CAPITULO IV.
Ley histórica: emigración siguiendo el curso de los ríos.—El hombre primitivo de las Antillas procedía del inmediato Continente Americano.—La emigración vino de la América Meridional.—Error de Guridi y de Stahl al traerlos de la América Septentrional.—Los españoles encontraron dos pueblos que se disputaban la hegemonía del Archipiélago: el Aruaca antillano, perdida la memoria de su origen continental y el Caribe, que la recordaba.—Los Caribes procedían de los Galibis continentales.—Invasión caribeña en el Archipiélago.—Superioridad guerrera del invasor.—Derrota del Aruaca indo-antillano.—Informes de Pedro Mártir de Anglería y del doctor Chanca.—Error de Ulloa, que visto un indio estaban vistos todos.—Linneo.—Gmelin.—Buffón.—Herder.—Kant.—Hunter.—Blumenbach.—Cuvier.—Moquin Tandon.—Dumeril.—Bory de Saint-Vicent.—D’Orbigny.—Brasseur de Bourbourg.—Retzius.—Virchow.—Broca.—Humbold.—Morton.—Nott.—Dally.—Deniker.—Brinton.—Error de Zaborowski en hacer á todos los indo-antillanos Caribes.—El tronco basilio-guaraní.—El Guaraní español y el Tapí portugués eran uno mismo.—Siboneyes, Aruacas y Caribes de Girard de Rialle. Síntesis.—Razas, sub-razas y razas mixtas.—El Aruaca y el Caribe, insulares, constituían dos sub-razas, cuyo entroncamiento estaba en la raza Guaraní de la América Meridional.
La marcha de los pueblos, colonizando territorios, se relaciona con el curso de las aguas. De las márgenes del Mississipí se han extendido tribus americanas hasta inundar las Floridas; é idénticamente de las riberas del Amazonas y del Orinoco avanzaron también pueblos errantes hasta poblar la península de los Caracas y penetrar en el Archipiélago antillano. Ya los sacerdotes de las orillas del Indo, los magos de las riberas del Tigris, los profetas del Jordán, los sacrificadores del Nilo y los ribereños del Danubio y del Rhin nos testifican luminosamente cómo los pueblos avanzan por las márgenes de los ríos y se dilatan por las costas marítimas.
Es muy lógico presumir, que el habitante primitivo de las Antillas procedía del inmediato Continente americano. En un principio, creímos que siendo el estrecho floridano el más fácil de atravesar, por allí debió haber venido la inmigración indo-antillana.[[60]] Nos hicieron caer en esta errónea opinión el escritor dominicano Javier A. Guridi[[61]], diciendo “que los haytianos procedían del tronco Waicure de la costa occidental de la América del Norte,” y el doctor Stahl[[62]], que también los traía del Continente septentrional, haciéndolos proceder de los Aztecas ó de los Semínolas. Pero, la emigración á las islas del Archipiélago partió indudablemente de la América meridional, salvando los indios las distancias oceánicas mediante sus hermosas almadías, que podían llevar de cincuenta á cien personas. Hoy descansa esta opinión nuestra en poderosos datos de toponimia y filología, que expondremos oportunamente en otro capítulo, para comprobar nuestro aserto.
A la llegada de los españoles, comandados por el gran Ligur, dos pueblos americanos se disputaban el imperio de estas islas. El pueblo, que podemos llamar por ahora autóctono, vivía tranquilo, adueñado de la mayor parte del Archipiélago, perdida la memoria de su origen, conservando en sus nebulosas tradiciones que sus antepasados habían nacido en una cueva, como narra la leyenda referida á Fray Román Pane por los indios del cacicazgo de Guarionex, en Haytí. Para la época del Descubrimiento ya tribus indias muy guerreras se habían apoderado de la península de la Florida. Estos eran los valientes Semínolas, que tanto dieron que hacer á los conquistadores Juan Ponce de León y Fernando de Soto. Si los Semínolas hubieran lanzado de la Florida á los antepasados de los indo-antillanos, rastros positivos de éstos hubieran quedado en la toponomia de aquel país, huellas de sus costumbres al apropiarse las mujeres de los conquistados, y algunas palabras filtradas en el idioma del triunfador, procedentes de la lengua dominada. Es ley de la historia que el vencedor no hace desaparecer por completo, en un país, las huellas del pueblo vencido.
