H
El señor Bachiller y Morales (Ob. cit. p. 289) critica que los cronistas hayan escrito con h algunas palabras indias. Los españoles, al ponerse en contacto con los indo-antillanos, notaron que estos tenían cierta aspiración fonética en la pronunciación de algunos vocablos; y como los castellanos al tomar palabras árabes en su idioma con semejante aspiración la fijaron mediante una h, lo mismo hicieron con los vocablos indo-antillanos, que requerían tal anotación. El mismo Almirante lo observó con la palabra Guanahaní y estuvo perplejo en fijar la aspiración y puso en su célebre carta de Lisboa enviada á los Reyes, una y griega. Pedro Mártir (Déc. III, lib. VII, cap. IV) dice: “Digamos aquí algo de la aspiración, que es diferente que entre los latinos. Se ha de advertir, que entre los vocablos de ellos no hay ninguna aspiración que no tenga el valor de letra consonante. Más aún: pronuncian más fuerte la aspiración que nosotros la efe consonante, y todo lo que lleva aspiración se ha de pronunciar con el mismo aliento que la efe, mas sin aplicar el labio inferior á los dientes de arriba, pero con la boca abierta. Ha, he, hi, ho, hu, y dando golpes en el pecho. Veo que los hebreos y los árabes pronuncian del mismo modo sus aspiraciones.”
Han-han.—Sí. Es jan-jan.
Haba.—Dice Oviedo (lib. VII, cap. IX): “hacen unas cestas, que llaman havas, para meter lo que quieren guardar”. Se tejían de bijaos y les servían para guardar la hamaca. Es jaba.
Habana.—Lugar de Cuba, donde vivía el cacique Yaguacayo. Hoy nombre de la capital de la isla de Cuba. Los boriqueños, según Juan Ponce de León, daban ese nombre á la desembocadura del río Toa, que perdura aún con el nombre de boca-habana. Sitio explorado por el Conquistador en su primer viaje al Boriquén en 1.508. Significa Lo grande; ha, por gua, he aquí, lo; bana, grande. La admiración del indígena se refería á la bahía.
Hamí.—Según Las Casas, un riachuelo cerca de Lares de Guahaba, en La Española.
Hamaca.—Las Casas (t. v. p. 485) dice: “las camas, en que dormían, que llamaban hamacas, eran de hechura de una honda, cuanto á lo largo, puesto que aquello ancho tenía un estado é medio é dos estados, é uno de longura; é todo de hilos de algodón torcidos, no como red atravesados, sino á la luenga estendidos; atravesaban por todo lo ancho ciertas tejeduras de otros hilos, como randas, de dos dedos en ancho, é había de una á otra, por respecto de lo luengo que tenía toda ella, un palmo é más é menos; á los cabos de la longura de toda ella, ponen unas cuerdas, llamadas cabuyas, bien hechas y bien torcidas, de mejor materia que de cáñamo.” Pedro Mártir (dec. VII, lib. I, cap. II) dice “para sus lechos colgados, que necesitan, hacen colchas, que ellos llaman hamacas.” Oviedo (lib. V, cap. II) escribe hamaca. Y, perdurando aún entre nuestros campesinos la aspiración al principio del vocablo, por lo que dicen jamaca, no nos esplicamos porqué el señor Bachiller y Morales escribe, en su Ob. cit. p. 194, el vocablo sin h.
Habacoa.—Hoy llamada Bary, una de las islas Lucayas.
Hatiiey.—Cacique de Guahaba, en Santo Domingo. Se pasó á Cuba é indujo á los siboneyes á hacer resistencia á los conquistadores. Cayó prisionero y fué quemado vivo.
Hatibonico.—Las Casas (t. v. p. 270) dice: “llámase hatibonico en el lenguaje de indios.” En Cuba hay también dos ríos con este mismo nombre. Es corrupción de Jatibonicu. Y de este vocablo se deriva el de Aybonito, castellanizado ya, y conservado en un pueblo de Puerto Rico.
Hatiey.—Lugar del cacicazgo de Marien, en Santo Domingo.
Hanigajía.—Lugar del cacicazgo de Xaragua.
Henequén.—Planta de la familia del Maguey. La pita de los españoles. Otros escriben heniquén y jeniquén.
