A

Abá.—Arbusto de la isla de Pinos. (Pichardo.)

Abacoa.—Nombre boriqueño del río Grande, de Arecibo. Conservado el vocablo en el Informe dado al Rey, en 1582, por el Bachiller Santa Clara y el Pbro. Juan Ponce de León, nieto del Conquistador.

Abey.—Arbol silvestre de Cuba. (Poepigía exelsa.)

Abuje.—Insectillo que pica y provoca comezón. En las cercanías de Holguín (Cuba) según Pichardo, se le llama babuje. Gundlac indica, que es un piojillo de ocho patas. En Puerto Rico se le llama abuse.

Abija.—Río de Santo Domingo, tributario del Macorix.

Abita.—Río de Santo Domingo, tributario del Ozama.

Acana.—Arbol silvestre. (Achras acana). Algunos lo llaman Jácana y otros escriben hácana.

Acanorex.—Cacique haytiano, encomendado á Pedro de Murcia en el Repartimiento de indios de 1514.

Acubá.—La fruta silvestre del mamey sapote (achras mamosa). Los franceses llaman á este árbol sapotillier; y los ingleses, mamme sapote. La voz sapote procede de la mejicana cochiztzapotl.

Achiote.—Arbol. El vocablo es de origen mejicano, achiohtle. La palabra indo-antillana es bija, que se conserva en la clasificación científica, bixa orellana. Hay dos clases, que dan semillas roja y amarilla. Los franceses lo llaman rocouver, rocou, derivado del vocablo indígena urucú, de Costa-Firme.

Achinao.—Véase Louquo.

Adamanay.—La islilla Saona, frente al cabo Palmillas de Santo Domingo. En la época de la conquista de La Española estaba ocupada ya por los caribes. A ella se refugió el batallador cacique haytiano Cotubanamí, cuando fué derrotado por Esquivel y Ponce de León, en el Higüey.

Agabáma.—Río de Cuba: se llama también Manatí.

Aguacate.—Arbol frutal. (Persea gratíssima). Palabra mexicana, derivada de ahuacatl.

Aguají.—Pez en Cuba. La planta que da el ají.

Agüeybana.—Nombre del cacique principal de Boriquén, cuando visitó la isla Juan Ponce de León en 1508. Nombre también de otro cacique, que en 1514 se encomendó á las haciendas é minas é granjerías del Rey, en Santo Domingo, y se llamaba Francisco de Agüeybana, de la Saona, con 154 personas. Las Casas dice, que á la provincia Cayacoa, de Haytí, se la llamaba también Agüeybana. Fray Iñigo anota erróneamente en su Historia de Puerto Rico, Agüeynaba. Es fácil que esta equivocación venga del impresor Valladares, que editó la obra de Abbad por vez primera en Madrid, no pudiendo el célebre benedictino corregirla. No debe confundirse el primer cacique Agüeybana con su hermano Guaybana, que le sustituyó. Significa: El gran sol.—A por gua, el; güey, sol; bana, grande.

Aje.—El boniato. Colón, cuando lo vió por vez primera en Haytí, lo llamó niame ó ñame, porque así lo oyó nombrar en Guinea, cuando visitó este africano país, viajando con los portugueses. En la anotación del Diario del Almirante, del primer viaje (4 de Noviembre) se lee mames. El doctor Chanca anotó en su Carta al Cabildo sevillano: “todos vienen cargados de ages, que son como nabos, muy excelente manjar.” Oviedo dice (lib. VII. cap. III): “En esta isla Española é en todas las otras islas é Tierra Firme, hay una planta, que se llama ajes, los quales quieren parecer algo á la vista á los nabos de España, en especial los que tienen la corteza ó tez blanca de encima; porque estos ajes haylos blancos é colorados, que tiran á morado, é otros como leonado; pero todos son blancos de dentro por la mayor parte, é algunos amarillos, é muy mayores que nabos comunmente.” El mismo autor, en el cap. 82, distingue los ajes de las batatas. Pedro Mártir en su Década III, libro V. cap. III, describe los ajes y las batatas. Las Casas, no los confunde, cuando dice (t. v. pág. 307): “Hay otras raices que llamaron los indios ajes y batatas: é son dos especies dellas: estas postreras son más delicadas é de más noble naturaleza: siémbrase de planta en montones, de la manera que la yuca, pero la planta es diversa.” Hay escritores modernos, como el señor Pichardo, que cree que el aje es el ñame blanco. Este fruto, el ñame, se trajo de Africa con la importación de los negros á América.

