ESCENA II.
Canónigo.
Buenas tardes, caballeros.
Habitante 2.º
Temíamos no tener la dicha de ver á su merced esta tarde, señor canónigo.
Canónigo.
(Sentándose y limpiándose el sudor.) ¿Qué persona de buen gusto, viviendo en Sevilla, puede dejar de venir todas las tardes de verano á beber la deliciosa agua de Tomares, que con tanta limpieza y pulcritud nos dá el tio Paco, y á ver un ratito este puente de Triana, que es lo mejor del mundo?
Habitante 1.º
Como ya se está poniendo el sol...
Canónigo.
Tio Paco, un vasito de la fresca.
Tio Paco.
Está usía muy sudado; en descansando un poquito le daré el refrigerio.
Majo.
Dale á su señoría el agua templada.
Canónigo.
No, que hace mucho calor.
Majo.
Pues yo templada la he bebido, para tener el pecho suave, y poder entonar el rosario por el barrio de la Borcinería, que á mí me toca esta noche.
Oficial.
Para suavizar el pecho, mejor es un trago de aguardiente.
Majo.
El aguardiente es bueno para sosegarlo despues de haber cantado la letanía.
Oficial.
Yo lo tomo antes y despues de mandar el ejercicio.
Preciosilla.
(Habrá estado punteando la guitarra, y dirá al majo.) Oiga usted, rumboso, ¿y cantará usted esta noche la letanía delante del balcon de aquella persona?...
Canónigo.
Las cosas santas se han de tratar santamente. Vamos. ¿Y qué tal los toros de ayer?
Majo.
El toro berrendo de Utrera, salió un buen bicho, muy pegajoso... Demasiado.
Habitante 1.º
Como que se me figura que le tuvo usted asco.
Majo.
Compadre, alto allá, que yo soy muy duro de estómago... aquí está mi capa (Enseña un desgarron.) diciendo por esta boca, que no anduvo muy lejos.
Habitante 2.º
No fué la corrida tan buena como la anterior.
Preciosilla.
Como que ha faltado en ella Don Álvaro el indiano, que á caballo y á pié es el mejor torero que tiene España.
Majo.
Es verdad que es todo un hombre, muy duro con el ganado, y muy echado adelante.
Preciosilla.
Y muy buen mozo.
Habitante 1.º
¿Y por qué no se presentaria ayer en la plaza?
Oficial.
Harto tenia que hacer con estarse llorando el mal fin de sus amores.
Majo.
Pues qué, ¿lo ha plantado ya la hija del señor marqués?...
Oficial.
No: Doña Leonor no le ha plantado á él, pero el marqués la ha trasplantado á ella.
Habitante 2.º
¿Cómo?...
Habitante 1.º
Amigo, el señor marqués de Calatrava tiene mucho copete, y sobrada vanidad para permitir que un advenedizo sea su yerno.
Oficial.
¿Y qué más podia apetecer su señoría, que el ver casada á su hija (que con todos sus pergaminos está muerta de hambre) con un hombre riquísimo, y cuyos modales están pregonando que es un caballero?
Preciosilla.
Si los señores de Sevilla son vanidad y pobreza todo en una pieza. Don Álvaro es digno de ser marido de una emperadora... ¡Qué gallardo!... ¡qué formal y qué generoso!... Hace pocos dias que le dije la buenaventura (y por cierto no es buena la que le espera si las rayas de la mano no mienten), y me dió una onza de oro como un sol de mediodia.
Tio Paco.
Cuantas veces viene aquí á beber me pone sobre el mostrador una peseta columnaria.
Majo.
¡Y vaya un hombre valiente! Cuando en la Alameda vieja le salieron aquella noche los siete hombres más duros que tiene Sevilla, metió mano, y me los acorraló á todos contra las tapias del picadero.
Oficial.
Y en el desafío que tuvo con el capitan de artillería se portó como un caballero.
Preciosilla.
El marqués de Calatrava es un vejete tan ruin, que por no aflojar la mosca, y por no gastar...
