INDICE
Imprimióse este libro
en Lima
(Capital del Perú),
en casa del autor,
Calle de Polvos Azules No. 173.
Acabóse
el 25 de Diciembre de
MCMXIV
NOTAS:
[1] Un hecho curioso es el siguiente: últimamente los doctores Furness y Witmer, de Filadelfia, han tratado de enseñar á dos monos orangutanes que tienen, á razonar y á articular algunas palabras, mediante la influencia que el contacto con los seres humanos produce en estos animales: lo han logrado, consiguiendo que esos orangutanes pronuncien con toda claridad palabras de dos sílabas, como v.g. pápa, cópá., etc., y tienen esperanza de enseñarles á hablar frases completas, á medida que logren que su cerebro é inteligencia se perfeccionen.
[2] «La doctrine de l'Évolutíon.»
[3] «Condition primitive de l'Homme et origine de la civilisation.»
[4] «Condition intelectuelle de l'Homme dans les âges primitifs.»
[5] «Histoire primitive de l'Homme.»
[6] «Les questions anthropologiques de notre temps.»
[7] «Histoire naturelle de l'Homme.»
[8] «La création de l'Homme et les premiers âges de l'Humanité.»
[9] «L'Homme et les Singes.»
[10] El profesor T. A. Lucas, presidente de la Sociedad Biológica de Washington, invitado por el Schmitsonian Institute, á dar su opinión al respecto, expuso en un largo estudio efectuado después del examen de los datos relativos á los esqueletos ú osamentos humanos exhumados en el valle de Dussel (en Aurignac), en Spy (en Bélgica), y en Mauer (cerca de Heildelberg), que el Hombre hallado en el condado de Norfolk, probablemente es posterior á los de Neanderthal, y que sin duda formaría parte de una emigración venida del Asia Central y transportada al Norte de Europa y á Inglaterra, cuando las islas británicas eran todavía una península y la ciudad de Tamise tributaria del Rhin. La envoltura en capas de una edad anterior á la Edad Cuaternaria, agrega este sabio, resulta simplemente efecto de un hundimiento cuyas ruinas se amontonaron sobre el esqueleto en referencia.
[11] Sin contradecir lo opinado por los paleontólogos citados, creemos que es imposible y hasta temerario fijar la época en que fué creado el Universo: ni la ciencia ha podido conseguirlo, ni la Iglesia ha determinado cuál de los diversos sistemas deba seguirse para precisar esa época.
Hé aquí las fechas en que los cronologistas colocan la Creación del Mundo, contando por años solares, antes de Jesucristo:
| Rabbi Nasón | 3740 |
| Rabbi Gersón | 3754 |
| Rabbi Levi | 3754 |
| Los Judíos modernos | 3761 |
| Benito Arias | 3849 |
| Santiago Gordón | 3880 |
| San Gerónimo | 3941 |
| Julián Carrión | 3944 |
| Escalígero | 3950 |
| Cornelio | 3951 |
| Hernán Beda | 3952 |
| Lansperg | 3958 |
| Juan Pic | 3959 |
| Gerardo Mercator | 3966 |
| El P. Petuvio | 3983 |
| El P. Petau | 3984 |
| Usserio | 3999 |
| Mario Antonio | 4000 |
| Usher y Ulsio, á quienes han seguido Bossuet, Rollín y otros, que es la más generalmente aceptada | 4004 |
| Guillermo Languis | 4040 |
| El P. Torniel | 4052 |
| El Abate Müller | 4053 |
| El P. Labbé | 4053 |
| Rabbi Moses | 4058 |
| Lorenzo Codoman | 4140 |
| Clintón | 4138 |
| Adán, Arzobispo de Viena | 4632 |
| Caffiodoro | 4697 |
| El Texto de la «Biblia» | 4700 |
| Rabbi Nahassa | 4740 |
| Los Benedictinos en su «Arte de verificar las fechas» | 4639 |
| Metradoro | 5000 |
| San Epifanio | 5049 |
| Filón, el Judío | 5196 |
| Sigiberto | 5196 |
| Felipe de Bergamo | 5198 |
| Eusebio | 5200 |
| El «Martirologio Romano» | 5200 |
| Raban | 5296 |
| Abumazar | 5328 |
| Isidro de Peluza | 5336 |
| Pedro Dalliaco | 5344 |
| Isidoro de Sevilla | 5344 |
| San Agustín | 5351 |
| Teófano | 5500 |
| Teófilo de Antioquía | 5515 |
| Isaac Vossio | 5590 |
| Clemente Alejandrino | 5624 |
| Riccioli | 5634 |
| Nicéforo de Constantinopla | 5700 |
| Lactancio | 5801 |
| Según los Septantes | 5872 |
| Pezrón | 5872 |
| Suidas | 6000 |
| Onufro Pauvino | 6310 |
| Las «Tablas Alfonsinas» | 6984 |
Como se vé, los cronologistas no están acordes sobre la duración del Mundo desde la Creación hasta la venida de Jesucristo. No creemos, tampoco, que ninguno de estos guarismos sea exacto en mayor ó menor grado, tanto más que los paleontólogos opinan que la Creación del Mundo data de millones de años.
[12] Mineral que se compone de 64 partes de circonio, 33 de sílice y 2 de óxido de hierro.
[13] Ultimamente se encontró en Wyoming (Estados Unidos de Norte América), á poca profundidad del suelo, un diphococus de gigantescas proporciones, que se calcula vivía hace más ó menos 8.000,000 de años: mide 20 metros de largo, por 4 metros 50 centímetros de altura y debía pesar, según cálculos, de 25 á 30 toneladas. Parece ser uno de los mayores esqueletos conocidos.
[14] Igualmente en estos últimos tiempos, en 1912, se ha descubierto en las canteras de Jensen, en Rock-Spring (también en Wyoming), el esqueleto de un desmesurado dinosaurio que tenía 75 pies de largo. El profesor Earl Douglas, que ha estado á cargo de las excavaciones, declara que ese animal antediluviano es uno de los de mayor tamaño que se ha encontrado hasta ahora, pues tiene cinco pies más, de largo, que el diphococus encontrado anteriormente en ese mismo lugar.
[15] Se pretende que aún actualmente existen algunos raros ejemplares de los animales mónstruos, tan comunes en las Edades Terciaria y Cuaternaria, y se cita que, en los lagos y ríos del fondo de la Patagonia, se encuentra un monstruo anfibio llamado generalmente yemisch ó pterodáctilo, que es un sobreviviente de la casta del milidonte: se calcula que tiene una longitud de 20 metros; camina en tierra con la misma facilidad con que nada en el agua; es de hábitos nocturnos y tan fuerte que se prende con sus garras de las mulas y caballos y los arrastra al fondo de las aguas; es de cabeza corta, con grandes colmillos y orejas en pabellón; pies cortos y aplastados (plantigrados) con tres dedos en los anteriores y cuatro en los posteriores, unidos por una membrana rotatoria, á la vez que armados de formidables garras; la cola es larga y depresiva; el cuerpo está cubierto con pelo corto, duro y rígido, de color bayo uniforme. También se supone que en las lagunas y ríos de la América Meridional existen otros animales de corpulencia extraordinaria, entre ellos el yaguaró, que también es anfibio y arrastra igualmente, al fondo del agua, á las mulas y caballos que vadean los ríos.
[16] Últimamente, en el mes de Noviembre de 1906, un tal Robert S. Gilder, encontró de un modo casual, en las montañas de Indiana, un gigantesco esqueleto, que sometió al estudio del naturalista Dr. Henry Osborn, profesor de la Universidad de Columbia, el que, en unión de otros sabios ha declarado que dicho esqueleto pertenece á uno de los moradores de esa tierra, hace más de 200,000 años, ó sea de los tiempos en que la América era poblada por raza de gigantes, antes de la Edad Glacial. Este hallazgo impulsó á estos sabios á practicar nuevas excavaciones en ese mismo lugar, encontrando también el esqueleto de un búfalo tan antiguo como el gigante, y que es dos veces más alto que el búfalo que existe hoy en ese país. Ambos esqueletos, según opinión de dichos sabios, son considerados como los más antiguos encontrados hasta la fecha, pues los otros que se han hallado anteriormente han sido declarados no tener más de 150,000 años.
[17] Época en que el hombre principió á fabricar instrumentos de piedra, tallándolos toscamente, mediante la percusión, pero no pulimentándolos.
[18] Época en que el Hombre principió á pulimentar los instrumentos de piedra que fabricaba. Es el período de la piedra pulida, que termina la Edad de Piedra y alcanza hasta la Edad de Bronce. La Edad de Piedra coincide con el estado social del Hombre, ya muy diferente; el perro se halla á su lado, haciéndose pastor; está acompañado de varios herbívoros y se dedica á la agricultura. Es el principio de una nueva Era que se acrecienta más y más, para señalarse con más precisión en la Edad de los Metales.
Las épocas Terciaria y Cuaternaria son también períodos en que las tierras y las aguas estaban distribuídas de una manera muy distinta de la actual y en que prevalecía un clima diferente.
[19] Diodoro de Sicilia describe así el origen de la Humanidad: «Los primeros hombres, en su ignorancia de las cosas útiles á la vida, llevaban una existencia miserable; estaban desnudos, sin abrigo, sin fuego y sin tener idea alguna de alimentación conveniente. No se preocupaban de coger los frutos silvestres y hacer de ellos una provisión para la mala estación. Pero, después, la experiencia los indujo á refugiarse en las cavernas durante el invierno y á almacenar los frutos que podían conservarse. En todas partes la necesidad ha sido el maestro del Hombre.»
[20] «Reflexiones antropológicas relativas al Hombre universal, al americano y al peruano,» publicado en el tomo XXV de los «Anales de la Universidad de San Marcos de Lima,» págs. 339 á 432, correspondiente al año de 1897.
[21] Este trabajo del Sr. Engling ha sido presentado al Congreso Internacional de Americanistas tenido en Luxemburgo, en 1877, haciéndose referencia á él en el tomo II de los «Anales» de dicho Congreso, en las págs. 341 y 342.
[22] Estrabón, célebre geógrafo griego, que nació en Capadocia, 50 años antes de J. C., viajó por Asia, Egipto, Grecia é Italia, y murió en Roma, á fines del reinado del emperador Tiberio.
[23] Platón, ilustre filósofo griego, que nació en Eguia, 430 años antes de J. C., fundó en Atenas, en 388, una célebre escuela ó academia que ha llevado su nombre, en la que enseñó durante veinte años y de la que salieron multitud de discípulos, culminando unos en filosofía y otros en elocuencia, entre ellos Aristóteles, Demóstenes, Licurgo, Spensipo, Xenócrates, Isócrates, Hipérides y otros. La filosofía de Platón resume toda la sabiduría antigua de los griegos y abraza y armoniza los sistemas opuestos de Heráclito, Parménides, Pitágoras y Sócrates: comprende todos los ramos del saber, como la Psicología, la Lógica, la Metafísica, la Teología, la Moral, la Política y la Estética.
[24] Aristóteles, célebre filósofo griego, que nació en Estajira, 384 años antes de J. C., fué preceptor de Alejandro el Grande, quien favoreció con todo su poder, sus investigaciones. Gran observador, génio analítico, talento universal, Aristóteles organizó el sistema entero de los conocimientos humanos. La Lógica, la Psicología, la Retórica y la Poética recibieron de él, por primera vez, forma científica; la Fisiología y la Zoología son creaciones suyas; fundador de la Filosofía experimental y del Silogismo, por su método y clasificaciones, facilitó el molde en que se ha vaciado, hasta los tiempos modernos, todo el sistema filosófico y científico de la Humanidad.
[25] Eratóstenes, nacido en Cirene, ciudad de la Africa septentrional y que vivió 270 años antes de J. C., según unos, ó 190 de la misma era, según otros, fué un notable filósofo, geómetro astrónomo, geógrafo, gramático y poeta, que desempeñó el cargo de bibliotecario en la famosa Biblioteca de Alejandría en tiempo de Ptolomeo-Evergetes: fué el primero que encontró el medio de medir un grado del meridiano y determinar la dimensión de la Tierra; resolvió la oblicuidad de la elíptica; inventó la esfera armilar y construyó el primer observatorio; dejó un mapa general que fué durante mucho tiempo después la única base de la Geografía; dió al arco del meridiano comprendido entre dos trópicos, 47 grados 42 minutos, medida que veinte siglos después fué confirmada por la Academia de Ciencias de París, que encontró en ese mismo arco, 47 grados 40 minutos, ó sea sólo 2 minutos menos que lo calculado por Eratóstenes.
[26] Hiparco, astrónomo y matemático griego, que nació en Nicea, 150 años antes de J. C., fué uno de los más ilustres maestros de la escuela de Alejandría: inventó la Trigonometría, calculó la duración del año trópico, construyó los primeros estrolabios, publicó una teoría de los movimientos de la luna y determinó la paraleja de este astro, tratando de deducir por ella la del sol; se le debe también un catálogo de estrellas, y, sobre todo, el gran descubrimiento de la precisión de los equinoccios.
[27] Ptolomeo, astrónomo, geógrafo y matemático griego ó egipcio, que floreció en Alejandría por los años 125 de la era de Cristo, dió su nombre al sistema astronómico que supone la Tierra inmóvil en el centro del Universo; su importante «Geografía,» en ocho libros, era mirada por los sabios como una obra múltiple, que reunía la suma de conocimientos geográficos que se han tenido hasta el siglo xv. Fué autor, también, de muchos libros de astrología judiciaria, entre otros, de una «Hipótesis y épocas de los planetas» y del «Tetrabiblo ó Quadripartitum.»
[28] Herodoto, célebre historiador griego, llamado el «Padre de la Historia,» nació en Halicarnaso de la Caria, el año 484 de la era cristiana. Hizo largos viajes por Europa, Asia y Africa, estudiando en todas partes, con un cuidado escrupuloso, la historia, tradiciones, leyes, costumbres y conocimiento de los pueblos que visitaba. De vuelta de sus numerosos viajes, se radicó en Atenas, en cuya ciudad escribió sus «Historias,» que le merecieron de los atenienses un premio de 10 talentos áticos, ó sea, el equivalente de más de 600,000 reales de la moneda española.
[29] Theopompo, orador é historiador, nació en Chio, isla de la costa oeste del Asia Menor, en el año 378 antes de la era de Cristo; fué discípulo de Isócrates. Desterrado de su patria, recorrió las ciudades de Grecia, haciéndose notar por su elocuencia. Volvió á su país cuando Alejandro amnistió á los desterrados; pero á la muerte de aquel pasó á Egipto, donde vivió en el más completo retiro. Es autor de una «Historia de Grecia» en 12 libros, que alcanza hasta la batalla de Leuctra; escribió también una «Historia de Filipo de Macedonia» en 58 libros, y una «Diatriba contra Platón.»
[30] Diodoro de Sicilia fué un historiador griego, contemporáneo de César. Después de viajar por Asia, Africa y por varias partes de Europa, se radicó en Roma, donde escribió una «Historia Universal,» dividida en 40 libros, empezando en los tiempos fabulosos y terminando el año 60, antes de J. C., obra de la que sólo nos quedan 15 libros enteros y fragmentos de otros.
[31] Nombre que los antiguos geógrafos é historiadores han dado á las dos montañas Calpe y Abyla, que forman el famoso estrecho de Cádiz ó Gibraltar; la una, del lado de Europa, en Andalucía; y la otra, del lado de Africa, en Tanger de Berbería.
[32] Publio Virgilio Marón, joven aún, ávido de conocimientos, abrazó todo género de estudios, letras latinas y griegas, historia y mitología, matemáticas y astronomía. Poeta inspirado, principió escribiendo composiciones ligeras, como: «Culex,» «Ciris,» «Copa,» «Moretum,» «Hortelus,» «Catalecta» y «Prispeia.» Después se dedicó á trabajos más serios y de mayor aliento: sus diez eglogas tituladas «Bucólicas,» tienen elegancia en la forma y son de exquisita pureza de estilo; su poema didáctico «Georgicas,» es rico y brillante en descripciones, y su gran poema «La Eneida,» que cuenta las aventuras de Eneas huyendo de las ruinas de Troya, es una obra maestra que ha sido el manantial más fecundo de las creaciones poéticas, y además magnífica, sublime por lo patética, incomparable por su estilo y admirable como poesía. Virgilio nació en Andes (Piétola) cerca de Mantua, el año 70 antes de J. C., y falleció en Brindis en el año 19, antes de J. C., á la edad de 51 años.
