CAPITULO II.

La isla de Puerto Rico.—Situación geográfica.—Constitución geológica.—Cordillera central.—Granito.—Diorita.—Serpentina.—Sienita.—Caliza.—Canteras de mármoles, de asperón, de yeso.—Cavernas.—Margas y arenas.—Vetas minerales de oro, cobre, plata, plomo y hierro.—¿Cómo se formó la isla?—¿Ha estado unida al Continente?—Teoría de Moreau de Jonnes en contra.—Opinión de Stahl.—Parecer de Vasconi.—Nuestra opinión.—Paleontología.—Lenguas petrificadas.

Hemos dicho, en el capítulo anterior, que la isla de Puerto Rico ocupa casi el centro de la cadena circular que forman las islas antillanas en el Mediterráneo Colombino, y que está situada á los 17 y 18 gr. de latitud N. y los 59 y 61 gr. de longitud O. del meridiano de San Fernando.[[30]]

La cordillera central puertorriqueña, cadena irregular de montañas dominando algo más hacia el sur el rectángulo que forma la isla, está dirigida de E. á O. y guarda cierto paralelismo con las de las islas de Santo Domingo, Cuba y Jamaica, lo que induce á creer, según la ley geognóstica de Elie de Beaumont[[31]], que esta cordillera es contemporánea con la de la Sierra Maestra de Cuba, la del Cibao en Santo Domingo y las Montañas Azules en Jamaica.

Esta quilla central de la isla de Puerto Rico se compone de rocas eruptivas antiguas, sobre todo, grandes masas de diorita y serpentina en las regiones central y occidental; y de granito, especialmente sienita, en la región oriental. En Luquillo[[32]], Gurabo, Naguabo, Juncos, las Piedras, San Lorenzo, Maunabo y Yabucoa dominan gigantescas masas graníticas en las elevadas sierras. En la Pandura los bloques de granito señorean las cúspides; y en las montañas de Cayey y en las cuchillas de San Germán y Añasco imperan colosales bloques en sus altos picachos. Atravesando esta montaña por la vía que conduce de Yabucoa á Maunabo, hemos recogido muy buenos ejemplares de granito; formando el cuarzo, el feldespato y la mica curiosas variedades.

Dan morfología á la isla los depósitos sedimentarios de diversas edades; predominando, en las ramificaciones montañosas y en las estribaciones colaterales del eje central, la calizà.[[33]] Esta es, en unas partes, compacta y resistente, y en otras, áspera y porosa. Así tenemos las variedades de mármoles de Río Piedras, Caguas, Naguabo, Cayey y Coamo; las canteras de yeso y piedra blanca de Juana Díaz y Ponce; y las de asperón de la Moca. De esta misma caliza ha generado la socavación de las aguas y sus arrastres, con el trascurso de los tiempos, amplias y vistosas cavernas, que en un tiempo fueron lugar de vivienda de los indios, pues conservan en sus paredes los zemies esculpidos, á manera de dioses penates. Las cuevas de Aguas Buenas, las de Lares y las de Miraflores y el Consejo, en Arecibo, son las más hermosas de la isla.

Los llanos de las alturas, y de algunos puntos de las costas, están ocupados por margas compactas, llamadas en el país barro sipey, salpicadas á trechos de depósitos arenosos, arrancados á las rocas de las montañas inmediatas y acompañadas también de alguna escasa tierra vegetal. Otras margas, muy cargadas de óxido de hierro, y, tomando los aspectos rojo y amarillo de este mineral, constituyen los terrenos llamados barro colorado y barro amarillo, alternando también con grandes bancos de arenisca.

Las extensas vegas, regadas por los ríos que bajan de la cordillera central en dirección N. y S.; principalmente las cuencas del Plata, del Loiza, del Sibuco, del Manatí, del Grande de Arecibo y del Añasco están sobrecargadas de terrenos modernos de aluvión, compuestos de los desgastes de los picachos arenosos y calizos de las montañas vecinas, de abundante tierra vegetal y de cantos rodados, en un todo arrastrado por las aguas. En los otros ríos, de segundo orden, acontece lo mismo.

Los montículos que figuran al N. de la vega de Yabucoa tienen un extenso yacimiento de cuarzo cristalizado, merecedor de ser explotado en industrias de porcelana y cristalería.