En cambio, las tribus caribeñas, que se habían adueñado de las islas de Barlovento, se acordaban perfectamente que descendían de los Galibis de la América meridional: lo que indica que la invasión caribeña en el Archipiélago no era remota, sino inmediata, y que en el período colombino se estaba desenvolviendo aún. El padre Raymond Breton[[63]] dice: “Los caribes manifiestan, que ellos vinieron del Continente para conquistar las islas.” Y Rochefort[[64]] afirma que los caribes de las Antillas se acuerdan descender de los Galibis; tienen la pronunciación más dulce que los caribes del Continente; pero, desde luego, no difieren más que en el dialecto.
Opinamos, que el pueblo caribeño, procedente de la América del Sur, alejándose de las márgenes del Amazonas y del Orinoco, fué domeñando los pueblos vecinos hasta llegar á las costas de Venezuela; y de allí, en son de conquistador, penetró en el mar de las Antillas, asimilándose primero los habitantes de las pequeñas islas cercanas á Costa Firme, de donde extendió sus correrías á las mayores del Archipiélago. Al poner el Almirante el pie en Guanahaní la lucha de estos dos pueblos continuaba á muerte; siendo los campos situados al E. de la isla Boriquén la marca invasora de los conquistadores Caribes, aunque aún no habían podido apoderarse del territorio insular boriqueño, donde hacían frecuentes incursiones, deteniéndose largo tiempo, á veces, en las costas á reparar sus embarcaciones.
Los Caribes, más audaces y más potentes que los autóctonos indo-antillanos, se habían adueñado de las islas de Barlovento; y desde Cayrí (Domínica), Sibuqueira (Guadalupe) y Ay-ay (Santa Cruz) organizaban sus piraterías á la pacífica Boriquén (Puerto Rico), acantonándose en las islillas del E. de nuestra Isla, principalmente en Bicque (Vieques). El triunfo de los invasores hubiera sido seguro en todo el Archipiélago, andando los tiempos, si no se interpola el hecho del Descubrimiento. Ya los conquistadores españoles pudieron observar patentemente la superioridad guerrera del audaz caribe sobre el manso indo-antillano.
El cronista Pedro Mártir de Angleria[[65]] nos refiere, que “lo mismo los varones que las mujeres de las islas, que ya podemos llamar nuestras, cuando advierten que vienen los Caribes no encuentran más salvación que la fuga. Aunque usan saetas de cañas, muy agudas, saben, sin embargo, que les aprovechan poco para reprimir la violencia y furor de los Caribes, pues confiesan todos los indígenas, que en la lucha, diez Caribes vencerían fácilmente á ciento de ellos.”
El doctor Chanca[[66]], que acompañó á Colón en el segundo viaje á las Indias Occidentales, dice: “La costumbre de esta gente de Caribes es bestial: ocupan tres islas: esta se llama Turuqueira (Guadalupe);[[67]] la otra, que primero vimos, Cayre (Dominica); la tercera se llama Av-ay (Santa Cruz); éstos, de estas tres islas, todos son de conformidad como si fueran de un linaje, los quales no se hacen mal entre sí; unos é otros hacen guerra á todas las otras islas comarcanas; van por mar ciento é cinquenta leguas á saltar con muchas canoas que tienen, que son unas fustas pequeñas de un solo madero.”