[33] Esta relación fué traducida al griego por Gelenius, bajo el título de «Periplo de Hannón,» é impresa por primera vez en Basilea, en 1533. Gesner la tradujo al latín y la publicó en 1559. Enrique Becker la reprodujo en 1661, al griego y latín. Esteban de Brisancio la reimprimió en esos mismos idiomas, en Leyde, en 1674. Últimamente fué vertida al francés, primero por Gosselin, que la insertó en sus «Investigaciones acerca de los conocimientos de los antiguos á lo largo de las costas de Africa,» y después por Mr. de Chateaubriand, que la incluyó en su «Ensayo sobre las revoluciones.» También fué traducida al alemán por Loewenberg, que la insertó en su «Historia de los Viajes de exploración.»
El itinerario de la expedición de Hannón es el siguiente: Saliendo de Gades (Cádiz) alzó velas en dirección del sur, y después de dos días de viaje abordó al cabo Mollabut para echar las fundaciones de la ciudad que más tarde se denominó Tanger; continuando la excursión hacia el oeste, encontró un promontorio llamado cabo Espartel, donde elevó un altar á Neptuno; de allí navegó día y medio, haciendo estadía en la bahía de San Gerónimo para fundar ahí otra ciudad; se hizo nuevamente al mar, hasta pasar por la embocadura del río Luco; en seguida encontró un golfo en el que se hallaba una isla, la que denominó Fedal, estableciendo en ella una colonia; continuando su derrotero, pasó por la embocadura de un gran río llamado Cheretis; llegó en seguida á un extenso estanque, en el que habían tres islas mayores que la de Fedal, habitadas por hombres vestidos de pieles de animales, los que lo atacaron con piedras; pasó luego la embocadura de otro río en el que habían muchos cocodriles é hipopótamos; regresó á la isla Fedal para continuar su navegación al sur, á lo largo de la costa, en cuyo trayecto de doce días, los habitantes de esas comarcas huyeron á su aparición; bogó otros cinco días al rededor del gran golfo de Santacruz; continuando su camino llegó á otro golfo llamado Cuerno del Poniente, descendiendo á una isla de dicho golfo, cuyos ríos de fuego se precipitaban en el Océano y cuya tierra estaba embrazada con relámpagos y rayos retumbantes que turbaban la vista, y en la que los naturales del país vivían en cuevas para abrigarse del intenso calor, saliendo tan sólo de noche con antorchas; abandonó estos parajes inhospitalarios, y después de cuatro dias de navegación, en los que distinguió un altísimo cerro llamado Carro de los Dioses, llegó á otro cabo llamado Cuerno del Mediodía, donde el río Bamboto ó Nun formaba una entrada y donde se hallaba una isla habitada por unos gorilas que se defendieron de sus asaltantes á pedradas, logrando tomar á tres de estos animales, los que mataron llevando sus pieles á Cartago, para colocarlas en el templo de Juno. Después de tantas peripecias, faltando á Hannón provisiones, tuvo que regresar á Cartago.
[34] Lucio Anneo Séneca, célebre filósofo, nació en Córdoba hacia el año 13 de la era crístiana. Fué maestro de retórica y poética en Roma, y preceptor del tirano Nerón, quien con las instrucciones de su maestro se distinguió como un modelo de monarca durante los cinco primeros años de su reinado; pero después se entregó á crímenes abominables, que han hecho de él la vergüenza del género humano; Séneca lo censuró continuamente, atrayéndose el odio de su antiguo discípulo, al extremo de que éste le condenó á muerte, concediéndole tan sólo la gracia de escoger él mismo la manera como debía morir. La muerte que Séneca escogió fué la de picarse las venas; durante sus últimos instantes de vida se entretuvo con sus amigos que le rodeaban y lloraban su trágico fin, tratando de consolar á unos con su dulzura, y á otros con su severidad. Molestado por la tardanza de su muerte, suplicó á su médico y antiguo amigo, Estacio Anneo, de suministrarle un veneno, lo que éste no halló oportuno, pues agotada la sangre de sus venas y sus miembros ya helados, el veneno no produciría ningún efecto, siendo necesario ahogarle con el vapor de un baño de agua caliente, para abreviar así su fin. Su mujer, Paulina, se hizo á la vez picar las venas para morir junto con su esposo. ¡Abnegado y sublime sacrificio de amor conyugal! Murió Séneca, junto con su mujer, en el año 65 de la era actual, en el duodécimo del reinado del pérfido y bárbaro Nerón, á los 52 años de edad.
[35] Traducción del P. José de Acosta en su «Historia Natural de las Indias,» lib. I, cap. II, impresa en Colonia, en 1596.—Otra traducción, en octava, de autor desconocido es:
Otros siglos vendrán; de nuevos lares
Los nautas partirán, y ante su paso
Hundiránse en los límites de Ocaso
Las últimas barreras de los mares
Y más lejano que el Thule lejano,
De la niebla de Ocaso en lo profundo,
Un nuevo, vasto, esplendoroso Mundo
Del fondo surgirá del Océano.
[36] Tiflis fué el piloto de los Argonautas, que en número de cincuenta eran todos hijos de reyes: todas las familias reales de la Grecia tuvieron parte en la expedición de los Argonautas, y su título de origen y de gloria les viene de la primera nave construida por Minerva.
[37] Thule era una isla de la Islandia, que los antiguos consideraron como el límite del Mundo.
[38] Rogerio Bacón, fué uno de los sabios más ilustres de su tiempo. Él ha sido, se puede decir, el precursor de la aviación, cuestión que tanto preocupa hoy la atención del mundo, pues profetizó la navegación aerea con motor. Escribió, al respecto, en una de sus numerosas obras las siguientes líneas: «Se fabricarán instrumentos para volar, por medio de los cuales el hombre, sentado ó suspendido del centro, hará mover algún resorte ó manivela, para producir la agitación en las alas artificiales, como las aves.» El proyecto de máquina voladora que ideó, mediante sus especiales conocimientos de física y química, es hoy tenido como base del aparato que construyó otro inventor, Blanchard, cuyas experiencias se verificaron en 1782. Rogerio Bacón presentía juiciosamente que el piloto debía volar sentado, para actuar sobre el mecanismo, motor de las alas; su resorte se ha convertido en motor á vapor, gasolina, eléctrico, etc.
[39] El célebre domínico Alberto el Grande, vulgarizador incansable de las doctrinas aristotélicas, que estudió con igual lucidez la filosofía, la física, la metafísica y todas las lenguas y dialectos de su época, ha dejado, en sus obras, principios que hoy se aceptan como base de la aerostación.
[40] Juan Clopinel, poeta francés, que nació en 1279 ó 1280, cerca de Orleans, en el pequeño pueblo de Meung-Sur-Loire, de padres ricos y considerados, adquirió bastante celebridad á fines del siglo XIII. El poema «Roman de la Rose» obtuvo en aquel tiempo un éxito extraordinario, y posteriormente, descubierta la Imprenta, se hizo de él muchas ediciones: esta obra fué empezada por Guillermo de Lorris, y continuada, á instancias del rey de Francia, Felipe el Hermoso, por Juan Clopinel, que suprimió los ochentidos últimos versos del desenlace, para dar á esta producción un plan mucho más vasto, pues le agregó unos dieziocho mil versos. Este poema fué el primer libro que en Francia excitó un entusiasmo extraordinario durante más de doscientos años, ó sea, hasta el siglo XVI, siendo su reputación tal, que hasta hoy perdura, por ser considerado como uno de los monumentos más importantes y más antiguos de la literatura francesa: le mereció á Juan Clopinel de Meung el justo título de «padre é inventor de la elocuencia.» Esteban Pasquier iguala su autor al Dante, y Lenglet-Dufresnoy no trepidó en compararlo con Homero. El héroe del poema es Falso Semblante, símbolo de la Hipocresía y abuelo de Tartufo, y los demás personajes de la obra son Peligro, Felonía, Bajeza, Odio y Avaricia; su asunto se desarrolla en los siglos XIII y XIV (1226 á 1314), con su ciencia, su corrupción, sus prácticas supersticiosas y sus prejuzgadas preocupaciones.
Juan Clopinel murió hacia 1318, á la temprana edad de 38 años. Es autor de un «Testamento» y «Lettres d'Éloïse et Abélard,» y de una traducción de «Boecio.» Méon, en 1814, ha dado una buena edición del poema «Román de la Rose,» en cuatro tomos en 8o, impresa en París.
[41] Los autores españoles que han escrito extensamente sobre la materia á que nos contraemos, son: el domínico Fr. Gregorio García y el Oidor de la Real Audiencia de Lima Dr. D. Diego Andrés Rocha. El primero tituló su obra «Origen de los Indios del Nuevo Mundo é Indias Occidentales, averiguado en discursos de opiniones,» impresa en Valencia, en 1607. La obra del segundo se intitula «Tratado único y singular del origen de los Indios Occidentales del Perú, México, Santafé y Chile,» impresa en Lima, en 1681. Ambas obras, á nuestro humilde juicio, no llenan del todo el objeto que se propusieron sus autores. La del P. García está escrita en estilo antiguo y es un hacinamiento de apreciaciones confusas y sin hilación alguna. El Dr. Rocha se empeña en probar que los indios americanos descienden de la raza ibérica del tiempo de Osiris, Tubal, Hespero y otros reyes, cuyos súbditos, dice, fueron los primeros habitantes del Continente americano. Cerca de dos y media centurias han trascurrido hasta la fecha, en cuyo lapso de tiempo algunos escritores se han ocupado incidentalmente de este tópico; pero ninguno lo ha hecho con extensión: por eso nos hemos decidido á emprender esa árdua tarea, bajo un plan muy distinto de aquel que siguieron el P. García y el Dr. Rocha, como podrán observar los lectores.
[42] El Dr. Morse divide estos indianos en tres grandes familias: 1a la del Este del Mississipí, que contaba con 120,625 individuos; 2a la que vivía entre el Mississipí y las Montañas Rocallosas, y que se componía de 179,592; y la 3a la del Oeste de las Montañas Rocallosas, que ascendían á 171,200; formando un total de 471,417 indigenas.
[43] El nombre de América dado al Continente descubierto por Colón, trae, se dice, su origen del navegante florentino de aquella época, Amérigo ó Américo Vespucio, que entonces se encontraba al servicio de España, como proveedor de los buques destinados al descubrimiento de nuevas tierras en el Nuevo Mundo. Vespucio no pudo resistir al deseo de participar de los peligros y glorias del célebre genovés, y, al efecto, solicitó acompañar á Alonso Ojeda en una expedición, en calidad de piloto y cosmógrafo; expedición que, compuesta de cuatro naves, se dió á la vela, en 1494. De regreso á España, Américo publicó algunas cartas marítimas á las que puso al pie su nombre, como autor de ellas; razón por la cual esas cartas fueron llamadas Américas por los pilotos de ese tiempo; y extendiéndose este calificativo al Continente á que se referían, lo denominaron América, costumbre que ha autorizado el tiempo, privando así de esta gloria á Colón, que es el único merecedor de haber dado su nombre al Continente descubierto por él. Por este hecho se infiere que Vespucio arrebató á Colón la gloria de su descubrimiento, suplantando el nombre de este célebre navegante con el suyo. Y resulta tanto más injusta y temeraria esta usurpación, si se considera que Colón, para lograr la realización de sus proyectos, tuvo que combatir las preocupaciones de sus contemporáneos y sostener sus teorías contra los rechazos de varios monarcas. Su país natal, Génova, le trató de visionario; Enrique VII, rey de Inglaterra, no dió oídos á su solicitud; Juan II, rey de Portugal, desechó sus proposiciones; Carlos VIII, rey de Francia, no prestó atención á sus proyectos; el emperador Maximiliano, de Alemania, rechazó también sus pretensiones: sólo le quedó á Colón la esperanza de ser acogido en España, por los reyes Fernando é Isabel. En efecto, después de ocho meses de esperas, se resolvió, al fin, armarle á Colón una expedición, en 1492, la que salió del puerto de Palos, en tres pequeñas carabelas.
Empero, otros historiadores pretenden que el nombre de América no se deriva de el del piloto y cosmógrafo florentino Vespucio, cuyo nombre y apelativo verdaderos son Albérico Vespuzio, según está comprobado por infinidad de documentos italianos y españoles auténticos. Las mismas cartas marítimas publicadas en España por Vespuzio, relativas á sus dos primeros viajes, llevan su propio nombre de Albérico, y solamente la carta de su tercer viaje, la que levantó precisamente al pie de la montaña denominada Amérriqua, es la única que firmó «Américus.» En 1507, Martín Waldzeemüller publicó en Saint-Dié un libro titulado «Cosmographiæ introductio,» en el cual propone para el nuevo Continente el nombre de Amérriqua, basándose en que, cuando en 1499 Alonso de Ojeda descubrió lo que hoy se conoce con el nombre de Centro América, los indios de la costa de Cumaná designaban el Continente entero con la palabra Amérriqua. Además, en un mapa náutico publicado en Lyon en 1522 por Ptolomée, titulado «Orbystypus universallis juxta hydrographorum tradictionem exactissime depicta,» el autor dice que Amérriqua es lo que comprendía todo el territorio del Continente del Sud, y que la parte que hoy es conocida por el Brasil se llamaba entonces Terra Sancta Crucis, abarcando todo el Continente Sud. La denominación propia de Amérriqua, agrega el autor, que posteriormente se alteró en Améric ó América, se deriva de la Cordillera de los Andes y, en especial, de todas las montañas que en Nicaragua existen entre Juijalpa y Libertad, cerca de la costa de Mosquitos. Según opinión de varios otros autores, entre éllos el antiguo y notable geógrafo Schoner, en 1515 ya era conocido el nombre de Amérriqua en Europa. «Por consiguiente, parece probado,—dice éste—que en vez de ser Albérico Vespuzio el que dió su nombre á América, fuese él el que haya tomado este nombre modificando así el suyo gloriosamente, con el propósito de arrebatar á Colón la justa é incuestionable gloria de su descubrimiento.»
Apesar de lo asentado por algunos autores, el sabio brasileño F. A. de Varnhagen, pretenden reivindicar la gloria del florentino Vespuzio, apoyándose en la opinión que el mismo Martín Waldzeemüller (bajo el seudónimo «Hylacomylus») emite en su ya citado libro, cap. IX, foja 15, verso, y, apesar de haber indicado anteriormente que el Nuevo Continente debe llamarse Amérriqua, «no hay motivo, dice, para no dar á la cuarta parte nueva, el nombre de América, de aquel de su inventor Amérigo Vespucci, cuando la Europa y la Asia han recibido sus nombres de dos mujeres.» [«& alia quarta pars per Americum Vesputium (vt in sequentibus audietur) inuenta est—quam non video cur quis iure vetet ab Americo inuentore sagacis ingenii viro Amerigen quasi Americi terram, siue Americam dicendam: cum & Europa & Asia a mulieribus sua sortita sint nomina.»]
Finalmente, el historiador italiano Sr. Campagnoni, que ha escrito y publicado, en Milán, una extensa «Historia de América» en veintinueve volúmenes, dice que: «El Brasil fué denominado, en su origen, América, en honor de Vespucio, que fué su descubridor, denominación que, más tarde, se extendió á todo el Continente del Nuevo Mundo. Algunos historiadores califican de poco noble la conducta de Américo Vespucio al dar su nombre al Continente; pero, en vindicación del buen propósito del florentino, cabe hacer una rectificación. Sabido es, que cincuenta años después del descubrimiento de este Hemisferio, en casi todos los mapas publicados en Europa figuraba el Nuevo Mundo como si fuese un grupo de islas, siendo pocas las porciones exploradas hasta entonces: á esta porción de islas pintadas en los mapas, pertenecían la Florida, Cuba, la Española, Venezuela y el Brasil, con el nombre de América. Como, sucesivamente, se tuvo conocimiento que este Continente se extendía, sin interrupción, hacia el Sur de esta región llamada América, los mapas posteriores fueron aumentando en tamaño, y de ahí que, al tiempo de estar bien conocida la real existencia de ese Continente, dichos mapas siguieron conservando el nombre de América, que habían adquirido accidentalmente. Todo aquello aconteció sin que Vespucio tuviese parte alguna y sin la menor intención de arrebatar á Colón su justo título de descubridor. Aún más, se asevera que Vespucio mantuvo siempre relaciones cordiales é íntimas con Colón, y que muy distante estuvo de contribuir á causar semejante daño á su amigo. Por consiguiente, es un acto de justicia el tener presentes estos hechos, para no poner en duda la integridad de Vespucio.»
Como curiosidad histórica, un periódico español de Huelva, dió últimamente la noticia interesante de lo que costó á España el descubrimiento de América:
«Se acaba de descubrir en Palos (Huelva)—dice este periódico—los libros de contabilidad del armador Pinzon, quien, como es sabido, suministró á Cristóbal Colón los medios materiales que pedía el navegante genovés para su empresa.
