B
Baba.—Padre.
Babeque.—Vocablo indo-antillano que ha dado origen á varias interpretaciones. El Diario de Colón (Lunes 12 de Noviembre) dice: “partió del puerto y río de Mares, al rendir el quarto del alba para ir á una isla, que afirmaban los indios que traía, que se llamaba Babeque, adonde, según dicen por señas, que la gente della coge el oro con candelas de noche en la playa y después con martillo diz que hacían vergas dello, y para ir á ella era menester poner la proa al Leste quarta del Sueste... No se quiso detener... para ir demanda de Babeque.” Hoy se aplica esta palabra á la isla Grande Inagua. Para unos escritores, los indios que informaban á Colón, se referían á Santo Domingo; para otros á Costa Firme; otros eligen otras islas; y otros que el vocablo no se dirigía á significar ninguna isla. Estamos con éstos y utilizamos la Filología para explicarnos la palabra. Los indo-antillanos determinaban con prefijos, aplicados á los vocablos, los pronombres: para el singular eran n, b, l, t. La voz aneque significa por qué. De modo que n-aneque ¿por qué yo?—b-aneque ¿por-qué tú? etc. Así, pues, cuando Colón, ó Pinzón, interrogaba al indígena con mímico lenguaje, por los sitios donde se hallaba el preciado metal, enseñándole al mismo tiempo monedas ú objetos de oro, el indio, afectado vivamente con la extraña presencia de aquellos hombres, después de señalarles al horizonte, indicando vagamente de donde venían aquellas particulas que ellos adquirían comercialmente, porque sus isletas no las producían, exclamaba con insistencia baneque, baneque. Es decir: y tú, ¿quién eres? ¿quién eres, tú? El vocablo, sin polisintetismo, es bú-aneque: tú, por qué? Por lo tanto, babeque ó baneque fué tomado por el nombre de una isla, cuando era la exclamación natural del sorprendido aborígen.
Babiney.—Fangal, lodazal.
Babisí.—Río del territorio de Jaragua, en Santo Domingo.
Bagua.—Oviedo (lib. XIII, cap. IX) dice: “llaman los indios de aquesta Isla Española á la mar bagua.”
Baigua.—Cierta yerba usada por los indios para adormecer los peces y pescarlos fácilmente. La describe Oviedo en el libro XIII, cap. I.
Bairoa.—Río tributario del Loiza, en Puerto Rico.
Bacüey.—Vegetal de Cuba. (Pichardo).
Banao.—Sierra en Santa Clara, Cuba.
Bainoa.—Lugar del cacicazgo de Marien, en Santo Domingo. Las Casas escribe Baynoa.
Baní.—Valle que se extiende desde el Nizao hasta Ocoa, en Santo Domingo. Según carta de Velazquez (1514) una provincia de Cuba, en tiempos de la conquista.
Babosico.—Región del Cibao, en Santo Domingo.
Bánica.—Lugar del cacicazgo de Maguana.
Bao.—Río tributario del Yaque, en Santo Domingo.
Baitiquiri.—Nombre que daban los indios al cabo de la isla de Cuba, que Colón llamó alfa y hoy se denomina punta Maisí. Las Casas anota Bayatiquiri. Corrupción de Bayatikeri.
Bacupey.—Lugar de los campos de Arecibo, en Puerto Rico.
Bajarí.—Palabra de distinción entre los indo-antillanos. Las Casas (t. V. p. 484) escribe baharí.
Bajareque.—El bohío que tenía mucha extensión.
Bahoruco.—Gran cadena de elevadísimas montañas, que recorre parte del territorio de Jaragua. Las Casas escribe Baoruco sin h.
Bacoanabo.—Planta silvestre de Santo Domingo.
Banes.—Puerto de Cuba, visitado por Colón en su primer viaje. Corrupción de Baní.
Bahamá.—Una de las islas Lucayas, que hoy se llama Bahama, sin acento en la final.
Banique.—Lugar en La Española.
Barbacoa.—Piso alto de tablas de palma de yagua, para guardar frutos, granos, etc.: servía también de camastro. Oviedo (libro VII. cap. I) dice: “Así como el maíz va creciendo tienen cuidado de lo deshervar, hasta que esté tan alto que señoree la hierva; é cuando está bien crecido es menester ponerle guarda, en lo qual los indios ocupan los muchachos, é á este respecto los hacen estar encima de los árboles é de andamios que les hacen de madera é cañas é cubiertos con ramadas por el sol é el agua, é á estos andamios llaman barbacoas”.