Ají.—(Capsicum). Planta de la cual hay varias especies. Pedro Mártir (Déc. 5. lib. IV. cap. III) dice: “Digamos ahora un poco acerca de la pimienta de las islas y del Continente. Tienen selvas llenas de frutales, que crían pimienta: pimienta digo, aunque no lo es, porque tiene la fortaleza y el aroma de la pimienta, ni vale menos que la pimienta aquel grano; ellos le llaman haxí, con acento en la final: es más alta que la adormidera. Se cogen sus granos como los del enebro ó el abeto, aunque no llegan á ser tan grandes. Hay dos especies de aquel grano; cinco dicen otros; la una es de largo como dedo y medio de hombre; más picante y aguda que la pimienta; y la otra es redonda y no menor en fortaleza; otra tercera hay que no es acre; sino solamente aromática.” De todas las variedades de ají que hay en las Antillas, sólo se conserva el epíteto indígena en el picante, llamado ají guaguao. El doctor Chanca cita el ají “como una especie para adobar.” En Santo Domingo, según García, al ají bravo le llaman ají-jijí. Las Casas (t. v. p. 304) dice: “En todas las cosas que comían estas gentes, cocidas, asadas ó crudas, echaban de la pimienta que llamaban axí.”

Ajiaco.—Vocablo provincial, derivado del indo-antillano ají; y aplicado á una olla compuesta de pedacitos de calabaza, plátanos, y yuca dulce y otras verduras; á la cual se le agrega bollitos de maíz, carne de puerco y tasajo. El caldo es abundoso y lleva un poco de limón y ají picante.

Alcatraz.—Algunos escritores modernos han cometido el error de creer que esta voz procedía del lenguaje indo-antillano. Se aplica al pelícano. Pedro Mártir (Déc. VI. lib. VIII. cap. II.) dice: “A estas aves llamaban los españoles alcatraces.” En arabe existen las palabras alcafal, caparazón, alcafaz, jaula, alcartaz, cucurucho de papel. Dada la figura del alcatraz, puede proceder este nombre de algunas de las voces árabes citadas.

Amanex.—Cacique de Haytí, encomendado al bachiller Alonso de Parada, en el Repartimiento de indios de La Española, en 1514.

Amaguey.—Dice Las Casas: “Entre otros valles, es uno que se llamaba Amaguey, la sílaba del medio breve; y creo que se denominaba del río que pasa por él.”

Anacahuita.—Palabra de origen mexicano, aplicada á un árbol medicinal. (Cordia Boissieri). Algunos pronuncian anacagiiita. Viene de anatcahuitl.

Anacaona.—Célebre cacica haytiana, hermana del cacique Bojekio y mujer del cacique Caonabó. Pedro Mártir (Déc. III. lib. IX. cap. II.) dice: “á Anacaona se la reputaba entre los más egregios vates para componer areytos ó ritmos.” Por orden de Ovando fué aprisionada y ahorcada en Santo Domingo, no obstante haber encarecido Isabel la Católica, que esta cacica fuera respetada. Su nombre significa flor de oro, según Bachiller y Morales, (Ob. cit. p. 200); pero nosotros dudamos que ana signifique flor.

Anaiboa.—El almidón sacado de la yuca. Dice Echagoian (Relación de las cosas de la isla Española. 1561.). “De la flor de la harina desta raíz (la yuca), que se llama anaiboa, se hace un potaje con leche, como manjar blanco, que es muy sabroso.” No debe confundirse este vocablo con naiboa, que es el jugo venenoso de la yuca, como lo ha hecho un escritor moderno.

Anamá.—Río de Santo Domingo, tributario del Soco. También una de las Islas Turcas del Archipiélago antillano.

Anamú.—Planta silvestre. (Petiveria octandra).