«En sus cuentas se encuentran inscritos, hasta en sus menores detalles, todos los gastos ocasionados en el descubrimiento de América.
«Cristóbal Colón, jefe de la expedición, figuraba con el sueldo de 6,400 reales al año; sus segundos, tenían cada uno 3,600 reales anuales; y cada hombre de la tripulación, 50 reales.
«El aparejar la reducida flota, compuesta de tres carabelas, costó 50,000 reales.
«La alimentación costaba por cabeza 24 reales mensuales.
«La indemnización de viaje, para los jefes y tripulación, fué pagada por Colón mismo, á quien, para el efecto, se le dieron 80,000 reales.
«En todo, el descubrimiento de América costó 144,000 reales, equivalentes á 18,000 pesos.»
[44] La doctrina de la condición inferior y servil de los indígenas americanos, llegó á generalizarse tanto y á ser tan aceptada, que el Papa Paulo III se creyó obligado á condenarla, como lo hizo por un Breve expedido en Roma, á 10 de Junio de 1537, en el cual decidió: «Que es malicioso y procedido de codicia infernal y diabólica el pretexto que se ha querido tomar para molestar y despojar á los indios y hacerlos esclavos, diciendo que son como animales brutos é incapaces de reducirse al gremio y la fe de la Iglesia católica; y que él, por autoridad apostólica, después de haber sido bien informado, dice y declara lo contrario, y manda que así los descubiertos, como los que en adelante se descubrieran, sean tenidos por verdaderos hombres, capaces de la fe y religión cristiana, y que por buenos y blandos medios sean atraídos á ella, sin que se les haga molestias, ni vejaciones, ni sean puestos en servidumbre, ni privados del libre y lícito uso de sus bienes y haciendas, con pena de excomunión latæ sententiæ, ipso facto incurrenda (y reservada la absolución á la Santa Sede Apostólica) á los que lo contrario hicieren, y que esa aún no se les puede dar ni en el artículo de muerte, y procediendo bastante satisfacción.»
Sin embargo, á pesar de que este Breve declara á los indios iguales á los demás hombres, y á pesar de que las leyes de España los declaraban iguales á los demás súbditos de la Corona, es lo cierto que en los períodos de la conquista, del coloniaje y aún de la independencia, esos indios siempre han sido considerados verdaderos esclavos de los conquistadores, de los encomenderos, y aún de los gamonales de la presente época, que los han tenido y tienen en la condición de siervos. Durante la época colonial, siempre han sido considerados como esclavos, no pudiendo contraer ninguna obligación que excediese de cinco pesos, si no la firmaba un blanco, y era tanta la opresión que los indios sufrían de los encomenderos, que muchos de ellos, exasperados de tantos padecimientos, se extrangulaban para no caer en manos de los españoles y verse reducidos á la esclavitud.
[45] Acatando la opinión del sabio filólogo Hervas y Panduro, de no haber palabras de los idiomas europeos, asiáticos y africanos en las lenguas americanas de los indios primitivos de América, tal hecho prueba, evidentemente, que después de la confusión de las lenguas en Babel, cada pueblo ó tribu tuvo que formar su lengua propia, no teniendo para ello más maestro que la Naturaleza, la que se las dictó, según las circunstancias propias del clima, de los animales, de las flores y de los frutos de la localidad donde residía cada pueblo ó tribu: todo lo que se movía estaba dotado de vida para el Hombre primitivo; para él, todos los sonidos eran voces, ya fuera el bramido de la fiera ó el ruído del viento y del agua. Después del trascurso del tiempo, y con las emigraciones que de otros Continentes abordaron sucesivamente á las playas americanas, las lenguas sufrieron notables modificaciones, proviniendo de allí que, al cabo de millares de años, esas mismas lenguas habían adoptado muchas voces de los pueblos ó comarcas de esos diversos Continentes.
[46] Salmanazar reinó en Asiria cuarenta y un años, subiendo al trono en 1981 de la Creación del Mundo, (según la cronología hebráica), ó sea, 2054 años antes de la era cristiana: hizo tres expediciones á Armenia, combatió á los reyes de Hamath y de Damasco, en Siria, é hizo tributarios suyos al rey de Judá, Jehú, y á los príncipes de Caldea y de Fenicia.
[47] En este texto hebreo se dice: "Salmanazar, rey de los Asirios, sacó las diez tribus de Samaria y las repartió por la tierra de los Medos." De allí, según autores antiguos, muchos de los miembros que las formaban se unieron y fugaron pasando una tierra muy distante llamada Arzaret ó Arfaret, situada al oriente de la Tartaria, junto al reino de Annian, que tiene el estrecho de su mismo nombre. Pasando aquel estrecho, llegaron al reino de Quivirá, ya en territorio de América, diseminándose por México. Más tarde, los descendientes de estas diez tribus israelitas pasaron, sucesivamente, por la América Central, Panamá, y demás comarcas del Continente sud-americano, Genebrardo les hace dar otra ruta, desde los desiertos de Tartaria hasta la isla de Groenlandia.—Esdras fué un escriba ó doctor de la ley, entre los Judíos, que obtuvo del rey de Persia, Artajerjes el Magnífico, el permiso de llevarse de su país los Hebreos cautivos que no habían seguido á Zorobabel: á su vuelta á Jerusalem, ofreció un sacrificio de expiación, organizó el culto y arrojó de allí á las mujeres paganas con quienes se habían casado los Judíos.
[48] Estos documentos consistían en algunos grandes vasos de tierra, de una sola pieza, cerrados con tapas de la misma materia, vasijas en que eran representados, en piedra, las figuras de los antiguos emperadores de Tulteca y otras figuras supersticiosas.
[49] Carlos de Sigüenza y Góngora fué un afamado poeta y matemático que nació en México, en 1645: abrazó la carrera eclesiástica y fué catedrático en la Universidad de esa ciudad, durante veinte años. Hombre muy docto, escribió varios tratados sobre los caracteres geroglíficos de los antiguos monumentos índicos mexicanos. Sus demás importantes escritos, en latín, se perdieron en el incendio que hubo en la capital de México en 1692. Falleció este ilustre mexicano en esa misma capital en 1700, á la temprana edad de 55 años.
[50] La moneda que posee dicho Cónsul es de cobre, del tamaño y grueso de un peso español; tiene en el centro un agujero cuadrado y en ambas caras ostenta geroglíficos indescifrables aún para los Chinos prácticos en antigüedades.
[51] Según tradición de los antiguos Mexicanos, Quetzalcoatl, hombre misterioso, fué legislador y civilizador de Anahuac; enseñó muchas cosas, entre otras, el arte de fundir los metales; arregló las intercalaciones del calendario; exitó á las tribus para que guardasen la paz, y les enseñó á que ofrendasen á la divinidad las primicias de las cosechas: cuando juzgó terminada su alta misión, se dirigió á la embocadura del río Huassacoalco y desapareció.
[52] Según tradición de los Chibchas, Bochica, hombre misterioso, como hijo enviado del Sol, fué un sabio legislador y bienhechor de los Muiscas; era de raza diferente de la de los demás hombres indígenas, pues era blanco y tenía barba larga: enseñó, también, muchas cosas á sus pueblos, como las artes, el culto al Sol y la construcción de templos y ciudades.
[53] Manco-Capác, fundador de la monarquía de los Incas, se tituló hijo del Sol, y como tal, tomó gran ascendiente entre los Peruanos, á quienes civilizó: es considerado entre los primeros legisladores del Mundo.
[54] La Mongolia fué una parte del gran imperio fundado por Genghis-Khan, hoy tributaria de la China. Genghis-Khan nació el año 1183, en la Mongolia, estensa región situada entre la Rusia asiática y el Imperio Chino: fué hijo del jefe Pikoutaï, que comandaba á cuarenta mil familias, y recibió el nombre de Timoudgyn, de un Khan que su padre había vencido: su educación no fué tan descuidada, como se podía suponer de un pueblo bárbaro, pues sus disposiciones guerreras y su talento prematuro le permitieron, á la edad de 13 años, tomar las riendas de la pequeña soberanía que la muerte de su padre dejó vacante. Los jefes de las tribus de su dependencia se imaginaron que les sería fácil despojarle de su autoridad, mediante una sublevación que contra él llevaron á cabo; pero el joven Timoudgyn, al frente de 30,000 hombres los venció, en dos cruentos combates, reduciendo á los unos á la esclavitud, y arrojando á los otros en setenta calderas de agua hirviente, preludio de la mortandad con que Timoudgyn debía ensangrentar el suelo de Asia. Después de este horroroso castigo todas las tribus se sometieron á su yugo, proclamándole Genghis-Khan ó Gran Khan, que significa rey de los reyes. Dueño de toda la Mongolia, hasta la gran muralla de la China, franqueó ésta, atacando este antiguo Imperio, que entonces se llamaba Cathay ó Khilaï: Cambalú (hoy Pekin) fué tomada por asalto y saqueada por él, en 1205, haciéndose dueño de todo el Imperio, inclusive del reino de Corea. Prosiguiendo sus conquistas, logró, en el término de dieziocho años, sujetar á su poder la mitad de la China, la mitad del Indostán, con toda la Persia, hasta el Eufrates, las fronteras de la Rusia, Kazan, Astrakan y la Tartaria. Después de tantas conquistas, Genghis-Khan murió en 1226, á la edad de 42 años y después de haber ejercido el poder durante 29 años, tranquilo y sin remordimientos, no obstante haber ocasionado por sus armas y sus crueldades la muerte de cerca de 6.000,000 de hombres. Antes de su muerte, repartió sus dominios entre sus cuatro hijos, habidos en su primera mujer, que fueron: Octaï, Gengis, Touli y Zagataï. Al primero, cedió la Gran Mongolia; al segundo, el Turkestán, la Bactriana, el reino de Astrakan y el país de Usbecks; al tercero, la Persia; y al cuarto, la Transaxiana, el Kandahar, y la India Septentrional; logrando cada uno de ellos ensanchar sus respectivos dominios con nuevas conquistas posteriores. Los demás hijos que tuvo Genghis-Khan, en sus 500 concubinas, no obtuvieron parte alguna en su sucesión. Los Tártaros salieron de sus desiertos hacia el año 1202, y habían conquistado la mitad del hemisferio hacia 1236. He ahí toda su historia.
[55] Manco ó Mango es nombre mongol, según Ranking.
[56] No participamos de la opinión de Ranking, Humboldt, Tschudi y Rivero y demás escritores que suponen que los legisladores Quetzalcolt, Bochica y Manco-Capác, fueron extranjeros que llevaron la civilización á los Aztecas, Muyscas y Peruanos; porque no es concebible que extranjeros que no conocían los idiomas, las costumbres y el carácter de los habitantes de los países que se proponían regenerar, pudieran subyugar á esos pueblos.
[57] La sílaba Phi, en hebreo, se pronuncia Pi, y trasponiendo la R antes de la O, dice Piro: aquella O final la convirtieron en U, por ser más acomodada á su pronunciación, de donde resulta la palabra Peru, substituida por la de Ophir. Otros autores, entre ellos Onffroy de Torón, dan otras definiciones de la palabra Ophir, y dicen que se escribe de dos maneras, Apir y Aypir, según consta en el cap. X, vers. 11 del lib. I de Los Reyes. En el cap. IX, vers. 28 del mismo libro se escribe Aypira, que, suponen, es el nombre mal pronunciado del río Yapurá, uno de los afluentes del Amazonas ó sea el Solimán ó Solimoes de los brasileños. El vocablo Ophir ó Apir en hebreo, agregan, pertenece al quechua, pues á los mineros de la Cordillera de los Andes y de la parte superior del Amazonas se les denomina Apir ó Apiri, y en algunos lugares Yapiri. Además, el río Yapurá tiene su nacimiento en las montañas de Popayán (Colombia) y tiene por uno de sus afluentes auríferos, el río Masai ó Masahi, nombre derivado del hebreo masar (río), al que se le agregó el vocablo indígena i (agua) de lo que resulta agua rica.
[58] Últimamente, en 1869, Onffroy de Torón publicó en la revista geográfica «El Globo,» de Génova, un extenso y bien meditado trabajo titulado «Antigüedades de la navegación por el Océano: Viajes de los navíos de Salomón al Río de las Amazonas, Ophir, Tarsdchisch y Parvaim.» Este trabajo fué traducido después al portugués, y la Municipalidad de Manaos, capital de la provincia de Amazonas, lo hizo imprimir en esa ciudad, en 1876, en un folleto de 51 páginas, que se reprodujo en 1905, en los «Anales de la Biblioteca y Archivo Público del Pará.» Del mismo autor existe un libro sobre el mismo tema, publicado en Lovaina, en 1889, que, desgraciadamente, nos es desconocido y que, según el autor, es el más completo en esta materia.—Onffroy de Torón vivió doce años en la América ecuatorial, y se dedicó á viajes, expediciones y operaciones geométricas, las que le permitieron levantar el mapa de la misma zona americana, que publicó en París poco después de haber dado á luz su obra impresa en Lovaina. Durante su residencia en la América Meridional, estudió el idioma quechua que se habla en el Ecuador y el Perú, es decir, en la parte andina de estos países, y según afirma, formó un vocabulario, aseverando que dicho idioma contiene muchísimos vocablos de las lenguas muertas de Asia, de Egipto y de Grecia.
[59] Aunque algunos autores niegan el hecho de haber habido elefantes en el territorio de América, es un hecho que hasta el día se han descubierto seis variedades de elefantes fósiles, ignorándose si todos fueron extinguidos antes por un cataclismo ó si existían en tiempo de Salomón.
[60] Más ó menos 600.000,000 de reales de la moneda española.
[61] El gran rey Salomón hizo construir su grandioso templo en el Monte Moriah, y la construcción de él duró ocho años y medio. En su construcción se emplearon 3600 sobrestantes, 80,000 hombres para la explotación de canteras y labrado de la piedra y 70,000 para la conducción de materiales. Hiram, rey de Tiro, proporcionó artífices, y se encargó del corte de maderas del Líbano, enviándolas hasta Joppe. El oro puro de que se hizo pródigo uso en la ornamentación interior del templo, procedía, se dice, de Peruaim. Según refiere el historiador judío Flavio Josefo, en su «Historia antigua de los Judíos,» el Templo de Salomón estaba circundado de una muralla y se dividía en cuatro partes: el vestíbulo de los Gentiles, el de los Judíos, el de los Sacerdotes y el Sancto Sanctorum.—El vestíbulo de los Gentiles tenía 300 pies de circuito y en su circunferencia habia una galería sostenida por muchas columnas de mármol, con cuatro puertas hacia las cuatro partes del Mundo. El vestíbulo de los Judios estaba rodeado también con primorosas galerías: su pavimento era de mármol de diversos colores, las paredes estaban cubiertas de oro finísimo y las puertas con planchas de plata. El de los Sacerdotes tenía 40 codos de largo por 20 de ancho, en cuyo centro estaba el altar de los holocaustos, todo de bronce, cuya altura era de 10 codos, y á sus costados, 10 vasos grandes de bronce adornados de figuras, y, además, al lado derecho había otro gran vaso sostenido por 12 bueyes, todo del mismo metal. En seguida estaba el pórtico, que tenía 20 codos de largo por 10 de ancho, desde el cual se entraba en el Templo sin techumbre, que tenía 60 codos de largo y 20 de ancho, en cuyos lados había 10 candelabros grandes de bronce, otras tantas lámparas y 10 mesas de oro. El Sancto Sanctorum tenía de largo 20 codos, otros tantos de ancho é igual altura, cuya mitad estaba cubierta de oro y otra mitad de oro y piedras preciosas. Además, encerraba los tesoros siguientes: 10,000 candelabros de oro; 10,000 mesas cubiertas de oro y una muy grande toda de oro; 20,000 copas de oro; 100,000 copas de plata; 100,000 redomas de plata; 80,000 fuentes de oro; 100,000 fuentes de plata; 50,000 palanganas de oro; 100,000 palanganas de plata; 20,000 vasos de oro; 40,000 vasos de plata; 20,000 incensarios grandes de oro; 50,000 incensarios pequeños de plata; 1,000 ornamentos pontificales guarnecidos de piedras preciosas; 200,000 trompas de plata; 200,000 instrumentos de oro y plata.
[62] Pegú ó Begú es desde 1855 la capital del Imperio Anglo-Indiano y fué antigua capital del Imperio Birman.
[63] Tarsdchisch, según geógrafos modernos, estaba situada sobre la costa de Zanguebar.
[64] La situación de Ophir, dicen algunos, es desconocida hoy, y creen que con esa denominación se abrazaba todo el litoral de la Arabia, de la India y del Africa.
