Número 8-5.
Véase la Gaceta extraordinaria del gobierno de Sevilla de 24 de abril de 1809 y el suplemento a la misma del 8 de mayo del mismo.
Número [8-6].
Esta correspondencia se insertó íntegra en el suplemento a la Gaceta del gobierno de Sevilla de 12 de mayo de 1809. Todas las contestaciones honran a sus autores, como también otra que dio más adelante y sobre el mismo asunto al general Sebastiani Don Francisco Abadía. Esta se insertó en la Gaceta del gobierno de Sevilla de 29 de mayo de 1809.
Número [8-7].
| Reales. | |
| Las rentas ordinarias de la provincia de Asturias produjeron entonces al año lo mismo que antes | 8.000.000. |
| Los donativos | 4.000.000. |
| Un préstamo | 3.500.000. |
| Así el total que entró en arcas desde mayo de 1808 hasta mayo de 1809 de rentas y recursos de la provincia, fue de unos | 15.500.000. |
Deben agregarse a estos quince millones quinientos mil rs. vn. veinte millones de reales que vinieron de Inglaterra; mas de los últimos habiéndose enviado dos a la central, quedan reducidos a diez y ocho, ascendiendo por consiguiente el total a 35.500.000 reales vn. Durante este tiempo mantuvo la provincia constantemente de 18 a 20.000 hombres sobre las armas; a los que al principio dio hasta una peseta diaria. Véase si con este gasto y lo que costaba el pago de las autoridades civiles había lugar a dilapidaciones. Además el marqués de Vista Alegre, que estaba al frente de la hacienda del principado, era hombre de gran severidad en la materia e incapaz de entrar en ningún manejo deshonroso y feo.
Número [8-8].
D’Argenton se escapó por la noche luego que los franceses salieron de Oporto. Pasó a Inglaterra y de allí parece ser que yendo a Francia para sacar a su mujer y a sus hijos fue cogido y arcabuceado.
Número [8-9].
Sabe V. M. que hace más de cinco meses que no he recibido órdenes ni noticias, ni socorros: por consiguiente carezco de muchas cosas, e ignoro las disposiciones generales. El general de brigada Viallanes se hallaba muy cansado, y me dijo en Lugo que estaba malo. Conocí que su dolencia no era tan grave como decía; pero viendo su temor le mandé que se retirase hacia el lado del mayor general de V. M. a recibir sus órdenes. También hubiera querido dar igual destino a los generales La Houssaye y Mermet que no siempre han hecho lo que pudieran hacer para ventaja nuestra; pero dejé de tomar esta determinación hasta llegar a Zamora, para no dar más crédito a las voces de las cabalas o conspiraciones que se esparcieron... Sacado de la Gaceta del gobierno de 28 de julio de 1809. (Pliego interceptado del mariscal Soult a José, fecho en la Puebla de Sanabria a 25 de junio de 1809.)
Número [8-10].
He aquí algunos pormenores de tan singular hecho. Era en el otoño de 1805 y daba Mr. Pitt una comida en el campo, a la que asistían los lores Liverpool (entonces Hawkesbury) Castelreagh, Bashurst y otros, como también el duque de Wellington (entonces Sir Arthur Wellesley) que acababa de llegar de la India. Durante la comida recibió Pitt un pliego, cuya lectura le dejó pensativo. A los postres yéndose los criados, según la costumbre de Inglaterra o como ellos dicen the cloth being removed and the servants out, dijo Pitt «Malísimas noticias; Mack se ha rendido en Ulm con 40.000 hombres, y Bonaparte sigue a Viena sin obstáculo.» Entonces fue cuando exclamaron sus amigos, y él replicó lo que insertamos en el texto. Como su respuesta era tan extraordinaria, muchos de los concurrentes, aunque callaron por el respeto que le tenían, atribuyéronla sobre todo en lo que dijo de España a desvarío causado por el mal que le oprimía, y de que falleció tres meses después. Pitt percibiendo en los semblantes el efecto que habían producido sus primeras palabras, añadió las siguientes bien memorables. «Sí, señores, la España será el primer pueblo en donde se encenderá esta guerra patriótica que solo puede libertar a Europa. Mis noticias sobre aquel país, y las tengo por muy exactas, son de que si la nobleza y el clero han degenerado con el mal gobierno y están a los pies del favorito, el pueblo conserva toda su pureza primitiva, y su odio contra Francia tan grande como siempre, y casi igual a su amor a sus soberanos. Bonaparte cree y debe creer la existencia de estos incompatible con la suya, tratará de quitarlos, y entonces es cuando yo le aguardo con la guerra que tanto deseo.»
Hemos oído esto en Inglaterra a varios de los que estaban allí presentes: muchas veces ha oído lo mismo al duque de Wellington el general Don Miguel de Álava, y dicho duque refirió el suceso en una comida diplomática que dio en París el duque de Richelieu en 1816, y a la que se hallaban presentes los embajadores y ministros de toda Europa.
Fin del tomo II.