ESCENA PRIMERA.

El teatro representa una sala corta, alojamiento de oficiales abandonados. En las paredes estarán colgados en desórden uniformes, capotes, sillas de caballos, armas, etc.; en medio habrá una mesa con tapete verde, dos candeleros de bronce con velas de sebo, los cuatro oficiales alrededor, y uno de ellos con la baraja en la mano, y habrá otras sillas desocupadas.

Pedraza.

(Entra muy de prisa.) ¡Qué frio está esto!

Oficial 1.º

Todos se han ido en cuanto me han desplumado: no he conseguido tirar una buena talla.

Pedraza.

Pues precisamente va á venir un gran punto, y si ve esto tan desierto y frio...

Oficial 1.º

¿Y quién es el pájaro?

Todos.

¿Quién?

Pedraza.

El ayudante del general, ese teniente coronel que ha llegado esta tarde con la órden de que al amanecer estemos sobre las armas. Es gran aficionado, tiene mucho rumbo, y á lo que parece es blanquito. Hemos cenado juntos en casa de la coronela, á quien ya le está echando requiebros, y el taimado de nuestro capellan le marcó por suyo. Le convidó con que viniera á jugar, y ya lo trae hácia aquí.

Oficial 1.º

Pues señores, ya es este otro cantar. Ya vamos á ser todos unos... ¿Me entienden ustedes?

Todos.

Sí, sí, muy bien pensado.

Oficial 2.º

Como que es de plana mayor, y será contrario de los pobres pilíes.

Oficial 4.º

Á él, y duro.

Oficial 1.º

Pues para jugar con él tengo baraja preparada, más obediente que un recluta, y más florida que el mes de Mayo. (Saca una baraja del bolsillo.) Y aquí está.

Oficial 3.º

¡Qué fino es usted, camarada!

Oficial 1.º

No hay que jugar ases ni figuras. Y al avío, que ya suena gente en la escalera. Tiro, tres á la derecha, nueve á la izquierda.