[65] Flavio Josefo, historiador judío, nació en Jerusalem en el año 37 de la era cristiana. Entre sus obras se conocen su «Historia de los Judíos contra los Romanos, y ruina de Jerusalem» en 7 libros, escrita en hebreo y luego en griego; su «Historia antigua de los Judíos,» en 20 libros; su «Autobiografía,» en 1 libro; «Contra-Apion,» defendiendo á los Judíos, sus costumbres y creencias, en 2 libros; y su «Discurso sobre el martirio de los Macabeos.» Sus obras completas fueron publicadas por primera vez en Basilea, en 1544, en folio.
[66] Platón, al principio de su Timeo, dice que su tío Solón le informó de todos los detalles referentes á la Atlántida, y que éste obtuvo de los sacerdotes de Saïs la relación de la historia de la Atlántida. Crantor, célebre académico y primer comentador de Platón, asegura que esta historia es verídica, pues está confirmada por el historiador Marcellus, que probó que en el Océano Atlántico existían entonces siete islas consagradas á Proserpina, otra á Plutón, otra á Ammón y otra á Neptuno, ejerciendo esta última una autoridad absoluta sobre las demás.
[67] El Océano Atlántico, según Platón, en la primera parte de su diálogo Crisias, recibió este nombre de Atlante, rey de la Isla Atlántica.
[68] Un escritor contemporáneo describe en pocas palabras esta terrible catástrofe: "Una noche se hinchó el Océano hasta tocar á las nubes; un maremoto apocalíptico preñó el seno de los mares, y el fantástico continente se sumergió trágica y silenciosamente en las profundidades del abismo líquido, quedando apenas, cuando la furia del agua fué calmada, uno que otro pico aquí y allá, en la desolada extensión marítima, picos correspondientes á los más alto de sus empinadas cordilleras." (Aludiendo, sin duda, á las Islas Canarias y Azores).
[69] La Atlántida, se dice, tenía tres mil stades de largo sobre dos mil de ancho, ó sea, más ó menos, ciento cincuenta leguas sobre cien. Según Balby, la stade corresponde á cincuentiuna toesas, un pie y noventidos centésimos de pulgada.
[70] Estudios practicados por sabios expedicionarios sobre hidrología marina ó oceanografía, han demostrado que la extensión del Océano Atlántico es de 35.000,000 de millas cuadradas ó sean aproximadamente 11.666,666 leguas cuadradas. Asia y Africa juntas, según los geográfos, tienen 13,120,000 leguas cuadradas, ó sean, 1.453,354 leguas más de extensión que el Océano Atlántico; lo que prueba, evidentemente, que la apreciación de Gomara, hasta cierto punto es fundada, y que la pretendida isla Atlántida no era tan extensa como lo ha afirmado Platón.
[71] Algunos sabios pretenden que han habido varios diluvios parciales; que el de Noé, que aconteció 2987 años antes de Cristo, no fué castigo del Hacedor Supremo, pareciéndolo, porque los Sacerdotes primitivos del Catolicismo tenían interés en hacer intervenir la Divinidad en este cataclismo, para herir é impresionar la imaginación de los pueblos; y bajo tal forma mística la afirmación histórica de ese hecho natural ha llegado hasta nosotros á través de las edades.
En apoyo de su opinión refieren el hecho de varios diluvios: como el de Ogyges, que según Herodote, tuvo lugar 1796 años antes de J. C., y el de Deucaleon, en Tesalia, 1580 años de la misma era; según las tradiciones arianas, se conserva la historia del rey Vaïswata y los siete sabios que escaparon de una inundación que cubrió los valles del Hindu-Kuch, y en seguida pudieron perpetuar la raza. También se cita el diluvio del rey Tchmonras, que inundó y destruyó la Armenia. Los Celtas, señalaban el desborde del lago Llion, que sumergió su territorio é hizo perecer á todos los seres humanos, menos á Dwyhan y Dwybach, que repoblaron la isla de Bretaña. Los Escandinavos tenían la leyenda de Belgemer y su mujer, que solo sobrevivieron al desastre diluviano y repoblaron su comarca. Los Griegos contaban cinco diluvios, según Xenophora, y tres, según el poeta Nonnus. Los Egipcios, apesar de tener conocimiento del Diluvio universal, afirman, que Egipto nunca ha sido inundado, porque su país se halla distanciado de los grandes centros glaciales.
Empero, si esos sabios alegan la pluralidad de diluvios parciales, la generalidad de los historiadores admiten la universalidad del de Noé. Algunos pretenden que la América se ha librado de ese mismo Diluvio; pero las tradiciones generales de los indios sobre este mismo acontecimiento fatal, admiten que éste fué universal: si es verdad que estas tradiciones han sido envueltas en fábulas y aún desatinos, lo cierto es que, en sustancia, manifiestan la realidad de un cataclismo, del que sus progenitores han tenido noticia: estas mismas tradiciones no solamente han sido constantes y generales, sino también circunstanciadas, concordando en ellas los historiadores Clavijero, Gomara, Herrera, Nizza, Acosta, Humboldt y otros más, que afirman que todas las naciones indianas que vivían en sociedad, conservaban en sus pinturas, cánticos y relaciones de padres á hijos, la memoria de aquella catástrofe.
Los Indios de la isla de Cuba, según Francisco Javier Clavijero, en su «Storia del Messico», tom. I, foj. 15, dijeron á los conquistadores españoles, que «habían entendido de sus antepasados, que Dios crió el cielo, la Tierra y todas las cosas; que previendo un viejo una grande inundación, con la cual quería Dios castigar los pecados de los hombres, fabricó una canoa cerrada y se embarcó en ella con toda su familia y muchos animales; que habiéndose disminuido las aguas, soltó el cuervo, el cual no volvió por estarse comiendo los cadáveres; que echó á la paloma y volvió con un ramo verde de hobos; que desembarcó el viejo, y hallando uvas silvestres hizo chicha, con la cual quedó ébrio y dormido; que uno de sus hijos hizo burla de su desnudez, y el otro lo cubrió; que sabiendo el viejo lo que había pasado, maldijo al primero y bendijo al segundo; que ellos descendían de aquel hijo maldito, puesto que se hallaban desastrados y desnudos, y que los Españoles tendrían sin duda su origen del bendito, puesto que se hallaban bien vestidos y con mejor fortuna.»
El mismo Clavijero, en su citada obra, tom. I, lib. II, y tom. II, disert. 1-3, dice: «Entre los Indios de la América Septentrional no sólo era general la noticia del Diluvio, con la expresión de la barca, hombres, animales, cuervo y paloma, sino también circunstanciada con la Torre de Babel, confusión de lenguas y dispersión de las gentes.» Los Mexicanos según Mr. Ernesto Desjardins en su historia «Le Pérou avant la Conquête Espagnole», admiten también el Diluvio universal, que aniquiló la raza humana, en cuya catástrofe los hombres quedaron transformados en peces; pero su Noé (Coxcox) y su muger, se salvaron en un tronco de árbol que flotaba sobre las aguas, y se volvió á poblar la Tierra.
El manuscrito mexicano copiado por el Padre domínico Pedro de los Ríos, en 1566, y conservado en la Biblioteca del Vaticano, bajo los números 3,738 y 3,776, representa por signos simbólicos y figuras que no tienen nada de incomprensible, las cuatro edades del Mundo. La tercera edad, que había durado 4008 años, fué terminada por un diluvio.
Los habitantes de Teochiapan, en Guatemala, según el sabio Alejandro de Humboldt, en su obra «Vues des Cordillères,» conservan tradiciones que se remontan al tiempo de un gran Diluvio, después del cual, sus ascendientes, bajo el mando de un jefe llamado Votan, vinieron de un país situado hacia el Norte. En la aldea de Teopixca existían todavía en el siglo XVI descendientes de la familia de Votan, siendo admirable cosa encontrar en la América un nombre que recuerda al de Votan, cuyo progenitor reinó entre los Escitas y cuya raza dió reyes á un gran número de pueblos.
Antonio de Herrera, en su década IV, lib. I, cap. XI, refiere que «los Indios de Tierra Firme conservaban la memoria de haberse salvado sus progenitores con algunos animales en una barca; de haber largado primero un pájaro por ver si habían cesado las aguas, y después otro, el cual volvió con un ramo verde, y de haber con eso salido á poblar, por segunda vez, la Tierra».
Los Muyscas, en sus tradiciones, conservan el recuerdo de un diluvio, pues refieren que en los tiempos más remotos, antes que la luna fuese creada, los habitantes de la meseta de Bogotá vivían en estado de barbarie; que de repente se les apareció un viejo desconocido, perteneciente á una raza diferente á los indígenas, de barba larga y espesa, que se llamaba Bochica ó Boquica, que traía una compañera llamada Huytaca, que era de carácter tan descontadizo, que contrariaba á su esposo en todo lo que él emprendía: ella hizo hinchar el río Fungha, cuyas aguas cubrieron todo el valle de Bogotá é hizo perecer casi todos los habitantes, por cuyo delito Bochica la persiguió y la condenó á alumbrar la Tierra durante la noche, creyendo los Muyscas que la tal Huytaca es la Luna. Después de haber retirado las aguas, Bochica prosiguió su obra civilizadora.
Fr. Marcos de Nizza, en su obra «Ritos y Ceremonias de los Indios de Quito,» asegura que esos indianos «conservan aún la memoria de un antiquísimo general naufragio proveniente de que el primer hombre ó dios llamado Pacha, no teniendo con quien hacer guerra, la mantuvo con una gran serpiente á la que hirió con sus flechas, la que vomitó tanta agua que anegó toda la Tierra; que se salvó Pacha con sus tres hijos y mugeres, fabricando una casa sobre la cumbre del Pichincha, donde metió animales y víveres; que pasados muchos días largó el allaguanga, ave semejante al cuervo, y no volvió por comer los cadáveres de los animales muertos; que echando otro pájaro, volvió con hojas verdes; que bajó entonces Pacha con su familia hasta el plan, donde es la ciudad de Quito, y que al tiempo de hacer allí la casa para vivir todos juntos, ninguno pudo entender lo que hablaba el otro; que separados por eso, con sus mugeres, se habían establecido los tres hermanos y el viejo en diversas partes de la comarca, donde estaban todavía sus descendientes.»
El P. José de Acosta, en su «Historia Natural y Moral,» lib. I, cap. XXV, expone que «Los Peruanos convenían todos en que se habian ahogado todos los hombres, á excepción de muy pocos, á los cuales escondió el Sol en una pequeña isla del lago Titicaca, según unos, ó en la cueva de Pacaritambo, según otros; que saliendo con el tiempo un Viracocha ó personaje con su familia, después de haber hecho asiento en Tiahuanacu, se fué al Cuzco y volvió á multiplicarse el Género Humano.»
Francisco Gómez de Gomara, en su «Historia General de América,» cap. CXXII, al ocuparse de los indios de la Provincia de Pachacamac y sus confinantes, dice «Muchos mantuvieron la tradición de que en tiempos antiquísimos había llovido tanto, que se anegó toda la Tierra, á excepción de la elevada cumbre de un monte, donde unos pocos fabricaron una casa con ventanas altas y bien cerradas, y metiendo dentro muchos animales y otros comestibles, salvaron ellos solos sus vidas; que dejando de llover por bastante tiempo, echaron por las ventanas dos perros, y volvieron bañados y sin lodo, conocieron que aún no se habían disminuido las aguas; que pasado más tiempo echaron otros dos perros, y como éstos volvieron secos y con sólo el lodo á las patas, conocieron que había cesado el diluvio; que esperando algunos días más, salieron y volvieron á poblar el Mundo».
Algunos pueblos de la América del Norte conservan igualmente la memoria de una antigua inundación llamada el Diluvio de los Apalaches.
Hasta los Groenlandeses cuentan que el primer hombre creado fué Kallak, y que de su dedo pulgar salió la primera mujer, después de lo cual, el mundo se anegó y no pudo salvar más que un hombre y una mujer.
Basta lo citado sobre las tradiciones de los indígenas respecto al Diluvio, para convencerse que tanto en el Continente del Nuevo Mundo, como en los del Antiguo, se conserva siquiera una idea, un recuerdo de que el Mundo fué sumergido por ese cataclismo universal; tradición que se ha venido conservando entre los Indios desde las primitivas generaciones, pues en su sucesión no interrumpida, han venido comunicándola de padres á hijos.
Como se ve, todas estas tradiciones y muchas otras que no anotamos, porque ello sería demasiado extenso, prueban incontestablemente que el Diluvio de Noé se extendió también al Continente americano; y lo prueba tanto más el derrumbo que el año 1763 tuvo lugar de la mitad del cerro de Coconuco, en el Ecuador, descubriéndose en la otra mitad que quedó en pie, las diversas capas ó listas paralelas de que poco á poco se fué formando dicho cerro, siendo unas de diversos colores de tierra, otras de arenas, otras de piedras; en fin, otras formadas de innumerables especies de caracoles, conchas y otros testáceos, petrificados unos y no petrificados otros. Y aún en el suelo peruano tenemos pruebas evidentes de haberse realizado este cataclismo en el Continente americano pues en las inmediaciones de Palta se han encontrado depósitos de conchas marinas á 300 pies de altura sobre el nivel del mar; Darwin halló iguales conchas en Chile á 1300 pies; Loomis, las halló en las pampas de Iquique á 2500 pies; en Caracoles se han hallado también á 5000 pies de altura; en la mina de Hualgayoc, en Cajamarca situada á 12,000 pies sobre el nivel del mar, encontróse igualmente conchas petrificadas, hecho que fué constatado por el sabio Alejandro de Humboldt; y por último, un joven cateador de minas, llamado Raúl Pérez, encontró el 8 de Diciembre de 1890, en el cerro de Vilque, en la Provincia dé Puno, á más de 12,000 pies sobre el nivel del mar, un caracol de 12 centímetros de longitud por 7 de altura y del peso de 822 gramos, hallazgo que llamó sumamente la atención de las personas que lo vieron.
En conclusión, es un hecho indudable, que la memoria del Diluvio se encuentra en las tradiciones de todos los pueblos de la Tierra, y la ciencia moderna, á este respecto, está también conforme con la Biblia; que es la más antigua historia de aquella catástrofe.
[72] Jafet significa en hebreo, el que se ha difundido por muchas partes.
[73] Ambas razas se han diferenciado siempre en idioma, ilustración y hábitos, pues en tanto que la Turania fué y es aún semi-bárbara, la Indo-Europea ha florecido en todas épocas, por el superior grado de su civilización, por la perfección de sus idiomas y por la riqueza de sus literaturas, teniendo el primer lugar del Género Humano y siendo la raza noble por excelencia, que ha tenido la misión de llevar las artes, las ciencias y la filosofía á un grado de perfección inusitado en los demás pueblos, y llegado á ser, no sólo la más numerosa y difundida de todas, sino la señora del Mundo entero.
[74] Estos indios, que son los Apaches, Navajos, Zunis, Moquis y otros de las comarcas indicadas, conservaban, en tiempo de la conquista española, la tradición de haber habido entre sus antecesores, grandes tribus de hombres blancos, superiores á ellos en civilización. "Hace muchas, muchísimas vides, decían, vivía en este país una raza blanca muy numerosa y muy belicosa: hacían expediciones lejanas, conquistaban muchas tribus y traían muchos esclavos: de éstos procedemos nosotros los Apaches. Los esclavos eran los que excavaban las ciudades subterráneas y cultivaban el maiz. Llegó un tiempo en que los blancos se vieron empeñados en una guerra muy lejos, en el norte, y unos tras otros, todos los guerreros tuvieron que marchar á la pelea; quedaron sólo las mujeres, los ancianos y los niños. Entonces los esclavos vieron que era llegada la hora de recobrar su libertad: concertaron todos, y en un día determinado se alzaron, destruyeron cuanto se oponía á su independencia y huyeron hacia el sud, ocultándose en las fragosidades de la Sierra Madre. Allí formaron pueblo, vivieron largo tiempo generaciones tras generaciones, hasta que otros hombres blancos, los Españoles, vinieron de tierra más al sud todavía, hicieron la guerra á nuestros antepasados y los vencieron. Además, lanzaron contra ellos otras tribus de indios, y después de porfiadas luchas, los Apaches y tribus congéneres tuvieron que emigrar hacia Arizona y Nuevo México."
[75] Otros autores modernos apoyan esa misma hipótesis. Reginal Enock, en su libro intitulado The secret of the Pacific, opina que «los asiáticos prehistóricos llegaron hasta el Continente americano por sobre una tierra que después desapareció bajo las aguas del Pacífico.» Sayas Enriquez dice textualmente: «Cada vez estoy más convencido de que la Pacífida (nombre que él dá al Continente desaparecido en el Océano Pacífico) fué el puente que unió el Antiguo Mundo (Asia) con el Nuevo (América), y de que las razas que poblaron lo que he llamado Región Istmica, en la que conglobo Guatemala, Honduras, Chiapas, Campeche y Yucatán, vinieron del Sud y no del Norte, como se afanan en repetirlo inconcientemente los arqueólogos y etnólogos. Pero como esta hipótesis no está aún plenamente confirmada, hay que dejarla en cuarentena, hasta que su aserto sea reconocido como cierto, evidente é innegable.»
