§ II
Para terminar esta primera parte del presente trabajo, nos concretamos á emitir nuestra humilde opinión tocante al origen de los Indios de América, con las siguientes conclusiones que apoyamos en testimonios ó con citas de respetables autores.
1.a
La cosmogonía de América se halla envuelta en tinieblas; pero es indudable que este Continente, durante su período prehistórico, ha tenido, como los demás del Antiguo Mundo, dos épocas: antediluviana y postdiluviana.
Creemos que la raza primitiva ó antediluviana fué autóctona, formada en este mismo Continente, cuando las condiciones de calor y humedad en que se encontraba el Planeta Terrestre fueron propicias para su creación y su reproducción, dando comienzo á la Edad Humana, posterior y resultante de la Edad de los Mamíferos. El desenvolvimiento de esta primitiva raza marca el origen antediluviano de los habitantes del Continente americano, y así como la flora y la fauna, la monogenia de la raza humana, en ese mismo Continente no ha permanecido inmutable, sino sujeta también á alteraciones. Por consiguiente, no es admisible que esa raza primitiva haya descendido de una pareja única, como lo enseña la Sagrada Escritura[87].
Además, según opinión de algunos etnógrafos, esa raza primitiva se remonta á las Épocas Terciaria y Cuaternaria, por los numerosos hallazgos que se han hecho en el suelo americano, no solamente de fósiles de corpulentos paquidermos antediluvianos, sino también de esqueletos humanos, herramientas y utensilios de pedernal ó silex, que indudablemente datan de la misma época antediluviana. Por consiguiente, el desarrollo de esa raza primitiva ha obedecido á un acrecentamiento lento, natural y gradual, calculándose que ha sido menester el trascurso de una larga serie de siglos para alcanzarla. El estudio de la antropología, de la etnología y de la craneología, ciencias que son la base de la historia de un pueblo, puede demostrar que el Género Humano no procede de un tronco común, y que el Continente americano ha sido poblado, en un principio, sin intervención de ninguna inmigración. Por lo tanto, la pura raza roja ó cobriza de América es indudablemente autóctona.
Lo que también nos induce á creer en esta condición autóctona de la raza roja, es el hecho de la diversidad de las razas humanas, que se dividen en cinco agrupaciones, ó sea: la raza blanca (caucasiana) ó europea; la raza amarilla (mongólica) ó asiática; la raza cobriza (indiana) ó americana; la raza morena (malaya) ó indostana; la raza negra (etiópica) ó africana. ¿Será posible, preguntamos, que Adán y Eva, que, se dice, son los padres del Género Humano, hayan sido los progenitores de razas tan diversas en color y facciones?
Tocante á las razas blanca y negra, tan diametralmente opuestas, como el día y la noche, ó sea, la luz y las tinieblas, declaramos que es un grave error suponer que ambas sean igualmente descendientes de Adán y Eva. Este tópico ha suscitado algunas controversias entre los hombres de ciencia, sin que hayan llegado á una conclusión acertada y definitiva, como lo vamos á probar.
La versión de algunos escritores consiste en atribuir el color negro de los Etiopes, á Caín, hijo de Adan y Eva, á quien Dios, en castigo de su crimen, le puso la cútis de ese color para que fuera señalado y distinguido, siendo natural que los descendientes de éste heredaran el mismo color.
Otros escritores alegan que el color negro de los Etiopes les viene de su ascendiente Cus ó Chus, hijo de Cam y nieto de Noé, que, dicen, fué de este color; pero muy extraño es, que los que emiten tal opinión, confiesan que Cam, padre de Cus, fué de color blanco.
Otros doctos escritores, para definir el mismo problema, dicen que el color negro de Cus le provino de la maldición que Noé echó á su hijo Cam por la burla que de él hiciera al encontrarle embriagado y desnudo, y que tal anatema alcanzó á los descendientes del maldito. Además, siendo verosímil que Cam hubiera tenido cuatro hijos, Cus, Misraim, Fut y Canaán, no se explica cómo el primero adquiriera el color negro, en lugar del último que, según la Sagrada Escritura, fué el maldecido en la persona de su padre.
Otros, que también han tratado en la materia, suponen que la negrura de los Etiopes proviene del violentísimo calor del sol en aquella tierra, que los tuesta y abrasa; sin reflexionar que, en Africa, existen regiones tan templadas como en otros Continentes, y que en América hay lugares tan ardientes como los de la Etiopía, sin que, por eso, los habitantes de esas últimas latitudes tengan la cútis negra.
En fin, otro erudito autor, Fray Gerónimo Feijoó que ha terciado en esta cuestión, opina también que la negrura de los Africanos tiene por origen la influencia climatérica del país que habitan.
Todas las erróneas opiniones que preceden deben desecharse por no estar fundadas en la razón. A nuestro humilde juicio, el color negro de la piel de los Africanos, proviene de la existencia, en esos individuos, de una sustancia negra en la red celulosa que se halla debajo de la piel ó epidermis, y se conoce, entre los anatómicos, con el nombre de tejido reticular ó cuticular: esta membrana es inorgánica; carece enteramente de fibras, vasos y nervios, y se considera como un producto de secreción del dermis, ó una parte del cuerpo mucoso, desecado por la acción del aire, que sirve como de barniz á toda la piel. Esta sustancia negra no existe, consiguientemente, en el tejido ó red celulosa que se halla bajo la piel de los hombres blancos.
Por lo tanto, los despropósitos emitidos, tocante á los negros, por los escritores citados, nos conducen á emitir nuestra opinión al respecto, en el sentido de que Dios ha creado, para cada raza, lo repetimos, su respectiva pareja en diferentes puntos del Globo, siendo la América uno de esos puntos de creación; de donde resulta que sus primitivos habitantes fueron autóctonos, como lo fueron también los de la raza blanca de Europa, los de la raza amarilla de Asia, los de la raza morena del Indostán, y los de la raza negra de Africa. Debemos establecer aquí un principio que tiene razón de ser y que es incuestionable.
Según nos enseña la Sagrada Escritura, el Criador del Universo mandó el Diluvio Universal para castigo del Género Humano, por la perversidad de sus costumbres, ordenando préviamente á Noé que construyera una arca para salvarse él con su familia y los animales destinados á repoblar la Tierra.
Si Dios, que es Omnipotente y Todopoderoso, quiso que se salvara del cataclismo universal una ó más parejas de la raza blanca (suponiendo que Noé y su familia fueran descendientes de Adán y Eva), pudo hacer, del mismo modo, con su gran poder, que se salvara también del Diluvio, una ó más parejas de cada una de las demás razas, ó sea, la amarilla, la roja, la morena y la negra, á fin de que no solamente la raza blanca, sino también las demás, pudieran repoblar la Tierra después del Diluvio. Tocante á la habitabilidad antediluviana del Nuevo Mundo, hay que fijarse en otra consideración. No hay duda de que el Criador, al formar el Planeta Terrestre, tuvo la mira de que todo él fuese habitado: en tal virtud, no es lógico ni verosímil suponer que el Continente americano, que forma una extensa porción de la superficie de ese mismo Planeta, lo hubiese dejado Dios inhabitado durante 1656 años que, según la cronología del texto hebráico del Génesis, trascurrieron desde la Creación del Mundo hasta el Diluvio Universal[88], pues ese texto bíblico, en su cap. IX es tan explícito al respecto, que dice: Creced y multiplicaos y poblad la Tierra. En cumplimiento de este precepto divino, incuestionable es, que la América como los demás continentes terrestres, fuera habitada desde la Creación del Mundo; supuesto, que nos permite retroceder, nuevamente, á la cuestión de la autoctonía de los primitivos habitantes del Continente americano, que, según opinión de algunos poliphiletes, es indudable que descendieron de una pareja distinta de la de Adán y Eva[89].
Otra prueba que, sin contradicción, se puede también aducir en apoyo de la autoctonía del Hombre antediluviano en el privilegiado Continente americano, además de los corpulentos paquidermos, esqueletos humanos y herramientas de pedernal encontrados en su suelo, es que este mismo Continente tiene un sinnúmero de producciones especiales y propias de los tres reinos de la Naturaleza, que muchas de éstas no se encuentran en los Antiguos Continentes, y que el Supremo Hacedor del Universo no habría puesto aquellas con tanta explendidez en América, si este suelo hubiere permanecido inhabitado.
En efecto, maravilloso es todo lo creado en el Continente americano, que supera en extensión á cada uno de los otros cuatro, pues por sí solo, representa una tercera parte del Globo habitado[1].
Sus cadenas inmensas de cordilleras son las más gigantescas del Orbe, pues abrazan toda la longitud del Continente, desde el Mar Glacial hasta la Tierra del Fuego, habiendo algunas montañas que tienen más de 20,000 piés de elevación y cuyas cimas están perpetuamente coronadas de nieve; sus ríos son también los más extensos y caudalosos, y los de corriente más torrentosa y formidable que se conocen, teniendo algunos de ellos más de mil leguas de extensión; sus numerosos volcanes elevadísimos, que son fanales encendidos por la Naturaleza, hacen erupciones tremendas que se oyen á más de doscientas leguas de distancia; cuyos extragos causan la ruina de grandes poblaciones; en sus frondosas é impenetrables selvas vírgenes y en sus espesos bosques jamás penetran los rayos del sol, por la tupidez de su follaje y su lujurienta belleza desordenada y grandiosa; sus extensos valles son profundos y deliciosos, designándose con el nombre de sabanas ó praderas; sus desiertos ó pampas inmensas de arena movediza, desprovistas de vejetación y moradores, pueden compararse á los de Africa y Asia; sus lagos mayores, algunos de ellos muy elevados, como el Titicaca, que se halla situado en una meseta de la Cordillera de los Andes, á 12,000 pies de elevación sobre el nivel del mar, y otros lagos de más de 25 á 30,000 millas cuadradas y más de cien leguas de longitud, pueden considerarse como mares interiores; sus archipiélagos estupendos, que constan de las más grandes y ricas islas del Mundo; sus numerosas aguas termales que brotan del seno de la tierra en una elevada temperatura, son tan benéficas y maravillosas para la curación de gran número de enfermedades; sus golfos y bahías, que son los mayores que se conocen; sus diversos climas, que comprenden las producciones de todas las zonas y son propicios al cultivo de casi todas las plantas de otros Continentes, á más de una multitud de otras producciones que le son peculiares; sus abundantes minas de ricos minerales, cual no las posee ningún otro continente, porque la riqueza de sus innumerables é inagotables depósitos mineralógicos son fabulosos, habiendo producido, desde la conquista hasta hoy, más de siete mil millones de pesos y sigue produciendo enormes cantidades, constatándose que á fines del siglo XVIII se contaban, tan sólo en el Perú, 770 minas de oro y plata en labor, y 578 prontas á ser trabajadas, sin incluir los lavaderos de oro y minas de azogue, siendo una de estas últimas la reputada de Huancavelica, que ha rendido inmensos productos; su magnificencia, galanura, exuberancia y lujosísima vegetación, que es asombrosa en tantas especies de plantas propias de este Continente; su zoología variada y diversa de la de otros países; todo, en una palabra, es más grandioso, más sublime y más majestuoso en el Continente americano, que lo es en los demás. La obra de la Creación se presenta allí con todo su imponente aspecto, y en medio de esta salvaje y virgen vegetación, el naturalista experimenta puros y suaves goces, que no se pueden comparar con los que proporcionan las agitadas y bulliciosas capitales.
"En América—ha dicho un viajero eminente—la Naturaleza entera, animada é inanimada, tiene el sello de la grandiosidad y reviste un carácter de majestad y formas tan colosales, que sería en vano buscarlas en cualquiera otra parte del Globo."
Valiéndonos también de la expresión de otro escritor contemporáneo: "Parece que el Autor de la Naturaleza quiso hacer gala de su grandeza y poderío al dejar salir de sus manos el Continente de América."
Por lo tanto, no es concebible que semejante prodigalidad y munificencia divina, lo volvemos á repetir, hubiera sido concedida por el Omnipotente para que ese suelo privilegiado permaneciera inhabitado la larga serie de siglos que trascurrieron desde la Creación hasta el Diluvio; por eso mismo, debemos creer que los hombres que habitaron ese paradisíaco Hemisferio en tan dilatado trascurso de tiempo, fueron de raza autóctona.
Para patentizar los inmensos tesoros que la América encierra en su suelo, señalamos en seguida, si no todas, á lo menos gran parte de las producciones, que, con mano pródiga donó el mismo Criador al Continente americano, para provecho del Hombre; pues si fuéramos á enumerarlas todas, habría necesidad de hacer un abultado volumen. No dudamos que la siguiente nomenclatura sea de algún interés, pues por ella se puede apreciar la riqueza fabulosa del Nuevo Mundo en sus tres reinos de la Naturaleza.
REINO MINERAL
Bien sabido es que en el Reino Mineral, ningún otro Continente es tan rico como el de América, pues todos los metales, principalmente el oro y la plata, se encuentran en suma abundancia encerrados en el seno de sus montañas. Las grandes cantidades de oro, plata y otros metales que se han extraido de América, tanto por los indígenas, antes de su descubrimiento, cuanto durante la conquista y el largo período del coloniaje, y las muchas cantidades que se síguen extrayendo hasta el día, se elevan á una suma extraordinariamente crecida, que se puede estimar en incalculables millones de pesos, sin que por eso se hayan agotado las minas de esos preciosos metales. «El afanoso minero no ha logrado más que deshojar la superficie de cuantos veneros están guardados dentro de la colosal muralla del Nuevo Mundo.»[91]
Para formarse una idea de la riqueza de América, en su Reino Mineral, citamos en seguida, por orden alfabético, algunos de esos productos, la mayor parte nativos, para luego enumerar los del Reino Vegetal y del Reino Animal:
Alabastro, piedra de yeso, blanca, poco dura, trasparente, y de textura fibrosa y quebradiza.
Albayalde, parecido al yeso mate, aunque más azul y pesado: se obtiene del plomo reducido por los vapores del vinagre.
Alcali, mineral vitriolado que se llama también Sal Mirable.
Alumbre, que se encuentra en cristales, parecido á las rocas por su figura.
Aluminium, sustancia metálica que se produce bajo la forma de un polvo gris, en el que hay mezcladas algunas piedrecitas relucientes.
Amalgamados, son algo abundantes los minerales amalgamados como: Arseniatos de fierro, de plata y de plomo; Carbonatos de fierro, de plomo, de magnesia, de sosa y de arsénico ú oro pimiento; Cloruros de plata y de plomo; Hidrosilicato de cobre; Oxidos de cobre, de fierro, de antimonio y de manganeso; Oxígenos de plata y de plomo; Jamesonitas ó sulfatos de antimonio y de plata; Peróxidos de fierro y de manganeso; Protóxido de manganeso; Sulfatos de plata, de cobre, de fierro, de plomo, de sosa, de antimonio, de magnesia, de zinc, de manganeso y de arsénico; y muchos otros minerales amalgamados.
Ambar gris ó Betún líquido, sustancia aromática, dotada de un olor suave y penetrante.
Amianto, mineral de hilos delgados en filamentos prolongados, finos, flexibles y elásticos.
Antimonio, cuerpo metálico, de color grisado muy brillante, de textura laminosa, medianamente duro y demasiado frágil.
Arcilla, greda, tierra que los alfareros usan para fabricar las vasijas de barro; es pesada, grasienta, compacta, tenaz y dúctil cuando está humedecida.
Arsénico, metal de color gris de acero, muy quebradizo y fácilmente pulverizable, muy propenso á oxidarse.
Asfalto ó Betún de Judea, masa compacta, betuminosa, inflamable, sólida y lustrosa, comunmente negra ó pardo-oscuro; en América existen lagos de esa sustancia.
Azogue ó Mercurio, especie de metal blanco-argentino, ponderoso, extraordinariamente voluble, versátil ó movible en estado líquido y que se mantiene naturalmente fluído; muy usado para beneficiar la plata amalgamada; es nativo solo del Perú y de México.
Azufre, sustancia mineral de color amarillo, que se halla en masa ó cristalizado con distintas formas, quebradizo, lijero y algo craso al tacto.
Bismut ó Bismuto, metal de color blanco plateado algo tirante á rojo, cuya superficie presenta á veces cambiante de azul y rojo, es poco duro y muy pesado.
Cal, tierra alcalina que generalmente se encuentra combinada con algunos ácidos, especialmente con el carbónico.
Calamina, masas compactas, concretas ó terrosas, á veces celulares y formadas en gran parte de silicato de zinc, casi siempre mezcladas de carbonato del mismo metal y que constituyen el mineral de zinc más importante por la facilidad de su explotación.
Cinabrio ó Vermellón en bruto, mineral precioso combinado de azufre y de mercurio; también se llama Mercurio Sulfurado.
Cobalto, metal de color blanco-argentino, ligeramente dúctil, poco fusible y algo magnético, que comunmente se encuentra mineralizado en el arsénico y otros metales.
Cobre, metal más duro que el oro y la plata, algo menos dúctil que estos dos metales, de color que tira á rojo; es nativamente sólido, brillante, muy maleable, más duro y elástico que la plata, más fusible que el oro. Hay minas de ese metal en México, Chile, Brasil y Estados Unidos del Norte, principalmente en el Perú.
Espato calcáreo, piedra calcinada, más ó menos trasparente, que se llama también Carbonato de Cal.
Estaño, metal considerablemente más duro, dúctil y brillante que el plomo, de color semejante al de la plata, aunque más oscuro; es nativo de México.
Feldespato, piedra cristalizada blanquecina ó de color de carne.
