ESCENA II
Dichos, CARMEN, FLORA y CÁNDIDO
CARMEN y FLORA llevan, debajo del brazo y en la mano, botijos de barro al uso del país. CÁNDIDO, en mangas de camisa, con el dalle al hombro y la colodra en la cintura, llega detrás de las mozas.
CARMEN y FLORA
Buenas tardes. (Posan los botijos en la piedra que con ese objeto hay cerca del pozo.)
MARCELA
Muy buenas.
ANDRÉS
Hola, muchachas.
CÁNDIDO
(Sin acercarse del todo.) A la paz de Dios.
ANDRÉS
(Alusivo.) ¡Hombre, qué milagro tú por aquí!
CARMEN
(Con malicia.) Un milagro patente... ¡Como que él y Flora no se encuentran nunca!
FLORA
No mucho.
MARCELA
(A CÁNDIDO.) Llégate, Cándido. (Está recogiendo la costura y las muchachas se le acercan.)
CARMEN
(Adelantándose hacia las cunas.) Yo voy a ver los crios. (Observando a uno y a otro.) ¡Si están despiertos! (Las tres mujeres se reúnen junto a los niños hablando en voz baja.)
ANDRÉS
(A CÁNDIDO.) Vamos, no te quedes ahí como un hito. (Con la regadera llena hace ademán de dirigirse al huerto.)
CÁNDIDO
(Aproximándose.) Pues, yo venía al tanto de la siega: que si voy para ti mañana al prao de la Coteruca.
ANDRÉS
Sí, hombre, cuento contigo.
CÁNDIDO
Se estima.
FLORA
(Que atiende a lo que hablan los dos hombres se acerca a ellos.) Y nosotras, Andrés, ¿iremos por la tarde a eslombillar? (Se pone a sacar agua.)
ANDRÉS
Si «tiran» el prao por la mañana podéis ir.
CÁNDIDO
Escajudo es; pero... ¡madrugando bien d'ello!...
ANDRÉS
A todos los segadores de la cuadrilla os cunde la labor... y si con el alba salís...
CÁNDIDO
(Dándose importancia.) Se saldrá. (Andrés entra en el huerto.)
CÁNDIDO
(A FLORA indeciso.) Conque, ¿os aguardo ahí alante?
FLORA
Bueno...
CÁNDIDO
(A las otras mujeres.) Vaya, condiós.
MARCELA y CARMEN
Adiós. (FLORA sigue sacando agua y llenando los botijos.)
MARCELA
(A CARMEN. Hablando de los niños.) Tienen buena pasta, que si no me darían mucha guerra... El uno porque está sano y rollizo llora poco... el otro apenas tiene resuello para llorar.
CARMEN
En santas manos cayó el inocente... ¡Mira que ser un infeliz jayón y salir jiboso además!
MARCELA
(Suspirante.) ¡Pobre criatura!
CARMEN
¡No tan pobre que dió contigo!
FLORA
(Termina su labor y se acerca a las otras mujeres secándose las manos con el delantal.) Sí, Marcela, no es por alabarte, pero lo que estás haciendo con ese chiquillo es como para ponerlo en los libros de misa.
MARCELA
(Azorada.) ¡Por Dios!
CARMEN
(Ponderativa.) ¡Ahí es nada...! Recoger al hijo de otra mujer que le abandona a la santimperie, y criarle como si fuera de las propias entrañas, y quererle más, según se le ve endeble y cativo, hecho un pingajo... ¡ahí es nada!
FLORA
(Con calor a MARCELA.) ¡Eso no lo hace nadie más que tú!...
MARCELA
¡Si lo contáis así!... No hay que aumentar... Le hemos tomado ley y en vez de un hijo tenemos dos...
CARMEN
(Intencionada.) Ya, ya... ¡dos hijos!... razón llevas.
FLORA
(En el mismo tono.) Para disimular y sufrir eres la única.
MARCELA
(Pesarosa.) ¡Ay, no me habléis de ello! (ANDRÉS vuelve con la regadera vacía a buscar más agua.)
FLORA
¿Vamos, Carmen?
CARMEN
Sí, vamos. (Se dirigen a coger los botijos.)
ANDRÉS
(A FLORA.) Ahí te esperan, muchacha.
FLORA
Deja que esperen.
CARMEN
Hay algunos que no tienen otro oficio.
FLORA
(Sentida.) ¡Vaya, mujer!
FLORA y CARMEN
(Despidiéndose.) Hasta luego.
MARCELA y ANDRÉS
Adiós.