[76] Los Súmeros ó Sumeres, uno de los pueblos presemitas, se mezclaron con los Accadios, pueblo Turanio que era, desde el punto de vista antropológico (ó fisiológico), una mezcla de dos razas, blanca y amarilla. Más tarde, de la mezcla de los Súmeros con los Accadios, resultaron la formación de la nación Susiana y del reino de Elam, al oeste del Tigris, y al oeste de este río, la nación Caldea, que con varios otros pueblos semíticos, componía el gran imperio de Babilonia, remontado á cosa de 5,000 años antes de la era cristiana. Los Súmeros como los Caldeos, usaban la escritura cuneiforme derivada de la primitiva escritura geroglífica, y les servía, como hoy nos sirve la nuestra, para emitir sus ideas, redactar su historia sobre los muros de sus monumentos, sobre grandes ladrillos de tierra cocida y sobre lápidas de piedra negra, escritura que desapareció, por completo, el año 2,000 antes de nuestra era, con la invasión y conquista semítica; legando, empero, á los Asirios, á los Fenicios y especialmente á los Judíos, tradiciones copiosas que desarrollaron la literatura de estos pueblos. De estas tradiciones, los Judíos copiaron y redactaron la cosmogonía ó génesis del Universo; la formación del Género Humano; la ingratitud de los hombres al corromperse y volverse malos; la cólera del Omnipotente, que destruyó todo lo que había criado, y, como resultado de la ira divina, el gran cataclismo del Diluvio Universal; el arca salvador, para que no se extinguieran las especies buenas; la construcción de la Torre de Babel, muestra del orgullo de los hombres, y, consiguientemente, la confusión de las lenguas; y, por fin, la fundación de la primera dinastía babilónica.
[77] Este Obispo fué el autor del más antiguo Derecho Eclesiástico de Islandia.
[78] La Groenlandia ó Tierra Helada, cuya superficie se calcula en más de 70,000 leguas cuadradas, presenta el aspecto más imponente: su clima es sumamente frío y el invierno dura allí ocho meses, en los cuales llega á congelarse el mercurio; en verano, que dura tan sólo cuatro meses, el termómetro Réaumur sube á 24°. El sol desaparece completamente del horizonte, á fines de Noviembre, y no vuelve á verse hasta mediados de Enero, interrumpiendo sólo tan larga noche, la viva luz de las auroras boreales. Los naturales de Groenlandia son Esquimales que viven en una completa independencia, diseminados por las costas de ese territorio. El interior de este país es totalmente desconocido, pues es inhabitable, porque el frío tan intenso que existe constantemente en sus parages, motiva el que éstos no ofrezcan ningún abrigo al hombre.
[79] Por las tradiciones de Finlandia (hoy Estados de Nueva York y Pensilvania) se conserva también recuerdos de colonias islandesas que vivían en la misma región de Huitramannalandia, y cuyos colonos vestían de blanco, cantaban y rezaban en alta voz, creyéndose, por esto, que eran frailes que en el año 983 habían ido á esas comarcas con Are Marsen Reykjanes, siendo muy atendidos y considerados por los indígenas del lugar, quienes prohibiéronles terminantemente abandonar el país.
[80] Este Bjarne Herjulfson es el mismo citado por Mr. Folsom.
[81] Este Leif Erikson es, también, al que se refiere M. Folsom.
[82] El 4 de Julio de 1876, una comisión de Noruegos distinguidos y ciudadanos de los Estados Unidos de Norte América, erigieron un monumento conmemorativo en Madison, capital del Estado de Visconsin, en honor de Leif Erickson, como uno de los descubridores del Continente americano y por la circunstancia, grata para la comisión; de haber sido colonizado aquel territorio por Escandinavos.
[83] Es de advertir que el nombre primitivo del Brasil fué el de Sancta Crucis, y sólo se llamó Brasil por el mucho palo de ese nombre que en él había. El palo brazil se conocía ya en Europa, en el año 1198, según lo refiere Luis Muratori en el tom. II, disert. 3a, col. 898 de sus Antiquitates Italicæ, en folio impreso en Mediolani en 1783, y se le dió este nombre por el gran uso que se hacía de él para teñir. El palo brazil que se encuentra en esta parte del Nuevo Mundo y á que debe su nombre el vasto país colonizado por los portugueses, es una especie del género llamado cæsalpinia echinata. El nombre de este palo no es, pues, posterior al descubrimiento de América, como lo han creído algunos historiadores.
[84] La mencionada «Isla de la mano de Satanás» aparece con frecuencia en leyendas italianas, las cuales dicen que diariamente salía de entre las olas del Océano una mano de tamaño colosal y arrastraba barcos y habitantes á los profundos abismos.
[85] Algunos historiadores pretenden que Martín Behaim ha sido el descubridor del Nuevo Mundo, entre ellos Federico Estuvenio, que en su disertación impresa en 1714 con el título De vero novi Orbis inventore, afirma que la gloria de este descubrimiento corresponde á este cosmógrafo, que obtuvo de Isabel, hija del rey de Portugal y viuda de Felipe el Bueno, que á la sazón gobernaba en Flandes, un bajel con el cual navegó hasta las islas Azores, y de allí, surcando el mar, llegó á las costas de la América y pasó hasta el estrecho de Magallanes; que hizo un Globo y un Mapa de sus viajes, mapa que fué presentado á Alonso V, rey de Portugal y que pasó después á manos de Colón, á quien sirvió de guía para hacer su primera navegación, en pos del descubrimiento del Nuevo Mundo.—Martín Behaim, natural de Nuremberg, hizo, se dice el descubrimiento de la América, ocho años antes de la primera expedición de Colón. Muy instruido en geografía y astronomía, después de haber obtenido, en 1459, de Isabel de Portugal, un bajel para hacer descubrimientos, en 1484 obtuvo también del rey de Portugal Don Juan II, algunos navíos con el mismo propósito. Retirado á su país natal, trazó un Globo Terrestre en el que figuraba una tierra occidental, como igualmente las otras tierras reconocidas anteriormente por Marco Polo y por Maundeville. Behaim, murió en Lisboa en 1506.
[86] El primer mapa de América fué hecho en 1500 por Juan de la Cosa, célebre cosmógrafo y navegante español y piloto con Cristóbal Colón en su segundo viaje. Este mapa está trazado en una gran hoja de pergamino de forma ovalada y artísticamente iluminado, cuyas dimensiones son de dos metros de alto por uno de ancho: señala los países de América conocidos hasta 1500, así, como los territorios de Europa, Asia y Africa. Ultimatamente, se ha hecho en España un facsímil de este mapa, en la misma escala y colores que su original, reproducción que fué premiada en la Exposición Histórica-Europea-Americana, de Madrid. Pero el mapa más antiguo que apareció con el nombre de América, es el de Martín Waldzeemüller (Hilacomylus), que se publicó en 1507, ó sea, siete años después del de Juan de la Cosa.
[87] El eminente zoólogo Agassíz es el que con mayor autoridad ha sostenido la teoría poligenista, admitiendo hasta ocho diversos centros de creación, en uno de los cuales hace aparecer al Hombre Americano.
[88] Esto es, según el Génesis; pero, según opinión de algunos sabios etnógrafos, la Creación del Mundo data de millones de años antes del Diluvio Universal.
[89] El Rev. Padre Fr. Pedro Simón, historiador, que apesar de su estado sacerdotal, es imparcial en esta materia, opina también que la América fué poblada antes del Diluvio Universal; al efecto, refiere un hecho que si fuere cierto, no dejaría duda alguna sobre tal teoría. Pero, como este hecho no deja de ser alguna patraña de las muchas que ciertos escritores han derramado sobre el Nuevo Mundo, y, en este caso, para probar que en el Perú hubo hombres antes del Diluvio, advertiremos que solo por mera curiosidad informativa vamos á trascribir el pasaje que al respecto se refiere el P. Pedro Simón:
En el tomo I, cap. X, pág. 21 de sus «Noticias Historiales de las Conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales,» dice: "Lo que más alumbra á que nos inclinemos á este parecer de que fueron habitadas estas tierras antes del Diluvio, son las señales y rastros de que en ella se han hallado tan eficaces, que no dan lugar á que se imagine otra cosa; porque junto al Callao, que es el puerto de la ciudad de Lima, en el Perú, á los primeros principios que se descubrió aquel Reino, buscando en unas montañas, por unos rastros que se descubrieron, unas minas, trastornando tierra y metiéndose por el socabón debajo del cerro, se encontraron con un navío que tenía encima la gran máquina del cerro, y no convenía con su hechura y traza con los nuestros, por lo cual se juzgó que en el Diluvio había quedado encerrado debajo de aquella inmensidad de tierra que trajo allí la fuerza de las aguas." Y prosigue el Rev. P. Fr. Pedro Simón: "Otra cosa al modo de ésta se halló el año de mil y seiscientos y cuatro, cerca de la ciudad de México, en Nueva España, trasminando un cerro tan alto que tiene de subida más de una buena legua, y otro tanto de bajada, para por allí desaguar la laguna en que está fundada la ciudad, por no verse en los peligros que poco antes había tenido con crecidas é inundaciones. Yendo los gastadores prosiguiendo en su mina (que se hacía por la traza é ingenio de Enrique Martín, gran matemático y astrólogo, y por orden de don Luis de Velasco, Virey de aquella ciudad), cuando llegaron como á la mitad de ella, que casi venía á ser, estando perpendicular, correspondiente á la cumbre del cerro, hallaron un colmillo ó diente de elefante, enterrado en tierra blanda; el cual, con los muchos días que había estado allí el marfil, lo tenía comido por algunas partes y quebrado por dos; de manera que estuvo hecho tres pedazos, y juntos, de suerte que se echaba de ver haber sido todo uno y tener de largo seis cuartas. Este colmillo ó diente se sacó y mostró á todos, juzgando había quedado allí enterrado el animal que lo crió, cuando el Diluvio ahogó á los demás y á él; de la cual especie de elefantes debió de haber habido allí entonces, porque después, acá no se hallan, ni aún rastro de ellos en toda la Nueva España, ni en todas las Indias Occidentales."
Este último hecho referido por el Padre Pedro Simón, quizá tenga algún viso de verdad, y á este propósito, disiparemos la duda de haber existido en América el elefante en tiempos antediluvianos. En efecto, últimamente, en Agosto de 1912, el cuerpo de profesores de la Universidad del Cuzco hizo una excursión científica, y logró descubrir en Ayusbamba, provincia de Paruro, dos colmillos de elefante, fosilizados, de una vara de largo, como también cuatro costillas en estado de completa fosilización, y muchos otros huesos del mismo animal.
[90] La América se extiende desde los 56° 58′ Sud hasta los 70° de latitud Norte. Se divide en dos grandes penínsulas que se juntan hacia los 8° de latitud Norte por el Istmo de Panamá ó de Darién. Sus costas son bañadas por los dos más grandes mares: el Océano Atlántico, que la separa de Europa y de Africa, y el Océano Pacífico que la separa de Asia y Oceanía, haciendo de este Continente la parte más favorable del Globo para el comercio y para la navegación. La extensión de América, según los geógrafos, es de 15.000,000 de millas cuadradas, equivalente á 5.000,000 de leguas.
[91] Mariano E. de Rivero: Colección de Memorias Científicas, tomo I, pág. IV del «Prólogo.»
[92] Hay algunos diamantes históricos de mucho valor, que por su notabilidad merecen ser mencionados, pues las tradiciones que se refieren á ellos son fielmente guardadas.
El famoso é incomparable Diamante Rey, pesa 1730 carats; es del tamaño de un huevo de gallina, oblongo, proveniente de las minas del Brasil, pertenece á la Corona de Portugal: es estimado en la crecida cantidad de 23.000,000 de francos.
El Diamante Pitt ó Regente, de 136 carats, que pertenece á la Corona de Francia, es notable por su forma graciosa, por sus hermosas proporciones y por su perfecta limpieza incolora; pasa por ser el más bello diamante de Europa, pues está estimado en 5.000,000 de francos.
El Diamante Sancy, que pesa 106 carats, primero perteneció á Jacobo II de Inglaterra, despues á Luis XIV de Francia, en seguida á Luis XV y finalmente al Emperador de Rusia, está avaluado en 3.125,000 francos.
El Diamante Emperador de Austria, que pesa 139 carats, presenta un tinte amarillento, está tallado en rosa y de mala forma, y justipreciado en 2.600,000 francos.
El Diamante Orloff, de 193 carats, fué extraído y robado por un soldado francés, de uno de los dos ojos del ídolo de Seringham, del templo de la diosa Brahma, en Pondichery (Indostán) y adquirido por la Imperatriz de Rusia, en 2.160,000 francos.
El Diamante Rojo de rubí, de 160 carats, adquirido por el Emperador de Rusia Pablo I, es de forma perfecta, y está avalorado en 2.160,000 francos.
El Diamante Gran Mongol, que pesa 123½ carats, primero perteneció al Tesoro de Delhi, y en seguida al de Lahore: en 1850 las tropas inglesas, por derecho de conquista, se posesionaron de esta valiosa piedra y la obsequiaron al Rey de Inglaterra; su valor está estimado en 2.080,800 francos.
El Diamante Shah, que el príncipe Cosrhoés, hijo del Shah de Persia Abbas-Miza, regaló al Emperador de Rusia, es apreciado en 1.125,000 francos.
El Diamante Rajah, de Mátan, de 367 carats, que perteneció al Rajah de Borneo, está estimado en 735,000 francos.
El Diamante Pacha, que ha pertenecido al Pacha de Egipto, está tasado en 700,000 francos.
El Diamante Estrella del Sud, proveniente de las minas del Brasil, fué estimado en 120,000 francos.
El Diamante Nassah, está avalorado en 75,000 francos.
El Diamante Imperatriz, extraído de las minas del Brasil, perteneció á la Emperatriz Eugenia de Montijo, mujer de Napoleón III: es estimado en 50,000 francos.
El Diamante Duque de Toscana, de 139 carats, perteneció, primero, á Carlos el Temerario, que lo perdió en la batalla de Granzón; encontrado por un suizo, éste lo vendió á Ludovico Sforza, y por último llegó á poder de la Corona de Austria: está avaluado en 30,000 francos.
El Diamante Florentino, perteneció á los Grandes Duques de Toscana, y ahora pertenece á la Corona de Austria: está también tasado en 30,000 francos.
Algunos otros diamantes de mucho valor, son los siguientes:
Uno que perteneció á Napoleón I, que lo perdió en la derrota de Waterloo, cuyo importe era de varios millones de francos, y que recogido por un soldado prusiano, pertenece hoy á la Corona de Prusia.
Otro, de color verde esmeralda, de 540 carats, que forma parte de las alhajas de la Corona de Sajonia.
Otro, de color záfiro, de 680 carats, comprado para la colección de Mr. Hope, tasado en más de 1.500,000 francos.
Otro, perteneciente al Virrey de Egipto, estimado en 760,000 francos.
Otro, encontrado en el Brasil por un esclavo, cerca de Bogagem, avalorado en 176,250 francos.
Y algunos otros más, de altos precios, que no han llegado á nuestro conocimiento.
[93] La Cascarilla Calisaya tiene su historia. Refiere la tradición, que habiéndose enfermado gravemente Doña Francisca Enriquez de Rivera, esposa del Virrey del Perú Don Luis Gerónimo Fernández Cabrera Conde de Chinchón, una india sirvienta suya, secretamente le suministró los polvos de Cascarilla; que sorprendida la india, se trató de quemarla viva, por haber creído que trataba de envenenar á la Virreyna; más, hallándose ya en el cadalso, se le perdonó la vida en vista de la maravillosa curación de la enferma, reconociéndose entonces que el específico suministrado era el descubrimiento para la curación radical contra las fiebras malignas. En 1640, el Virrey Conde de Chinchón y su esposa volvieron á España, y el médico que los acompañó llevó á España una porción de Quina Calisaya, la cual vendió en Sevilla á 100 escudos la libra.