Galena, metal compuesto de plomo, de azufre, más algunas materias terrosas, y que tiene un brillo metálico semejante al del plomo recién cortado.
Greda, mineral que se presenta en varios colores: amarilla, blanca y negra y que sirve para pinturas.
Grafito ó Plombajina, mineral también llamado Lápiz-plomo, de la naturaleza del Talco.
Granito, roca ó piedra berroqueña, formada por la reunión de pedacitos de tres ó cuatro especies heterogéneas, que suelen ser el feldespato, el cuarzo y la mica.
Hierro, cuerpo simple metálico, que se halla combinado con el oxígeno, con el azufre, con varios ácidos, ó en fin en el estado puro ó nativo; es tenaz, dúctil y maleable, de color gris que tira á negro, por el exterior, y en el interior, de color gris claro metálico, inclinado á blanco de plata; es abundante en toda la América.
Hulla ó Carbón de piedra, sustancia bituminosa, terrea, dura é inflamable, de color oscuro y casi negro; hay minas de este combustible en el Perú y Estados Unidos de Norte América.
Imán ó Hierro oxidado magnético, de color gris oscuro y que tiene la propiedad de dirigirse hácia el Norte, de atraer el hierro, y de comunicarle su facultad atractiva; en México hay montes enteros de este mineral.
Itztli ó Piedra de pavos, es semi-diáfana, de contextura vítrea y color generalmente negro, á veces blanco y azul. Los indios Mexicanos la apreciaban mucho, pues hacían con ella, espejos, cuchillos, lancetas, navajas de afeitar y aún espadas.
Kaolin, tierra para porcelana, entremezclada con unos cuerpecillos resplandecientes y como cristalizados.
Magnesio, metal parecido á la plata, blanco, sólido y más pesado que el agua.
Manganesa, de color ceniciento, muy duro y quebradizo.
Mármol, piedra calcárea, muy dura y compacta; en América hay innumerables especies de diversos colores y jaspes; es nativa y se encuentra en masas inmensas y compactas, llegando á formar montañas enteras.
Monazita, mineral del que se extrae el Mesotorio, sustancia muy eficaz para la cura del cáncer, y que está destinada á ser el rival del radio, por ser de un precio algo más bajo que éste.
Nafta, especie de betún líquido, trasparente, lijero y muy inflamable, de un color amarillento, que se encuentra sobrenadando en el agua.
Niquel, metal muy duro, de un color parecido al de la plata y al del estaño, que tiene propiedades magnéticas como el hierro, aunque en menos grado.
Oro, es el más rico metal, y es tan abundante en América, principalmente en el Perú y en México, que en algunas minas se han sacado pepas de oro nativo que han pesado más de una arroba: los cronistas antiguos cuentan como un caso extraordinario, que en la Isla Española ó de Santo Domingo se encontró, al principio deja Conquista, en el río Hayna, una pepa de oro que pesaba más de 3,000 castellanos, que es más de arroba y media; más común ha sido encontrar pepitas de 100, 200 y 300 castellanos: también hay en América abundantes lavaderos de este precioso metal, en los lechos de los ríos ó de los arroyos, lavaderos de los que se sacan pepitas en cantidad bastante considerable; pero, generalmente, el oro se encuentra, casi siempre, en las minas aleado con otros metales, con la plata y la mayor parte de las piritas: es el metal más dúctil y más tenaz que todos los demás, presentando un color amarillo más ó menos puro, tirando algunas veces al blanco amarillento, al verde ó al rojo, y es el más pesado de todos los metales, si se exceptúa el platino.
Petróleo, betún líquido, negruzco, craso, de olor resinoso fuerte, que se halla en el seno de la tierra; en América hay ricas minas de este producto, principalmente en la costa del Perú y en Estados Unidos de Norte América.
Piedra pomez, sustancia calcárea, esponjosa y liviana.
Piedra de Berenguela ó de Huamanga, casi tan blanca como el alabastro: es originaria del Perú.
Pizarra, sustancia de color negruzco, opaco, muy poco reluciente, medianamente duro, que se rompe fácilmente, segregándose en hojas, no pesado y algo frío al tacto.
Plata, en algunas minas de América se encuentra la plata nativa ó pura, en ramas divergentes, en filamentos, en láminas y en masas más ó menos considerables; además, el mineral de plata se encuentra en diferentes formas y amalgamada con otros minerales, como plata mercuriada, iodurada y antimoniada, arsenicada, sulfurada, bromurada, carbonatada, y con otras sustancias: la plata es blanca, sonora, dúctil, y es el metal más precioso después del oro y de la platina. Los principales minerales de plata se encuentran en México y en el Perú, habiéndose sacado de este último territorio, barras de plata maciza del peso de 25 kilógramos. La cantidad de plata que se extrae anualmente del Continente de América, es más ó menos de 34 á 35.000,000 de pesos. El valor de la plata sacada en solo el Perú, desde 1630 hasta 1803, se ha computado en un billón doscientos treinta y dos millones de pesos. La Historia refiere que hasta el siglo XVII era tan abundante la plata en el Perú, que en las grandes festividades religiosas de la capital de Lima, las calles por donde tenía que pasar la procesión de las comunidades monásticas, estaban cubiertas de barras de plata por valor de setenta y cinco millones.
Platina, metal blanco tan duro como el oro, y el más pesado de todos, llamado también Oro Blanco, muy agudo, resistente á la acción de todos los ácidos simples; es nativo de Colombia y del Brasil.
Plomo, metal que más pesa, después del oro y la platina; es dúctil, maleable, blando, fusible, de color gris lijeramente tirante á una especie de azul, que en combinación con los ácidos forma diversos sales venenosos; es nativo de México, Perú, Brasil y Estados Unidos septentrionales.
Sal común ó Sal gema, sustancia dura, soluble en el agua, de sabor penetrante, compuesta de ácido hidroclórico y de sosa; aunque generalmente se extrae del agua del mar por evaporación, se encuentra en estado consistente en algunos terrenos, principalmente en la América del Sur, donde las salineras son muy abundantes.
Salitre, sal compuesta de ácido nítrico y de potasa, que se encuentra en forma de agujas y de polvillo blanquinoso, de color algo gris, de sabor fresco, amargo y desagradable: en el sud del Perú existen grandes salitreras inagotables que ocupan pampas enteras y que han dado grandes rendimientos, primero al Perú, y actualmente á Chile.
Talco, sustancia térrea, flexible, untuosa al tacto, que se presenta generalmente en forma de hojuelas sobrepuestas, de color blanco y fácilmente separables.
Uranio, mineral del que se extrae el radio, tan eficaz para la cura del cáncer. El radio es una sustancia de muy alto precio, pues la onza importa más de ochenta mil pesos.
Vanadium, mineral descubierto en el Perú por el sabio Raimondi, que tiene las cualidades de aumentar la resistencia y la ductilidad del acero y del hierro, y otras aplicaciones, propio para las construcciones navales y la fabricación de armas.
Vitriolo líquido, sustancia mineral que siempre conserva su estado líquido, sin poderse coagular.
Yeso ó Gypse, especie de piedra no muy dura, la cual propiamente se llama así después de quemada y dispuesta, como la cal, pero con la cualidad contraria á ella, pues se endurece y cuaja con el agua, mientras que la cal se deshace con ese líquido; es muy abundante en muchos lugares del Perú.
Zinc, sustancia metálica de color blanquizco, que se extrae de la calamina y otros minerales; es lustroso, algo azulado, menos fusible que el estaño ó el plomo.
Tampoco faltan en América, piedras preciosas, encontrándose en las minas las siguientes:
Amatista, piedra trasparente de color violado: hay en el Brasil.
Azabache, el más compacto y sólido de los carbones, de un negro lustroso, bastante duro.
Berilio, especie de esmeralda, llamada también Agua Oriental, cuyo color es azul hermoso, sin mezcla de verde.
Calcedonia ó Agata: casi trasparente, de apariencia vidriosa, á veces clara y lustrosa, con protuberancias en su interior, y otras con vetas de diversos colores.
Cornalina, especie de ágata calcedonia, silicosa, de color encarnado y trasparencia córnea.
Crisólito, piedra preciosa, menos dura que el topacio, de color amarillo bajo verdoso.
Cristal de roca, piedra vistosísima, especie de cuarzo blanco y trasparente, que se halla en América en estado nativo.
Chalchicuite, piedra preciosa de varios colores, que sólo se encuentra en las minas de América.
Diamante, piedra en extremo preciosa y rica, tersa, lúcida, brillante, diáfana y tan sumamente compacta ó imporosa, tan fuerte y dura, que raya todas las otras piedras finas, entre las cuales descuella como la más preciada, codiciada y costosa, después de abrillantada. Entre los diamantes, que son piedras en las que la Naturaleza parece haber querido reunir todas las perfecciones, hay de matices diversos, amarillos, rojos, verdes, azules, pardos y aún negros traslúcidos. Los diamantes abrillantados tienen un precio elevadísimo en joyería, y para computar su valor, basta decir, que cada brillante del peso de 3 granos vale de 161 á 216 francos, según su calidad; uno de 4 granos ó un carat, se estima de 240 hasta 288 francos; pasando de un carat, el precio aumenta mucho; por ejemplo, una piedra de 6 granos vale de 312 á 336 francos; una de 6 granos, de 400 á 480 francos; una de 12 granos ó 3 carats, de 1680 á 1950 francos; una de 16 granos, de 2450 á 3120 francos, y pasando un sólo grano más, puede llegar su precio á 3800 francos. Los diamantes de 5 á 6 carats son ya piedras muy hermosas; los de 12 á 20 carats son muy escasos, y con mayor razón los de peso más alto. Tan solamente algunos pasan de 100 carats[92].
Esmeralda, piedra preciosa de color verde intenso, que labrada y pulimentada, despide un resplandor muy agradable á la vista: es propia de Estados Unidos de Norte América y de Colombia.
Especularia, piedra negra, muy fina y trasparente, que solo se halla en las minas de América.
Galastite, llamada Piedra de Leche, que solo se halla en América.
Girasol, piedra preciosa, especie de ópalo ó silex cuya trasparencia se sombrea por una nubecilla láctea que refleja una luz de aurora cuando la hieren los rayos del sol.
Granate, especie de rubí ordinario, de un color análogo al de la semilla de la granada en su estado de sazón.
Hematite, piedra color rojo que tira á negro, que solo se halla en América.
Hystherica, piedra negra, muy lisa y muy pesada, que tiene la virtud, se dice, de curar la histericia, colocándola sobre el ombligo.
Icapinca ó Piedra del Inca, color de acero bruñido, que los emperadores del Perú usaban como espejo: es propia del Perú.
Jacinto, piedra preciosa de color amarillento, más ó menos tirante al rojo, y á veces también al pardo ó blanco verdoso, diáfana ó trasparente, dura y bastante estimada.
Jade, piedra muy dura, de color verde oscuro, susceptible de un hermoso pulimento. En América, los indios se sirven de esa piedra en lugar de hierro, para hacer sus armas y varios otros instrumentos de su uso.
Jaspe, piedra fina, dura y opaca, de la naturaleza del ágata, matizada de varias colores: es susceptible de tomar un hermoso pulimento.
Lapizlazuli, piedra opaca más dura que el mármol, de un fondo azul matizado de diferentes colores, con vetas y manchas blancas, y salpicada de marquesitas doradas.
Malaquita, especie de piedra cobriza, cuyo color varía del verde manzana al verde esmeralda, con ciertos dibujos por lo regular anulares; es susceptible de pulirse como el jaspe.
Nefrita, especie de jaspe, de color ceniciente, verde gris y celeste.
Opalo, piedra preciosa que goza la propiedad de reflejar en todos colores los rayos delumínicos que la penetran, por efecto de su diafanidad, si bien su aspecto á primera vista ofrece un color blanco lechoso algo azulado; es propia de México y Guatemala.
Pantaura, piedra preciosa de color rosa, con diversos matices: es originaria de Colombia, donde sólo se encuentra.
Rubí, piedra preciosa, muy dura, lustrosa y no muy pesada, de color por lo común rojo de rosa ó de carmín; es una de las piedras más estimadas; en América se encuentra en las minas en pequeños fragmentos ó bolas, y á veces en figuras regulares de diferentes planos: se hallan particularmente Rubíes en el Brasil.
Sanguinaria, piedra semejante al ágata, de color de sangre, á la que se le atribuye la virtud de contener los flujos de sangre.
Sardónica, especie de ágata, piedra bastante fina, con fajas amarillas ó listas rojas.
Serpentina, piedra verdosa con puntos negros, compacta, poco dura, suave al tacto, y, á semejanza del marmol, susceptible de hermoso pulimento.
Topacio, piedra preciosa, trasparente, brillante, muy dura, de color comunmente amarillo rojizo ó de oro, aunque los hay de otros matices: se hallan Topacios en el Brasil.
Turquesa, piedra preciosa, de color anaranjado, sin trasparencia, lustrosa, medianamente dura y capaz de recibir un hermoso pulimento: es propia de México y del Brasil.
Venturina, especie de piedra color de café tostado y llena de pintas doradas.
Zafir ó Zafiro, piedra preciosa de color cerúleo, que algunas veces tiene varios puntillos dorados, y otras inclínanse algo á purpúreo.
La América tiene también la planta marina llamada Coral, rojo y blanco, que se encuentra en Portobelo y en aquella costa donde estuvo la antigua ciudad de Nombre de Dios. Es estimado para elaborar collares, pulseras, aretes y otros vistosos adornos de las mujeres.
REINO VEGETAL
Es tan rico, tan variado, soberbio y maravilloso el Reino Vegetal, que se puede decir que la América, principalmente la Meridional, es el jardín botánico más proveído del Orbe entero, pues su suelo tan privilegiado por la mano del Supremo Hacedor, tiene muchas plantas medicinales, aromáticas y de otras especies, desconocidas en los Continentes del Antiguo Mundo. También es riquísima por las maderas que encierran sus zonas forestales, ofreciendo, todo, en una palabra, un panorama estupendo, desordenado y grandioso, cuya vigorosa vegetación causa una admiración profunda.
Un sabio peruano contemporáneo, ha dicho: «El botánico y el zoologista se han limitado sólo á recorrer, por caminos trillados, esos espaciosos bosques impenetrables hasta para los rayos del sol que los vivifica, y seguras guaridas de animales é insectos.»
A lo que nosotros agregamos: Por lo inmenso de las riquezas del Reino Vegetal, sensible es, que no se haya dedicado una pequeña parte de los grandes tesoros que se han sacado de América, para fundar academias de naturalistas botánicos que se hubieran dedicado al estudio y descripción de esas mismas riquezas derramadas con tanta liberalidad, por la mano del Criador, en tantos vírgenes y tupidos bosques; porque la ciencia de la botánica estaría hoy en posesión de las virtudes, propiedades y aplicaciones de muchas nuevas plantas, que permanecen desconocidas aún.
Entre los árboles y plantas medicinales de América, que son muy numerosas, se hallan las siguientes:
Aberenotemo, árbol cuya corteza es eficaz para curar las úlceras de mal carácter.
Acacia catecú, llamada también Mimosa, es muy estringente y antisifilítica.
Acioca, planta cuyas hojas son estomacales y eficaces contra la gota y la nefritis.
Adormidera, cuyas cápsulas contienen un principio narcótico.
Agave, planta activa para curar el mal venereo.
Ajacanalca ó Ají silvestre, planta estimulante para la impotencia.
Aljosucha, planta preventiva contra las tercianas.
Aloes, planta de la que se saca el Acíbar, especialmente purgante.
Altamisa ó Ambrosía silvestre, estimulante para la impotencia.
Arbol de Sangre, llamada así porque contiene la sangre de las narices ó de cualquier herida, en el momento que se aplica á la parte por donde mana.
Ayaguacha, planta cuyas hojas son pectorales, sudoríficas y dulcificantes.
Balsamullaca, planta que cura la ictericia.
Benaco, árbol cuya raiz sirve para las quebraduras y la ictericia.
Berro acuático, planta para las enfermedades del hígado.
Cabalhau, planta cuya raíz sirve de remedio para las heridas emponzoñadas.
Calahuala, planta febrífuga depurativa, para la sífilis.
Canchalagua, se usa para purificar la sangre.
Canime, árbol cuya resina es un bálsamo para toda clase de heridas.
Cañafístula, árbol cuya pulpa sirve para diferentes usos medicinales.
Caryophylato, planta aromática, estomacal y fortificante.
Cascarilla ó Quina Calisaya, árbol cuya corteza amarga es aromática y eficaz para combatir las fiebres palúdicas y periódicas; es propia del Perú.[93]
Casia, planta especialmente purgante.
Catacata, planta estomacal y espasmódica.
Cedrón, planta cuyas hojas son un antídoto contra el veneno de las serpientes.
Coa-ataja, planta emanagoga, diurética y purgante.
Coa-etimay, arbusto cuyas hojas curan la sarna.
Coa-guitaria, planta cuyas hojas cauterizan las úlceras.
Coa-opia, planta cuya propiedad es ser purgante.
Coa-roboa, arbusto cuya madera cura las enfermedades sifilíticas. Esta última planta y las cuatro anteriores, son propias del Brasil.
Chala, planta que es un específico contra el dolor de muelas.
Chatalhuic, febrífuga, para las fiebre intermitentes.
Chilca, árbol cuya raíz es eficaz para soldar roturas de huesos.
Chilchil, planta estomacal, corroborante y restauradora de la digestión.
Chimi, planta cuya raíz cura el cálculo ó mal de piedra.