Ahora bien, estos dos pueblos, que se disputaban el dominio de las islas antillanas, tenían distinta procedencia. La frase de Ulloa,[[68]] de que “visto un indio de qualquier región, se puede decir que se han visto todos en quanto al color y contextura” ha hecho caer en error á muchos historiadores. También podría decirse que visto un hombre amarillo están vistos todos, y cuánta diferencia hay entre un chino y un japonés. Y visto un negro están vistos todos, y qué desemejanza entre un congo y un cafre. Y volviendo la oración por pasiva, lo mismo pudiera decir el hombre rojo, amarillo ó negro del blanco, y sabido es, arrancando desde las ramas alófila, fínica, semítica y aria, cuantas razas hay entre los blancos. La historia etnológica de la América es más complicada aún que la de la Oceanía; y muchos autores están ya contestes, que el vasto territorio americano no ha sido habitado por una sola raza de hombres.[[69]]
Linneo, al dividir la especie humana en cuatro razas, según las cuatro partes del mundo, se conformó con separar enteramente de los demás al hombre rojo de América.[[70]] Gmelin clasificó á los hombres, según el color de la piel, en cuatro variedades, conservando la cobriza para todas las razas americanas.[[71]] Buffón, formando seis variedades del hombre, dejó al americano enteramente fuera, cuyo sistema siguió Herder y Prichard.[[72]] Pownal colocó á los americanos y mogoles entre las razas blanca y roja.[[73]] Kant aceptó el americano cobrizo.[[74]] Hunter al americano rojo.[[75]] Blumenbach, en sus cinco variedades del hombre, dedicó la cuarta al americano ferruginoso, opinión que siguió Laurance en 1822.[[76]] Cuvier clasificó al hombre en tres razas, dejando al americano fuera, sin quererlo situar en ninguna.[[77]] Moquin-Tandon siguió á Cuvier[[78]]. Dumeril separó al hombre en seis razas y dedicó la cuarta á los americanos.[[79]]
Hasta aquí todos los autores hacían de los americanos una sola raza. En adelante, clasificando mejor, van reconociendo variedad de razas en América. Malte-Brun clasificó al hombre en diez y seis razas: en la décima sexta colocó á los americanos, menos aquellos de las partes más septentrionales, que supuso procedían de otros continentes.[[80]] Bory de Saint-Vicent separó al género humano en quince especies; y en la sexta, la hiperbórea, comprendió todo el norte de América y una parte del Asia rusa; en la séptima, la neptuniana, reunió los americanos de California á los de Chile, en unión de peruanos y mejicanos de las costas occidentales; en la novena, la colombina, puso los habitantes de la Florida, los caribes de las Antillas, los naturales de una parte de Méjico, de Tierra Firme y las Guayanas; en la décima, la americana, situó todos los habitantes de la América meridional, menos los de la parte oriental y de las partes ya citadas; en la undécima, la patagona; y en la décima cuarta, la melaniana, los habitantes de la tierra del Fuego.[[81]] Esta labor de Bory de Saint-Vincent, aunque defectuosa, tiene la utilidad científica de que ya no se veía á los americanos con los cristales de Ulloa, de que visto uno estaban vistos todos.
D’Orbigny recorrió la América meridional, desde los años de 1826 á 1833, y opina, que los territorios recorridos por él, ó sea el Brasil, la República oriental del Uruguay, la Argentina, la Patagonia, Chile, Bolivia y Perú, estaban ocupados por tres razas: la ando-peruviana, la pampeyana y la brasilio-guarianana, comprendiendo en ellas treinta y nueve naciones distintas.[[82]]
La raza brasilio-guaraniana cubría toda la parte oriental de la América meridional, desde las Antillas menores hasta el Plata. Ocupaba el Brasil, el Paraguay, lo que se llamó las Misiones, las Guayanas y las islas de Barlovento. De manera que para este sabio investigador los habitantes de las Antillas menores, los Caribes, procedían de los Guaranís del continente meridional y habían destruido á los habitantes de dichas islas al apoderarse de ellas.[[83]]
El abate Brasseur de Bourbourg opinaba, que los americanos procedían de los Cares, que tuvieron gran poder en Asia, Africa y Europa; que de ellos procedían los Guanches de las islas Canarias, los Berberiscos del norte africano y también los Caribes é Indo-antillanos.[[84]] Esta opinión cae por su base, pues tanto los guanches como los berberiscos son blancos trigueños y los caribes é indo antillanos oliváceos canelas. Aquellos, en su índice cefálico, dolicocéfalos (cabezas alargadas), y éstos, casi todos sub-braquicéfalos ó mesaticéfalos (cabezas redondas ó medianas). En el sistema piloso, aquellos barbudos, más ó menos, y éstos barbilampiños; y en el índice nasal, aquellos leptorrinos (narices alargadas) y éstos mesorrinos (narices cortas). Lo demás que nos refiere dicho abate, de los hermanos Tupí y Guaraní abordando á las costas del Brasil, después de una gran inundación, es una leyenda. Y más desacertado está este autor, en sus investigaciones históricas é interpretaciones de manuscritos mejicanos, cuando asevera, que los hombres americanos salieron de la isla Boriquén á poblar la América, convirtiendo de golpe y porrazo nuestra ínsula en el paraiso terrenal indio, de donde salieron los indígenas Adan y Eva de su leyenda. Lo cual, como idea ingeniosa, no es nueva, pues ya la tenemos apuntada en la leyenda haytiana, que nos narra Fray Román Pane, pero atribuyendo el cuento á la inmediata Quisqueya.[[85]]