En las vertientes de la sierra de Luquillo se descubren vetas minerales acompañadas de caliza compacta, principalmente por Naguabo y Juncos; y también en Ponce, Lajas y Maricao. Varios ríos y quebradas arrastran arenas auríferas[[34]]; los ríos Mameyes, Río Prieto, Sabána, Fajardo, Gurabo, Espíritu Santo y Río Grande, cuyos criaderos están en el Yunque, arrastran pepitas del preciado metal; así como las quebradas Filipina, Cajones, Guaraguao, La Mina, La Máquina, Tabonuco y Anón, afluentes del Mameyes. Las cuencas hidrográficas de los ríos Corozal, Negro Congo, Sibuco y Mabiya también arrastran arenas auríferas. Y también hay criaderos en Coamo, Mayaguez, San Germán y Yauco. Hay mineral de plata en Naguabo, Corozal, Río Grande, Fajardo, Lajas y Las Piedras. De plomo en Guayama y Naranjito. De cobre en Río Blanco, Gurabo, Naguabo, Corozal, Ciales, Jayuya, Maricao, Guayama y Ponce. Y el mineral de hierro abunda en Loiza, Juncos, Humacao, Gurabo y San Sebastián. En el cerro de Malapascua, carbón de piedra; y lignitos en Utuado.

Vienen á terminar la configuración de la isla los conglomerados de fósiles, de varias formas y dimensiones, como los hallamos en las canteras del Islote, en Arecibo, en las de Toa-Alta, Punta de Salinas, el Condado, etc., y con especialidad en las playas, donde los detritus de conchas y corales forman grandes depósitos, cuya agregación está en contínua génesis, dando nacimiento á los terrenos conchíferos y madrepóricos más recientes.

¿Cómo se ha formado la isla? Según Mr. Moreau de Jonnes[[35]] el núcleo de las grandes Antillas es granito, rodeado de terrenos de transición, calcáreos y pirógenos. Opina, que primeramente la potencia volcánica elevó los asientos del Archipiélago y que luego el mar multiplicó las islas. Nos inclinamos á creer que, estando constituido el esqueleto de las grandes Antillas por rocas de la mayor dureza, no es verosímil que la corriente ecuatorial, que ejerce una acción tan débil y limitada sobre los materiales de sus riberas, haya tenido potencia bastante para romper por más de sesenta lugares la cadena de que hacían parte, abriendo brechas de algunas leguas de ancho. El geólogo francés supone, que la corriente ecuatorial fué la generadora del Archipiélago antillano. Nosotros nos inclinamos más á creer, que tanto dicha corriente como las islas fueron un efecto del dislocamiento que produjo en la corteza térrea americana la reciente aparición de los Andes.

Las estribaciones de la cordillera central de la isla de Puerto Rico están acantiladas al N. E. por las Cabezas de San Juan, al S. E. por el cabo Mala pascua y al N. O. por la costa de Quebradillas á Rincón, demostrando la fractura violenta de la cadena antillana, debida indudablemente no á la acción de las aguas, incapaces de producirla, sino á una revolución geológica. Esta dislocación de la corteza térrea, que nosotros referimos al período post-plioceno, produjo el golfo de Méjico, el mar de las Antillas, las islas y la misma corriente ecuatorial actual.

El doctor don Agustín Stahl[[36]] ilustrado puertorriqueño, es de parecer que la isla de Puerto Rico, es de formación geológica reciente. Acepta dos movimientos del poder central, uno para formar el núcleo de la isla, al que el agua, el aire y el calor le arrancaron después los materiales que forman las margas compactas, los lechos de arena y demás depósitos. Sin proceder inmersión alguna en el Océano, vino, en el segundo movimiento la potencia volcánica á elevar nuevamente, y con violencia, las masas primitivas y á formar el Yunque de la sierra de Luquillo, arrastrando en su ascenso la cordillera de la isla, que se extiende hacia el O.

El señor don Angel Vasconi, ilustrado ingeniero de minas, que ha ejercido su carrera mucho tiempo en la isla y reconocido las montañas, opina, que tirando una línea recta de Río Grande á Caguas y de Caguas á Arroyo; otras, de Caguas á Rincón y de Arroyo á Mayaguez, se dividiría la isla en cuatro zonas. Los terrenos comprendidos en la zona N. y en la zona S. pueden considerarse como terciarios, los terrenos de la zona central de la época secundaria, los de la zona E. compuestos de rocas antiguas ácidas, exceptuando la playa de Naguabo y 10 kilómetros de la costa de Mayaguez, que son cuaternarios. En Arecibo hay también un gran banco cuaternario.