Chinchircuma ó Sabia brillante, contra-estimulante para las enfermedades del corazón.
Cicuta, planta parecida al perejil, que se emplea por gotas para curar la tísis y las escrófulas; su jugo es un veneno activo, cuando se toma mayor dosis de lo prescrito.
Cinchunchulli, cuya raíz molida y puesta en vino es remedio para la cura radical de la lepra.
Colpache, árbol cuyas hojas son febrífugas y estomacales.
Comaca, árbol cuya goma cura el flujo de sangre y las heridas.
Contra-hechizo, mezclada con triaca, es un amuleto contra las enfermedades.
Contrayerba ó Lengua de sierpe, contra las picaduras de las serpientes.
Copaíba, cuyo estimado bálsamo cura las blenorreas, leucorreas y catarros pulmonares crónicos.
Cruceiro, planta cuya corteza y raíz tienen las propiedades de la Quina.
Culantro, estimulante y excitante para los partos penosos.
Culen, yerba propia de Chile, cuyas virtudes estomacales sudoríficas, son especialmente favorable para las dolencias de las mujeres que padecen retenciones periódicas, flatos y otros accidentes histéricos.
Cunturíri ó Contrayerba, astringente para curar la disentería y las picaduras de insectos.
Digital purpúrea, planta diurética empleada en las enfermedades del corazón.
Eléboro, es planta importante para el tratamiento y curación de la locura.
Endamo, planta que cura las úlceras, el escorbuto y los males cutáneos.
Estoraque ó goma nopal, empleada con frecuencia en la farmacopea.
Estricno, planta que se emplea para combatir la parálisis.
Frailecillo, cuyas hojas son especialmente un purgante eficaz, y tiene además la propiedad de ser bueno para la fecundidad en las mujeres estériles: es propia de la isla de Cuba.
Genciana, planta cuya raíz es un febrífugo tónico.
Gengibre, planta de cuya raíz se saca un aceite esencial que es un excelente digestivo.
Guachi ó Bejuco de Yungas, calmante para el reumatismo.
Guaco, para las mordeduras de las serpientes de cascabel y otros animales venenosos.
Guanaco, árbol cuya resina cura las afecciones reumáticas y gotosas, como también la asiática.
Guayaco ó Guayacan, árbol cuya madera resinosa es medicinal.
Guayusa ó Huayusa, árbol cuyas hojas prolíficas y afrodisiacas, en infusión, sirven para dar fecundidad aún á las personas estériles.
Hedionda, arbusto cuya madera es remedio para matar las lombrices.
Helecho macho, para combatir la tenia ó solitaria.
Higuerón, árbol cuyo jugo viscoso parecido á la leche, cura las quebraduras del ombligo.
Hoja de la vida, estimulante, afrodisiaco contra la esterilidad.
Hoja Redonda, estimulante, para las afecciones del hígado.
Hojé, antídoto contra las lombrices.
Huallhua, planta que cura en pocos días las mataduras de las bestias.
Huipini, planta eficaz contra las picaduras de víboras.
Huira-huira, tónico contra las fiebres malignas.
Ipecacuana, de raíz especialmente emética; es propia del Brasil.
Jalapa, purgante enérgico; es originaria de México.
Janukcara ó Mastuerzo de cementerio, antiséptico y antiescorbútico, contra la gangrena y el escorbuto.
Jaruna, árbol cuyas hojas sanan las llagas.
Leche de espino, árbol cuyo jugo cura el dolor de muelas.
Lombriguera, arbusto cuyas semillas hacen arrojar en un minuto todas las lombrices.
Machicui-Huasca, planta de olor fuerte y aromático, como el alcanfor, muy amarga, que se usa contra las fiebres intermitentes.
Maná, materia blanca y azucarada que se emplea como purgante; es el jugo lechoso del fresno.
Mandrágora, planta que tiene la virtud, se dice, de prolongar la vida en los ancianos y renovarla en los que padecen achaques.
Manioc, arbusto medicinal, empleada en las farmacias; es propia de los trópicos.
Manzano silvestre, arbolillo cuyas hojas aplicadas á las almorranas más rebeldes, las curan por completo.
Maripenda, planta cuyos tallos tiernos y sin fruto, cocido en agua, produce un bálsamo propio para la curación de toda clase de heridas.
Mastuerzo, planta que tiene la propiedad de curar las almorranas.
Matapalo, planta cuya raíz es eficaz para soldar las relajaduras y quebraduras de la ingle.
Matico, cuyas hojas reducidas en polvo curan las heridas y úlceras, y bebidas, en infusión, como té, cortan y curan también el dolor de costado y las pulmonías.
Mimosa arábiga, árbol del que se extrae la goma arábiga tan usada en medicina.
Nacazol, planta propia de México, para curar las fracturas de huesos.
Nanalmapati, planta eficaz para curar las úlceras.
Nuñu-Huactana, caña agria cuyo jugo corta las tercianas y cura las enfermedades del pecho.
Nuñu-Quehua, yerba que tiene la propiedad de hacer venir leche á los pechos de las mujeres, que escasean de ella.
Ocozotle, árbol que, por incisión, produce la resina llamada Liquidambar, y cuyas hojas curan toda clase de heridas; es originario de México.
Ocuje, árbol cuya resina mezclada con polvo de mate, cura las relajaduras y las suelda enteramente.
Palosanto, cuya madera aromática cura las afecciones venereas.
Papiru, planta cuya raiz tuberosa es purgante.
Pichurin, árbol cuya resina es un bálsamo que cura las heridas.
Pucheri, cuyo fruto cura la disentería.
Puicucillo, planta especialmente purgante.
Quinquina ó Quinaquina, árbol que tiene propiedades febrífugas y tónicas, y de cuyo tronco se extrae el Bálsamo del Perú.
Ricino, ó Palmacristi, cuyas semillas contienen un aceite purgante.
Ruibarbo, cuya resina es especialmente purgante.
Sacha ó Isates, planta que cura la disentería.
Sanangú, bejuco cuyas hojas curan el reumatismo, pues tomado en infusión, quita las frialdades de los nervios y huesos.
Sangre de drago, sustancia resinosa muy astringente.
Shilinto, bejuco cuyo sumo cura la sarna más rebelde.
Sinarruga, planta amarga antifebrífuga.
Shinvillo, árbol cuya madera en decocción fortifica los huesos y suelda prontamente las quebraduras de los mismos.
Suelda con suelda, arbusto para curar quebraduras de los miembros y hemoragias.
Tabaco cimarrón, calmante para el reumatismo.
Taintani ó Caña agria, planta que, mascada, cura las calenturas.
Takarcaya ó Casia, astringente para la estomatitis; es propia del Perú.
Tamarindo, cuya pulpa ácida es refrescante.
Tártago ó Palma-christi, planta especialmente purgante.
Tinta-Huina, planta cuyas hojas curan la tiña.
Tucuache ó Michoacan, cuya raiz reducida á polvo es un eficaz purgante.
Tuma-Sunga, planta que cura las afecciones de los riñones.
Vainilla, planta aromática cuyas virtudes medicinales son sialogógicas.
Valeriana, planta que tiene las cualidades de ser excitante, antíespasmódica, cudorífica y vermífuga.
Villca-villca ó Zumaque, estimulante afrodisiaco para la esterilidad.
Viperina, que sirve para librar á las mujeres de malas resultas después del parto, y también para purificar la sangre.
Yerba de Mataduras ó Huallhua, que cura y cicatriza toda clase de llagas.
Yerba de Santa María, vermífuga.
Zábida ó Zábila, planta lilíacea, cuyo sumo exprimido y espesado constituye el acibar, que se emplea en la farmacopea como tónico, purgante y dráctico: las mujeres lo usan para untarse los pezones cuando quieren destetar á los niños.
Zarzaparrilla, se usa para purificar la sangre: es originaria de América.
Zozoyatic, eficaz para excitar el estornudo.
Y algunas otras plantas aromáticas y de virtudes medicinales, que se encuentran en el suelo americano, como Altea, Borraja, etc., etc.
Así como hay en América tantas plantas benéficas en medicina, también hay algunas nocivas, como las que mencionamos en seguida:
Aguapar, árbol que produce leche casi semejante á la de la vaca, pero perniciosa, pues sus solas emanaciones produce enfermedades á la persona que las reciba; es propia de los alrededores de Bogotá, en Colombia.
Barbasco, planta enredadera de cuya raiz se extrae un jugo que es un veneno activo.
Carapucha, planta cuya semilla produce embriaguez y delirio.
Caspi-Caracha, árbol cuyo efluvio venenoso se produce contra el hombre, pues basta que una persona pase debajo de él ó su cercanía, para que contraiga una especie de sarna tan pertinaz que es muy difícil de curarla.
Chamico, planta cuya semilla es un terrible narcótico, cuyos efectos producen el idiotismo.
Guau-guau ó Guao, arbusto cuyo veneno es tan activo que sólo con su contacto hace hinchar la parte del cuerpo que lo toque.
Huantuc, arbusto cuyas flores son un poderoso narcótico que usan los indios para fingir que ven visiones.
Manioque, planta cuyo jugo es venenoso.
Manzanilla, arbusto que destila un jugo lechoso muy cáustico, y sumamente venenoso, con el cual los indios envenenan sus flechas, y se cree que aún su sombra es nociva, pues que hincha á los que se acojan á él contra los fuertes calóres, á la vez que su fruto, parecido á una manzana, es también venenoso, pues el que lo coma sucumbe á las pocas horas en medio de los más terribles dolores.
Maracura, bejuco del que los indios sacan el veneno llamado «Curare», con el que envenenan sus flechas, en grado tal, que al herir, ocasionan la muerte instantáneamente.
Piri-pirí, planta cuya hoja es un narcótico terrible; es originaria de Bolivia.
La América es igualmente muy rica en corpulentos árboles de tantas especies, cual no los hay en ninguna otra región, y sus maderas finas son propias para obras delicadas de ebanistería, para construcciones de edificios, buques, muelles y muchísimas obras usuales. Enumeramos en seguida algunas especies:
Abedul, especie de álamo cuya corteza se rompe en hojas delgadas como el papel.
Abeto, árbol que produce la trementina.
Acebo, árbol armado de aguijones, que se aprovecha en los sotos ó cercados.
Acoma, cuya madera es apropiada para la construcción de buques.
Achurú, cuya madera es muy estimada para la construcción de edificios.
Alcornoque, cuya corteza constituye el corcho.
Alerce, cuya madera es aparente para las obras de ebanistería.
Algarrobo, árbol que según los botánicos, vive más de doscientos años.
Arce, árbol del que mana una sustancia resinosa ó sea la trementina.
Astrágalo, árbol que produce la goma tragacanto.
Boj, cuya madera es tan compacta, que sirve para gravar en ella, obteniéndose grabados muy finos.
Boygle, árbol que tiene la corteza semejante á la canela; es un árbol sagrado para los Araucanos.
Caimitero, cuya madera es muy dura é incorruptible.
Caoba ó Cayoiba, madera compacta y muy estimada en ebanistería.
Cápa, cuya madera es excelente para construcciones de buques.
Capirona, madera que tiene la propiedad de petrificarse en el agua.
Caucho, árbol cuyo jugo, condensado, suministra la resina llamada goma elástica, que hoy se consume en gran cantidad en la industria para tan diverso objetos; es originaria de América.
Cedro, madera inmejorable para obras de ebanistería.
Cimarruba, árbol muy elevado, propio de las Antillas, las Guayanas y el Brasil.
Ciprés, árbol de varias clases, sirviendo su madera para la confección de vihuelas y otros instrumentos.
Chilca-brava, madera color parduzco, que no admite polilla.
Chonta, madera negra muy pesada, lisa y compacta, con la que los indios de América fabrican sus arcos, lanzas y macanas.
Ebano, madera negra, dura y compacta, muy apreciada para embutidos de ebanistería.
Enebro, madera aromática muy apreciada para la fabricación de la ginebra, licor muy fuerte y estimulante.
Fresno, cuya madera es blanca y se emplea en diferentes usos en la industria.
Guachapeli, madera fuerte y sólida que se emplea para la construcción de buques.
Guapurú, arbusto cuya madera es incombustible.
Guarango, árbol cuya madera es inmejorable para construcción de buques; es originario del Ecuador.
Guayacan, madera muy dura y olorosa.
Haya, árbol que rivaliza con el roble por su belleza y utilidad, siendo muy tenaz y flexible; de sus frutos se extrae un aceite estimado.
Higueron gigantesco, madera correosa y fuerte que se usa en la construcción de canoas.
Humiro, árbol notable por sus grandes frutos cuyas semillas tienen un albumen análogo al marfil.
Jacarandá, madera dura y muy compacta que se emplea en enchapados y embutidos de muebles.
Manchiga, árbol cuya madera es tan dura que hace oficios de piedra de batán.
Mangle, madera resinosa y fuerte que es apropiada para diversos usos.
Mimosa arábiga, árbol del que se extrae la goma arábiga.
Molle, árbol frondoso y corpulento; es propio de Quito.
Nogal, árbol cuya madera es pesada, dura y de un hermoso color oscuro.
Olmo, cuya madera es fuerte, sólida y fácil de labrar.
Palisandro, madera empleada en obras finas de ebanistería.
Palmeras, árboles de diversas clases, originarias de América; hay gigantescas, como: Palma Real, Palma de Cera, Palma Pischuayo, Palma Aguajo, Palma Christi, Palma Chiquechique, Palma Melocotón, etc., contándose en América más de trescientas especies diferentes, algunas muy elevadas y esbeltas, como el Cocotero Datilero, el Palmito Abanico, la Palma Ceroxylin de los Andes, etc.
Palo de rosa, madera excelente para ebanistería de lujo.
Pelmen ó Pino de Chile, que produce una fruta parecida á la castaña, y una resina que tiene el olor de incienso.
Pino, hay varias especies, y uno de ellos llamado Teberinto, produce una sustancia resinosa llamada trementina.
Pisonay, árbol originario del Perú; es gigantesco, muy coposo, y era simbólico en tiempo de los Incas, pues adornaban con él las alamedas que circundaban los palacios.
Quebracho, madera blanca y á veces morada.
Sándalo, preciosa madera muy apreciada en el comercio por el aroma que despide.
Siple, madera que se semeja al pino y sirve para muchos usos.
Y otros muchos árboles y arbustos cuyas maderas preciosas son muy apreciadas en las industrias y en las artes.
También hay en América Arboles gigantes, y existen aún Arboles históricos vetustos.
De los primeros, algunos, por sus proporciones, pasan del tamaño natural de los vegetales, como por ejemplo: en Chile, el llamado Pehuen, que alcanza á tener hasta 300 pies de altura; en California, varios hay que llegan á más de 150 pies de elevación y 80 de circunferencia en su tronco; en Colombia, el Juria, se eleva de 100 á 120 pies. Además, algunos árboles cuentan una longevidad asombrosa, citándose como un caso extraordinario, el Ciprés de Chapultepec, en México, que tiene 40 metros de circunferencia, al que sabios botánicos atribuyen una edad de 6200 años, teniendo en cuenta las capas que constituyen el tronco; el Pisonay, del Perú, árbol que era simbólico en tiempo de los Incas, del que subsisten aún algunos ejemplares en la capital del Cuzco, á través de 400 años que han trascurrido desde la caída del Imperio Incáico. Como curiosidad única, se cita que en el bosque del distrito de Mariposa, cerca de California, hay un árbol gigantesco que tiene 30 metros de circunferencia en su base, en el que se ha abierto un verdadero túnel por el cual puede pasar con toda comodidad una diligencia tirada por cuatro caballos, quedando á cada lado del tronco bastante madera para sostener el árbol sobre sus raíces.
De los Arboles históricos, que son depositarios de recuerdos y hechos lejanos, existen todavía unos pocos, como: en México, en el que debajo de su sombra descansó el conquistador Hernán Cortez á lamentar los desastres de la batalla de la "noche triste"; en la Habana, el Ceiba, bajo el cual se celebró el primer cabildo y la primera misa.
También hay en América otros árboles y plantas que tienen diversas propiedades ó productos útiles para la aplicación en industrias, verbi gracia:
Agave ó Ramié, planta de cuyos filamentos se hace la pita y otros cordeles; es originaria de México.
Algodonero, arbusto, con cuyo copo, hilado, se tejen telas finas.
Arbol candela, que produce una materia como sebo y sirve para el alumbrado; es propio de Venezuela.
Ayac-Mullaca, arbusto cuyas hojas y fruto sirven de jabón para lavar.
Bababusi, árbol cuyas hojas sirven para pulir la madera.
Bejuco, planta sarmentosa para hacer todos los objetos que se hacen con el mimbre.
Bibao, planta cuyas hojas anchas y gruesas sirven en algunos lugares para cubrir los techos de las casas.
Bombonaje, árbol cuyas bellas hojas en forma de abanico, sirven para preparar la paja fina para tejer sombreros.
Cáñamo, que produce el hilo para tejer telas, cordones y sogas de mucha resistencia.
Caraguata, planta fibrosa que es una especie de cáñamo.
Ceiba, árbol cuyo fruto se semeja á la lana de los animales y sirve para muchos usos.
Cerda vegetal ó Barba Española, árbol cuyos filamentos semejantes á la cerda, sirve para rellenar colchones.
Cerón, planta que produce una cera muy blanca, de la que se hace velas que dan una luz brillante.
Congó, árbol que produce la goma arábiga.
Curupali, árbol cuya madera sirve para curtir pieles.
Chambira, arbusto cuyas hojas producen un hilo tenaz para fabricar hamacas.