Baracutey.—Ave, animal ó persona sin compañero, equivalente á solitario.
Baraxagua.—Cacicazgo cubano, según Velazquez (1514), en tiempos de la conquista.
Baría.—Arbol silvestre de Cuba. (Cordia geraschantoides.)
Baramaya.—Según Oviedo, río al Sur de Puerto Rico. Creemos sea el actual Portugués.
Barahona.—Puerto en la costa Sur de Santo Domingo. Nombre de una cacica haytiana, encomendada á Conchillos, en el Repartimiento de 1514.
Baracoa.—Puerto de Cuba. Gomara anota Barucoa.
Batabanú.—Hoy Batabanó, punto de Cuba.
Batata.—Pedro Mártir (Déc. II. lib. X. cap. I) dice: “Cavan también de la tierra unas raices, que nacen naturalmente, y los indígenas llaman batatas; cuando yo las ví, las juzgué nabos de Lombardía ó gruesas criadillas de tierra. De cualquier modo que se aderecen, asadas ó cocidas, no hay pasteles, ni otro ningún manjar de más suavidad y dulzura”. Las Casas (t. v. pág. 307 y 308) anota: “Hay otras raíces que llamaron los indios ajes é batatas.” Y llama yucaba la planta que produce la batata. Oviedo da los nombres indios de seis variedades: aniguamar, atibuniex, guaraco, guacara, cayca y guananagax.
Boniama.—Una variedad de piña.
Batea.—Algunos escritores modernos, como Pichardo, cometen el error de suponer esta voz de origen indo-antillano, Moura la trae del árabe batiya; pero en el griego tenemos bazeia y en el bajo latín baccea. En el sánscrito hay vadha, vasija, barca, que opinamos sea el origen ario de la palabra batea, pasando á los idiomas indo-europeos, al griego y al latín; y al árabe por la línea sémita.
Batey.—El espacio cuadrilongo delante de la casa del cacique, destinado á plaza por los indios para jugar la pelota y para sus asambleas. Las Casas aplica el mismo nombre á la pelota y al juego.
Batú.—La pelota. Las Casas (t. v. p. 507) dice: “Era bien de ver cuando jugaban á la pelota, la qual era como las de viento nuestras, al parecer; mas no quanto al salto que era mayor que seis de las de viento; tenían una plaza comunmente ante la puerta de la casa de su señor, muy barrida, tres veces más luenga que ancha, cercadas de unos lomillos de un palmo ó dos de alto; salir de los quales lomillos la pelota era falta. Poníanse 20 é 30 de cada parte, á la luenga de la plaza. Cada uno ponía lo que tenía, no mirando que valiese mucho más lo que el uno más que el otro á perder aventuraba; é así acaecía, después que los españoles llegamos, que ponía un cacique un sayo de grana é otro metía un paño viejo, é esto era como si metiera cien castellanos. Echaba uno de los de un puesto la pelota á los del otro, é rebatíala el que se hallaba más á mano, si la pelota venía por alto, con el hombro, que la hacía volver como un rayo; é cuando venía junto al suelo, de presto, poniendo la mano derecha en tierra, dábale con la punta de la nalga, que volvía más que de paso; los del puesto contrario, de la misma manera la tornaban con las nalgas, hasta que, según las reglas de aquel juego, el uno ó el otro puesto cometía falta. Cosa era de alegría verlos jugar cuando encendidos andaban, é mucho más cuando las mujeres unas con otras jugaban, las quales no con los hombros ni las nalgas, sino con las rodillas la rebatían é con los puños cerrados”.
Bayabé.—Cordel más grueso que la cabuya. En Cuba bayabá.
Bayamón.—Pueblo y río de Puerto Rico.
Bayamo.—Cacicazgo cubano, según Velazquez, (1514): hoy ciudad de Cuba.
Bayaney.—Lugar en los campos de Hatillo, en Puerto Rico.
Bayatiquiri.—Véase Baitiquirí.
Bayaguana.—Lugar de Santo Domingo.