Haytí.—El nombre primitivo de La Española, que en la actualidad lo conserva la mitad de la isla, llamándose la otra mitad Santo Domingo. Significa, tierra alta. En la parte oriental llamaban los indígenas á la isla Quisqueya; y en la setentrional Bojío.
Hico.—Véase Jico.
Higiiey.—El quinto y último cacicazgo de Santo Domingo, en la parte E. y S. E. de la isla, subdividido en las poblaciones de Asua, Maniex, Bonao, Cayemú, Cacao, Hicayagua y Boyá. Este cacicazgo también tenía el nombre de Iguayagua. Su régulo era Cayacoa y más tarde Cotubanamá. Tenía de 45 á 50 leguas de costa de mar y de 25 á 30 leguas de territorio hacia el Sur y 30 leguas de tierra adentro. Regado por los ríos Ozama, Yamasá, Guabanimo (hoy Isabela), Quabón. Yuma Yabacoa, Anamuya, Jaina, y Sabita, (Jiguero).
Higuamota.—Hija del cacique Caonabó y Anacaona; casó con el español Guevara, que fué preso por el revoltoso Roldán, por esta unión, falleciendo en la cárcel; y la india, heredera del cacicazgo, le siguió también en su triste fin.
Higua.—Monte de la sierra de San José de las Matas, en Santo Domingo.
Higiiera.—Arbol. (Crescentia cujete. Hay otra variedad, llamada Crescentia cucurbitina). Hoy se dice en Puerto Rico jigiiero al árbol y jigiiera al fruto. En Cuba le llaman giiira. En Venezuela totumo y totuma. Oviedo (lib. VIII, cap. IV) dice: “del árbol llamado higiiero. El acento de la letra u ha de ser luengo, ó despacio dicho; de manera que, no se pronuncie breve, ni juntamente estas tres letras gue; sino que detenga poquita cosa entre la u y la e, é diga hi... gu... ero. Digo ésto, porque el lector no entienda higuero ó higuera de higo.” Pedro Mártir (Déc. 8a. lib. XI, cap. II) hace igual ó parecida advertencia.
Higuanamá.—Vieja cacica del Higiiey.
Higuana.—Lagarto grande, que cazaban los indígenas para comerlo. Oviedo escribe Yuana. Las Casas, Vargas Machuca y Enciso Yguana. Don Fernando Colón anota Jiguana. Herrera copia higuana.
Hicaco.—Arbusto frutal. (Chrisobalanus icaco). También se dice jicaco.
Hicotea.—Véase Jicotea.
Hequetí.—Uno. El contar de los indios no pasaba de veinte. Según Las Casas, tenían vocablos para designar cantidad hasta diez; de diez á veinte usaban de los dedos de pies y manos.
Higuaca.—El papagayo. Véase este vocablo.
Haniguayagua.—Según Las Casas, una provincia india de La Española, junto al Baoruco, de 25 leguas de largo y 12 á 15 de ancho.
Hobo.—El jobo. Oviedo escribe hobo. Arbol frutal. (spondias lutea).
Holguín.—Pueblo de Cuba. El vocablo está muy corrompido. Debe proceder de guanín ó de yagiiín por yaragiiín, lugar de giiines. Ese hol ó jol no es indo-antillano.
Humacao.—Santa Clara anota Jumacao. Población y río de Puerto Rico. Oviedo llama al río Macao.
Humirí.—Arbol resinoso. (Humiri balsamifera).
Hupía.—El alma. Las Casas (t. v. p. 500) dice: “tenían gran miedo de los fantasmas de noche, que llamaban hupías; é hupía no era otra cosa que el alma del hombre, porque así llamaban el ánima”.
Hoconuco.—Barrio de San Germán, en Puerto Rico.
Hutía.—Oviedo, en el lib. XII, cap. I, describe la jutía.
Huracán.—Tempestad. El espíritu maligno. Pedro Mártir (Déc. 1ª lib. IV, cap. IV) dice: “á estas tempestades del aire; como los griegos los llaman thiphones, éstos los llaman huracanes”. Las Casas (t. v. p. 412) dice: “huracanes llamaban los indios desta isla (La Española) las dichas tormentas”. Washington Irving se equivoca al escribir que los haytianos las llamaban furicán. Dándole el valor, fonético de la h sería juracán. Los galibis de Venezuela le llaman aún yuracán. Santa Clara, en su Informe de 1582, escribe juracán.