Damajuhato, árbol cuyo corteza es un tejido ductil que sirve á los indígenas para hacer mantas para su uso.
Estoraque, arbusto ramoso que produce la resina olorosa del mismo nombre.
Guinoba, árbol que produce la seda vegetal.
Huacán, árbol cuyas semillas hervidas dan buena cera.
Huamirisi, árbol del que nace un finísimo algodón blanco, más suave y fino que la seda, cuyo hilado es propio para tejer telas finas.
Humiro, especie de palmera cuyas hojas sirven para la construcción de los techos de las casas, y las pepitas de sus frutos sustituyen el marfil en la fabricación de varios pequeños objetos.
Lino, planta de la que se saca el hilo para tejer muchas telas.
Llaú-chama, árbol cuya corteza machacada se asemeja á un tejido y sirve de abrigo de cama á los indios de Loreto, en el Perú.
Llaú-Samora, árbol de corteza fibrosa como el cáñamo.
Lloque, árbol cuya corteza y fruto sirven para curtir cueros; también es madera muy estimada para bastones.
Mapujo, cuyos capullos suministran la seda vegetal.
Myrica, especie de laurel que produce una cera vegetal.
Palmera Mataqui, cuyas grandes hojas sirven para cubrir los techos de las casas.
Palo de Cruz, muy duro, de color pajizo, con manchas negras, madera muy estimada en la ebanistería.
Palo de Leche, árbol del que se extrae una leche blanca y muy espesa, que mezclada con la resina del payaro, produce un buen lacre, y con el copal y cera, forma una brea que los indios usan para calafatear sus canoas.
Peumo, árbol cuya fruta produce la manteca vegetal.
Pichicaspi, árbol cuya madera es muy dura é incorruptible, propia para construcciones.
Poma, árbol cuya madera fibrosa es tan fuerte como el hierro.
Puca-varilla, cuyas ramas del grueso de la muñeca de la mano, son tan elásticas, que se pueden juntar sus dos extremidades sin romperse.
Quillay ó Tarsana, árbol cuya corteza remojada en agua, sirve como jabón; es propio de Chile.
Sapaja, árbol de cuyas hojas muy duras, los indios hacen peines, pues su color es amarillo, opaco, semejante al carey.
Sebo de Mocoa, árbol cuyo fruto produce un sebo blanco y sin olor, del que se hacen velas para alumbrado.
Uritoquiro ó Diente de loro, árbol de madera tan dura que el hacha no abre brecha en él.
Vilca, árbol que produce una goma semejante á la arábiga.
Y muchos otros árboles y plantas filamentosas, de gomas y resinas, que tienen aplicación en las industrias.
Hay en América otros árboles y plantas tintóreas, como:
Aira, arbolito cuya madera sirve para teñir de color morado; es originario de las Guayanas.
Añil ó Indigo, planta cuyas hojas puestas en maceración, producen la pasta usada para teñir de color azul oscuro.
Ayrampu, especie de tuna, cuyas semillas de color púrpura sirven para teñir de ese color.
Campeche, madera que se emplea mucho en tintorería y en otros usos industriales.
Cariazú, planta cuyas hojas suministran un color carmezí muy apreciado en tintorería.
Culantrillo de pozo, planta que sirve para teñir de color azul.
Cúrcuma, que produce una tintura amarilla.
Chichango, planta que produce un hermoso color amarillo.
Chinchivilla, yerba que los indios emplean para teñir de azul; es originaria de la América del Sud.
Chipi, planta que produce un color rojo.
Churisique, arbusto cuya madera sirve para teñir de amarillo.
Granadillo, árbol de madera compacta empleada para teñir de encarnado subido.
Huantura, arbusto cuya semilla sirve para teñir de color rojo.
Huito ó Jagua, árbol que produce una fruta del porte de un durazno, cuyo corazón sirve para teñir de negro.
Kupu ó Telefio, planta cuyas hojas sirven para teñir de color verde; es planta de Bolivia, que echa sus vástagos tendidos por el suelo.
Llangua, arbusto cuyas hojas se emplean para teñir de azul.
Mizuca, palo que sirve para teñir de color amarillo.
Mullí ó Turbinto, que sirve para teñir de color verde; es planta propia de Bolivia.
Nopal, penca en la que se cría la cochinilla, insecto del tamaño de un chinche, el que secado al sol se vuelve duro, empleándose beneficiosamente para dar á la seda, lana y otras materias el color de grana y otros varios por combinación.
Palo Brazil, árbol cuya madera color acarminado, es tan útil en la tintoreria: es propio del Brasil.
Parinari, árbol cuyo fruto cocido dá un hermoso tinte azul.
Puca-Tupana, arbusto cuyas hojas sirven para teñir de colorado.
Quilioyuyo, arbusto para teñir de amarillo.
Raicilla, árbol cuya raíz sirve para teñir de color rojo.
Rijari, arbusto cuyas hojas tiñen de negro.
Rubia, arbusto cuyas hojas tiñen también de negro.
Sami, arbusto cuyas hojas tiñen de color azul.
Santa María, yerba que sirve para teñir de color azul.
Sañi, arbusto para teñir de color morado.
Tara, árbol cuyas hojas sirven para teñir de negro.
Cuanto á los árboles y plantas frutales, además de muchas exóticas, hay originarias y especiales de América. Citaremos algunas clases de estas últimas:
Acamelt, que produce un licor vinoso muy agradable.
Aceituno, especial y originario de América; produce una oliva negra, y en el Perú hay en abundancia, siendo las de Moquegua muy renombradas.
Acra, fruta que es apetecida por su exquisito sabor.
Aguacata ó Palta, del tamaño de una pera grande y muy apetitosa, es fruta que sin ser dulce ni ácida, se come con sal; es propia de América.
Capulí, que tiene un gusto suave, muy agradable.
Ciruelas, frutas silvestres, denominadas, una del fraile, con carnosidad de color rojo subido, y otra, que es agri-dulce y color amarilla.
Coco, fruta de gran tamaño, que es muy estimada, pues su pulpa tiene el gusto de la almendra, y el agua que en su concavidad contiene, es muy fresca y saludable; los indios aprovechan su cáscara entera para hacer porongos y envases para sus diversos usos.
Chirimoya, muy estimada por su agradable y exquisito sabor.
Chicozapote, con pulpa blanca con visos de color de rosa; es fruta de las mas exquisitas, y, según muchos europeos, superior á todas las del Antiguo Mundo. En México hay bosques enteros que crecen sin cultivo, en una extensión de diez á doce millas.
Granada, fruta redonda, cuyo interior está lleno de granos á guisa de mashorca, de color carmesí y de sabor dulce, unas, y ácidas, otras.
Granadilla, fruta del tamaño y forma de un huevo de ganzo, cuyo contenido es gelatinoso, dulce, lleno de pepitas y de sabor agradable.
Guaba ó Pacae, vaina que contiene pepitas negras como habas, cubiertas con una pelucilla blanca y carnosa, de grato gusto.
Guahabana, especie de Chirimoya grande, de sabor algo agri-dulce, pero no desagradable.
Guayaba, fruta más ó menos dulce, con la carnosidad llena de semillas pequeñas.
Lima ó Bergamota, especie de limón real, pero dulce, de cuya corteza se extrae una esencia que sirve para preparar el Agua de Colonia.
Limón ceuti, es ácido, más vehemente y más fragante que el limón real de Europa; hay varias especies en América.
Lucuma, redonda, de carnosidad amarilla-anaranjada, poco dulce y seca, pero de sabor agradable; es oriunda del Perú.
Mamey ó Mamai, del tamaño de un huevo de pavo y con el gusto del durazno.
Níspero, especie de ciruela, pero con dos, tres y hasta cuatro pepas lustrosas.
Papaya, del tamaño de la cabeza de un hombre, redonda, lisa, de carnosidad amarillo-anaranjado, muy agradable al paladar.
Pepino, fruta cilíndrica ó ovalada, verde-claro por fuera y blanca por dentro, con semillas puntiagudas, aplanadas y pequeñas; es originario de América.
Piña ó Anana, de gran tamaño, de gasto exquisito, de carnosidad amarilla, dulce y poco ácida, de olor suave, llegando á pesar hasta diez y ocho libras; es originaria de América.
Plátano ó Banana, de varias especies, teniendo todos un gusto suave, delicado y un sabor exquisito, especialmente el llamado de seda, que es muy fragante. Hay algunas especies gigantes, como el Zapalote, que tiene de 15 á 20 pulgadas de largo, y hasta 3 de diámetro. Hay bosques enteros de plátanos en América.
Sandía ó Melón de agua, de pulpa aguanosa, encarnada ó amarilla, muy refrigerante.
Toronja, especie de naranja, que tiene la corteza gruesa y llena de tubérculos; es fruta aparente para ser confitada.
Tuna, fruta que crece sobre la penca llamada nopal, con espinitas en el exterior y muchas semillas en el interior; es más conocida con los nombres de Higo chumbo, Higo de pala é Higo de tuna, y es de gusto agradable y dulce.
Zamboa, cierta especie de toronja.
Zapote, de corteza verde, pulpa negra, carnuda y sabor dulce; cocido, con azúcar y canela, es de un sabor delicadísimo. Hay Zapote blanco, que es aún más delicado que el negro.
A más de otras frutas especiales y silvestres, se han aclimatado perfectamente en América, muchas clases de frutas de Europa, como Albérchigo, Prisco, Durazno, Melocotón, Cidra, Membrillo, Albericoque, Naranja, Higo blanco y negro, Manzana, Pera, Ciruela, Melon, Uva blanca y negra, y algunas otras.
De las plantas alimenticias, tónicas y confortativas, las más son originarias y propias de América, habiendo sido algunas introducidas en Europa, donde se han aclimatado maravillosamente. Entre estas plantas se cuentan las que siguen:
Arracacha, planta tuberculosa, que es uno de los principales alimentos de los indígenas.
Arroz, planta graminea, que crece en los lugares ya húmedos, ya cálidos, y se cultiva con esmero, por ser un cereal que se reproduce copiosamente. Aunque originario de la China y la India, se ha aclimatado perfectamente en América, principalmente en el Perú.
Atchera, planta cuyas hojas se parecen á las del plátano y de cuya raíz se extrae una fécula semejante al sagú, la que es muy alimenticia; es planta propia del Ecuador.
Batata ó Papa, cuyos bulbos de color castaño claro por la parte exterior y amarillo claro por dentro, son de gusto muy agradable, y constituyen uno de los principales alimentos no solo en el Nuevo Continente, sino también en los Antiguos, donde ha sido introducida y aclimatada por modo maravilloso; es bulbo originario del Perú. En las serranías del Perú los indígenas convierten la Batata en «Chuño ó Papa seca»: la cuecen con corteza en pailas enormes, le quitan la película, la depositan por algunos días al aire libre y al sereno, cuidando que no reciba sol ni lluvia, y queda recia y seca, conservándose en ese estado muchos años; entra en el guisado llamado «Carapulca», en el Perú.
Batata ó Papa amarilla, más fina que la anterior, cuyos bulbos son de color amarillo anaranjado por dentro, y de gusto exquisito; es también originaria del Perú.
Cacahuate ó Maní, planta cuyo bulbo de la forma de un capullo de seda, se come generalmente tostado, y también se mezcla con algunos guisos.
Cacao, árbol cuyo simiente es el principal ingrediente que entra en la confección del chocolate, bebida nutritiva y de sabor agradable; es originario de América, y se produce en México, Perú, Ecuador y Guatemala.
Caconite, planta cuya raíz da una harina nutritiva.
Café, con cuyo fruto tostado y molido se hace una bebida agradable, que se consume mucho en todas partes del mundo. Aunque esta planta es originaria de Arabia, se ha aclimatado perfectamente en América, que produce calidades que compiten con el de Moka.
Calabaza comestible, con la que los indígenas confeccionan algunos guisos.
Camote ó Moniato, especie de Batata dulce que se produce en temperamento cálido; los hay de tres especies: blanco, amarillo y morado.
Carlocar, planta que destila un aceite espeso que reemplaza á la manteca y sirve para condimentar los guisos.
Coca, arbusto originario del Perú, cuyas hojas parecidas al naranjo, son predilectas para los indios, que acostumbran mascarlas mezcladas con la tierra llamada llipta y ceniza de la mazorca del maiz, siendo el sumo de esas hojas, para los indígenas, el mayor corroborante y un alimento increíble, pues ellos se alimentan con el jugo de dichas hojas, que con la boca largas horas trituran, hallándose cada día más robustos, apesar de desempeñar labores bastantes rudas; de las hojas se extra la cocaina, alcaloide de preparación oficinal.
Cullen, arbusto cuyas hojas se parecen á las del té y tienen casi la misma propiedad que las de éste.
Maiz, planta graminea, cuyo fruto en forma de mazorca, es farineo y muy nutritivo como alimento sano, tanto para el hombre como para los animales; hay diversas especies: amarillo, blanco, azulado, morado, rojo y negro. De él, molido, se hace en América una especie de tortas delgadas y redondas, tostadas en un tiesto de barro, y sirven de pan á los indígenas; es grano originario de América.
Magu, especie de centeno, bastante nutritivo.
Maguey ó Melto, planta de hojas gruesas y grandes, utilísimas para muchos usos, pues si las cuecen, dan miel; si las purifican, azúcar; si las destemplan, vinagre; si las echan ocpatli, vino; y de esas mismas hojas se hacen conservas, se fabrica papel, y sus troncos sirven de vigas, y sus hojas, como tejas, para cubrir los techos de las casas; del árbol se hace alpargatas, esteras, mantas de vestir, calzado, cinchas, jáquimas, cabestros, y se saca cáñamo para hilar. Además, la raíz es eficaz para curar los males de la orina.
Mandioca, especie de granos con cuya harina se hace pan en algunos pueblos de América.
Mate ó Hierba del Paraguay, de cuyas hojas se hace una infusión teiforme en una cáscara de coco, calabaza ó jícara, que se absorbe mediante una bombilla de mimbre ó de plata, siendo una bebida estimulante, estomacal y tónica, usada principalmente por los indígenas del Paraguay, Chile, la Argentina y otros lugares inmediatos; contiene los mismos principios activos que el té y el café y produce iguales efectos.
Oca, planta tuberculosa indígena, de las regiones frías y templadas, cuyo tubérculo lustroso, amarillo, muy dulce, es del particular gusto y sabor de la castaña, con el que se hace conservas muy estimadas; también se come fresca, ó sea, cruda ó cocida.
Olluco ó Melloco, planta tuberculosa, cuyo fruto es redondo y blanquizco, que se come cocido, siendo un alimento que tiene propiedades analépticas, y es muy apetitoso, sobre todo, para los indios.
Quinoa, planta cuya semilla semejante á la lenteja, es muy usada como alimento, en América, de donde es originaria también.
Tapioca, fécula del Manioc, que es muy nutritiva y conveniente en la convalescencia de cualquiera enfermedad.
Trigo, de Europa; fué introducido á América, cultivándose con éxito en Chile, California y todo otro temperamento templado.
Yuca ó Manioc, planta cuya raíz sirve de alimento, por contener elementos nutritivos; rayada, produce un excelente almidón; también es la base de la bebida llamada masate, tan generalizada entre los indios de la América Meridional, donde es originaria.
No faltan en América, árboles y plantas aromáticas, que sirven para condimentar comidas, como:
Achiote, arbolito cuyas semillas cubiertas de bastante materia oleosa roja, de buen gusto, sirve para dar color á los guisos.
Ají ó Chile, pimiento del que hay varias especies en tamaño, figura y fuerza del picante; es propio de América, donde hay en abundancia.
Azafrán, planta que crece formando hebras; se usa también para dar color á los manjares.
Canela, planta más fragante que la renombrada de Ceylan, y de la que hay bosques enteros en América.
Clavo de olor, de color pardo oscuro, de olor muy aromático y agradable, de sabor acre algo picante, que se usa como especería en diferentes condimentos.
Laurel, árbol cuyas hojas sirven para aromatizar los manjares.
Nuez Moscada, que es producida por la planta llamada Mirística, de gusto aromático.
Orégano, planta herbacea, de hojas y flores reunidas en espigas, muy aromático, usado como condimento.
Pimienta, baya redonda, de color rojizo, pardo oscuro ó negro cuando seca, y rugosa; es acre, aromática, ardiente y de sabor picante, y se usa con especialidad para condimentar fuertes excitativos.
Sasafrás, especie de laurel aromático.
Vainilla, cuyo fruto es una cápsula prolongada que contiene una pulpa sumamente olorosa, y sirve generalmente como ingrediente para el chocolate y dulces en jalea; es originaria de América, y tan abundante, que nace sin cultivo en las tierras calientes.
Y otras clases de especerías que lisonjean el olfato y el gusto.
Los ejemplares de la flora de América son en número incalculable, tanto las propias del Nuevo Continente, cuanto las en él aclimatadas y provenientes del Mundo Antiguo. Como la enumeración de esas flores sería sumamente extensa, nos limitamos tan solo á citar algunas de ellas:
Acacia, cuya planta ha sido importada de Asia á América, donde se ha desarrollado con lozanía en la zona ecuatorial.
Amapola, flor de varias especies; es indígena de América.
Ambarina, flor que nace de la planta de la familia de las quenópodeas; es de agradable perfume.
Azahar ó flor del Naranjo, tan olorosa que embalsama el ambiente.
Azucena, flor abigarrada de rojo, amarillo, blanco y negro; es originaria de las comarcas de la Argentina.
Balsamina, flor cuyo arbusto fué importado de la India, y que se aclimató perfectamente en América.