[94] Se calcula que las capas de Guano que cubrían el suelo de las Islas Chinchas tenían un espesor de más de 60 pies, y es tan exacto este cálculo, que lo demuestra el hecho de haberse descubierto á 62 pies de profundidad, un ídolo de piedra y tres vasos para agua. También á 33 y 35 pies, respectivamente, se han hallado otros ídolos de madera, que indudablemente datan de un período de tiempo más atrasado como el anterior hallazgo. El sabio Alejandro de Humboldt comprobó, en 1804, el hecho de que durante 300 años que trascurrieron desde la conquista española hasta el fin de la época colonial, sólo se habrían formado unas pocas líneas de guano; por consiguiente se pregunta: ¿Cuántos miles de años se han necesitado para formar esas capas de más de 60 pies de espesor de ese mismo Guano? Los geólogos calculan que se ha requerido á lo menos 864,000 años.
[95] Diodoro de Sicilia en su Historia Universal, describe así el origen de la Humanidad: «Los primeros hombres, en su ignorancia de las cosas útiles á la vida, llevaban una existencia miserable; estaban desnudos, sin abrigo, sin fuego y sin tener idea alguna de alimentación conveniente; no se preocupaban de coger los frutos silvestres y hacer de ellos una provisión para la mala estación, y por eso muchos morían de frío y falta de sustento. Pero, después, la experiencia los indujo á refugiarse en las cavernas, durante el invierno, y á almacenar los frutos que podían conservarse. En todas partes la necesidad ha sido el maestro del Hombre.»
[96] Quizá los habitantes de la Atlántida serían aquellos gigantes á que se refiere la Sagrada Escritura: «En aquel tiempo había gigantes sobre la tierra.» («Gigantes erant super terram in diebus illis»—dice el Génesis en su cap. VI).
[97] Después de incalculables centurias trascurridas desde la espantosa catástrofe de la Atlántida, el periódico «The Standard,» que es uno de los órganos más serios de Londres, anuncia la formación de una expedición de capitalistas, encabezada por un rico lord inglés, y que se embarcó en Liverpool con el propósito de hacer estudios para el descubrimiento de la sumergida Atlántida, y una vez conseguido, extraer los valiosísimos tesoros que encierra esa desaparecida, grande isla. Con tal intento, esos aventureros capitalistas llevaron varios submarinos y barcos-buzos, instrumentos, herramientas y demás implementos indispensables para la realización de sus proyectos. Semejantes aventuras prueban, evidentemente, que los capitalistas ingleses pueden llegar á engolfarse en empresas famosas para la ciencia, cuando el punto de mira es buscar tesoros inaccesibles...
[98] Algunos autores niegan que el Diluvio haya sido universal, y dicen, que aunque la Tierra hubiera sido cubierta de agua hasta la altura de algunas toesas ó brazas, las cimas de los más elevados montes y cordilleras quedaron descubiertas, salvándose allí muchos más hombres y animales que los que se salvaron en el Arca de Noé: de este principio deducen esos mismos autores que, aunque murieron la mayor parte de los vivientes, no todos fueron igualmente ahogados. Empero, aunque esta deducción parezca algo probable, no es posible afirmarla ni negarla del todo, porque carece de fundamento en qué apoyarla.
[99] Los Carios ó Cares, de cuya presencia en América hay bastantes vestigios, pudieron realizar en este Continente, se supone, la construcción y embellecimiento de algunos edificios, que, aún hoy, son la admiración de los modernos. Los Carios establecidos en las Cíclades y otras islas del Mediterráneo asiático, salían de allí para navegar en el Atlántico; siendo esa la razón que Diodoro de Sicilia tuvo para decir «que los Cartagineses siguieron las huellas de los Carios en los mares del Oeste.» Los Carios dejaron en la región ecuatorial de América, á más de su nombre, algunos signos arqueológicos; y, por último, una dinastía de su raza, que en otro tiempo imperó en el reino de Quito, uno de los tres distritos en que hoy está dividida la República del Ecuador.
[100] Mr. Buache, de la Academia de Ciencias de París, descubrió una cadena de montañas submarinas que se extienden desde el Cabo de Buena Esperanza hasta el Brasil, suponiendo el mismo autor que en tiempos anteriores esa cadena unía el Continente de Africa con el de América.
[101] El estrecho de Annian ó Behring está situado entre el Océano Glacial Artico y el Grande Océano (Pacífico), separa el cabo oriental al nordeste de Asia, del cabo del Príncipe de Gales, al nordeste de América. Tiene este Estrecho doscientos kilómetros de largo por ochenta en su parte más ancha. Lo descubrió, en 1728, el navegante dinamarqués Vitus Behring, que se hallaba al servicio de Rusia, en tiempo de Pedro el Grande. Por eso le dió su nombre, como también al mar de la parte septentrional del Pacífico, que se extiende entre el Kamtchatka, al oeste, la América al este, y las islas Aleutianas, al sud.
[102] Las islas Aleutianas ó Aleutas describen entre el Kamtchatka y la península de Alaska un arco de círculo que une casi el Asia y la América. Estas islas están divididas en varios grupos: las Aleutianas propiamente dichas, que son Atu, Agatu, Semitok; las Andreanoff, que comprenden veinte islas de sesenta ó ochenta kilómetros de largo; Krissió, isla de la Rata, Tanaga, Kanaga, la isla de los Siete Cráteres, Adahk, Tagilak, Atka; las Ostrova-Lisii ó islas de los Zorros, que son las más próximas de la América, Chumaghina, Unalachka, Unimak, Semidas, islas volcánicas y estériles; y Kodiak, que es la isla más grande de todas. Vitus Behring fué el que descubrió todas estas islas, en 1741, en su segunda expedición al Océano Glacial Artico.
[103] Esos geólogos afirman que en siglos remotos el Continente de Asia estaba unido con el de América por ese eslabonamiento de islas; pero la furia del elemento acuoso, puesto en acción por el del fuego subterráneo, ha trastornado esta extensión de islas encadenadas y diseminadas de trecho en trecho, de las que hoy existen, tan sólo, las denominadas de los Galápagos, á algunas leguas de la costa del Ecuador.
[104] Para dar una ligera idea de las transformaciones sufridas por el Planeta Terráqueo en la sucesión de tantos siglos, expondremos unos pocos hechos en apoyo de lo expuesto, no sin traer á colación los relatos de autores antiguos.
Ante todo, diremos, que la mayoría de los geólogos admiten, que los Continentes sufrieron, en las épocas que corresponden á la infancia de nuestro Planeta, grandes modificaciones, pues los actuales Océanos deben considerarse como antiguos Continentes desmoronados, y una parte de los Continentes actuales, como restos de pasados océanos; modificaciones que experimentaran, ya por la violencia de los terremotos y fuegos subterráneos, ya por el ímpetu de las olas marinas, ya por los muchos montones de arena y cieno acumulados por el mar, ya por el amontonamiento lapidífico que está extendido por toda la Tierra, ya, en fin, por las otras muchas causas ocultas, que han levantado el suelo en unas partes y deprimídolo en otras.
«Sabemos, dice Apuleyo, en su obra De Dogmate Platonis de Mundo, que Continentes han sido convertidos en islas, y que por la retirada del mar estas islas han sido unidas á Continentes.»
Según Séneca, en su Medea, «la isla de Tarasia surgió súbitamente sobre la superficie del mar, como también las islas de Sabrina y Julia, que desaparecieron poco tiempo después.»
El poeta Ovidio, en sus Metamórfosis, lib. XV, pone en boca de Pitágoras: «He visto lo que era anteriormente tierra firme trocarse repentinamente en mar; he visto, al contrario, tierras salidas del seno de las aguas.»
Plinio, en la Historia Natural, lib. II, caps. LXXX, XC y XCI, hace una larga descripción de las tierras abandonadas por el mar y de aquellas que han sido unidas al Continente; supone que el Mar Mediterráneo era, en otro tiempo, un país habitado, y que un violento desbordamiento del Océano, rompió esta comunicación y formó este mar.
Según tradición de los habitantes de Ceylan, esta isla fué separada de la costa de Coromandel por una irrupción del mar.
Las ciudades de Pirrha y Antusa también fueron sumergidas, y hoy la laguna Meotis cubre sus ruinas. Lo mismo aconteció con las ciudades de Helice y Bura, en el seno de Corinto.
Conste, igualmente, según la relación de antiguos escritores, que en un tiempo estuvieron unidas la Euboca (Negroponte) á la Boecia, la isla de Chipre á la Siria, la Leucosia al promontorio de las Sirenas.
También hay recuerdo del hundimiento de gran parte de la extensa isla de Ceos (hoy Cia ó Zea), una de las que forman el grupo de las Ciclades, en el mar Egeo.
Los habitantes de Malabar afirman que también fueron separadas las islas Malvinas y Sumatra, que en otra época hacían parte del Continente Asiático.
Parece probable que, en tiempos lejanos, la Inglaterra estuvo unida á Francia, y la Isla de Sicilia á Italia.
Algunos geólogos suponen que la configuración de las costas del Océano Glacial Artico ha variado considerablemente; que la altura de las más grandes montañas de la Tierra han disminuída, como las de la Asia Central, y que la Cordillera de los Andes surgió de las aguas y formó la costa del Pacífico.
Sin remontarnos á épocas tan lejanas, vemos que en los tiempos más avanzados, el Globo Terráqueo ha sufrido también mutaciones en su superficie.
En 1446 fueron sumergidos, por la irrupción del mar, más de doscientos pueblos de la Frisia y la Zelandia.
En 1663 un fuerte terremoto habido en el Canadá, desquició más de cuatrocientas leguas de terreno; en esa catástrofe chocaron unas montañas con otras; algunas, arrancadas totalmente de su sitio, fueron precipitadas en el gran río San Lorenzo; otras, se sepultaron en el seno de la Tierra, y una montaña de rocas de más de cien leguas de extensión, se hundió enteramente, dejando en su lugar una dilatada planicie. Después de este formidable terremoto han surgido ríos y lagos en puntos donde antes no había sino montes inaccesibles.
En fin, últimamente, en Enero de 1907, una inundación del mar hizo desaparecer la isla de Simalu, distante ciento veinte kilómetros de la costa de Sumatra y que tenía dos mil cien kilómetros cuadrados de superficie con unos ocho mil habitantes malayos.
El sabio naturalista Cuvier y los eminentes geólogos Maltebrun, Balbi, Reclus y Flammarióu, demuestran con argumentos científicos de valor, que la superficie del Globo Terráqueo ha experimentado frecuentes contrastes y variaciones producidas por el elemento acuoso, en combinación con el fuego central de nuestro Planeta, originándose, así, hundimientos y solevantamientos en su costra. Incuestionable es, suponer que la disposición exterior del Globo Terráqueo fué distinta, en tiempos remotos, de lo que ofrece hoy, pudiendo colegirse que entonces el Nuevo Mundo se hallaba unido á los Antiguos Continentes de Europa, Africa y Asia.
[105] Haremos una descripción sucinta de sólo dos principales ruinas ciclópeas de la América Septentrional, á fin de que se tenga una pequeña idea de lo que fueron esos antiquísimos monumentos prehistóricos. Cuanto á las ruinas que se hallan aún diseminadas en la América Meridional, nos ocuparemos de ellas en la segunda parte de esta obra.
Los arqueólogos que han visitado las ruinas de Mitla, cerca del pueblo de San Pablo. Mitla, en la provincia de Oaxaca, al extremo meridional de México, dicen que son de las más grandiosas que se conocen, y calculan que los cuatro palacios que existen allí fueron edificados en los siglos VII á XIII de la era actual, midiendo en conjunto una área superficial de 500 metros de Norte á Sur y 300 de Este á Oeste, superficie que equivale á 150,000 metros cuadrados: la ornamentación es uniforme y el material empleado, de piedra traquita, ó sea, roca volcánica, unida con cemento, ó mezcla de cal y arena, cuyo trabajo de albañilería es calificado como muy superior. Las columnas de esos palacios son monolíticas, cónicas, del diámetro de 80 á 90 centímetros en la base y 3 metros y 30 centímetros de altura: el adorno consiste en pinturas, mosáicas y esculturas, que causan la admiración de los viajeros. Al occidente de Mitla se encuentra, sobre la cima de un peñasco escarpado, una fortaleza que mide media legua de extensión, con varios ángulos salientes y entrantes y cortinas intermedias; en su frente, considerado accesible, hay doble muralla, de las que la una es curva elíptica y la otra, más elevada, en forma de tenaza: varios ingenieros que han visitado esta fortaleza, declaran no ser inferior á las europeas del siglo XII.
En el No 16 del tom. I del Magasin Universel, impreso en París y correspondiente al 6 de Febrero de 1834, encontramos los siguientes datos sobre el descubrimiento de las ruinas de Palenque: «En 1786 Carlos III, rey de España, mandó una expedición á México con el objeto de hacer investigaciones de las antigüedades mexicanas anteriores al descubrimiento de la América, principalmente de las de Palenque, investigaciones que entonces fueron infructuosas. Algunos años más tarde, una segunda expedición salió de España con el propósito de reconocer, con exactitud, los lugares explorados anteriormente; expedición que fué dirigida por el coronel Dupaix, secundado por Castañeda, encargado de la ejecución de los dibujos. Al llegar á la provincia de Tzendales, constataron la existencia de una ciudad desierta y en ruinas, de seis leguas de extensión, con edificios sólidos de una magnificencia sorprendente, con antiguos ídolos de granito y pérfido, pirámides, sepulcros subterráneos, hiladas de piedras labradas de seis pies de espesor, bajo-relieves colosales escultados sobre granito ó modelados en estuque, zodiacos, y, en fin, geroglíficos diferentes á los de Egipto, apesar de su similitud original; todo lo que atestigua la remota antigüedad de Palenque. Esta metrópoli, oculta durante siglos en medio de un extenso desierto, ha quedado desconocida hasta 1750, época en que el Gobierno español concibió la primera idea de la expedición científica que fué llevada á cabo en 1786, y luego seguida de otras dos. Estas tres expediciones costaron al Gobierno español la suma de 100,000 pesos fuertes, gasto que, empero, no ha resultado estéril para la ciencia. Ante la vista de tan maravillosas obras, salidas de las manos de los hombres, cabe preguntar: ¿de dónde vinieron esos hombres y quiénes fueron los que ejecutaron esas obras? La contestación es obvia, porque existen numerosísimas pruebas que manifiestan, evidentemente, que el Nuevo Mundo fué visitado por habitantes del Antiguo, algunos siglos antes de la expedición de Colón.» En 1750, cuando los Españoles descubrieron Palenque, quedaron asombrados al ver las ruinas de una ciudad, en otro tiempo tan extensa y magnífica, que tenía templos, altares, divinidades, esculturas y piedras monumentales que atestiguaban su alta antigüedad: los geroglíficos, los símbolos y los emblemas descubiertos en los templos, ofrecían tal semejanza con los de los Egipcios, que se supone que una colonia de esta nación fué la que fundó la ciudad de Palenque ó Culhuacan.
Empero, según varios historiadores, unos de los primeros habitadores del país de Anahuac ó México, fueron los Olmecos, que dejaron allí algunos monumentos ciclópeos, entre los cuales se citan los de Mitla y los de Palenque. Después, cuando estos Olmecos emigraron al Sud hasta el lago de Nicaragua, llegaron, en el año 544 de nuestra era, los Toltecos, que fundaron allí las pirámides, dieron al año solar una división más perfecta que la de los Romanos é imaginaron los signos geroglíficos. En 1051 emigraron los Toltecos á la parte meridional de América. En 1070 llegaron los Chichimecos, y en 1091 los Aztecas, que edificaron el Teocallí ó Casa de Dios y fundaron la ciudad de México, bajo el gobierno de nuevos reyes que fueron sucesivamente gobernando.
[106] En efecto, según tradición de los antiguos indígenas, el origen de las primitivas razas del Perú, aparece mezclada con la fábula.—"Al secarse las aguas del Diluvio, cuatro hermanos, llamados Aiarmanco, Ariarcachi, Ariarcucho y Ariarsanca, salieron de Pacaritambo (posada que amanece). Envidiosos de Ariarcucho, sus hermanos lo encerraron en una cueva; pero, los Andes se estremecieron, y el prisionero, hundida su cárcel, echó á volar con alas de brillantes colores; perdonó á los fratricidas y les ordenó proseguir en la fundación de una ciudad."
La tradición de los Kechuas también está fundada con la fábula, "Huirakocha, después de crear los Cielos y la Tierra, formó los primeros hombres, que en castigo de sus maldádes, fueron convertidos en piedras; como en todo el Universo apenas había algo de luz, Huirakocha hizo el sol y las estrellas, modeló unas estátuas en las que inspiró la vida, y comenzaron á caminar hacia el Perú, cuyo país se repartieron."
[107] El primitivo nombre de Tiahuanaco, al parecer de algunos historiadores antiguos (Betanzos y P.P. Cobo y Oliva), sería «Chucará», «Taipikalá» y «Huañaymarca», respectivamente. Pero el verdadero nombre de este lugar, tal como lo pronuncian los aborígenes, sería «Titihuahuanacu». El hecho cierto es, que la denominación primitiva, la verdadera denominación que tuvo la ciudad prehistórica, há quedado perdida por siempre.