Bayajá.—Bahía de Santo Domingo y monte de Haytí.
Bajacú.—El lucero de la mañana. (García).
Bayoya.—Lagarto de costa.
Beminí.—Véase Biminí.
Behechio.—Uno de los cinco caciques principales de Haytí. Dominaba en el cacicazgo del Bahoruco, situado en las sierras que dan á la mar del sur de dicha isla. Otros escriben Bohechio. Es corrupción de Bojekio.
Behique.—Véase Bohique.
Bejuco.—Variedad de lianas llevan este nombre. Oviedo y Las Casas escriben Bexuco. Servían á los indios como cuerdas y para medicinarse. Las Casas (t. v. p. 320) dice: “Otra cosa para purgar, no sé para que enfermedades, hay en esta isla, é sospecho que debe de ser para males de flema, é ésta es una correa ó raíz, no porque esté debajo de tierra, sino que tiene su raíz debajo della y encarámase por los árboles de la manera de la hiedra, é así parece algo, no en la hoja, porque no la tiene, sino en parecer correa é encaramarse como la hiedra; llamábanla los indios bexuco, la penúltima sílaba luenga. Pueden atar cualquiera cosa con ella, como una cuerda, porque es nervosa é tiene 20 ó 25 brazas é más de luengo. Generalmente hay muchos bexucos en todos los montes; é sirven para todas las cosas de atar é son muy provechosos”.
Bí.—Principio, vida, pequeño.
Biajaca.—Pez. Las Casas dice (t. v. p. 279) que los indios las llamaban diahacas.
Bibí.—Madre. Barrio y río de Utuado, en Puerto Rico.
Biajáiba.—Pez de Cuba. (Pichardo).
Bibijagua.—Una especie de hormiga.
Bija.—El árbol llamado en Puerto Rico achiote. (Bixa orellana). La semilla del fruto servía sola, ŏ mezclada con aceite vegetal, para el tatuaje de los indígenas, embetunándose de rojo. Las Casas dice, que llamaban á este color los indios bixa.
Bijagua.—Arbol silvestre de Cuba.
Biajaní.—La paloma torcaz.
Bijirita.—Variedad de pajaritos de Cuba.
Bieque.—La pequeña isla de Viequez, al E. de Puerto Rico. De Bí, pequeño y que por ke, tierra. El padre Labat (Voyage aux isles de l’Amerique. A La Haye. 1724, t. II. p. 283) comete el error de llamar á esta isla Boriquén.
Bijao.—Yerba que utilizaban los indígenas para techar sus bohíos. Oviedo escribe bihao.
Bia.—Río de Azua.
Biajama.—Serranía situada al E. de Neiba.
Biautex.—Cacique haytiano, según Oviedo. (lib. III. cap. V.)
Biminí.—La isla que hoy figura en el Archipiélago antillano con el nombre de Beminí. Descubierta y explorada por Juan Ponce de León, que recogió de los indios la fábula de que había en ella una fuente que rejuvenecía á los hombres, haciendo los viejos tornarse mancebos. Asensio (Fuentes Históricas, t. IV. pág. 78) cae en error, al traducir esta palabra de Pedro Mártir, no comprendiendo que se trataba de la isla Biminí.
Bo.—Como radical indo-antillano equivale, á veces, á grande; otras da la idea de señor.
Bojío.—La choza indígena. Los quisqueyanos aplicaban este nombre á la parte setentrional de la isla de Haytí, como significando su casa, su hogar. Oviedo y Las Casas escriben bohío. Escritores modernos han corrompido el vocablo escribiendo buhío. Dice Colón, en su Diario (Lunes 24 de Diciembre): “Y digo que es verdad, que es maravilla ver las cosas de acá y los pueblos grandes de esta Isla Española, que así la llamé; y ellos la llaman bohío”. Pedro Mártir (Déc. I. lib. II. cap. II.) dice: á las casas llaman boís, con acento en la í.
Bojékio.—El anciano cacique, régulo de Jaragua, en Haytí. Unos escriben Behechio y otros Bohechio.
Bocuí.—Río de Santo Domingo, tributario del Camú.
Bohique.—El augur curandero indo-antillano. Por corrupción se ha escrito behique, buhití, boitío y buitibu. Las Casas, en el t. v. p. 436, trae bohique. Debiera escribirse para precisar la fonética bojike.