Clavel, de varios colores y exquisita fragancia; sus plantas han sido importadas á América, donde sus variadas especies se han aclimatado y se ostentan con lozanía.
Crisántemo ó Flor de Oro, de la familia de las compuestas, cuyo arbusto originario de Europa ha sido importado á América, donde se han aclimatado con esplendidez.
Dalia, hermosa flor de varios colores; sus plantas han sido dedicadas al célebre botanista inglés Dale; son originarias de México.
Flor del Corazón, sumamente fragante, pues basta una sola flor para perfumar una casa; esa planta es propia de América.
Floripondio, cuya flor á manera de embudo es muy olorosa; es planta originaria del Perú.
Heliotropo, flor de suavísimo perfume, pequeña, de color azulado y está dispuesta en espigas enroscadas; es originaria del Perú.
Hortensia, flor de color de rosa, que nace en corimbos; es planta propia de la China y del Japón, pero se aclimató perfectamente en América.
Jazmín, flor blanca y vistosa, que exhala un suavísimo y agradable olor; es planta originaria de la América Septentrional.
Heliconia, hermosa flor que nace en panículo; es planta originaria del Perú.
Lila, el arbusto que produce esta bella flor, es originario de la América Septentrional.
Lirio, de hojas esplendorosas y flores de infinitos matices y colores, que exhalan un fino y delicado perfume.
Magnolia, cuya flor es muy fragante; su planta es originaria de los países australes de América.
Narciso, bella flor de suave y exquisito olor.
Orquídea, cuya flor es bellísima; en el Perú hay varias especies.
Rosa, las hay de varias formas, distinguiéndose la llamada «Rosa de las cuatro estaciones», propia de la América Central y de la isla de Haití ó Santo Domingo.
Victoria regia ó Lirio acuático, cuya flor es la más grande y hermosa que se conoce, y cuyas hojas tienen dos metros de diámetro, siendo tan resistentes, que un hombre puede pararse en ellas sin que se hundan en el agua; su olor es parecido al de la Magnolia; es originaria de uno de los afluentes del río Amazonas. La hermosura de esta flor causó tanta admiración al célebre naturalista Tadeo Haenke, que hincándose de rodillas, expresó su entusiasmo con acaloradas exclamaciones hacia el Supremo Hacedor de tanta belleza.
Y muchas otras flores de brillantes hechuras y delicados perfumes, cuya variedad de matices se disputan los colores del arco-iris.
Por último, hay otras plantas notables, propias de América, que se deben mencionar, como:
Algodón, planta originaria del Perú, cuyo fruto es un copo sedoso, blanco y esponjoso que cubre la semilla, siendo su hilaza una de las materias más útiles y finas, que con la seda, el lino y la lana, viene á ser necesaria é indispensable para la fabricación de los géneros ó telas.
Arbol de la cera, cuyas semillas en forma de racimos, produce una cera tan buena como la de las abejas.
Arbol de la leche ó Palo de Vaca, del que se extrae un jugo de bastante cuerpo muy semejante á la leche de la vaca, que se consume para todos los usos domésticos; es originario de Colombia y de Venezuela.
Arce azucarada, árbol cuya sabia está muy cargada de azúcar, que se obtiene por medio de la ebullición, y sus calidades son idénticas á la de la caña y de remolache; es propia del Canadá.
Beldoco, árbol que produce la lana vegetal.
Cacto ó Cactus, planta portulácea de la que hay en América una gran variedad de más de 450 especies, de distintas formas y calidades; es planta que crece extraordinariamente en las áridas llanuras, cuyos troncos, á manera de columnas, semejan á unos candelabros.
Caña de azúcar, planta parecida á la caña común, pero de cuyo jugo dulce se extrae el azúcar.
Fraylejón, planta cuyo tamaño y figura se parece á un fraile vestido de blanco.
Girasol, especie de hongo, blanco, pequeño, del que se extrae un aceite; se le llama así, porque casi siempre está inclinado hacia el lado del sol; es originario del Perú.
Huanirú ó Pullipunto, planta que produce el marfil vegetal.
Tabaco, planta que debe su nombre á la isla de Tabago, una de las Antillas, y cuyas hojas preparadas de diferentes maneras, se ha hecho de tan general uso para fumarlo ó aspirarlo en polvo por las narices.
Tagua, fruto de una palmera llamada Cadi, que produce el marfil vegetal.
REINO ANIMAL
Sin especificar las diversas especies de corpulentos paquidermos que han existido en América durante la época antediluviana, nos limitaremos á enumerar algunos animales de este suelo, posteriores al Diluvio, muchos de ellos originarios y especiales, tanto cuadrúpedos cuanto volátiles, acuáticos é inséctiles.
Entre los principales cuadrúpedos de diversas especies, que son los más numerosos, se cuentan los siguientes:
Acuti, especie de conejo originario del Brasil y del Paraguay.
Alpaca ó Alpaga, mamífero cuya lana es sumamente fina y larga, muy parecida á la de Cachemira; es una especie de cabra, que vive en la más elevada región de los Andes del Perú.
Alco, semejante al perro, cuadrúpedo mudo, cuya carne es excelente.
Anta ó Gran Bestia, especie de tapir, propio del Perú; los indios tienen mil preocupaciones sobre las propiedades medicinales de las uñas de la Gran Bestia, las que miran como una panacea universal.
Añaz ó Añango, zorro del tamaño de un gato, cuya arma, para defenderse de otros animales, es la orina, que arroja tan pestilente que hace huir á las gentes; pero es buscado con interés por su hígado, el cual seco, en peso de un adarme, es un específico milagroso contra el dolor de costado.
Ardilla, animalito vivísimo y lijero, que vive en los bosques y que tiene la particularidad de comer como los monos, valiéndose de las manos; en los bosques de la América del Norte hay en abundancia.
Armiño, cuya piel es muy estimada y preciosa por su suavidad y su blancura como la nieve, y tan buscada en peletería.
Bisonte ó Búfalo, especie de toro indígena, con jiba en el lomo; es originario de la América Septentrional.
Buey mosqueado ó almizclado, de las comarcas boreales de América.
Cacomiztle, especie de fuina, propia de México.
Capivardo, semi-anfibio, propio de la América Meridional.
Carcajú, mamífero carnívoro, propio del Canadá.
Caribú, especie de reno, propio de la América del Norte y del Canadá.
Castor, mamífero del orden de los roedores, del tamaño de un perro mediano y de pelo generalmente castaño; es propio del Canadá y de Norte América, donde vive en sociedad, en habitaciones que construye á orillas de los ríos.
Ciboro ó Toro silvestre, rumiante, abundante en las pampas de la Argentina y de México, que se diferencia del toro común, en tener sus astas echadas hacia atrás y tener una lana fina, rizada y corta, en lugar de pelo.
Cochinillo de Indias, semejante al puerco y al conejo.
Comadreja, especie de rata grande que hace sus invasiones en los corrales, matando cuantas gallinas puede cojer.
Corzo, semejante al siervo, casi sin cola, de color ceniciento y cuernos pequeños; es muy lijero y tímido.
Couguar, fiera manchada como el tigre, muy feroz; es propio de América.
Coyote, especie de mastín que ataca al hombre; es propio de México y de California.
Coypú, especie de nutria, propia del Ecuador.
Cuati, género de mamífero carnívoro, del tamaño de un gato.
Cuchichí ó Huanusi, hormiguero con rabo muy esponjado que le sirve para cubrirse, y con su trompa larguísima la envaina en los agujeros de las hormigas para atraerlas y comerlas.
Cui, especie de pequeño conejo, muy apreciado por los indígenas que lo crían en sus casas, pues su carne es delicada y sabrosa; es originario del Perú y Ecuador.
Charapa, tortuga grande que puede vivir meses enteros sin tomar alimento alguno.
Chillihueque, especie de huanaco, propio de Chile.
Chinchilla, especie de ardilla, propia de la América del Sud; su piel es muy estimada en pelletería.
Fichiciago, animal del tamaño del topo, que tiene una coraza de láminas corneas y cuadradas, cuya flexibilidad se presta á toda clase de movimientos; es propio de Chile.
Filandra, semejante á la marmota.
Gamo, especie de corzo, de color leonado y cuernos anillados y encorbados hacia adelante.
Gato-tigre ó montés, de los bosques; es una especie de leopardo, que se halla tanto en la América del Norte como en la del Sud.
Glotón, especie de tejón carnívoro, de las regiones frías del Canadá, cuya piel es muy estimada por su finura.
Guangana, puerco montés que siempre anda en tropas de más de cien con su capitán, y si son atacados, nunca huyen, hasta que muere el capitán.
Guanque, especie de raton campestre, de color azul; es propio de Chile.
Guamul ó Huemul, especie de asno, originario de las partes inaccesibles de la cordillera de los Andes de Chile.
Hatau-Viringo, especie de perro galgo, desnudo de lana, que se supone sea originario de la China, pero algunos zoólogos creen que es propio de América.
Huanaco ó Guanaco, especie de llama originaria del Perú y del Ecuador, de color rojo por encima, blanquecino por debajo y con la cola levantada.
Huegue, especie de vicuña, propia de la Araucañia.
Iguana, especie de lagartija, que tiene debajo de la mandíbula inferior una bolsa ó papo con una línea de púas; su carne y huevos son muy apreciados por los indios, como alimentos.
Intuti ó Guanchaco, especie de zorra, algo mayor que un gato y de la figura de una rata, que vé poco de día y cría á sus hijos en una bolsa que abre y cierra en la barriga, dentro de la cual se ven las dos hileras de los pechos.
Izcuintepotzath, perro jorobado, originario de México.
Jaguar ó Tigre americano, propio del Perú y del Paraguay.
Kanguroo, del orden de los marsupiales, propio de las Guayanas.
Lobo del Marañón, de piernas muy cortas, que anda más á brincos que á pasos; es propio del Perú.
Llama ó Llacma, especie de camello sin joroba, llamado por los españoles carnero peruano, por la lana y alguna semejanza de la cabeza, pues su figura es parecida á un camello, no solamente en el cuerpo, sino también en las propiedades; es animal originario del Perú, y muy útil á los indios de ese territorio, para transportar sus cargas ó mercaderías.
Margai, especie de gato-tigre, propio del Paraguay.
Marta, carnívora, cuya piel es muy hermosa; despide un olor infecto, que proviene de una materia particular, segregada por unas glándulas que tiene situadas cerca del ano.
Mixtli, león sin melena, propio de México.
Monos—En América, principalmente en el Ecuador, hay una gran variedad de monos, tales como:—Aluato, de faz desnuda de pelo, nariz aplastada, de gran cola sin pelo, que tiene mucha fuerza.—Caparro, mono grande, grueso y forzudo, con cara semejante á la humana; es propio de Venezuela.—Cararayada, mono nocturno, que no puede soportar la luz del día.—Chichico, el más pequeño de los monos, pues es del tamaño de un ratón y se esconde dentro de una mano; es propio de los bosques del Ecuador, y los hay de varios colores, como negros, pardos, blancos, verdes y colorados oscuros.—Horro-cercopítero, mono grande propio del Ecuador y de México, de color negro y collar blanco, que parado es de la estatura de un hombre, y es opinión vulgar que si coje una mujer á solas, usa de ella con violencia.—Miquito, que tiene una cola larga, en la cual reside especialmente el tacto y la fuerza y que le sirve para enroscarla en las ramas de los árboles y suspenderse de ellas.—Omeco, mono grande, pardo y muy feo, que tiene una gran papera en el pescuezo.—Tití, mono pequeño, con una mancha negra en la cabeza á modo de gorra.—Ushñaga, mono nocturno que nunca se deja ver de dia y se parece algo á la lechuza por sus ojos saltados y grandes. Y muchas otros monos, tales como los Achumi, Aullador, Capuchino, Cotomono, Choco, Frailecito, Macaquito, Marimonda, Nictipiteco, Oki, Miquito, Pinchecito, Sapis, Uistití, Zorrillo, Marikina, Pinchis, Saimiri, Sai, Saki, Safú, Tamarino, Sapajou, Saguin y otros más.
Mirmecófago, género de mamífero destatado, hormiguívoro.
Muca, especie de zorro, que se ocupa en desvastar los gallineros.
Mucamuca, rata de los bosques.
Nutria, cuya piel es muy apreciada para varios objetos de lujo y adorno.
Ocelotl, tigre originario de México.
Ondatra, rata almizclada, propia del Canadá.
Onza, gato carnívoro de la Cordillera de los Andes del Perú.
Oso hormiguero, cuyo instinto es perseguir los nidos de hormigas para destruirlos.
Paca, cuyo pelo y gruñido es semejante al cerdo, y la cabeza parecida al conejo.
Pagi, especie de león, propio del Perú.
Perezoso, mamífero llamado así, porque pasa la vida en un árbol, hasta que el hambre lo obliga á buscar algún alimento.
Pecavis americano, especie de jabalí de los bosques de Chanchamayo, en el Perú.
Pichus, especie de zorro grande, originario de América.
Pilori, rata muzcada, propio de las Antillas.
Puca-puma, especie de leopardo de los bosques del Ecuador.
Puerco-espín, animal parecido al erizo, cubierto de unas púas de dos á tres pulgadas, de la calidad de las astas, con vetas negras y blancas.
Puma, especie de león, originario de Chile.
Quinza-ñahui, especie de zorro que tiene tres ojos, los dos en su sitio natural, y el tercero en la frente, el que le sirve de farol para ver de noche, porque abierto reluce á oscuras como una estrella.
Quirquincho, especie de tatú, propio del Perú, de México y del Paraguay; es cubierto de una concha, de dieciocho fajas, coraza que le defiende de los ataques de otros animales.
Rengífero ó Caribú, especie de ciervo de la región frígida del Canadá, donde hay numerosos rebaños.
Rucco-lluicho, especie de ciervo de poca cornamenta, de color atabacado oscuro, que es el que cria las piedras bozoares más estimadas.
Saino, especie de jabalí que tiene en el lomo un botón lleno de materia hedionda, que apesta toda la carne si no se corta luego.
Salamanquesa, especie de lagartija de varias regiones de América, cuya picadura es mortal.
Saricovienna, nutria particular del Paraguay, Brasil y Guayana.
Sartinajo, especie de conejo.
Siguairo, también especie de conejo.
Suaicato, especie de hiena, propia de América.
Taplti, especie de conejo; es propio del Paraguay.
Tarac, especie de venado.
Tato ó Tatu, cuadrúpedo que tiene los pies con cuatro ó cinco uñas, con conchas que llegan hasta el vientre, con púas como las del erizo, y que gruñe como el puerco; es originario de América; á pesar de su armadora posee una flexibilidad tal, que en caso de peligro, se enrosca en forma de bola.
Ucumari, especie de oso, diverso de los que se ven en Europa, que vive en los climas fríos de la América Septentrional.
Urón, especie de perro con la cabeza y hocico de puerco, piés y manos de perro, con solo tres dedos y uñas largas y gruesas, que vive bajo la tierra y la taladra en poco tiempo en la extensión de muchos metros.
Uturunco, especie de tigrillo.
Vaca-mocha, especie de vaca que tiene una trompilla como elefante.
Vicuña, animal de la familia de las llamas, que habita las crestas de las más altas cordilleras del Perú y cuya lana finísima es muy apreciada para la confección de paños, sombreros, medias y otras telas.
Vizcacha, especie de conejo con cola larga y pelo esponjoso semejante al del castor; es originario del Perú.
Yaguar, especie de tigre, de la Cordillera de los Andes.
Yuray-tarujo, especie de ciervo blanco, animal muy hermoso por su blancura como la nieve y su gran cornamenta dividida en muchas ramas, con ojos encendidos como coral, y de veloz carrera, que vive en las montañas más elevadas de la Cordillera de los Andes.
Zachin, animal pequeño que acomete al hombre, á las culebras y á cualquier otro animal.
Entre las muchísimas aves de América, de varias especies, notables unas por su armonioso canto, otras por su hermoso plumaje multicolor, y otras por sus especiales propiedades, se pueden citar las siguientes:
Agami, señalado por el sonido especial de su canto y su rara inteligencia.
Aguila coronada, ave de rapiña que se empleaba en la cetrería.
Aguila de dos cabezas, originaria de México, asegurando algunos historiadores, que en 1741 se llevó una á España.
Alcatraz ó Pelícano, pájaro acuático del tamaño del cisne, de color blanco, que con los años degenera en rubio; debajo del pico tiene una especie de saco en que deposita la pesca que coje para comérsela después con toda comodidad. La manera de abrir este saco, para dar alimento á sus polluelos, ha dado pié á la fábula de que se abría el pecho con el pico, sin otro objeto que sustentarlos con su propia sangre ó á costa de su propia vida. En las islas de la costa de la América del Sud hay innumerables de estos pájaros.
Alcón, ave de rapiña propio de las Cordilleras.
Arcotras, ave de hermoso plumaje encarnado, dorado y azul.
Arrandajo, especie de tordo, que imita el canto de todas las aves con suma facilidad.
Buitre ó Gallinazo, ave de rapiña, especie de cuervo, bastante numerosos en América; viven en cuadrillas con las de su especie, y son las que hacen la policía de las grandes ciudades, pues se alimentan de caroña.
Cacico moñudo, cuyas plumas del cuerpo son de color chocolate, las alas verde-oscuro y la cola amarillo-brillante; sobre la cabeza tiene un moño puntiagudo.
Camichi, curiosa ave que por su voz hace retemblar.
Carpintero, de pico grueso y fuerte, con el que taladra los árboles más duros para hacer su habitación.
