ESCENA PRIMERA.
Oficial.
Vamos, Preciosilla, cántanos la rondeña. Pronto, pronto: ya está bien templada.
Preciosilla.
Señorito, no sea su merced tan súpito. Déme antes esa mano, y le diré la buenaventura.
Oficial.
Quita, que no quiero tus zalamerías. Aunque efectivamente tuvieras la habilidad de decirme lo que me ha de suceder, no quisiera oírtelo... Sí, casi siempre conviene el ignorarlo.
Majo.
(Levantándose.) Pues yo quiero que me diga la buenaventura esta prenda. Hé aquí mi mano.
Preciosilla.
Retire usted allá esa porquería... Jesus, ni verla quiero, no sea que se encele aquella niña de los ojos grandes.
Majo.
(Sentándose.) ¡Qué se ha de encelar de tí, pendon!
Preciosilla.
Vaya, saleroso, no se cargue usted de estera, convídeme á alguna cosita.
Majo.
Tio Paco, déle usted un vaso de agua á esta criatura, por mi cuenta.
Preciosilla.
¿Y con panal?
Oficial.
Sí, y despues que te refresques el garguero y que te endulces la boca, nos cantarás las corraleras.
(El aguador sirve un vaso de agua con panal á Preciosilla, y el oficial se sienta junto al majo.)
Habitante 1.º
Hola; aquí viene el señor canónigo.