Boma.—Río de Cuba, examinado por Colón en su primer viaje. Río de Santo Domingo, tributario del Camú.
Bonao.—Lugar de Santo Domingo.
Bonasí.—Pez de Cuba.
Boniata.—La yuca dulce, según Oviedo. Las Casas no la menciona. Fué importada de Tierra Firme á Haytí, en el período colombino.
Boriquén.—Nombre indígena de la isla de Puerto Rico. Así está anotado en el mapa de Juan de la Cosa (1500) y en el mapa de Martín Waldseemüller (1508) conocido con el nombre de Tabula Terræ Novæ; y así aparece en las obras de Oviedo (1535) y Las Casas (1550). Este cronista empezó á escribir de los asuntos de Indias el año de 1527. También está Boriquén en el Informe que dieron al Rey, en 1582, el bachiller Santa Clara y el presbítero Ponce de León, de orden del gobernador Melgarejo, desde San Juan. Fernando Colón (1571), Castellanos (1589), Herrero (1601), Laet (1640), Torres Vargas (1647), don Juan Bautista Muñoz (1793), Irving (1828), Tapia (1854), Gomara (1549), y los modernos historiadores Lafuente (1860), Cronau (1891) y Castelar (1892), siguieron á Las Casas y á Oviedo. El doctor Chanca, que hizo con Colón el 2º viaje (1493) escribe Buriquén, trastocando la o en u. Pero, fijémonos, que en ese mismo viaje venía Juan de la Cosa capitaneando la carabela Niña y, como cartógrafo, anotó en su mapa Boriquén. Pedro Mártir (lib. II. cap. IV), estropeó más el vocablo cuando anota Burichena. Es verdad que escribía en latín y tal vez los copistas hayan sido los que estropearon la palabra. Mártir empleó la ch en lugar de la qu, lo que no es de extrañar porque en la antigüedad era frecuente ese uso, escribiendo por ejemplo, cherubín, chimera, por querubín, quimera. También cometió Mártir la mudanza de la o en u como Chanca. Los caribes llamaban á su punto de parada, en sus correrías piráticas por el archipiélago, boekén: indudablemente se referían á boriquén; á nuestra isla. Fray Iñigo Abbad (1782), siguiendo la obra de Donaldson y Reid (Edimburgo. 1762); interpoló una n en el vocablo y escribió Borinquen. También cometió el error de anotar Agiieynaba en vez de Agiieybana. Y Pastrana (1852), en su Catecismo geográfico, cambió el acento de la é á la í, variando la fonética, y creó la voz Borínquen, que ha tenido popular aceptación, principalmente entre los poetas. Navarrete, interpretando el Diario de Colón, llamó Carib á Puerto Rico y cayó en error; igual equivocación cometió en llamar Guanahaní á una de las Islas Turcas. Algunos escritores modernos, siguiendo á Navarrete, han cometido el mismo error. Boriquén significa tierras del valiente señor. Véase Colón en Puerto Rico, pág. 128; y Brau en Puerto Rico y su Historia, pág. 20.
Boricua.—Letronne, en su Geografía universal (1844) y Pastrana, en su Catecismo geográfico de Puerto Rico (1852) llaman á nuestra isla así. El error procede de que antiguamente solían escribir cu por qu, y de este modo es fácil anotar Boricue y luego Boricua. Todavía en nuestros días en la Revue des Deux-Mondes (1893) hemos visto el vocablo escrito de este modo Boriqve.
Bosiba.—Piedra grande.
Botío.—Valle situado en la montaña de Samaná.
Boyá.—Lugar de Santo Domingo, en el cacicazgo de Higiiey.
Bovuca.—Según Gomara, isla á la que se dirigió Juan Ponce de León, después que dejó la gobernación de Puerto Rico, buscando la fuente que tornaba mozos á los viejos. No conocemos ninguna de las islillas del archipiélago con este nombre.
Bucaná.—Barrio y río de Ponce, Puerto Rico.
Boyucar.—Cacicazgo de Cuba, cuando la conquista, según carta del conquistador Velazquez, en 1514.
Bucarabón.—Barrios de Maricao y Las Marías, en Puerto Rico. Hoy escriben Bucarabones.