Casoar, especie de avestruz; es propio de la Argentina.
Cereba azulada, notable por las resplandecientes tintes de su plumaje matizado admirablemente, y separado por bandas de un negro aterciopelado, en la cabeza brilla un moño de plumas de un azul-verdoso y de reflejos metálicos; canta silbando algunas palabras con claridad; es propio del Brasil.
Cigüeña, especie de grulla, de color blanco, mayor que la gallina, con el cuello, pico, cola y pies largos, de color rojo sanguíneo y las alas surcadas de plumas negras; se mantiene de sabandijas.
Colibrí, pájaro pequeño, de hermosas y esbeltas formas, de brillante plumaje tornasolado; es propio de los parajes cálidos de América.
Condor, el coloso de los buitres, ave de rapiña, propia de las gigantescas cimas de la Cordillera de los Andes de Chile, de plumaje negro con un collar ó faja blanca al cuello; alcanza alturas que á ningún hombre le es dable vencer.
Cotinga, lindo pájaro de plumaje azul, con garganta morada.
Cotorra, especie de papagallo muy hablador, que abunda en los bosques del Ecuador.
Curiquingui ó Ave del Inca, originaria del Perú, que es mayor que una gallina, con cola y alas muy largas, de color pardo claro con vetas ondeadas de amarillo color oro; es ave tan domesticada como las gallinas.
Chogray, pájaro de plumaje amarillo, domesticable, y muy inteligente para aprender cuanto se le enseña.
Flamenco, ave muy hermosa, algo mayor que la cigüeña, con las alas color de fuego que llama mucho la atención; es originario de Chile.
Grajo, ave celebrada por la belleza y matices de su brillante plumaje.
Guacamayo, ave también de muy vistoso plumaje.
Jabirú, ave cuya propiedad es tendente á destruir los reptiles.
Jujuy, ave que imita perfectamente la voz del hombre, dando lugar á que los cazadores se equivoquen, creyendo que son compañeros que los llaman.
Mochuelo, ave nocturna, de color amarillento salpicado de gris y pardo por el lomo, con puntos cenicientos en las extremidades de las alas.
Murciélago Sanguinario, de dedos largos reunidos por unas membranas que le sirve de alas para volar, su cuerpo cubierto de un pelo fino y de color negro; sólo vuela por la noche y se mantiene chupando la sangre á otros animales; es propio de América. En el Brasil hay una especie denominada Vampiro, que son de un tamaño extraordinario.
Nandú, especie de avestruz, de los desiertos de la América del Sud, de plumas muy estimadas.
Ninfa, de los bosques, es notable por la belleza de su plumaje de magnífico color azul.
Orbig, ave de aceradas garras más temibles que las del mismo tigre.
Oropéndola, ave muy hermosa, que tiene el pico encarnado, el cuerpo manchado de amarillo y de verde, negras las alas y la cola, y amarillas las extremidades de las plumas.
Pájaro loco, muy astuto, que hace su nido de manera de no ser ofendido por ningún otro animal.
Pájaro mosca, de plumaje brillante color púrpura-oscuro, la espalda brilla con reflejos verdes y el cuello y vientre de color verde esmeralda, su canto es dulce y agradable; es propio de Venezuela y del Brasil.
Pájaro nocturno, que solo sale cuando se pone el sol; es propio del Darién.
Papagayo, ave de hermoso plumaje; es propio y común en los bosques del Ecuador.
Pardillo, ave de lomo ceniciento, cabeza, cola y alas negras, que se domestica con facilidad y aprende á imitar el canto de otras aves y aún la voz del hombre.
Pavo real, ave originaria de México, de donde se llevó á España, propagándose en seguida por toda Europa; es la ave más hermosa que se conoce por su brillante plumaje.
Pavo de Indias, de la familia de las gallinaceas, algo más pequeño que el pavo real, con plumaje color ceniciento; es originario de México, de donde se llevó á España.
Pechicolorado, especie de pardillo que tiene el pecho colorado.
Peróxito ú organito, ave cuyo canto armonioso parece entonar todos los acordes é intérvalos armoniosos del diapasón; es propio de los bosques de la Cordillera de los Andes.
Picado, que tiene su pico más pesado que todo su cuerpo.
Pinza, cuyo pico es más largo que todo su cuerpo.
Polatuca, especie de ratón que vuela.
Quezal, ave de México, adornada de un hermoso plumaje verde.
Rabihorcado, ave grande de rapiña cuyas alas desplegadas ocupan el espacio de catorce pies, y es de mucho vuelo, pues apesar de ser terrestre, extiende su vuelo hasta treinta leguas y más, dentro del mar.
Rabo de junco, ave terrestre muy grande, que tiene la cola larga y muy delgada, que también vuela en el mar á grandes distancias.
Sinsonte, ave de canto tan armonioso que se le considera como el rey de las aves, por su canto y trinos que embelezan.
Tángara, especie de gorrión, propio de los países equinocciales de América.
Tucán, especie de picazo; es ave propia del Brasil.
Tinamón, gallinacea, exclusivamente propia de la América Meridional.
Turpian, cuyo canto es muy agradable y entretenido.
Toro-Pisco, de lindo color, con un moño en forma de plumero.
Trompetero, que tiene la particularidad de cantar por el ano.
Tijeras-Chupa, cuya cola está en forma de tijeras.
Tunqui, ave muy rara, de los espesos bosques de la Cordillera de los Andes, cuya cabeza está adornada de un copete de plumaje vistoso color fuego vivo y encendido.
Yunatunqui, hermoso pájaro que tiene una especie de quitasol sobre la cabeza.
Y otros tantísimos pájaros y aves más hermosos y abundantes que en cualquiera otra parte del mundo. Además el interior y las costas de todas las zonas se hallan pobladas de variedad de perdices, buhos, ocas, ánades, piches, sarapicos, chorlitos, becacinas, patos reales, garzas, gaviotas, palomas torcaces, perdices, jilgueros, gorriones, golondrinas, ruiseñores, chirotes, etc., etc., y otra infinidad de aves acuáticas.
De los insecticidas, hay en América un bullir incesante de multicolores; pero solo señalamos algunos que tienen cierta particularidad que merece ser anotada:
Alacrán ó Escorpión, muy común en las regiones cálidas de América; su cabeza forma con el cuerpo una sola pieza, y tiene una cola movediza y armada de una punta corva ó uña, con la cual picando, introduce el humor venenoso.
Animal rojo, especie de cangrejo microscópico, que se introduce en la cútis de todo el cuerpo, produciendo mortificantes dolores.
Calóptero, insecto de la familia de los carábicos, notable por sus lindos colores; es propio del Brasil, de Cayena y de Chile.
Cienpiés, insecto venenoso, de cuerpo cilíndrico, compuesto de muchos anillos unidos por medio de una membrana muy delgada, cada uno de los cuales está provisto de dos patas, de labio inferior armado de dos prolongaciones articulares y duras hacia adentro en forma de tenacillas, que le sirven de arma ofensiva.
Cínife ó mosquito de trompetilla: es carnívoro y su picadura produce un dolor intenso.
Cucuyo, especie de luciérnaga, con la diferencia que es cucaracha en lugar de guzano como aquella: tiene cuatro depósitos que despiden luz ó materia fosforosa, dos en medio de la barriga y dos en la cabeza en donde corresponden los ojos; son comunes en la isla de Cuba.
Garrapata, del monte, insecto casi imperceptible, que se pega tenazmente á cualquiera parte del cuerpo.
Hormigones ó Chacos, hormigas que tienen una particularidad muy notable, pues andan por los campos en bandadas numerosas, trepando en los árboles y persiguiendo en tierra toda clase de sabandijas, como culebras, cienpiés, alacranes, sapos, lagartijas, arañas y muchos otros bichos, para devorarlos, ó se apoderan también de las casas esparcidas por las orillas de los ríos, y subiendo por las paredes, no dejan rincón que no registran en caza de cuantos bichos encuentren; luego que la casa queda limpia, la abandonan, continuando su marcha por otros parajes donde haya igual pasto para su alimento: andan en partidas de tan crecido número que cargan sobre cualquier animal sin dejarle sitio por donde escapar y lo devoran al mismo tiempo que hace esfuerzos para desembarazarse de la persecución. Cuando estas hormigas se presentan, las gentes salen de sus casas, y no vuelven á ocuparlas hasta que hayan salido después de haberlas limpiado de sabandijas incómodas y peligrosas por el veneno que encierran. Estos hormigones se encuentran en las campiñas del Cuzco, en el Perú, donde precisamente abundan más las sabandijas.
Luciérnaga, insecto fantástico, con élitros crustáceos, cuya parte posterior es fosforecente y luce por la noche.
Mariposas, de las que hay una inmensa variedad en América, notables por su gran tamaño y vistosos colores, principalmente en los bosques de la parte Sud del Continente, donde se hallan las más bellas que se conoce.
Nigua ó Pique, insecto microscópico, que se introduce generalmente en la cútis de los dedos de los pies, donde forma su huevera; es algo peligroso extraerlo, si no se toman las precauciones debidas.
Sustillo, insecto que hace un tejido semejante al papel.
Tarántula, araña de proporciones gigantescas, de color ceniciente con pintas negras y verdes, el cuerpo grueso y velludo, y su picadura es venenosa.
En fin, en América hay un enjambre de innumerables insectos, benéficos unos, y dañinos otros, como: Abispas, Arañas, Cucarachas, Garrapatas, Grillos, Gusanos, Hormigas, Moscas, Mosquitos, Moscones, Távanos, Zancudos, etc.
De los animales anfibios y acuáticos hay también gran número en América, de los que señalaremos tan sólo los cetáceos del mar y de los ríos, más notables por sus diversas particularidades, como:
Aligador ó Caimán, propio de la América del Sud, animal anfibio.
Ballena, cetáceo bastante común en los mares australes de América.
Cocodril ó Lagarto cornudo, animal anfibio, algo común en los ríos de América; es cubierto de escamas á manera de escudos, tan fuertes que no las penetra una bala: algunos llegan hasta diez varas de largo, y pueden pasar hasta seis meses en el lodo sin comer ni beber, y despiertan muy voraces.
Chacalote ó Fisetero, cetáceo blanco, soplador, que vive en los ríos de América.
Charapa, tortuga marina que puede vivir meses enteros sin tomar alimento alguno.
Chinchimén ó Gato marino, animal anfibio; es propio de las costas de Chile.
Elefante de mar ó Foca mayor, que se halla en las playas australes del Río de La Plata.
Esturión, cetáceo de color azul-gris sembrado de pintas pardas ó negras, de cabeza obtusa y cuerpo con cinco ó seis órdenes de escamas.
Foca ó Becerro marino, mamífero carnívoro, que vive en los mares australes.
Gimnoto, cetáceo entomostráceo, muy común en América, de cinco ó seis pies de longitud, que tiene la propiedad de atentar contra los otros animales á cierta distancia, produciendo el mismo efecto que si sobre ellos se descargara una batería eléctrica.
Guagua, pequeño perro anfibio, especie de nutria finísima y de grandes orejas, cuyo nombre le viene de que al ladrar parece que pronunciara la palabra «guagua.»
Lame ó Puerco marino, especie de foca cuadrúpedo y anfibio, de las costas de Chile.
Lamentín ó Vaca acuática, peje de los ríos Amazonas y Marañón, de doce pies de largo y que suele pesar hasta ochocientas libras.
León marino ó Foca menor, de los mares de la extremidad austral de la América del Sur.
Lobo marino, también de los mares australes de la América Meridional.
Manatí ó Amantín, anfibio con cabeza de buey, que se halla en los grandes lagos de América.
Narval ó Pez-espada, cetáceo de escamas imperceptibles, con una aleta en el lomo, con la mandíbula muy fuerte y la superior prolongada en forma de espada de dos filos.
Paiche ó Piracucu, peje grande que generalmente tiene un peso de trescientas libras, que se encuentra en el río Amazonas.
Pinguín ó Pájaro-bobo, ave marina que no tiene plumas, pero está cubierto su cuerpo con un plumón espeso; en el mar nada con velocidad y en tierra camina ayudado por las alas; es abundante en la costa de la Patagonia.
Tiburón, peje voraz, veloz, de fuerza y gran tamaño; suele acompañar á los buques á grandes distancias, dando vueltas al rededor, para aprovecharse de todos los desperdicios que se echan al mar y de los cadáveres que se sepultan en el Océano. Los hay también en los grandes ríos de América.
Yacu-atuci, lobo marino, alto y delgado, con lana áspera entre pardo y blanco.
Yacu-cuchi, cerdo anfibio con dos colmillos arqueados y orejas casi redondas, que sube mucho por los ríos que desaguan en el mar y se internan en los bosques en busca de raíces y frutas.
Yacu-puma, especie de león anfibio que habita tanto las orillas como las selvas del Ecuador.
Zaramagullón, anfibio propio del Perú.
Además, en los mares y los ríos de América hay gran número de pescados de todas clases, como las especies de Arenque, Atún, Anguilas, Anchovetas, Bacalao, Besugo, Bagre, Barbudo, Chuto, Corbina, Carpa, Lenguado, Pejerey, Salmonete, Trucha, Tui, Langosta, Camarón, etc., y muchos moluscos y crustáceos.
De los animales anélidos ó invertebrados, de América, se cuenta un gran número de ellos, principalmente innumerables serpientes que infunden espanto por su enorme grosor y la sutileza de su ponzoña; sólo citamos unos pocos:
Acosto, género de anélido afrodisiaco, propio de las Antillas.
Boa constrictor ó Aboma, serpiente que es la de mayor tamaño que le conoce, y cuya longitud suele llegar hasta unos treinta y cinco á cuarenta pies, teniendo tal fuerza que sujeta hasta á los toros y tigres.
Crótalo, serpiente cascabel que habita los espesos bosques de América.
Cucurucú, culebra muy venenosa, de la América Meridional.
Culebra Saetilla, serpiente también venenosa, que de los altos de los árboles se arroja sobre los caminantes.
Graja, culebra cuyo veneno es activísimo.
Jacumama, gigantesca serpiente que, apesar de no ser venenosa, es temible por su prodigiosa fuerza.
Machaqui, culebra de 15 á 20 varas de largo, con dos cabezas.
Serpiente Congo, especie de cascabel cuya mordedura es mortal.
Uritu, culebra cuya cabeza se parece al pico de loro: es muy venenosa.
También hay en América muchas Víboras y Corales ponzoñosos, y tantas otras clases de anélidos, entre ellos la notable serpiente Papagayo, que es colosal y habita en los bosques del Ecuador y del Perú, y también Culebrones inofensivos, que domesticados, hacen la policía de las casas, devorando los insectos.
Quédanos por registrar, dos producciones importantísimas, aunque no animales propiamente dichas, que provienen, una, de las aves marinas, y otra, de la concha madreperla; son:
1.o Huano ó Guano, sustancia considerada como producto animal, pues es el resultado de la acumulación del excremento que las aves marinas depositan en las islas desiertas cercanas á las costas del Perú, principalmente en las Islas de Chincha, cerca de Pisco, y en los islotes y costa de Ica, Ilo y Arica; es una sustancia sólida, pulverulenta, amarillo-oscuro, de olor amoniacal fuerte, que se halla en capas ó depósitos formados de dichos excrementos de diversos pájaros marinos, que son tan numerosos en aquellos parajes; depósitos que han alcanzado, en el término de muchos siglos, más de sesenta pies de espesor en la extensión de algunas leguas[94]. El Huano es reconocido como el abono más precioso empleado en la agricultura para fertilizar las tierras pobres, por el amoniaco, fosfato y potasa que contiene. Desde 1836 el Huano llegó á ser una enorme riqueza para el Perú, pues que ha rendido al Gobierno de veinte á veinticinco millones de pesos anualmente. El producto del Huano ha sido mal administrado de parte de las autoridades peruanas, pues se ha podido sacar mucho más provecho de ese precioso abono, que ha enriquecido á los consignatarios de Inglaterra, Norte América y otros países.
2.o Perla, sustancia que también es considerada como producto animal, pues es una especie de concreción preciadísima que se forma en el interior de la concha denominada madreperla, por la extravasación de la sustancia conocida con el nombre de nácar. Se encuentra criaderos de perlas en varias islas de Colombia, y también en las costas de Cubagua y Cumaná, en el golfo de San Miguel, cerca del Istmo de Panamá, donde se pescó una perla del tamaño de un huevo grande de paloma, la que, apreciada en cien mil ducados, fué obsequiada al rey de España Don Felipe II. También hay criaderos de perlas en las costas de la Baja California y del Estado de Sonora, en México, que pueden compararse con los del Golfo de Ceylán y el Pérsico.
Hecha esta suscinta relación, repetimos lo que hemos dicho ya: ¿Será posible que el Hacedor Supremo haya concedido al Continente Americano tantas y tantas riquezas en los tres reinos de la Naturaleza, para que este mismo Continente haya permanecido inhabitado durante el largo tiempo trascurrido desde la Creación del Mundo hasta el Diluvio Universal?
No, ello es materialmente imposible; y, por lo tanto, es innegable que los habitantes de la época antediluviana han sido autóctonos, contemporáneos de los corpulentos paquidermos de la Edad Cuaternaria, época de la que, á no dudarlo, arranca el origen del Hombre.
