De "La Unión", de Sevilla:
Anoche, en el escenario de Eslava, se representó una obra teatral debida al ingenio de Concha Espina, la de la prosa correcta y clara como agua de manantial serrano, la novelista que sabe tejer realidades de nuestra propia vida con finos hilos de ensueño, dando a la labor un tono suave, de verdad y de ilusión, tan perfectamente armonizado, que logra poner un suspiro en nuestros labios, al mismo tiempo que, embebecidos, pensando en unas dulces quimeras, miramos a las lejanías más azules.
Y la representación de El Jayón—que así se denomina la nueva comedia dramática—nos proporcionó aquella hora grata que el espíritu nos demandaba, cansado de tanta aridez y de tanto mezquino prosaísmo como estamos viviendo estos días en este nuestro buen pueblo español.
Concha Espina, dotada de un exquisito temperamento artístico, escribiendo para el teatro como escribe sus novelas, tuvo el singularísimo acierto de subyugar a los espectadores, brindándoles generosamente aquellas exquisiteces de que estamos tan ayunos y que, en verdad, hemos echado de menos en tantas temporadas teatrales perdidas para la cultura, para el buen gusto y para el arte, nuestro supremo soberano.
El Jayón, que tiene por fondo un brioso panorama de vidas rurales, que exalta hasta un sacrificio eterno—el de dejar el amor al hombre único—, el santo cariño maternal, está enmarcado en una pureza de lenguaje y en una simplicidad de tecnicismo que constituyen la triunfal ejecutoria de la pluma que anoche fué aclamada, no ya por el aplauso de los selectos, sino por el público de la galería, que, abierta el alma a la llegada de la emoción, supo gustar ésta y apropiársela, agradeciéndola como una señalada merced.
Los periódicos madrileños relatarán, de seguro, el argumento de la obra que de modo tan definitivo triunfó anoche en Eslava, y por ello, para no hacer demasiado extenso este apunte, no he de meterme en tal detalle; pero, por si no te lo dijesen los críticos de teatros al hacer el comentario del estreno, yo he de manifestarte, amigo lector, que El Jayón tiene una escena tan intensa y tan sublime, tan generosa y tan llena de dulzores de alma de mujer, tan ungida por la gracia de las que fueron madres, que la diputo como uno de los mayores aciertos de nuestro teatro.
Cuando El Jayón siga su camino por todos los teatros de España, que la ruta es amplia y reclaman las gentes de todos los lugares beber en el mismo fresco y grato manantial, Concha Espina recogerá el fruto de la gratitud, pues ha puesto en el duro surco de nuestra vida semilla de arte noble y grande.
Y bien haya quien así atiende la sed de nuestro espíritu, que ya empezaba a mostrar grietas producidas por la hosca resequedad que hubieron de proporcionarnos los que se propusieron extraviarnos en nuestro camino hacia lugares de cordialidad, de ternuras, de realidades suavizadas por el dulzor del ensueño.
Leocadio Martín Ruiz.
Nota del Transcriptor:
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