ESCENA II.

El P. Guardian y el H. Meliton.

Meliton.

No hay paciencia que baste, Padre nuestro.

Guardian.

Me parece, H. Meliton, que no os ha dotado el Señor con gran cantidad de ella. Considere que en dar de comer á los pobres de Dios, desempeña un ejercicio de que se honraria un ángel.

Meliton.

Yo quisiera ver á un ángel en mi lugar siquiera tres dias... Puede ser que de cada guantada...

Guardian.

No diga disparates.

Meliton.

Pues si es verdad. Yo lo hago con gusto, eso es otra cosa. Y bendito sea el Señor que nos dá bastante, para que nuestras sobras sirvan de sustento á los pobres. Pero es preciso enseñarles los dientes. Viene entre ellos mucho pillo... Los que están tullidos y viejos, vengan enhorabuena, y les daré hasta mi racion, el dia que no tenga mucha hambre; pero jastiales que pueden derribar á puñadas un castillo, váyanse á trabajar. Y hay algunos tan insolentes... hasta llaman bazofia á la gracia de Dios... Lo mismo que restregarme siempre por los hocicos al P. Rafael; toma si nos daba más, daca si tenia mejor modo, torna si era más caritativo, vuelta si no metia tanta prisa. Pues á fé, á fé, que el bendito P. Rafael á los ocho dias se hartó de pobres y de guiropa, y se metió en su celda, y aquí quedó el H. Meliton. Y por cierto no sé por qué esta canalla dice que tengo mal genio. Pues el P. Rafael tambien tiene su piedra en el rollo, y sus prontos y sus ratos de murria como cada cual.

Guardian.

Basta, hermano, basta. El P. Rafael no podia, teniendo que cuidar del altar, y que asistir al coro, entender en el repartimiento de la limosna; ni éste ha sido nunca encargo de un religioso antiguo, sino incumbencia del portero... ¿Me entiende?... Y, H. Meliton, tenga más humildad, y no se ofenda cuando prefieran al P. Rafael, que es un siervo de Dios á quien todos debemos imitar.

Meliton.

Yo no me ofendo de que prefieran al P. Rafael. Lo que digo es que tiene su genio. Y á mí me quiere mucho, Padre nuestro, y echamos nuestras manos de conversacion. Pero tiene de cuando en cuando unas salidas, y se dá unas palmadas en la frente... y habla solo, y hace visajes como si viera algun espíritu.

Guardian.

Las penitencias, los ayunos...

Meliton.

Tiene cosas muy raras. El otro dia estaba cavando en la huerta, y tan pálido y tan desemejado, que le dije por broma: Padre, parece un mulato, y me echó una mirada, y cerró el puño, y áun lo enarboló de modo, que parecia que me iba á tragar. Pero se contuvo, se echó la capucha y desapareció; digo, se marchó de allí á buen paso.

Guardian.

Ya.

Meliton.

Pues el dia que fué á Hornachuelos á auxiliar al alcalde, cuando estaba en toda su furia aquella tormenta en que nos cayó la centella sobre el campanario; al verle yo salir sin cuidarse del aguacero, ni de los truenos que hacian temblar estas montañas, le dije, por broma, que parecia entre los riscos un indio bravo, y me dió un berrido que me aturrulló... Y como vino al convento de un modo tan raro, y nadie le viene nunca á ver, ni sabemos dónde nació...

Guardian.

Hermano, no haga juicios temerarios. Nada tiene de particular eso, ni el modo con que vino á esta casa el P. Rafael es tan raro como dice. El Padre limosnero, que venia de Palma, se lo encontró muy mal herido en los encinares de Escalonia, junto al camino de Sevilla, víctima sin duda de los salteadores, que nunca faltan en semejante sitio; y lo trajo al convento, donde Dios sin duda le inspiró la vocacion de tomar nuestro santo escapulario, como lo verificó en cuanto se vió restablecido, y pronto hará cuatro años. Esto no tiene nada de particular.

Meliton.

Ya, eso sí... Pero, la verdad, siempre que le miro me acuerdo de aquello que V. Rma. nos ha contado muchas veces, y tambien se nos ha leido en el refectorio, de cuando se hizo fraile de nuestra órden el demonio, y que estuvo allá en un convento algunos meses. Y se me ocurre si el P. Rafael será alguna cosa así... pues tiene unos repentes, una fuerza, y un mirar de ojos...

Guardian.

Es cierto, hermano mio; así consta de nuestras crónicas, y está consignado en nuestros archivos. Pero, además de que rara vez se repiten tales milagros, entonces el Guardian de aquel convento en que ocurrió el prodigio, tuvo una revelacion que le previno de todo. Y lo que es yo, hermano mio, no he tenido hasta ahora ninguna. Conque tranquilícese, y no caiga en la tentacion de sospechar del Padre Rafael.

Meliton.

Yo, nada sospecho.

Guardian.

Le aseguro que no he tenido revelacion.

Meliton.

Ya, pues entonces... Pero tiene muchas rarezas el P. Rafael.

Guardian.

Los desengaños del mundo... las tribulaciones... Y luego, el retiro con que vive, las contínuas penitencias... (Suena la campanilla de la portería.) Vaya á ver quién llama.

Meliton.

¿Á que son otra vez los pobres? Pues ya está limpio el caldero... (Suena otra vez la campanilla.) No hay más limosnas; se acabó por hoy, se acabó. (Suena otra vez la campanilla.)

Guardian.

Abra, hermano, abra la puerta. (Váse.)

(Abre el lego la portería.)