Es de creer, que Brasseur de Bourbourg se apoyaba en Retzius, que agrupaba los aborígenes americanos en dos grandes divisiones: una, ocupando el oeste, la braquicefálica; y la otra, el este, la dolicocefálica; y ésta procedente de guanches y berberiscos.[[86]] Virchow ha demostrado que tal clasificación es insostenible, porque los cráneos redondos y alargados se encuentran en ambos lados del continente americano[[87]]: aunque Topinard quiso explicar la hipótesis de Retzius, suponiendo que el autóctono es el esquimal, arrinconado por una raza braquicéfala venida del Asia.[[88]]
El profesor Broca piensa, que se ha exajerado mucho la unidad de las razas americanas. Para establecer la pluralidad de ellas, entre otras pruebas, atribuye el autor una gran importancia al color de la piel, puesto que se encuentra entre los americanos tintes muy constantes y muy diversos, desde el blanco hasta el casi negruzco, más pronunciado aún que el de los mulatos.[[89]]
Humbold notó, que no había raza en el mundo que tuviera el frontal tan inclinado hacia atrás como la de los americanos; y en la cual la frente fuese tan pequeña. Haciendo observar que la pequeñez de la frente estaba compensada de alguna manera por su longitud, que es generalmente grande.[[90]]
Según Morton, el habitante de la Tierra del Fuego tiene los mismos rasgos característicos que el indio de los planos tropicales, aunque sea en un grado exajerado. Se parece el fuegoniano al indígena de las tribus que están al O. de las Montañas Rocosas, á los del valle del Mississipí y á los esquimales del Norte. Todos poseen igualmente cabellos largos, lisos y negros, piel morena ó color de canela, cejas gruesas, pestañas espesas, ojo melancólico y adormido, labios gruesos y apretados, y nariz sobresaliente y dilatada. La misma conformidad de organización en los caracteres osteológicos, con cráneos redondos, ó casi cuadrados, occipucio aplastado ó vertical, mandíbulas gruesas, grandes órbitas cuadrangulares y frente estrecha y ligera.[[91]] Pero, después el mismo Morton ha notado diferencias considerables y ensayó una clasificación, con la guía del índice cefálico y la división en braquicéfalos y dolicocéfalos de Retzius.[[92]] Nott sigue también la separación en cráneos alargados y redondos; haciendo hincapié en que los Toltecas tienen la braquicefalia acentuada y los Iroqueses, Cheroqueses y Choctaws la dolicocefalia.[[93]] Y el sabio Virchow ha demostrado grandes diferencias entre las razas del Nuevo Mundo por la configuración de los cráneos; pero sin precisar su antigüedad, ni procedencias genealógicas.[[94]] Dally es partidario del tipo étnico americano, pero aceptando las razas, con diferencias más ó menos marcadas, como en el antiguo Continente.[[95]] Deniker utiliza los rasgos característicos de la nariz, además de la configuración del cráneo, para clasificar los aborígenes americanos.[[96]] Y Brinton separa las razas americanas en tres grandes ramas y siete troncos.[[97]] ¡Qué lejos nos encontramos ya de la clasificación de Ulloa, que visto un indio estaban vistos todos!
Zaborowski cayó en el error de opinar, que todos los indígenas de las Antillas eran Caribes, representados hoy por los Galibis de la Guayana y del Bajo Amazonas.[[98]] Los indígenas del Archipiélago antillano, grandes y pequeñas islas, antes de la invasión caribeña, eran todos Aruacas. Y en el periodo del Descubrimiento las grandes islas estaban aún en poder de los Aruacas y todas las de Barlovento habían caido en poder de los Caribes. Los indo-antillanos Aruacas tenían con los indo-antillanos Caribes el punto de unidad de proceder del gran tronco brasilio-guaraniano de D’Orbigny: tronco que es necesario desligar ya, pues los Botocudos, primeros habitantes del Brasil, eran de cráneo dolicocéfalo, demostrado por Lacerda y Peixoto.[[99]] El punto de unidad, pues, de Caribes y Aruacas está en el grupo étnico importante Guaraní. El Guaraní de los españoles es el Tupí de los portugueses. El guaraní tenía el ojo ligeramente oblicuo, aspecto mongoloide que hemos comprobado en las pictografías de la cueva de Miraflores, de Arecibo, y en una cara pétrea de nuestra Colección arqueológica, hallada en Barros. Martius perfeccionó la obra iniciada por D’Orbigny, diferenciando los Aruacas de las Guayanas de los Caribes de Venezuela y Colombia.[[100]] Por eso, dice con mucha razón Girard de Rialle, que los habitantes de las Antillas cuando la venida de los españoles, pertenecían á varias naciones; que la más antigua, la de los Siboneyes, en Cuba, parecía haber sido originaria de la América Central; venía, en seguida, la de los Aruacas, comedores de harina de yuca; á la cual recientemente se le había sobrepuesto en algunas islas del Archipiélago, la de los terribles Caribes. Opinión que corrobora en parte la nuestra, pues nosotros opinamos, apoyándonos en la Filología, que los indios de Cuba eran tribus hermanas de los haytianos, jamaiquinos y boriqueños.
