CONCLUSIÓN

Reasumiendo en pocas palabras lo relacionado en el curso de esta obra, diremos, que cuando el Hombre primitivo contemplaba la Naturaleza á la luz del día, el mundo tenía para él un significado muy diverso que el que tiene hoy para el Hombre civilizado de nuestros días.

Las necesidades obligaban al Hombre de los primitivos tiempos á luchar con las fuerzas que le rodeaban, con las fuerzas de las fieras y con las fuerzas de la Naturaleza; obstáculos que solamente con el largo trascurso de los siglos pudieron, sino ser dominados del todo, modificados, á lo menos, en gran parte por el Hombre.

Pero la marcha progresiva del Género Humano ha sido inconmensurablemente lenta, y el tiempo que ha empleado para ello inconmensurablemente largo. En la cruenta lucha por la existencia, el Hombre fué conquistando paulatinamente su dominio, después de una continuada sucesión de miles de siglos, debido á su superior inteligencia y á su suma habilidad para utilizar y subordinar á sus necesidades los medios que compensaron sus fuerzas físicas relativamente débiles.

Hoy día, el Hombre es dueño de toda la Tierra. Aunque su adelanto intelectual ha llegado, según parece, á su punto culminante, no es todavía el sumun de lo que puede alcanzar porque le quedan aún conquistas por hacer que sobrepasarán todo lo que ha obtenido hasta ahora.

En una palabra, entre el Hombre primitivo y el de la actual generación, hay una inconmensurable distancia.