[108] Lás ruinas de Quelap, que se suponen una fortaleza, deben haber sido un monumento grandioso, á juzgar por su extraordinaria extensión: situádas en el departamento de Amázonas, á 2699 metros sobre el nivel del már y á 6°25′ de latitud Sud y 8°8′ de longitud Oeste de París, esas ruinas constan de una extensa muralla de gránito de 1008 metros de largo, 156 de ancho y 142 de alto, sobre lá que hay otra muralla de 168 metros de largo, 140 de ancho y 42 de álto: ambas murallas son de piedra labrada y tienen varias puertas.
[109] Hoy sobreviven aún algunos fragmentos de esa raza, que permanecen en la mayor ignorancia y embrutecimiento, completamente indiferentes á los adelantos de la civilización actual.
[110] Oklla y no Okllo, como escribe la mayoría de los autores, porque Mama-Oklla, en quechua, significa «madre cariñosa, que abraza en su seno» ó «regazo de madre.»
[111] El Emperador de la China, con un ceremonial patético, no desdeñaba (hasta ayer no más, en que el Imperio transformóse en República) labrar la tierra con sus propias manos: cada año al celebrarse una fiesta señalada, daba á sus súbditos, este hermoso ejemplo. Al efecto, en el templo más grande de Pekín, ofrecía préviamente un sacrificio al dios de la Madre Tierra, en seguida, revestíase de un traje de labrador, y conduciendo una yunta de bueyes con las astas doradas y atádos á un arado de plata pintado de carmesí con filetes dorados, abría surcos en una pequeña extensión de terreno del recinto de ese mismo templo. Durante su trabajo, la Emperatriz, acompañada de sus damas de honor, en un departamento inmediato, preparaba una frugal colación, que le llevaba y tomaba en su compañía. Los antiguos Chinos instituyeron esta ceremonia para recordar á sus monarcas, que las rentas públicas sobre las que se funda su poder, provienen del trabajo y sudor del pueblo, y que no deben ser invertidas en el fausto y el despilfarro, sino aplicadas á las necesidades del Estado.
Llama mucho la atención la analogía de ese ceremonial con el celebrado por los Emperadores Peruanos; hecho que dá fundado márgen para suponer que la civilización incáica deribabá de la China, y que los Incas practicaban ese ceremonial con idéntico fin que los monarcas del Celeste Imperio, es decir, tanto para dar á sus súbditos el ejemplo de que deben dedicarse al trabajo de la agricultura, cuanto para simbolizar que el producto de ese trabajo debe emplearse en las necesidades de la comunidad únicamente.
[112] Planta enredadera y trepadora cultivada en algunos parajes de la China, cuyas hojas mascan habitualmente los naturales del país.
[113] Lo que prueba la existencia, en la antigüedad, de las continuadas islas á que hace referencia el conde Carli, es que los mismos conquistadores españoles, al arribar á las costas del Pacífico se cercionaron por las relaciones uniformes de las diversas tribus situadas desde Guayaquil hasta Arica, que sus antecesores habían venido desde lejanas tierras por las innumerables islas que existían en todo ese mar, y que desde esas costas remotas habían navegado á esas numerosas islas, cuyos vestigios, se presume, sean las que quedan hoy conocidas con el nombre de Galápagos, distantes como unas cien legues de Guayaquil, islas que, según asevera el almirante inglés David Dampier—se dilataban desde un grado de latitud septentrional hasta cinco de latitud meridional, contando, algunas de ellas, de ocho, diez y más leguas de longitud; unas altas y otras bajas, unas con ríos de agua dulce y otras sin ésta, unas estériles y otras fecundas; formando todas ellas un inmenso archipiélago.» A lo cual, agrega el mismo almirante en su relación publicada en la «Gazzetta Americana», que, «según han ido pasando los años, se han ido perdiendo y desapareciendo muchas de aquellas islas, quedando de ellas solo catorce.» Todas estas islas diseminadas ántes en el Océano Pacífico, inducen á creer que sirvieron de escala, en épocas remotas, á los originarios del Asia para arribar á las costas meridionales del Contínente Sud-americano.
[114] Armenia, en el Asia Occidental, es la vasta región montañosa de las elevadas mesetas que comprenden las cuencas superiores del Anaxes, del Eufrates, del Tigris y del Tchorcuk: confina, al Norte, con la Georgia y la Mingrelia, al Oeste con el Eufrates, al Sud y al Este con el Kourdistan y el Aderbijan. Se considera la Armenia como uno de los países más bellos de la Tierra, y, en tal concepto, los geólogos antiguos colocaron en ella el Paraíso Terrenal.
[115] Los ejemplares de esos artefactos de cerámica que han llegado hasta nosotros, son tan perfectos y tan bien conservados, que parecen recién elaborados, razón por la cual son muy apreciados por los anticuarios.
[116] Esta piedra, que es una obra de arte de la extinguida civilización de los Chimús, cuyo mérito artístico fué reconocido por el señor José Toribio Polo, que la encontró en Chavín de Huantar, en 1874, se halla actualmente en Lima, traída á esta capital por el Gobierno, quizá á indicación de este sabio arqueólogo, donde se halla en exhibición pública en el vestíbulo del Palacio de la Exposición. La piedra mide 1 metro 95 centímetros de largo por 76 centímetros en su parte más ancha, siendo su espesor de 17 centímetros y el relieve del dibujo de 5 milímetros, representa un hombre ó ídolo deforme, rodeado con muchas culebras: el todo es muy notable por la finura, regularidad y simetría del dibujo, cuyo artista la exculpió sin hacer uso de herramientas de hierro, pues que en aquel tiempo los indios no conocían el uso de este metal.
[117] La etimología de Tiahuanaco, según algunos autores, que refieren que un Inca que llegó á ese lugar, llamado entonces Chucagua (ciudad de piedra), recibió un correo á pié (chasque), el cual llegó mucho antes de lo que se le esperaba. Asombrado el Inca, le dijo: Tihuai,—guanaco (siéntate, guanaco) comparándole con el cuadrúpedo más veloz que conocían los peruanos.
[118] Es casi inverosímil, que la protocivilización de Tiahuanaco, que era en esa época lejana, el foco de la cultura peruana y americana, se hubiera dejado avasallar por los bárbaros Aymarás. Pero toda hipótesis cabe en el destino de las naciones, pues la Historia, en sus páginas innúmeras, ofrece algunos ejemplos de grandes imperios y reinos que, después de haber sido florecientes ó poderosos, se derrumbaron trágicamente. Los hechos que han acontecido posteriormente en el mismo Perú y en México, con la conquista española, parecen en sí mismos fabulosos, pues no se concibe como un puñado de aventureros lograran conquistar esos dos grandes imperios.
[119] La gran revista mexicana «Revista de Revistas,» con el rubro de Valioso descubrimiento en el Perú, trae el siguiente suelto:—«El anticuario inglés Mr. Hewit Myring hizo recientemente uno de los descubrimientos más valiosos, relativos á la historia del Perú. Colectó en un antiguo cementerio de indios, más de dos mil especímenes de obras de barro y armas de los antiguos peruanos. Mr. Myring encontró debajo de una huaca de Incas, en una de las exploraciones que hizo en los montes á una distancia de doscientas millas al interior de Lima (valle de Chicama), restos y reliquias de la raza de los Chimús, objetos que, según los arqueólogos, datan de seis á siete mil años antes de Jesucristo. Cada tumba contenía restos de alimentos en jarras vidriadas de arcilla. La parte más valiosa de este descubrimiento de antigüedades, se compone de grandes urnas, algunas de las cuales tienen hasta seis piés de alto y son tan pesadas que requieren tres hombres para llevarlas en peso. Se las encontró sepultadas al lado de las momias, y la mayor párte de ellas llevaban esculpido el rostro del muerto ó de la muerta, tallado con suma destreza, ya en la parte superior de la urna, ya en un macizo pedestal inferior.»
Todos estos objetos, en número de setecientos, han sido incorporados al Museo Británico de Londres; los notables arqueólogos ingleses Mr. Clemente Markham y Mr. C. Read, han declarado que esos hallazgos, en su calidad de obras de arte, son superiores á las antigüedades asirias y egipcias, y su estilo llega á la perfección del gusto griego arcáico. Estas interesantes reliquias de los Chimús acreditan, y así se dice, que les era desconocido el caballo, pues las personas van montadas sobre el ancho lomo de un animal cuya cabeza es parecida á la de un ciervo, asemejándose el cuerpo al de un tapir. También se nota que las armas que usaban eran, la azagaya ó pequeña lanza arrojadiza, la maza y el escudo. Asímismo se colija que eran aficionados á la música, como lo demuestran los muchos instrumentos musicales encontrados. La moda, igualmente, había llegado en este pueblo á la alta perfección, á juzgar por la gran variedad de tocados y peinados que llevaban las figuras de las vasijas. Eran aficionados á los animales, como las aves y cuadrúpedos, antílopes, mochuelos, zapos, grullas y cigüeñas, según se nota en la ornamentación de las figuras halladas. En la plástica alcanzaron la perfección, pues se notan cabezas con los ojos semicerrados y la boca torcida por grotesca sonrisa ó verdadero dolor; otras tienen ojos grandes, inteligentes, que miran debajo de cejas pobladas, la nariz bien proporcionada, y la boca de corte expresivo. Pero, lo más extraordinario de todas estas figuras, es la representación más antigua que se conoce, de la leyenda de Prometeo, representada por una figura humana, atada á una roca, y en cuyos intestinos hunde su pico un águila».
Todos estos objetos son de un valor inapreciable, y lástima grande es, que esa valiosa colección, en lugar de figurar en el Museo Británico de Londres, no figure en el Museo de Lima. Por eso, y á fin de evitar en lo sucesivo semejantes escandalosos despojos, el Gobierno del Presidente don Augusto B. Leguía, en 1911, expidió un decreto, prohibiendo, en adelante, la extracción de antigüedades peruanas.
[120] Los relatos de Montesinos han sido acogidos, hasta ahora, con cierta desconfianza; pero tienden á rehabilitarse con las indagaciones practicadas últimamente por los sabios. Al terminar sus Memorias antiguas historiáles y políticas del Perú, protesta que en su obra «no hay cosa fingida, sino datos sacados de quipus y de memorias antiquísimas que me he dado el trabajo de examinar instruyéndome de todo.»
[121] Ccapacc, en lengua Quechua, significa grande, poderoso.
[122] Los antiguos cronistas y modernos historiadores están en desacuerdo sobre la duración del período del Imperio de los Incas, aún del reinado de cada uno de ellos. Uno de estos cronistas, cree que el Imperio duró tan solo 200 años otros, de 300 á 400; otro, 350; otro, 362; otro, de 500 á 600; en fin, otro, 565 años. Nosotros, según la generalmente admitida cronología del reinado de cada uno de los Incas, creemos que la duración del Imperio Incáico fué de 511 años, desde 1021 hasta 1532, año en que dejaron de reinar los dos últimos monarcas, Huáscar y Atahualpa, muriendo el primero en ese mismo año, y el segundo al año siguiente. Cuanto á la duración del reinado de cada Inca, también los cronologistas caen en discrepancias, no faltando alguno (Sarmiento de Gamboa), que dá á algunos soberanos una vida de centenarios, como Manco-Ccapac, que, dice él, murió de 144 años, después de un reinado de 100.—También hay discordancia entre los historiadores antiguos tocante al orden en que gobernaron los Incas, y aún introducen cambios en los nombres de esos monarcas. Todos estos diferentes pareceres producen lamentable confusión en la historia de esos soberanos.
[123] La extensión territorial del Imperio, debido á las muchas conquistas realizadas por los Incas, llegó á ser mayor que la que tuvieron los Romanos en su mayor apogeo. Por el Ccollasuyo, ocupaba desde la parte meridional del Cuzco y la altiplanicie del Calloa, hasta las tierras denomidas hoy San Miguel de Tucumán y Santiago del Estero, y toda la región andina de Jujuy, Salta, Catamarca, Rioja, San Juan de Mendoza, hasta el río Maule. Por el Antisuyo el poder incáico llegó hasta Laracaja y Carabaya, la cuenca del río Toro y los valles longetudinales en más de cuarenta leguas. Por el Ccuntisuyo, comprendía las tierras entre el Apurimac y el Pachachaca, hasta Pampas, y lá cadena occidental hasta la costa marítima. Por el Chinchaysuyo, solo llegó el poder de los Incas hasta Huánuco y por la sierra hasta Pasto. Se calcula que la población de Tahuantinsuya, cuando la conquista española, llegaría á más de 10.000,00 de indígenas, población que fué disminuyendo casi en sus dos terceras partes durante la época colonial.
[124] Paullu-Tupacc, convertido á la religión cristiana y bautizado con el nombre de Cristóbal, murió en el pueblo de Ccollccampata, cerca de Cuzco, en 1549. Manco-Inca fué investido honoríficamente por Francisco Pizarro con la dignidad imperial, en 1534; pero viéndose engañado, se retiró al pueblo de Yucay, tramando allí una sublevación, en la que la existencia de los conquistadores estuvo en inminente peligro, cuya sublevación fué al fin, adversa á los Peruanos, teniendo Manco que huír á las montañas de Huillcapampa (en 1557), donde fué muerto traidoramente de un balazo, por un soldado español á quien él había colmado de beneficios.
Su hijo Sayri-Tupacc, se coronó en Huillcapampa: á instancias del Virrey don Andrés Hurtado de Mendóza, salió de las montañas, á Lima, á donde le hicieron una grande recepción, presentándole las mercedes que el Rey de España le concedía, á lo que Sayri-Tupacc hizo una demostración sugestiva ante todos los asistentes. Arrancó un hilo de la sobremesa y dijo: «Si toda esa sobremesa es mía, ¿qué merced es la que se me hace dándome este hilo?» Sin embargo, le obligaron á abdicar sus derechos al Imperio, en favor de la Corona de Castilla (1560), otorgándole, para su mantenimiento, la provincia de Urubamba y el valle de Yucay. Sayri-Tupacc se retiró á este último punto, habiendo recibido préviamente el bautismo, con el nombre de Diego. Murió á los tres años, apesadumbrado por la abdicación que había hecho, y dejó una hija, doña Beatriz Ñuzta, que casó con Martín Loyóla, sobrino de San Ignacio de Loyola.
Gabriel Tupacc-Amaru, hermano de Sayri-Tupácc, se coronó en Huillcapampa. El Virrey don Francisco Toledo le llamó con engaños al Cuzco, prometiéndole las mercedes que se habían concedido á su hermano; pero se negó á aceptarlas. Viendo el Virrey que Tupacc-Amaru se resistía á sus falsas promesas, mandó hacia él una partida de soldados, capitaneados por Martín Loyola, quien apresó al Inca y su familia. En el Cuzco fué encarcelado, cargado de grillos y cadenas, y se le formó proceso criminal, acusándole de delitos que no había cometido, porque el ánimo del Virrey era estirpar, del todo, la dinastía incáica: Gabriel Tupacc-Amaru fué condenado á ser descuartizado, cuya ejecución se llevó á cabo el 17 de Mayo de 1579, en la plaza del Cuzco, del modo más inhumano y bárbaro: á la vez fueron también ejecutados, ese mismo día, su esposa, Micaela Bastidas, sus hijos Dámaso é Hipólito, sus cuñados Antonio y Miguel Bastidas y diez otros jefes ó consejeros suyos. Mariano Tupacc-Amaru y Diego Tupacc-Amaru, hijo, el primero, y hermano, el segundo, de Gabriel, fueron fingidamente embarcados para España, pero en alta mar, asesinados, y sepultados en el abismo.
Así terminó, con los Tupacc-Amáru, la dinastía incáica en el Perú, después de conservar aun ésta, su dominio, en aquellas apartadas regiones, durante cuarenta y cinco años (desde la finjida coronación de Manco-Capacc, en 1534, hasta la ejecución de Gabriel Tupacc-Amaru, en 1579).
[125] El vasto Imperio Incáico se extendía, por la costa, desde el 2° grado de latitud Norte hasta el 37° de latitud Sud, es decir, desde el río Angusmayu, que separa la provincia de Quito de la de Pasto, hasta el río Maule, que forma el límite de Chile, ó sea una extensión de 1300 leguas de longitud; y por el interior, se dilataba al otro lado de la Cordillera de los Andes, hasta los confines de las tribus salvajes, teniendo en su parte más ancha, 120 leguas, desde el río Juanambica hasta el Pilcomayo, y contando, así con regiones dilatadas y muy ricas, que abrazaban todos los territorios de las actuales repúblicas del Ecuador, Perú, Bolivia y la parte Norte de Chile, hasta el Tucumán.
