ESCENA VI.
Doña Leonor, el P. Guardian, el H. Meliton.
Guardian.
El que me busca ¿quién es?
Leonor.
Yo soy, Padre, que queria...
Guardian.
Ya se abrió la portería;
entrad en el cláustro, pues.
Leonor.
(Muy sobresaltada.)
¡Ah!... imposible; Padre, no.
Guardian.
¡Imposible!... ¿Qué decís?...
Leonor.
Si que os hable permitís,
aquí solo puedo yo.
Guardian.
Si os envía el Padre Cleto,
hablad, que es mi grande amigo.
Leonor.
Padre, que sea sin testigo,
porque me importa el secreto.
Guardian.
¿Y quién?... Mas ya os entendí.
Retiraos, fray Meliton,
y encajad ese porton;
dejadnos solos aquí.
Meliton.
¿No lo dije? Secretitos.
Los misterios ellos solos,
que los demás somos bolos
para estos santos benditos.
Guardian.
¿Qué murmura?...
Meliton.
Que está tan
premiosa esta puerta... y luego...
Guardian.
Obedezca, hermano lego.
Meliton.
Ya me la echó de guardian.
(Ciérrase la puerta y váse.)