ESCENA III
Casta
(Cerrando la puerta con llave.)
Cuando la ocasión no llega todo falta. Mi esposo me abandona, mi amiga se marcha también tras su alegría... ¡Bueno va!... Me acostaré; ¿qué remedio? (Empieza á desnudarse poco á poco y hasta donde las buenas costumbres consientan.) Hace calor, el ambiente perfumado de este gabinete es asfixiante... asfixiante como un abrazo muy estrecho. ¡Uf, me ahogo!... Todo me habla de amor: el silencio... los muebles... el lecho mullido donde dormiré sola... Abriré la ventana (Pausa.) ¡Oh, qué noche tan hermosa! ¡Cuánta paz en la tierra! En los cielos... ¡cuánta electricidad y cuánta luz!... Desfallezco; algo misterioso me besa sobre los labios. (Asomándose á la ventana.) ¿Qué es eso?... Una orquesta ambulante; ¡sólo faltaba la música para concluir de trastornarme!... (Dentro algunos violines ejecutan un vals.) ¡Ah, ese vals!... (En éxtasis.) Lo he bailado tantas veces siendo soltera, cuando era inocente... cuando soñaba... Me veo girando por los salones, la cabeza caída hacia atrás y sintiendo sobre los riñones la presión de un brazo enamorado... ¡Oh, aquellos tiempos! (Continúa desnudándose.) La música, llamando á mis recuerdos, trastorna mi espíritu; el calor muerde mis nervios y mi carne. ¡Amado!... ¿Dónde está?... ¡Estas noches húmedas de Septiembre roban al cielo tantas vírgenes!... (Pausa.) Hace pocos momentos decía que faltaba la ocasión y, no obstante, el cuarto de hora de los supremos vencimientos, está aquí; la hora azul del pecado, es ésta. (Pausa. Cesa la música. Luego suena un timbre; llaman á la puerta. Casta despertando de su embelesamiento.) ¿Quién va? ¿Quién es?...
Voz.—(Desde fuera.) Abra usted, señora.
C.—(Aterrada.) ¡Voy!... (Aparte.) ¿Qué es esto?... ¡Voy!... (Siempre aparte.) ¿Qué pasa por mí?... ¡Voy, voy!...