Estaba dividido el Imperio Incáico en cuatro partes ó regiones, y se denominaba Tahuantinsuya, designación que los Españoles suplantaron por la del Perú, quizá por el nombre de un pequeño río del Norte. Las cuatro regiones del Imperio eran: Antisuyu, al Este; Continsuyu, al Oeste; Collasuyu, al Sud; y Chinchasuyu, al Norte. Cada una de estas regiones tenía un camino estenso que partía desde la capital, Cuzco, y atravesaba los cuatro puntos cardinales. Estas regiones se dividían en provincias, y éstas, á su vez, se subdividían en porciones de á 10,000 habitantes, bajo el mando de un jefe ó gobernador.
[126] Las famosas ruinas de Tiahuanaco están situadas á 12,200 piés de elevación sobre el nivel del mar, ó sea, á 36 piés más elevados que la laguna de Titicaca, que es considerada la más alta del Globo, con la particularidad de que nunca se congela apesar de su extraordinaria altura. Tanto la ciudad emplazada á tan gran altura, y que ofrece al mismo tiempo las construcciones antiguas más imponentes de toda la América, cuanto la laguna de Titicaca, que igualmente se halla á tan gran altura, son hechos que llaman mucho la atención de los arqueólogos y geólogos. El nombre primitivo que tuvo esta ciudad misteriosa de Tiahuanaco, ha quedado perdido. Los Aymarás, después, le han puesto el nombre de Tiahuanaco, cuya etimología sería Titihuahuanacu, que significa «los hijos del jaguar ó Titi».
[127] Varios historiadores y algunos otros autores hablan de la traslacion de esas piedras desde las canteras hasta Tiahuanaco. Cieza de León, en el cap. CV. de su «Crónica del Perú», dice que «esas piedras debían haber sido traídas de grandes distancias y con muchas dificultades;» sin especificar esas circunstancias.—El Licenciado Polo de Ondegardo, en la pág. 171 de sus «Relaciones de Antigüedades Peruanas,» afirma que «esas piedras se encontraban á distancia de cien leguas.» Alcides D'Orbigny, en el tom. III, cap. 1, pág. 346 de su Voyage á l'Amérique du Sud, infiere que «los grandes bloques antecíticos dispersos entre las ruinas y la orilla del lago Titicaca, demuestran el camino por el que fueron traídas como material de construcción de Tiahuanaco.»—Jorge Squier, en su obra Incidents, travels and explorations in the land of the Incas, participa de la misma opinión de D'Orbigny.—Juan Diego Tschudi, en la pág. 65 de su obra Raisen in Sud America, asienta que «esas piedras han sido extraídas del volcán Kaijappia y que fueron trasportadas por tierra por la vía de Zepita y el Desaguadero.»—Posteriormente, el señor Arturo Posnausky, en su interesante trabajo «Petrografía de Tiahuanaco,» publicado en el tom. V de la «Revista de la Sociedad Geográfica de la Paz», cree haber comprobado que esas piedras proceden efectivamente del volcán apagado Kaijappia, situado en el istmo de Yunguyo, á 1648 metros de elevación sobre el nivel del lago Titicaca, volcan cuyas cumbres están hoy cubiertas de nieve perpétua y que hacen muchos siglos formaban dos cráteres que arrojaban desde las entrañas de la tierra cenizas, lavas y grandes bloques antecíticos.» El señor Posnausky dice que en las cumbres de dicho volcán, cuyo cráter principal tiene un diámetro de trescientos metros, se ven aún las señales del trabajo plutónico que ejecutaron los antiguos Tiahuanaquenses para extraer dichas piedras; que hoy este cráter está convertido en una laguna profunda que recibe las aguas de las nieves derretidas de las alturas; que en dicho cráter se encuentra una boca-mina abandonada cuya entrada fué trabajada sólidamente, en ese tiempo, por esos mismos Tiahuanaquenses; y que ese cerro contiene casi todo el material de que se han servido éstos para sus construcciones ciclópeas. Después de ocuparse el señor Posnausky de la procedencia de esas piedras, describe la manerá como se han trasportado desde el volcán Kaijappia hasta Tiahuanaco, opinando que indudablemente, en aquella época, se estendía un brazo de agua en todo el trayecto que media entre el lago Titicaca y Tiahuanaco; que aún se encuentran en este último lugar el muelle y desembarcadero, y á cincuenta pasos de éste, las piedras desembarcadas que los constructores referidos comenzaron á labrar. Se han trasportado dichas piedras, según asevera el señor Posnausky, mediante grandes balsas de totora construídas con ochroma picatoria (palo de balsa) que se encuentra en los Yungus, necesitándose, para la construcción de ellas, más de tres mil kilos de ese palo ó sean setenta troncos de diez metros de largo y veinte de espesor. El trayecto de Kaijappia á Tiahuanaco, dice, es de cuarentaicinco kilómetros, que se pudo haber recorrido en veinticuatro horas. Cuanto á las moles de que hablan D'Orbigny y Squier, le parece al señor Posnausky, que procedían de balsas que naufragaron, hundiéndose con su pesada carga, «Las piedras desparramadas entre la orilla del lago y las minas, no son, en ningún caso, piedras cansadas, cual las califica Garcilaso, porque su peso es comparativamente muy pequeño para que fueran abandonadas por no tener como trasportarlas.»
[128] La existencia de estos gigantes, en tiempos remotos, es también testificada por las tradiciones indígenas
[129] Estos gigantes eran de talla tan extraordinaria, que, según Cieza de León en la primera parte de su «Crónica del Perú», cap. III, «los indíanos de talle común les llegaban á las rodillas.»—El P. Acosta en su «Historia Natural», cap. XIX, dice: «aquellos gigantes eran tres tantos mayores que los indianos de ahora.»—Gomara en su «Historia general de América», cap. CXCIV dice también: «que las estátuas de piedra hechas por ellos, halladas por Francisco Pizarro en Puerto-Viejo, tenían la medida de algo más de ocho varas, que es la que corresponde á todos los esqueletos hallados en los sepulcros de la provincia de Guayaquil, y los esqueletos que se hallaron más tarde en las cercanías de Trujillo, correspondían al mismo tamaño, siendo cada diente tres dedos de grueso y cuatro de largo.»
[130] El presbítero Velasco, en su «Historiá del Reino de Quito», lib IV, párraf. VI, pág. 159, refiere el hecho, que él mismo presenció, del desentierro de un esqueleto gigante, en Ríobamba, aseverando que «al fabricar uná casa, en 1735, los albañiles encontraron un grandísimo sepulcro de muy remota antigüedad, tardando todos los trabajadores algunos días en ir sacando las osamentas, que se reputó de más de 4000 cuerpos de los gentiles indianos que debieron morir en alguna guerra de las que mantenía siempre la nación de los Pirhuayos con las de las costas del mar. Entre aquellos esqueletos se descubrió uno todo entero, cuyas canillas tenían dos varas cumplidas y cuyo cuerpo todo fué reputado en más de treintidos palmos ó más de ocho varas.»
Últimamente, haciendo unas excavaciones para descubrir una antigua ciudad azteca, en México, se han encontrado en el distrito de Tlaplum, el esqueleto de un gigante prehistórico, al que los sabios mexicanos le asignan doce piés de alto. Se cree que el esqueleto de este gigante corresponde al legendario Quetzacoallto, uno de los progenitores de la raza Azteca; pero esta creencia no pasa de ser una hipótesis ó mera suposición, algo aventurada, porque ningún dato histórico la comprueba.
[131] El célebre navegante Cook, que ha visitado la Isla de Pascuas ó Vai-Hu, también llamada Rapanui ó de Davis, que se halla á 27° grados de latitud meridional, y 112° de longitud Este, distante como cien leguas de las costás del Perú, dice:
«Esta isla tiene apenas cuatro leguas de largo y tenía en otro tiempo una población de tres mil habitantes, encontrándose en ella huellas de una civilización prehistórica casi grandiosa. Hay en ella, agrega, innumerables estátuas gigantescas de piedra perfectamente labrada, de veintisiete piés de altura, colocadas sobre sus respectivos pedestales, é idénticas á las que se hallaron en Manta, en el Ecuador, suponiéndose que fueron obras de los gigantes que vivieron allí, y que han dejado otros monumentos y estátuas aún más sorprendentes y soberbias que se encuentran en Tiahuanaco, que indudablemente fueron también obras de esos mismos gigantes.» Dicha isla fué descubierta por el célebre navegante inglés Juan Davis, en 1686, reconocido por el almirante holandés Roggewein el día de Pascuas, en 1722, y visitada por Cook en 1774 y por La Pérouse en 1785.
[132] Parece que también en las provincias de Córdova y Rioja han habido gigantes, pues en esos lugares se han encontrado algunos huesos y cráneos de proporciones extraordinarias.
[133] Betanzos en su «Suma y narración de los Incas Capacunas,» le dá el nombre de Taipikala, y Posnauski el de Huiñuymarca. Pero sea el nombre que fuere, esa divergencia de interpretaciones no tiene importancia alguna, siendo estéril entrar en discusión á este respecto, porque nadie sabe cuál fué el idioma de los constructores de estas ruinas; de consiguiente, el primitivo y verdadero nombre que tuvo la ciudad prehistórica ha quedado para siempre perdido.
Empero, no queda duda que el nombre de Titihuahuanaco, (que se supone de origen aymará), como lo pronuncian los indios Aymarás, significa «los hijos del jaguar.»
Además, como lo ha dicho el señor Belisario Díaz Romero (en el diario «La Nacion» de Lima del 17 de diciembre de 1913) es probable que la palabra Tiahuanaco tenga su origen del idioma anti ó andino, que es anterior al Aymará, como también la raza Anti lo es de la Aymará.
[134] «Boletín de la Sociedad Geográfica de Lima», tom. XV, págs. 280 y 281, correspondiente al 30 de setiembre de 1904.
[135] En los cráneos dolicocéfalos, la cabeza presenta desde arriba la forma oval, truncado por delante, longitud aumentada posteriormente por una protuberancia occipital saliente; su mayor anchura se encuentra algo delante de las fosas parietales que se hallan en la base del cráneo. En los cráneos braquicéfalos, la cabeza, en vez de ser redonda, parece cuadrada, con los ángulos redondeados y la extremidad anterior más pequeña que la posterior.
[136] Desde el siglo XV ha permanecido esa ciudad completamente oculta, por hallarse cubierta de bosques; en ella no ha posado la planta del conquistador, y, por consiguiente, no fué objeto de profanación, destrucción y especulación de la codicia de los aventureros del tiempo de la conquista, ni aún de los especuladores de la larga época del coloniaje. Empero, la existencia de Choqquequirau fué conocida desde algún tiempo á la fecha, pues es notorio que por los años 1870 á 1874, el señor José Benigno Samanez, al frente de una expedición, se propuso llegar á ese sitio; pero su proposito le salió frustrado, porque entonces no pudo abordar á él por las dificultades de los caminos inaccesibles. Posteriormente, el doctor don Julio Césár de Piérolá, prefecto de Apurímac en los anos 1897-98, concibió también la idea de llegar á esas tierras, y, al efecto, hizo abrir un camino y construír una oroya sobre el Apurímac (especie de puente de un solo alambre con una canasta que puede contener tres personas), la que facilitaba el tráfico; pero los acontecimientos revolucionarios de esa época y su separación de la prefectura, ahogó la empresa cuando faltaba poco para tocar á su término. Últimamente, el señor Jorge Alejandro Ballón, formando al efecto una sociedad exploradora, fué quien obtuvo el éxito deseado, pues vencidas las innumerables dificultades que se presentaron, se pudo descubrir esta misteriosa ciudad, y se logró pisarla, quedando deslumbrados todos ante la magneficencia de las construcciones, como, asímismo, por el elegantísimo mobiliario que decoraba sus habitaciones, y con el cual formaban contraste los cadáveres hallados en las actitudes que se encuentran generalmente los de la época incáica. El descubrimiento de esta ciudad antiquísima ha despertado el más vivo interés entre los hombres científicos, por los datos históricos que puede suministrar y por los estudios arqueológicos que en ella sea dable efectuar.
Felizmente, el estudio de las antigüedades peruanas van adquiriendo cada día mayor importancia. Las muchas ruinas diseminadas en los territorios del Perú y de Bolivia, són considerados como verdaderos tesoros de riqueza artística, y quizá, más tarde, esos dos territorios reservan á los exploradores aún mayores sorpresas arqueológicas, que las que se han descubierto hasta el día.
[137] Estas construcciones ciclópeas van destruyéndose poco á poco, por la incuria de las autoridades, quienes no tienen en cuenta que aquellos monumentos son patrimonio de la Historia peruána, y que la civilización universal, por su solidaridad en el arte y en la ciencia, las reclama.
[138] Los etnógrafos opinan que las razas americanas esparcidas en todo el Nuevo Continente pueden dividirse en secciones diferentes.
Así, la parte oriental de este Continente fué poblada por una raza que, según Bory de Saint-Vincent, probablemente salió de las vertientes de los montes Allegany y de los Apaches de la hoya del río San Lorenzo: las emigraciones de estos pueblos pasarían á las Floridas, y de allí al mediodía, ocupando las regiones de México, Antillas, Tierra-Firme, Guayanas, y el territorio de Cumana: esta raza es originaria de los Pieles-Rojas, que se han extinguido por el poder absorbente de los Yankees. Los indígenas de Yucatán y de Honduras, los Caribes y los Galibis tienen analogías marcadas con esta raza oriental, pues como ella, son de cuerpo bien formado, y ágiles; su cabeza prolongada es bien conformada; su cara es ovalada (dolicocéfala), que son los cráneos cuyo diámetro antero-posterior es notablemente mayor que el transversal; la frente deprimida; los cabellos negros, gruesos y lucientes; y el color de la piel cobrizo.
La raza meridional de una parte sud del Contínente Americano, como la hoya superior del Orinoco, la hoya del Amazonas, el Brasil, el Paraguay y la Araucania, tienen, según Augusto de Saint-Hilaire, caracteres que recuerdan la raza china: la cabeza redonda (braquiocéfala), que son los cráneos cuyo diámetro antero-posterior difiere muy poco del transversal, muy voluminosa, hundida en las espaldas por ser el cuello corto, y pesada y aplanada por el vértice; la frente ancha, muy deprimida; los pómulos salientes; los ojos pequeños; la nariz achatada; los labios gruesos; la boca grande; los cabellos negros, lisos y rígidos; y la piel de color de cuero curtido. Los indígenas de las costas occidentales eran diferentes á los del resto del Continente, no solamente por sus caracteres orgánicos, sino también por sus costumbres, y su avanzada civilización, como lo comprueban las naciones de México, del Perú y de los Chibchas, que eran pueblos muy adelantados.
Por consiguiente, según las observaciones craneoscópicas de los etnógrafos citados, éstos demuestran que el tipo originario y común de la América del Norte fué el dolicocéfalo, y en la América del Sud el braquiocéfalo. Aunque esos caracteres craneoscopicos no tienen valor absoluto en las clasificaciones de las razas, son de una grande importancia en el estudio de éstas, unidos á los demás elementos étnicos que las caracterizan.
El doctor Retzius hace de los cráneos humanos la siguiente división:
| Dilococéfálos | { | Puros | índice menor que 75 | por 100. |
| Subdolicocéfalos, | entre 75 y 77·5 | por 100. | ||
| Mesaticéfalos | entre 77·6 y 77·9 | por 100. | ||
| Braquiocéfalos | { | Subdolicocéfalos, | entre 80 y 84·9 | por 100. |
| Puros | entre 85 y más | por 100. | ||
[139] La religión de los indios peruanos preincáicos consistía en reconocer una triada ó trinidad de dioses, que eran:
Con ó Kon.—En los tiempos primitivos del Perú creían los indígenas en un dios, al que dieron el nombre de Con ó Kon, que era la personificación del Trueno, del Temblor, de las Tempestades, pues se manifiesta por los sacudimientos de la costra terrestre, á la vez que por las erupciones volcánicas: por consiguiente era, para esos indígenas, un dios malo, que tan solo veneraban para aplacar su ira.
Pachaccamak.—Los indíos de la costa rendían culto á Pachaccamak, que en la mitología peruana fué considerado como un dios misterioso que animaba y fecundizaba la tierra: el templo de este dios, que era considerado como un oráculo, estaba situado en el valle de Lurín, cerca de Lima, y el culto que se le rendía era algo cruento, pues se le hacía sacrificios humanos.
Huirakocha.—Para los indios, era el dios del Agua, y autor de todo lo creado, como el Sol, la Luna, las Estrellas, el Orbe todo, los Hombres y demás séres mitológicos indianos.