2.a
La Historia y la Tradición no nos han legado dato alguno acerca de los primitivos habitantes del Hemisferio Americano; todo lo concerniente á este punto, yace oculto en el misterio más impenetrable, no siendo posible seguir con certidumbre la marcha del Género Humano en la infancia de las sociedades del Nuevo Mundo; lo poco que hasta hoy se ha podido saber, está diseminado, por decirlo así, en diferentes obras, Acosta, Avicena, López, Holtón, Kames, Romans, La Peyrère, Burnet, Humboldt, Bancroft, Brasseur de Bourbourg, Hervas, Zerda, Mosquera y otros, traen algo al respecto, pero ese algo es incompleto las más veces, y tan sólo problemático en algunos casos.
De estos autores, unos son del grupo de los poliphyletes ó poligenistas, y otros del grupo de los monophyletes ó monogenistas; conjeturando algunos, que el Hombre primitivo de América tuvo que ser algo superior á la bestia, pero algo inferior al salvaje de hoy, desde el punto de vista físico é intelectual, y tuvo que ser también más corpulento, más musculoso, y más ágil que el Hombre civilizado de nuestros días, pues que la fuerza bruta era su principal atributo: desnudo y estimulado por el hambre, cubría su desnudez con las plantas fibrosas y las pieles de los animales que lograba matar, alimentábase con los frutos de la Naturaleza y con la carne de esos mismos animales[95], y se albergaba en las cuevas naturales para ponerse al abrigo de la intemperie; para eso ponía en acción los recursos de que le permitía disponer su escasa actividad cerebral y la disposición mecánica de sus demás órganos. Después, su instinto se fué desarrollando paulatinamente hasta cobrar la suficiente inteligencia por el mismo desenvolvimiento gradual y la adaptación de sus órganos cerebrales, comprendiendo entónces, que estímulos superiores al de la conservación personal le dominaron, como fueron el amor que tenía á su compañera y las caricias que recibía de sus hijos: esa relación de familia fué estrechada y complementada con el paulatino perfeccionamiento del lenguaje. Luego, como es de suponer, elevando su espíritu á la contemplación de los fenómenos naturales que se ofrecían á su vista, como la influencia benéfica del sol; la caída del rayo de la nube tempestuosa, que le pareció una emanación del mismo astro; el calor de las lavas incandescentes, que los volcanes arrojan en su erupción destruyendo todo en su rápido curso; llegó á comprender que estos hechos eran, en sí mismo, el fuego, y tales fenómenos naturales le sugirieron la posesión del secreto de ese elemento, mediante la frotación de dos leños de dureza diferente, descubrimiento que le permitió realizar casos prácticos en su vida doméstica; pasando entonces el hogar á ser el verdadero centro de la familia. La organización de la familia tuvo lugar, según esto, en la Época Primaria, que prácticamente se denominó Edad de Oro.
Después de este período, que fué de larga duración, vino el de la vida de relaciones entre las diversas familias esparcidas en el Continente Americano, principiando así el verdadero estado social, que siguió á la simple asociación de familia. La infancia del estado social fué también de larga duración, y en el trascurso de él el conocimiento de los hombres, aparte del culto y servicio del fuego, se redujo á la fabricación de toscas vasijas de tierra cocida para sus usos domésticos, á los instrumentos de madera ó de piedra bruta necesarios á sus demás empleos, á la construcción de chozas ó cabañas para su albergue, y á la confección de armas para la caza de animales ó para la guerra, pues no tardó en suscitarse entre las diferentes familias, desacuerdos, disputas y aún riñas que prontamente degeneraron en desavenencias graves y hasta en lucha á muerte entre ellas. En un concepto poético, la Época Segundaria, se denominó Edad de Plata.
A este último período siguió la época del perfeccionamiento de los instrumentos de tosca piedra ó silex, época que los antropologistas llaman Edad de Piedra, y que se subdivide en dos épocas diferentes: la Época Terciaria ó Paleolítica, de instrumentos de piedra toscamente tallada, y la Época Cuaternaria ó Neolítica, de instrumentos de piedra pulimentada.
Vino en seguida el período en que se perfeccionaron los instrumentos, reemplazando los de silex por los de cobre; se mejoró el arte de la alfarería y se principió la extracción y fundición de metales múltiples, tales como el oro, la plata, el cobre, el estaño y otros. Esta época fué llamada Edad de Bronce ó de los Metales, porque el cobre que entra en esa liga, fué el metal más común que reemplazó á la madera y la piedra en la fabricación de instrumentos de guerra y agrícolas, reservando el oro y la plata para varias aplicaciones, ya industriales, ya artísticas. En esta misma Epoca, las tribus nómadas ó errantes, diseminadas, reuniéronse en cuerpos de pueblos ó naciones, formados por el paulatino dominio que adquirieron unas tribus sobre otras. Las asociaciones de las familias relacionadas entre sí por sus costumbres, sus creencias, sus lenguas y sus tradiciones, se constituyeron, así, en Estados civiles, políticos y religiosos, gobernados por jefes que mantuvieron su independencia y autonomía. Debido á esa asociación de familias y su constitución en Estados, fué que se inició un notable adelanto en los pueblos, pues desde entonces se principió á fabricar toscos tejidos, se adoptó la cremación de los cadáveres y se comenzó á tributar el culto religioso.
Cuanto á la Edad de Fierro, sólo está marcada en los Continentes Antiguos, por la adquisición de este utilísimo metal, completamente desconocido su uso, se supone, en el Nuevo Mundo basta la conquista española, apesar de ser muy abundante el fierro en el Continente Americano.
Si se trata de resolver la cuestión de la condición intelectual en que se encontró la Humanidad primitiva, hay que recurrir al examen de los útiles y armas de que los hombres se sirvieron en aquellas épocas lejanísimas; elementos que dan la debida luz sobre esa civilización, pues su exámen enseña, que á las hachas y objetos de piedra, de hueso, de concha y de madera, para los usos domésticos, sucedieron los instrumentos de metal. "Esta historia del Hombre,—ha dicho Mr. Edward Burnet Taylor,—que nos revela el estudio de los instrumentos de que él ha hecho uso, es la historia de un progreso ascencional y sin duda inconstante é interrumpido en cada tribu ó en cada raza, pero un progreso general, en el que vemos que crece y se desarrolla la industria humana." Pero lo dicho por Mr. Burnet Taylor es tan sólo el medio de comprobar, en parte, el grado intelectual á que habían llegado las primitivas generaciones humanas, sin tener en cuenta otros medios importantísimos de llegar al conocimiento de la condición intelectual del Hombre en esas edades primitivas, medios que complementan el estudio etnológico de estas razas, y son: á más del movimiento de su progreso en las artes manuales, sus costumbres, sus ritos, creencias, y su sistema de gobierno.
Debe colegirse de lo dicho, que ha debido trascurrir muy larga serie de siglos antes que los primitivos pueblos de ese mismo Continente adquirieran cierto grado de adelanto; siendo un hecho indudable, que su iniciada civilización fué avanzando gradual y lentamente en el camino del progreso, hasta lograr formar pequeños núcleos y centros sociales.
3.a
Aunque la historia de los primitivos habitantes de América está aún envuelta en un cáos que ha sido imposible aclarar hasta ahora, creemos que después del trascurso de varios siglos, el Hemisferio Americano fué también habitado por los Atlantes, los Antis, los Chinos y talvez los Egipcios, los Fenicios y los Hebreos, razas que forzosamente se mezclaron con esos primitivos habitantes autóctonos, asimilándose á ellos en el trascurso del tiempo. Fundamos esta conjetura en los hechos relatados por los antiguos historiadores, quienes refieren que la navegación en los Océanos Atlántico y Pacífico se remonta á una época anterior al Diluvio; lo cual probaría que los pueblos del Antiguo y del Nuevo Mundo se conocieron y tuvieron relaciones desde aquella misma época.
De suponer es, que en aquellos tiempos antiquísimos, la Atlántida (que creemos sólo ocupaba una parte de la extensión del Océano Atlántico) fuera una nación que alcanzó el mayor grado de apogeo, pues Platón recuerda tradiciones egipcias que se remontan á la invasión de los Atlantes á los Continentes del Antiguo Mundo, extendiéndose por toda la Europa, parte de la Africa y de la Asia Menor. Solón, que fué uno de los siete sabios de Grecia, supo también, por los Egipcios, todos los pormenores que se referían al poder marítimo de los Atlantes, cuya escuadra estaba compuesta de miles de navíos. Además, la Atlántida era célebre por su fértil y benigno clima, habitada por hombres indomables, robustos, audaces y de talla gigantesca[96]; gente fuerte é invasora que hacía repentinas irrupciones, cayendo, de improviso, para guerrear toscamente, hasta poner á sus enemigos en cuitas y peligros. Por lo demás, no hay memoria de la época en que aconteció el hundimiento de esta grande isla, ni tampoco hay recuerdo de la existencia de ella en la época postdiluviana.[97]
Los Antis, pueblo asiático, hicieron, se dice, una invasión á la América ecuatorial, antes del Diluvio, y se establecieron en la Cordillera de los Andes, en la región superior del Amazonas: de estos Antis se deriva, talvez, el nombre de la extensa cadena de montañas que atraviesa toda la América del Sud. Los pobladores de la Cordillera de los Andes ecuatoriales conservan todavía el nombre de Antis, que fueron los que, se supone, introdujeron en América el idioma Quechua, y usaban en lugar de escritura, los quipos ó cordoncillos con nudos, presumiéndose que ellos fueron los inventores de ese sistema, y que también lo habían propagado entre los Tibetanos y los Chinos hasta el tiempo del emperador Tohi (600 años antes del Diluvio). Algunos historiadores de la conquista pretenden que los descendientes de los Antis son los Campas ó Chunchos esparcidos en las selvas del Alto Ucayali y otras regiones del Perú.
Los Egipcios son señalados por algunos egiptólogos como unos de los primeros pobladores de la América, antes del Diluvio. Sabido es que Egipto fué la nación civilizada más antigua de la Tierra, pues se remonta á una época inmemorial en que todos los demás pueblos se hallaban aún sumidos en la más completa barbarie; por eso es considerada como la cuna de las artes y las ciencias del Género Humano: sus habitantes eran muy diestros en la navegación y hábiles en las guerras navales, de donde se conjetura que, desde épocas lejanísimas, sus naves surcaron el Océano Atlántico, abordando á las playas americanas. Y no solamente eran diestros en la náutica, sino también expertos en las armas, pues sus legiones establecieron colonias en Asia, poblando la China y el Japón.
Los Chinos, que componen el imperio más vasto del Mundo y cuyo país ha sido una de las primeras naciones en organizarse, pues que su gobierno y civilización arrancan de una época evidentemente muy remota (á más de 4000 años antes de la era cristiana), conservan tradición de haber enviado algunas inmigraciones de ellos al suelo de la América oriental y occidental antes del Diluvio, unas por la ruta del estrecho marítimo de Annián, y otras por la cadena de islas que en aquel tiempo existía en el mar Pacífico, pudiendo así aportar al territorio americano y poblar sucesivamente las comarcas de México, Panamá y el Perú.
Además de los pueblos citados, posible es que también recalaran á América algunos navegantes aventureros ó náufragos procedentes de la Fenicia y la Judea.
Es opinión generalmente sentada, que los hombres de aquellos tiempos que abordaron las playas del Nuevo Mundo, (sea accidentalmente ó de un modo deliberado, impulsados por los vientos y corrientes constantemente favorables que reinan tanto en el Atlántico como en el Pacífico hacia el Hemisferio austral), tuvieron que permanecer allí, sin poder volver á sus respectivos países, por los vientos y las corrientes contrarias, pues no poseían el manejo de las velas, ni el conocimiento de las estrellas, ni el curso de los astros, ni las luces de la astronomía, ni estaban, en fin, imbuidos de la ciencia náutica, condiciones tan precisas para hacer rumbos contrarios á la impulsión de los vientos.
Atajados por todos lados, para restituirse á los países de donde habían salido, determinaron establecerse en el Continente Americano, los unos habitando las partes montuosas de los bosques, en cuyos parages se volvieron rústicos y bárbaros, y los otros estableciéndose en los valles y en las costas, en cuyos lugares se conservaron más dóciles y sociables.
Por esta razón, la América permaneció ignorada durante tantos siglos; siendo preciso, al fin, que Cristóbal Colón, en cuyo tiempo se conocía ya el modo de tomar la altura de las estrellas y las reglas náuticas necesarias para encaminar las naves hacia donde habían partido, pudiera legar al Mundo el descubrimiento de un Nuevo Continente.
4.a
Creemos también, ateniéndonos á la tradición hebráica, que los primitivos habitantes de la América perecieron en el cataclismo universal y que, después de tan fatal acontecimiento, fué este Continente repoblado por los descendientes de esos primitivos habitantes que, por voluntad del Criador, pudieron salvar de tal catástrofe[98]. Mucho tiempo después, otras razas de los Antiguos Continentes hicieron diversas y continuas invasiones al suelo americano; razas, sin duda, de hombres semi-civilizados, que aportaron al Nuevo Continente sus peculiares usos y costumbres.
Sabido es que el Asia ha sido la cuna de la Humanidad: por consiguiente, creemos que de allí salieron las primeras expediciones que repoblaron el Nuevo Continente. Estos inmigrantes tendrían que luchar contínuamente por la existencia, perdiendo al fin las primeras nociones de la civilización de sus respectivos países. Las causales que originaron este retroceso fueron: los usos nuevos apropiados al género de vida errante á que se vieron expuestos, inspiradas más por instinto que por inteligencia; el decaimiento de su propia lengua; el ser invariables á sus ojos los fenómenos de la Naturaleza, engendrando en ellos nuevas creencias; el aislamiento á que se hallaban reducidos, al extremo de sumirse, con el trascurso del tiempo, en un estado de completa ignorancia. Más tarde, cuando aportaron á las comarcas americanas inmigraciones más avanzadas en civilización, de hombres enérgicos y de mayores facultades intelectuales, fué cuando se establecieron al Norte, Centro y Sur de América, naciones relativamente florecientes.
5.a
Las primeras inmigraciones venidas de Europa á América, en los primeros tiempos postdiluvianos, creemos que probablemente fueron de Griegos, Iberos y Romanos, y, mucho más tarde, de Islandeses, Noruegos y Dinamarqueses; las provenientes de Africa, consistieron en Egipcios y Cartagineses; las originarias de Asia, quizá se formaron de Fenicios, Carios[99], Troyanos, Hebreos, Chinos y Tártaros.
A nuestro humilde juicio, esas diversas inmigraciones fueron realizadas, unas por los caminos terrestres que en aquellos tiempos unían los Antiguos Continentes con el Nuevo; otras, posteriormente, verificaríanse de un modo casual, por tempestades que desviaran á los navegantes de su rumbo, arrojándolos á las playas americanas; y otras, en fin, de esa accidental manera, habrían sido efectuadas con deliberado intento, huyendo del flajelo de las contínuas guerras que, en esas épocas, devastaban y diezmaban las diferentes nacionalidades del Antiguo Mundo. De estas tan diversas inmigraciones proviene, sin duda, la diversidad de razas que vinieron aclimatándose en el suelo americano, cada una con sus peculiares usos, hábitos y costumbres, y aún con sus respectivas distintas lenguas.
Algunos autores opinan que el Nuevo Mundo principió á repoblarse, después del Diluvio, con la pareja ó parejas que en ese Continente salvaron de tal catástrofe; y otros pretenden que lo fué con los primeros inmigrantes que á ese Continente aportaron casual ó deliberadamente. Sea cual fuera la repoblación de América, es un hecho innegable que algunos indígenas conservan la tradición de que, efectivamente, sus antepasados vinieron de otros países y conservan aún los nombres verdaderos ó falsos de sus progenitores.
Además, según opinión de algunos etnógrafos, parece que la parte oriental del Continente Americano fué también repoblada por una raza autóctona, salida de las vertientes de los montes Allegany y de los Apalaches; raza que pasó la Florida y ocupó las Antillas, las riberas orientales de la región de México, la Tierra Firme, las Guayanas, y, por último, el Perú, hasta los confines australes de la América Meridional. A esta raza pertenecieron los numerosos indios denominados Pieles-Rojas, que ocupaban los territorios de Tennessee, las Carolinas, la Virginia, el Maryland, la Pensilvania, y una parte del Estado de Nueva York; como asímismo los indígenas del Canadá, los de Yucatán y de Honduras, y los Caribes y Galibís.
Cuanto á la variada raza indígena meridional, algunos antropologistas conjeturan que poblaron la hoya superior del Orinoco, la hoya del Amazonas, el Brasil, el Paraguay y la Araucanía, suponiéndose que estos últimos, por sus caracteres, hayan sido originarios de la raza China.
6.a
Creemos, asímismo, que dos son las rutas principales que en las épocas antediluviana y postdiluviana, tomaron las primeras expediciones de los Antiguos Continentes, para arribar á las playas de América.
Probable es, que una de esas rutas fuera la pretendida desaparecida Isla Atlántida, que, se cree, extendíase desde las islas del mar Caribe (en las Antillas) hasta las islas Azores y Madera (en las cercanias de las costas de Portugal y de Africa, respectivamente), y casi unida quizá al Continente Europeo ó al Africano, cuya ruta habría sido, en aquellos tiempos lejanos, un puente de unión entre los Continentes Antiguos con el Nuevo, y por la cual ruta habrían venido las sucesivas expediciones europeas ó africanas á las costas septentrionales americanas.[100]
Es probable que la otra ruta fuera el Estrecho de Annian (hoy Behring)[101], ó las islas Aleutianas ó Aleutas[102], que, se puede decir, unían el Continente Asiático con el Americano, como suponen algunos geólogos, ó por la cadena de islas eslabonadas en medio del Océano Pacífico[103], que en estos últimos siglos existían aún, entre ambos Continentes, lo que denotaría, así mismo, que en tiempos remotos esa unión de los Continentes Asiático y Americano era también un hecho.
