo! ¡Pobre amigo! (Le abraza.)
D. Régulo
¡Ah, no, no; yo no lo sufro! (Apunta de nuevo.) ¡Déjeme usted que dispare!
Cazorla
(Desviándole el brazo.) ¡Sí, le sobra a usted la razón por encima de los pelos, pero conténgase usted ahora! Sería producir una tragedia inútil. ¡No es este el momento! Yo, don Régulo, que estimo su honor como mi propio honor, le diré a usted que realice su justa venganza cuando sea llegado el instante; ahora, no. (Misteriosamente.) Piense usted que al disparar desde esta casa, no solo se comprometería usted, sino que comprometería a don Acisclo. (Entorna la puerta del balcón y deja de verse a Ojeda.)
D. Régulo
¡Sí, es verdad! ¡Eso te vale, villano!
Cazorla
A don Acisclo, que está ahí dentro, (Señala la puerta primera derecha.) haciendo, en complicidad con la Anastasia, un registro entre los papeles de esos hombres; registro que puede ser nuestra salvación... ¡La salvación del pueblo!
D. Régulo
Sí, sí, es cierto, amigo Cazorla, lo comprendo todo; pero es que las leales revelaciones de usted han despertado en mi corazón el demonio de los celos...
Cazorla
Don Régulo, yo no podía consentir el ridículo de un amigo entrañable.
D. Régulo
¡Si ha hecho usted bien, muy bien; pero es que yo ya no puedo vivir sin una venganza terrible! ¡Y me vengaré, sí, me vengaré!
(Queda junto al balcón, mirando obstinadamente al Casino.)
Cazorla
Sin embargo, calma, calma ahora.