Sobre los flancos de la armazón principal de la isla descansan terrenos, cuyos puntos culminantes son el Yunque de Luquillo, el Torito de Cayey y las Tetas de Cerro-gordo en San Germán, debidos á las épocas secundaria y terciaria, hasta los modernos aluviones. Hay capas margosas y arenosas, inclinadas, que comprenden haber sido levantadas por la fuerza interior impulsiva que esbozó los primeros delineamientos montañosos; fenómeno que se puede comprobar perfectamente observando los terrenos contiguos á la carretera central, en los cortes de uno y otro lado, que ha habido necesidad de hacer para trazar esta gran vía. La relación que guarda el Yunque de Luquillo con el resto de la cordillera significa gráficamente, que en la revolución geológica del período post-plioceno volvió con predilección la fuerza volcánica á ejercer presión elevadora en esta comarca, llegando en ella á la mayor altura.

Subiendo desde Arecibo hasta Utuado, tan pronto se dejan los aluviones de la vega arecibeña y se llega á las primeras estribaciones de las montañas, se destacan los restos de montes de caliza, tajados de tal manera en dos partes, que aparecen estas dos grandes secciones respectivamente á cada lado del valle por donde serpentea el río. Según se avanza en dirección al centro de la isla, aparecen montañas de conglomerados y arcillas, abras, picos y farallones calizos, y hasta bloques de granito. Obra toda de una fuerza avasalladora, que accionó poderosamente sobre los estratos y provocó hundimientos y destrozos. Comprueban este cataclismo, ver al pie de esas mismas montañas grandes bancos de arcilla, de arena y de cantos rodados. Estos descuajes de la costa N. de la isla en sus grandes masas calcáreas y los paredones calizos, que se observan en varios puntos, y sobre todo los grandes bloques de granito desprendidos, han sido producidos por la dislocación post-pliocena, que ocasionó el fraccionamiento del Continente Antillano, la formación de las islas y la irrupción de las embravecidas olas, buscando nivelarse en el nuevo suelo submarino.

Tenemos en nuestro poder, procedentes de los campos de Hatillo, y hemos visto también recogidos en Mayaguez, esos restos fósiles, que denominan lenguas petrificadas, y que son dientes fósiles de animales de la época terciaria. Estas mal llamadas lenguas petrificadas, han sido los primeros restos paleontológicos que en la inmediata isla de Cuba dieron la voz de alerta del paso de grandes animales antediluvianos por estos territorios. En un principio se puso la objeción, que eran debidos al arrastre de las aguas; pero los hallazgos posteriores y el encontrarlos en perfecto estado, suprimieron las dubitaciones y hoy es una verdad científica comprobada, que la isla de Cuba estuvo en un período geológico unida al inmediato Continente. El diente fósil que poseemos, y los que hemos visto, corresponden perfectamente á una de esas especies extinguidas de la época terciaria, al formidable Carcharodon, gigantesco tiburón, de más de 20 metros de longitud, destructor y voraz, á juzgar por el tamaño, configuración y fortaleza de estos dientes.

Según Lacepède[[37]] el origen de designar á estos dientes fósiles con el raro nombre de lenguas petrificadas, proviene de que los primeros ejemplares fueron obtenidos por los naturalistas en la isla de Malta, donde se les encuentra frecuentemente, y donde se les llamaba así, desde tiempos tradicionales, por referir la leyenda, que fueron lenguas de serpientes, cambiadas en piedras por San Pablo, cuando este apóstol fué á dicha isla á predicar el Evangelio y encontró el país infestado de serpientes. Se les ha llamado también glossopetras[[38]], odontopetras[[39]], ichthyodontes[[40]] y lamiodontes.[[41]]

Se han encontrado ejemplares de estos dientes fósiles, además de la isla de Malta, en muchas otras partes. En el Museo de historia natural de París hay uno muy grande, procedente de Dax, cercanías de los Pirineos, y que, según los cálculos del sabio naturalista Lacepède, perteneció á un tiburón de 23 metros de longitud, por lo menos. La espedición del Challenger los recogió del fondo del Océano Pacífico. Y en la Florida se encuentran en los estratos de la época terciaria.

Creemos, que tras estos hallazgos, vendrán otros más positivos, como serán los de los grandes mamíferos ya encontrados en la isla de Cuba; y lo que es hoy una verdad científica respecto á la gran Antilla se comprobará con relación á Jamaica, Santo Domingo y Puerto Rico, según vayan adelantando los estudios de investigación. Y, al fin, esta ciencia dará la mano á la Geognosia para afirmar la unidad geológica del Continente Antillano.