Por ambas rutas habrían podido venir á las costas meridionales de América sucesivas expediciones asiáticas.
A más de ambas rutas principales, creemos también, que algunas expediciones á América pudieron venir por la ruta de la Polinesia, cuyas islas Sandwich y Pascuas (tan célebres por las antigüedades ciclópeas que encierran) son las más cercanas de la América del Norte y del Sud, pues que, respectivamente, están situadas en las latitudes de México y del Cuzco (los dos centros de la civilización americana); teniéndose en cuenta, que las corrientes y los vientos dominantes en esta parte del Océano Pacífico, se dirigen á la costa norte-americana, unas, y hacia la costa sud-americana, otras.
No hay duda (á lo menos es lo que opinamos) que en la época que siguió al Diluvio Universal, pudieron pasar por las rutas que hemos señalado, de los Antiguos Continentes al Nuevo, no solamente los hombres, sino también algunos animales mansos, es decir, aquellos de climas calurosos, por la zona tórrida, y aquellos de climas fríos, por la zona frígida, suponiendo, siempre, la proximidad ó unión de los Antiguos Continentes con el Nuevo; salvo los animales propios del suelo americano, pues así como Dios crió al Hombre autóctono de América, así también crió animales y plantas propios de ese mismo Continente; y tanto es así, que muchos animales originarios de América no son conocidos en los Antiguos Continentes, y, por lo tanto, no pudieron ser encerrados en la arca que Noé construyó por mandato del Criador.
Sabido es, por otra parte, que desde la Creación del Mundo, el Planeta Terrestre ha sufrido grandes trasformaciones geológicas, originadas por terremotos provenientes de erupciones volcánicas y submarinas, y que, debido á esos sacudimientos sísmicos, unas partes de los continentes y numerosas islas, se han hundido en el mar, y otras han surgido de él. El mar, estrechándose en unos lugares y desbordándose en otros, ha aumentado ó disminuido las tierras, separando países unidos desde su origen, formando nuevos estrechos y golfos. Por consiguiente, ¿qué dificultad pudo haber habido, de que así como existe hoy el Estrecho de Annian ó Behring, hayan también existido, en aquellos tiempos, otros estrechos, unidos á partes más septentrionales de Europa, Asia y Africa, y que de puente sirvieran para pasar de un Continente á otro? Presumible es, que en el trascurso de tantos siglos, después de repetidos terremotos, hayan desaparecido estrechos, porque invadiera el mar lo que antes era tierra firme.
A este respecto, citaremos, de paso, la opinión que, sobre este tema, desenvuelve Francisco J. Clavigero, en la Disertación 1a de su Historia antigua de México, tom. II, pag. 147, autor que, acojiéndose á los textos bíblicos, opina que todos los animales, incluso los cuadrúpedos feroces y reptiles de América, pasaron por tierra, de los Continentes del Antiguo Mundo al Nuevo; y, concretando sus juicios, dice: «Estoy obligado á creer que los cuadrúpedos y reptiles del Nuevo Mundo descienden de aquellos individuos que se salvaron del Diluvio Universal en el arca de Noé....... y me persuado que su tránsito se hizo por tierra y por diversas partes del Nuevo Continente.»
Objetando esta opinión emitida por Clavigero, debemos preguntar otra vez: ¿Logró Noé encerrar en su arca á algunos animales feroces, propios de América, como leones, tigres, rinocerontes, bisontes, búfalos, coyotes y demás; los mansos huanacos, llamas, vicuñas, alpacas, vizcachas, y otras; los cocodriles, lagartos, serpientes, culebras y demás animales y sabandijas, animales, estos últimos, notoriamente nocivos al Género Humano, y que en tan diversa cantidad existen en el Nuevo Mundo? Es de suponer que aquello no sucedió.
Desde luego, abstracción hecha de los textos de los libros bíblicos, débese admitir que los animales feroces y dañinos de América son originarios de ese mismo suelo, como también son originarios los animales feroces y dañinos que pertenecen á los Continentes Antiguos, porque Dios, en su alta sabiduría, no solamente crió varias razas de hombres, sino también especiales y propios animales y plantas en cada Continente.
En fin, ocioso nos parece investigar el rumbo seguido por los primeros hombres y animales del Continente Americano, porque en los tiempos remotos anteriores y posteriores al Diluvio Universal, la superficie del Globo Terráqueo era muy diferente de lo que es hoy.[104]
7.a
Es un hecho efectivo, que la civilización indiana del período postdiluviano data de muchos siglos antes del descubrimiento de Colón, pues á más de ochenta años de establecido el coloniaje español, vínose á descubrir (en 1576) las famosas ruinas de Copán, que, en tiempos muy remotos, fué la capital del reino Tolteca, tronco perteneciente á la gran familia de los Nahuatls que se diseminaron por toda la América Central, desde el siglo VII hasta el XIV, siendo los fundadores verdaderos de la antigua cultura mexicana. Esa misma cultura se extendió á las demás comarcas de México, Centro y Sud-América, que han sido los tres antiguos emporios de la civilización americana, como lo manifiestan los descubrimientos hechos posteriormente de ruinas de antiguas ciudades, á más de la de Copán, como las de Uxmal, Haba, Labué, Moyapan, Izamal y Chanchen-Itza, en el Yucatán; Mitla ó Miguitlan, en el país de los Zapotecas; Palenque, Petén, Chicken, Tayalal, Tical, Xochicalco, Chulula y Tula, en la América Central; y Tiahuanaco, Machu-Picchu, Huánuco-Viejo, Pachacamacc, Ollantaitambo, Chitabamba, Chuquillusca, Tarmatambo, Vinaque, Chavin de Huantar, Chimu y otras, en la América Meridional; ruinas todas que acusan una remotísima y floreciente civilización de pueblos enérgicos y de notables facultades intelectuales.
No solamente por los monumentos ciclópeos se comprueban las huellas de las tribus prehistóricas, sino también por las toscas herramientas y utensilios de pedernal encontrados en capas subterráneas, entre huesos humanos, de fósiles y vestigios de la fauna y la flora de esa remota época, de la cual los sabios, como Cuvier y otros, se hicieron intérpretes eruditos en nuestros tiempos, reconstruyendo aquel pasado lejanísimo.[105]
8.a
Concluíremos con unas últimas apreciaciones:
Sabios, que han hecho observaciones y estudios arqueológicos en el Nuevo Continente, son de opinión que la Pompeya de América está aún por descubrirse, y suponen que las ruinas de esa gran ciudad se hallan debajo de las extensas y espesas capas de lava fria que circundan alguno de los volcanes de la América Central. El descubrimiento de esas ruinas sería otra prueba incontestable (aportada á las aludidas respecto de las de Copán, Palenque, Petén, Mitla, Tiahuanaco y demás citadas de la América del Norte, del Centro y del Sud), de la adelantada civilización indiana, que se remonta, según opinión de muchos historiadores, á una larga serie de siglos anteriores al descubrimiento hecho por Cristóbal Colón.
Es del caso indicar aquí las opiniones de algunos sabios sobre las similitudes arquitectónicas de los monumentos ciclópeos de América con los de otros Continentes.
Isaac Taylor, en su juiciosa obra titulada Etruscan Researches, pag. 33, dice: «El arte de la construcción suministra indicaciones del más alto valor sobre las afinidades etnológicas: los templos, los palacios y los túmulos funerarios pueden ser considerados como otras tantas petrificaciones de las aspiraciones, de los pensamientos y de los sentimientos de los pueblos; son la expresión expontánea é inconsciente de particularidades mentales hereditarias.»
A este propósito, el doctor Hyde Clark, en su conceptuosa obra Researches in prehistoric and prohistoric comparative phylology, mythology, in connection with the origin of culture in America, para probar la similitud de los primeros pueblos del Nuevo Mundo con los Turanianos, emite la siguiente conclusión: «Las analogías de la arquitectura de los Mexicanos y de los Peruanos con la de los Egipcios y de los Pelasgos (de la Arcadia) son numerosas; debe repararse que todos los constructores de edificios ciclópeos han sido Turanianos (del imperio de Annam).»
Según Mr. Hardy, la semejanza que ofrecen los edificios de Chicken; antigua ciudad de la América Central, con los Topes ó Dagobas de los Budhistas, es bastante sorprendente: en la pág. 122 de su Indian Monarchism, este misionero dice: «La forma de la cúpula, su altura aparente, la torre pequeña colocada en su altura, los árboles que han crecido en sus costados, el aspecto de la albañilería; la configuración de los ornamentos, la pequeña puerta de entrada en la base, todo; en una palabra, se asemeja muchísimo á lo que he visto en Amarajapura, antigua capital de Ceylan.»
También en la isla de Java, del archipiélago de la Sonda, y en la Malesia, se hallan restos de una antigua civilización, y al efecto ha dicho un antiguo escritor: «El gran templo de Palenque corresponde tan exactamente, en sus principales detalles, al de Boro-Bodo, situado en la provincia de Kedah, que no es posible dudar del origen y destinación común de ambos monumentos.»
Algunos autores han aseverado que las grandes construcciones y las esculturas prehistóricas americanas, como pirámides, murallas, fortalezas y estátuas, se encontraron, originariamente, en los espesos bosques del Indostán y de Ceylan (Asia Meridional), en el Indo-China (Asia Oriental), en Tahití, islas Marianas, islas Sandwich y de Pascuas (Oceanía); lo que denota que, durante el período prehistórico, una gran raza de constructores, que no pudo ser otra que la Turaniana, emigrara del Continente Antiguo á las playas americanas; emigración de la que las tradiciones de la Asia sud-oriental conservan memoria.
Terminamos:
Todas las ruinas encontradas, posteriormente, en el extenso Continente Americano, son testigos mudos de naciones que se alzaron y florecieron en tiempos remotísimos, por su adelantada cultura y civilización, para caer después en el olvido del tiempo, sumergidas en la soledad del desierto; ruinas que han resurgido después de una larga sucesión de centurias.
Si se trata de buscar el origen de las naciones de América que culminaron por sus adelantos, en las épocas antediluviana y postdiluviana, es muy difícil encontrarlo, aunque de suponer es, que fueron las primeras de raza autóctona, y las segundas provenientes de distintas razas, á juzgar por las similitudes que ellas ofrecían con las de los Antiguos Continentes. A nuestro humilde juicio, volvemos á decirlo, la antropología, la etnografía y aún la craneología, son las ciencias que por más autorizadas, podrían con más acierto conducir al conocimiento de las primitivas razas indianas del Continente Americano. Talvez más tarde, los naturalistas antropólogos lleguen á resolver este árduo problema, que hace mucho tiempo viene preocupando, y con justicia, la atención de los sabios modernos. Mientras tanto, repetímoslo, apesar de las numerosas investigaciones hechas sobre el origen de los primeros habitantes de América; no se ha podido aún dar un juicio satisfactorio. Entre tantas opiniones diversas como las que sobre este particular se han emitido, todas, en general, carecen de pruebas fehacientes, y algunas no tienen ni siquiera el mérito de la probabilidad: todas estas opiniones son, tan obscuras unas, tan contradictorias otras, y algunas tan fantásticas é infladas de fábulas, que no solamente hacen la materia de muy difícil solución, sino que al tratar de dilucidarla, la obscurecen tanto, que parece imposible poder llegar, por medio de ellas, á la posesión de la verdad.
9.a
Finalmente, resumiendo cuanto han dicho todos los autores citados en el curso de esta obra, y expuestas sus respectivas opiniones sobre el orígen de los Indios de América, como también la opinión nuestra que acabamos de formular, nuestra última palabra sobre este tópico se condensa en las siguientes conclusiones:
1a El hombre habitó, simultáneamente, todo el Planeta Terrestre, desde los tiempos geológicos; por consiguiente, los primeros aborígenes antediluvianos del Continente Americano son autóctonos, es decir, originarios de ese mismo Continente; pues así como el Hacedor Supremo creó una pareja de la raza blanca, del mismo modo creó parejas de las demás razas, consiguientemente la de la raza roja ó americana. Inconcebible é inadmisible es, que tan diferentes razas humanas procedan de una sola y única pareja, como opinan los monogenistas.
2a Más tarde, en el período postdiluviano, cuando algunas invasiones extranjeras arribaron á las playas americanas, que se suponía cuna de los Atlantes, Antis, Chinos, y quizá de Egipcios, Fenicios, Cartagineses, Hebreos, y algunas otras, entónces los autóctonos de América cesaron de ser una raza única y homogénea, siendo, mas bien, producto de cruzamientos de razas diversas, las que; con el trascurso del tiempo formaron, sin duda, una civilización tan adelantada; que, cuando los Antiguos Continentes estaban aún sumidos en la ignorancia, en América había ya pueblos civilizados que vivian en grandes ciudades, poseedores de monumentos grandiosos, como por ejemplo Palenque, Copán, Mixtla, Chicken, Petén, Chulula, etc., en la América Septentrional, y Tiahuanaco, Choqquequirau, Macchu-Picchu, Tipón, Huánuco-Viejo, Chavin de Huantar, Chimu, etc., en la América Meridional; civilizaciones que han desaparecido del suelo americano, por una de aquellas revoluciones de la Naturaleza con que las naciones más adelantadas se eleminan de la faz de la Tierra. Pero, indudable es, que por las ruinas de los ciclópeos monumentos que aún subsisten, esas mismas civilizaciones fueron razas de hombres muy superiores, que dejaron huellas de su estancia y poderío por este suelo.
3a En tiempos remotísimos los más antiguos pueblos de Europa, Asia y Africa estaban en comunicación con América, pues entónces esa comunicación era facilitada por tierras hoy desaparecidas; porque así como actualmente subsiste el estrecho de Behring, pudiendo atravesárselo á pié, cuando ese brazo de mar se halla congelado, así mismo habrían, sin duda, estrechos que unian el Nuevo Continente con los Antiguos, y cuya desaparición debió ser producida por las convulsiones volcánicas terrestres y submarinas ocurridas en épocas lejanas.
4a De suponer es, que las invasiones á América cesaron durante el lapso de una larga serie de siglos, ó sea, hasta las incursiones de los Normandos y Escandinavos, á fines del siglo X y principios del XI de la era actual, incursiones realizadas sin ninguna ventaja ni provecho para la Humanidad; siendo necesario que trascurrieran aún cuatro siglos más, para que Cristóbal Colón, en 1492, agregara un florón más á la Corona de España, con el descubrimiento del Nuevo Mundo.
5a En muchas comarcas de América se han descubierto los vestigios de una civilización más adelantada que la que encontraron los Españoles, lo que prueba que desde tiempos inmemoriales pueblos de una alta cultura estuvieron establecidos en aquel Continente.
6a La civilización que habían alcanzado los Mexicanos y Peruanos, contemporáneos del descubrimiento de Colón, demuestra, inequivocadamente, que estos pueblos constituían Estados florecientes.
7a Los Españoles, al pisar el suelo americano, encontraron en él, tribus que representaban razas de los Antiguos Continentes, pero cuya base de población presentaba diferencias notables.
8a Realizada la conquista del vasto Continente de América por los neo-latinos y los anglo-sajones, grandes corrientes emigratorias llegaron al Nuevo Mundo. Los estranjeros se apoderaron del suelo á viva fuerza, rechazaron á los indianos hacia el interior, y se aprovecharon de los fabulosos rendimientos de las minas y las riquezas forestales, estableciendo, entónces, comunicaciones periodísticas con las regiones del Mundo Antiguo.
9a A pesar de las numerosas víctimas sacrificadas en la conquista, no solamente de indígenas, sino también de los mismos conquistadores, es incuestionable que el descubrimiento de ese Nuevo Continente y su consiguiente usurpación, tuvieron grandísima influencia en los destinos de la Humanidad, pues no hay en la historia de la civilización ningún acontecimiento que pueda entrar en parangón con el descubrimiento de América.
Con todo, las conclusiones que acabamos de emitir, no las consideramos definitivas, sino algo problemáticas, porque no pretendemos haber solucionado este problema de tan intrincada investigación y sobre el cual, lo repetimos, se han escrito tantas y tan divergentes disertaciones.
Tampoco nos lisonjeamos de haber compuesto una obra perfecta, porque nos consideramos destituido de las dotes de ingenio, erudición y pureza de estilo que se requiere en un buen escritor; pero, á lo menos, confesamos que hemos puesto la mayor diligencia en nuestras investigaciones, presentando, en conjunto, y comentándolo, lo de mayor interés que se halla esparcido en los trabajos de los diversos autores que han tratado, mas ó menos bien, de esta embrollada y dificultosa materia.
Empero, como ya hemos dicho en el folleto que publicamos en 1913 titulado Mi estancia de medio siglo en Lima: «No faltarán algunos espíritus dispuestos á calificar ligeramente y sin fundamento la tésis que el presente estudio encierra, y á censurar como deficientes nuestras apreciaciones respecto del origen de los Indios de América. Tampoco dudamos de que, en vista de las conclusiones nuestras, nos salgan al encuentro algunos adversarios que las combatan, tildándonos talvez de visionario. Cada uno puede hacer de su capa un sayo: lo que nadie podrá, es desconocer el gran esfuerzo perseverante y desinteresado, por sólo amor á la ciencia, que esta modesta obra comporta y que en todas sus páginas y lineamentos palpita; sería de desear que esos mismos adversarios expusieran su opinión sobre esta materia, para probarnos que son capaces de desenmarañar tan confuso y complejo problema.»
FIN DE LA PRIMERA PARTE.