Sintetisemos. Sea de origen asiático el hombre americano, ó vice-versa[[101]]; haya habido varios centros de creación, ó no: cuestiones todas que se debaten aún en el campo de la ciencia y que no nos corresponde en este estudio ocuparnos de ellas; lo cierto y positivo es, que la piel roja, la cabeza redonda ó cuadrada, el cabello abundoso y acrinado, con ojos pequeños por lo general, la pupila oscura, la nariz comunmente aguileña, la cara barbilampiña y los pies y manos pequeños, en tallas variables, constituyen un tipo antropológico, que dentro de la unidad de la especie humana, podemos considerar como un tronco principal. Es ya una variedad dentro de la unidad.
Si uno ó muchos rasgos individuales, característicos, se exageran de manera de hacer del individuo que los presenta una excepción marcada, este individuo constituye, per se, una variedad. Cuando los caracteres propios á una variedad vienen á ser hereditarios y sostenidos, de manera que se va esbozando un grupo distinto por muchos conceptos típicos del originario, nace la raza. Así, de la especie se puede engendrar un número indefinido de razas. Además, cada raza puede á su vez presentar individuos que se distingan de sus hermanos por algunos caracteres especiales sostenidos y se origina la subraza.[[102]] El cruzamiento trae las razas mixtas.
La especie es la unidad: las razas y sub-razas fracciones de la unidad. En el tipo étnico americano tenemos cabezas redondas y alargadas y cabezas de configuración mediana; bajo el índice céfalico vienen á ser dos razas fundamentales y una tercera por cruzamiento. Encontramos, en general, ojos pequeños ó grandes, horizontales ú oblicuos; piel olivácea canela hasta blanquear, y en otros descender el rojo fundamental hasta el negruzco; nariz aguileña tendiendo á alargarse, ó recta tendente á corta. Todo esto es la influencia del medio ambiente, con el trascurso del tiempo; aunque los caracteres adquiridos en el período de formación de las primeras razas no se borran jamás por completo; se modifican, pero cada una mantiene sus diferencias de origen.[[103]]
El Caribe insular, comedor de carne fresca, de instinto belicoso y aventurero, sanguinario y cruel antropófago era antitético del Aruaca, el aborigen antillano, comedor de harinas, pacífico, hospitalario, dulce é indolente. No producía tal estado en el Caribe la escacez de vituallas en las pequeñas islas de Barlovento, porque en el continente inmediato, con abundancia de comida, era también carnívoro y antropófago, activísimo y batallador. Y el Aruaca de las islas Lucayas era más pobre y desprovisto de bastimentos que el Caribe de Santa Cruz y Guadalupe, y tenía los instintos y condiciones de los naturales de las grandes Antillas. Era que estos dos pueblos, el Aruaca y el Caribe constituían dos sub-razas, á pesar del entronque genésico continental. El carácter moral de esos dos pueblos, esas aptitudes é inclinaciones tan bien conservadas en las crónicas y tradiciones colombinas, eran indudablemente efecto de caracteres físicos especiales, temperamentos y constituciones diversos, é influencias desconocidas, cuyas causales ignoramos aún, pero cuyos resultados nos son patentes por la veracidad histórica. Las investigaciones paleontológicas y el detallado estudio osteológico de sus osamentas las han de confirmar. Según Girard de Rialle[[104]] el cráneo del Caribe es dolicocéfalo y los ojos pequeños; según nuestras investigaciones el Aruaca continental era braquiocéfalo y el Aruaca antillano mesaticéfalo y de ojos grandes. Es innegable que dos razas fundamentales, la dolicocéfala y la braquicéfala, en la noche de los tiempos, se han superpuesto y fusionado en el suelo de América hasta originar la intermedia, mesaticéfala; y que esta influencia, que originó razas y sub-razas, se sintió también en el Archipiélago antillano.[[105]]