Anana.—La piña (Bromelia ananas). El vocablo es del Brasil, generalizado por los portugueses; la voz caribe continental es nana: la indo-antillana es yayama.

Anamuya.—Río de Santo Domingo, que desemboca en la costa del Este.

Aniguamar.—Según Oviedo (lib. VII. cap. IV) los indios llamaban así á una variedad de batatas, que tenían por la mejor.

Aniguayagua.—Las Casas escribe Haniguayagua, y la describe junto al Baoruco, en Haytí.

Anibón.—Lugar en los campos de Morovis, Puerto Rico.

Anón.—Fruta del árbol del mismo nombre. Oviedo escribe hanón; Las Casas, anona. (Anona squamosa).

Apasote.—Vocablo de orígen mexicano. Planta (Anserine antelmintique).

Arabo.—Arbol silvestre de Cuba. (Erythroxilum). Según Pedro Mártir (D. 3a. lib. VII, cap. III) una región de la parte oriental de la isla de Haytí. También es el nombre de un cacique haytiano bautizado Martín de los Arabos; y encomendado, en 1514, á Cristóbal de Tapia.

Arasibo.—Cacique boriqueño, encomendado, en 1515, á Conchillos. De él procede el actual vocablo Arecibo, aplicado á una población de Puerto Rico, cuya fundación arranca de 1580, á juzgar por el Informe del bachiller Santa Clara y presbítero Ponce de León. Todos los textos de instrucción tienen equivocada la fundación de este pueblo. Tenía el cacique Arasibo su ranchería junto al río Abacoa, que hoy se llama Grande.

Aramoca.—Cacique haytiano, encomendado á Diego de Vergara, en 1514, en el Repartimiento de La Española.

Aramaná.—Cacique boriqueño, encomendado, en 1510, á las granjerías de S. A. en el Toa.

Ariguanabo.—Laguna al norte de San Antonio de los Baños, en Cuba.

Arique.—Cordel hecho de una tira de yagua, utilizado para atar pequeños bultos.

Arimao.—Río que riega las vegas de Manicaragua, en Cuba.

Arijuna.—Extranjero.

Areyto.—Canción romancesca, acompañada del baile. Pedro Mártir (Déc. III. lib. VII. cap. II) dice: “ambas cosas de preceptos (origen y sucesión de las cosas y hazañas de sus padres) las tienen compuestas en ritmos, en su lengua; á su modo cantan los areytos y danzan al son del cantar. También tienen areytos de amores, y otros lastimeros, otros bélicos, con sus respectivas sonatas acomodadas.” Entre los populares de Haytí, según Guridi, había el areyto ijí, ayá, bongbé: primero, muerto que siervo. Si las dos primeras palabras llevan radicales indo-antillanos, la tercera parece africana. Creemos que esta canción pertenece á la época en que los negros empezaron á alzarse en La Española y á irse á los montes en son de rebeldía para sacudir la esclavitud. Del largo período de alzamiento del cacique Enriquillo en el Baoruco debería conservarse algún areyto guerrero; pero los cronistas no dicen nada sobre este particular. En la conjura de los caciques boriqueños, en Guaynía, se cantó un areyto, jurando y prediciendo la muerte de los invasores, antes del alzamiento de 1511, pero se ignora la letra y ritmo de este areyto.

Aruacas.—Nombre de tribus indias de Tierra-Firme. Nosotros opinamos, que los indo-antillanos procedían de los aruacas. Este vocablo procede de araguacu. Todavía se conserva enclavada en Venezuela la voz Aragua en muchos sitios.

Aruacay.—El primer pueblo de Aruacas, encontrado por los españoles en Tierra Firme.

Asuba.—La fruta silvestre del mamey sapote.

Atabex.—Las Casas (t. v. p. 434) dice: “La gente de la Isla Española...... mezclaron estos errores, de que Dios tenía madre, cuyo nombre era Atabex y un hermano suyo Guaca.”

Ateque.—Arbol de Cuba. (Cordia callococca).

Athebeane nequen.—Según Oviedo, llamaban así los haytianos, á la india que viva, se enterraba con el cadáver del cacique. Cuando murió Bojekio, régulo de Xaragua, en Haytí, la más hermosa de sus mujeres, llamada Guanajatabenekena, y dos compañeras más, fueron enterradas vivas con el cadáver del célebre cacique. Pedro Mártir (Déc. 3a. lib. IX. cap. II) escribe Guanahattabenechena, y añade “que en toda la isla no había otra tan hermosa.”