Burén.—Especie de hornillo de barro cocido para preparar el casabe. Dice Las Casas: “la harina, así limpia é aparejada, tienen ya los hornos calientes, tres é quatro, si quieren hacer cantidad de pan; estos hornos son como unos suelos de lebrillos en que amasan é lavan las mujeres de Andalucía; son hechos de barro, redondos é llanos; de dos dedos en alto, como una rodela grande, toda llana; llamabanlos burén, aguda la última. Tiénenlos puestos sobre tres ó quatro piedras, é debajo todo el fuego que cabe”.
Buitío.—Véase Bohique.
Buba.—Dice Gomara: “Probó la tierra (Haytí) á los españoles con muchas maneras de dolencias, de las quales dos fueron perpétuas: bubas, que hasta entonces no sabían qué mal era; é mudanza de color en amarillo, que parecían azafranados.” Y más adelante añade: “Desde aquella fortaleza (Santo Tomé del Cibao) salían los cristianos á tomar vituallas; é arrebataban mujeres, que les pegaron las bubas”. Roderico Diaz ó Rui Diaz (1550) atribuye á la llegada de Colón á Barcelona, después de su primer viaje, la aparición de una epidemia de bubas. Bachiller y Morales toma de Capmani en Questiones críticas sobre varios puntos, 1808, que á su vez lo toma de Rui Díaz de la Isla (1534), que los indígenas de la Española llamaban á las bubas buavnara. Las Casas reconoce la sífilis entre los haytianos y escribe: “Dos cosas hobo é hay en esta Isla, que en los principios fueron á los españoles muy penosas: la una es la enfermedad de las bubas, que en Italia llaman el mal francés, y ésta sepan que fué de esta Isla. Yo hice algunas veces diligencias en preguntar á los indios desta Isla si era en ella muy antiguo este mal, y respondían que sí, antes que los chrystianos á ella viniesen”. Oviedo también atribuye la sífilis á Haytí. El cronista de Sevilla don José Velazquez y Sanchez, en sus Anales epidémicos, impresos y publicados en 1866, asegura erróneamente que la voz buba es americana. El vocablo es español: viene de bubón, en griego bwboón. En una carta de Pedro Mártir de Anglería (Opus epistolarum Petri Martyris Angleri. Mediol. nº 1. lib. II. epist. 67) y que lleva fecha de 1489, se lee: “Me escribes, que la enfermedad especial de nuestra época, es llamada en español bubas”. Queda, pues, fuera de dudas, que el vocablo no es americano. La cuestión del origen de la sífilis ha sido muy discutida. Han sobresalido tres opiniones: la importación del virus de América; el desarrollo expontáneo; y el origen antiguo. En una sepultura de la edad de la piedra pulida, Mr. Pruniéres, de Marvejols, ha encontrado cráneos sifilíticos. El Dr. Parrot ha reconocido cráneos mexicanos, anteriores á la conquista española, con lesiones características de sífilis hereditaria. La enfermedad, por lo tanto, se pierde en la noche de los tiempos, porque también se encuentra en China, dos mil años antes de Jesucristo, según Letourneau. Este estigma ha sido común á los tres grandes troncos de la especie humana, blanco, amarillo y negro, desarrollándose en los respectivos continentes, con variedades morfológicas. Véase Yaya.
Buaynara.—Véase Buba.
Buruquena.—Cangrejo pequeño de orillas de ríos y quebradas. Debe escribirse burukena.
Buticacu.—Ojos zarcos. Las Casas (t. V. p. 488) dice: “Las injurias, que entre sí unos á otros, cuando reñían é más airados é turbados estaban, é contra quien se enojaban, decían por injuriallo é hacelle mayor daño, eran, si tenía los ojos zarcos, buticaco, conviene á saber: andá, que tenéis los ojos zarcos; si los tenía negros, xeyticaco; é si le faltaba algún diente, mahite.”
Buvavbá.—Pueblo haytiano, que tenía un zemí célebre, llamado Zemí de Buyaybá, por otro nombre Baybama. Las Casas escribe Vaybrama (t. V. p. 471).
Baybama.—Véase Buyaybá.
Bahomamey.—Barrio de San Sebastián, en Puerto Rico.
Biáfara.—Corrupción de Biajara, pequeño lugar de los campos de Arecibo, en Puerto Rico.