Oficial.
Lo que debia hacer Don Álvaro era darle una paliza que...
Canónigo.
Paso, paso, señor militar. Los padres tienen derecho de casar á sus hijas con quien les convenga.
Oficial.
¿Y qué, no le ha de convenir Don Álvaro, porque no ha nacido en Sevilla?... Fuera de Sevilla nacen tambien caballeros.
Canónigo.
Fuera de Sevilla nacen tambien caballeros, sí señor; pero... ¿lo es Don Álvaro?... Solo sabemos que ha venido de Indias hace dos meses, y que ha traido dos negros y mucho dinero... Pero ¿quién es?...
Habitante 1.º
Se dicen tantas y tales cosas de él...
Habitante 2.º
Es un ente muy misterioso.
Tio Paco.
La otra tarde estuvieron aquí unos señores hablando de lo mismo, y uno de ellos dijo que el tal Don Álvaro habia hecho sus riquezas siendo pirata.
Majo.
¡Jesucristo!
Tio Paco.
Y otro, que Don Álvaro era hijo bastardo de un grande de España, y de una reina mora...
Oficial.
¡Qué disparate!
Tio Paco.
Y luego dijeron que no, que era... no lo puedo declarar... finca... ó brinca... una cosa así... así como... una cosa muy grande allá de la otra banda.
Oficial.
¿Inca?
Tio Paco.
Sí señor, eso, Inca... Inca.
Canónigo.
Calle usted, tio Paco, no diga sandeces.
Tio Paco.
Yo nada digo, ni me meto en honduras; para mí cada uno es hijo de sus obras, y en siendo buen cristiano y caritativo...
Preciosilla.
Y generoso y galan.
Oficial.
El vejete roñoso del marqués de Calatrava hace muy mal en negarle su hija.
Canónigo.
Señor militar, el señor marqués hace muy bien. El caso es sencillísimo. Don Álvaro llegó hace dos meses, y nadie sabe quién es. Ha pedido en casamiento á Doña Leonor, y el marqués, no juzgándolo buen partido para su hija, se la ha negado. Parece que la señorita estaba encaprichadilla, fascinada, y el padre la ha llevado al campo, á la hacienda que tiene en el Aljarafe, para distraerla. En todo lo cual el señor marqués se ha comportado como persona prudente.
Oficial.
Y Don Álvaro, ¿qué hará?
Canónigo.
Para acertarlo debe buscar otra novia; porque si insiste en sus descabelladas pretensiones, se expone á que los hijos del señor marqués vengan, el uno de la universidad y el otro del regimiento, á sacarle de los cascos los amores de Doña Leonor.
Oficial.
Muy partidario soy de Don Álvaro, aunque no le he hablado en mi vida, y sentiría verlo empeñado en un lance con Don Cárlos, el hijo mayorazgo del marqués. Le he visto el mes pasado en Barcelona, y he oido contar los dos últimos desafíos que ha tenido ya, y se le puede ayunar.
Canónigo.
Es uno de los oficiales más valientes del regimiento de Guardias Españolas, donde no se chancea en esto de lances de honor.
Habitante 1.º
Pues el hijo segundo del señor marqués, el Don Alfonso, no le va en zaga. Mi primo, que acaba de llegar de Salamanca, me ha dicho que es el coco de la universidad, más espadachin que estudiante, y que tiene metidos en un puño á los matones sopistas.
Majo.
¿Y desde cuándo está fuera de Sevilla la señorita Doña Leonor?
Oficial.
Hace cuatro dias que se la llevó el padre á su hacienda, sacándola de aquí á las cinco de la mañana, despues de haber estado toda la noche hecha la casa un infierno.
Preciosilla.
¡Pobre niña!... ¡Qué linda que es, y qué salada!... Negra suerte la espera... Mi madre la dijo la buenaventura, recien nacida, y siempre que la nombra se le saltan las lágrimas... Pues el generoso don Álvaro...
Habitante 1.º
En nombrando al ruin de Roma, luego asoma... allí viene don Álvaro.