Atibuineix.—Según Oviedo (lib. VII. cap. IV.) una variedad de batata.

Atol.—Palabra de origen mexicano. Corrupción de atotli. Primeramente, se hacía de harina de maíz, después de sagú, y hoy de maranta. Viene á ser un caldo, ó compuesto farináceo, hecho de una cucharadita de harina, una cucharada de azúcar y cinco ó seis onzas de agua; una vez hervido toma punto gelatinoso. Hoy se le suele aromatizar con un poco de agua de azahar; y hasta se le mejora agregándole leche de vaca.

Auyama.—La calabaza común en Haytí, según García y Bachiller y Morales. Las Casas no hace referencia que el aborigen la cultivara. Oviedo (lib. VII cap. VIII) confunde la calabaza alimenticia (cucurbita pepo) con la candungo ó marimbo (cucurbita lagenaria ó moschata) y con el fruto totumo ó jigüero (crescentia cujete). Probablemente, después de importada la calabaza alimenticia por los españoles y multiplicarse prodigiosamente, los indígenas le pusieron el nombre de auyama. No es de extrañar este error, cuando todavía hay escritores modernos que creen que los cocos y los plátanos eran naturales en las Antillas, antes del Descubrimiento.

Ausúa.—Arbol de Santo Domingo. (Guridi).

Ausubo.—Arbol de Puerto Rico. (Achras disecta).

Ausuba.—La fruta del ausubo; parecida algo al níspero. No se cultiva.

Ayúa.—Arbol de Cuba. (Xanthoxylum lanceolatum.)

Aymaco.—Lugar de Boriquén, el poblejo ó yucayeque del cacique Aymamón, donde asentó sus reales Juan Ponce de León, después de ganada la batalla á los boriqueños, en 1511, á orillas del río Coayu, río que llama Oviedo Coayuco. Hoy, Yauco.

Aymamón.—Un cacique de Boriquén. Herrera (Déc. 1ª lib. VIII, cap. XII) dice: “y entre otros fué, que un cacique llamado Aymamón prendió descuidado á un mozo, hijo de Pedro Xuarez, natural de Medina del Campo, y mandó á los de su casa, que lo jugasen á la pelota, que decían el juego del batex, para que los vencedores lo matasen.” Diego de Salazar salvó al garzón y Aymamón se hizo guaitiao del capitán castellano. Este cacique boriqueño tenía su yucayeque ó ranchería, llamada Aymaco, al noroeste de la Isla, cerca del río Coalibina.

Ayraguay.—Cacique haytiano, encomendado á Conchillos en el Repartimiento de La Española de 1514.

Ay-Ay.—Pedro Mártir (Déc. 1ª lib II. cap. III.) dice: “se descubrió otra mayor que todas las demás, la cual llamada, Ay-ay por los indígenas, quisieron ellos apellidarla con el nombre de Santa Cruz.” El doctor Chanca también la cita en su Carta al cabildo de Sevilla. Río tributario del Manatí.

Ayamuynuex.—Cacique haytiano, encomendado en 1514, á don Fernando de la Vega, comendador mayor de Castilla.

Ayaguatex.—Cacique haytiano, encomendado en 1514, al licenciado Becerra.

Auyén.—Planta de Santo Domingo. (Guridi.)

Azua.—Ciudad de Santo Domingo, á orillas del Bía, fundada por Diego Velazquez en 1504, llamándola Compostela de Azua. Las Casas aplica también el vocablo á un puerto dominicano y una villa.

Amoná.—La islilla la Mona, que tan poblada estaba de indígenas en la época del Descubrimiento. En una carta de Oviedo, desde Santo Domingo, á 31 de Mayo de 1537, decía al Rey: “Ha de mandar V. M., que en la isla de la Mona que está entre esta isla y la de Sant Xoan, se haga otra fortaleza, porque está en el paso, é allí no hay sino un estanciero é pocos indios, é hay buena agua é de comer, é puerto...”