ACTO SEGUNDO

Otro gabinete elegante. Al foro y á la derecha, puertas. La chimenea y la ventana, con objeto de dar variedad á la escena, aparecen á la izquierda.

Es de noche.

Al levantarse el telón, Teresa acaba de arreglar la chimenea y se dirige hacia el foro para recibir á Daniel, que está medio ciego y camina con pasos inseguros. Daniel se sienta junto á la chimenea, y sentado permanece durante todo el acto.

ESCENA PRIMERA
TERESA, DANIEL

TERESA

Ya sabía yo, don Daniel que era usted quien llegaba.

DANIEL

¿Por la voz me conociste, Teresita? (Risueño.)

TERESA

Sí, señor marqués, fué por la voz y por el modo de andar. Venga usted por aquí... (Le lleva hacia la chimenea.)

DANIEL

¡Ah, sí!... Ya... ¿Porque arrastro los pies?

TERESA

Los arrastra usted un poquito, muy poco...

DANIEL

¿Tú no sabes por qué, Teresa?

TERESA

No, señor marqués.

DANIEL

Porque la tierra nos quiere mucho á los viejos, y se agarra á nuestros pobres pies cansados... y tira de nosotros... ¡Necesario será irse pronto con ella!

TERESA

¿Quién piensa en morir? Ea, siéntese usted... Esta noche no dirá usted que la chimenea está fría.

DANIEL

No, por cierto, que su calor parece quemarme las mejillas. ¡Brrr!... ¡Qué frío hace!... De poco aprovechan los guantes con este tiempo; ¡heladitas traigo las manos! (Pausa.) ¿Y la señorita?

TERESA

En su cuarto.

DANIEL

¿Pero, está bien?

TERESA

Sí, señor.

DANIEL

Eso es lo principal. ¡Vaya!... ¿Y el señorito Paco?

TERESA

En las habitaciones de la señorita. (Confidencial.) Creo que están riñendo.

DANIEL

¿Sí? ¡Lo siento mucho!

TERESA

No vaya usted á decir nada, don Daniel... que ustedes, los cortos de vista, lo dicen todo, sin duda porque no ven el efecto que causa lo que dicen...

DANIEL

No, mujer. ¿Y por qué riñen?

TERESA

Porque el señorito Paco quiere llevar á la señorita al baile, y ella no quiere ir.

DANIEL

Hace bien la señorita. Los bailes son estúpidos; en ellos se pierde el tiempo, el dinero, la salud... ¡todo lo que más vale! ¿Y qué se saca de los bailes?... Nada... ó casi nada. ¿Verdad, Teresa?

TERESA

Verdad, don Daniel.

DANIEL

Tú, que también habrás perdido en los bailes de máscaras muchas noches, ¿no piensas como yo?

TERESA

Lo mismo, señor marqués.

DANIEL

¡Naturalmente!... Lo que parece imposible es que hayamos necesitado llegar á viejos para saberlo.

TERESA

¿Quiere usted que llame á la señorita?

DANIEL

No, déjala. Supongo que la cena no se habrá retrasado por mí...

TERESA

No, señor. Ya sabe usted que aquí nunca hay hora fija para cenar. Además, hoy tenemos invitados.

DANIEL

¿Y han venido?

TERESA

¿No les oye usted?... En el comedor están.

DANIEL

¿Quiénes son? ¿Les conozco yo?

TERESA

¡Pues digo!... Don Nicolás, don Ángel, la señorita Raquel, la señorita Luisa... y otra joven que no conozco. La han tomado con el champagne...

DANIEL

Les apruebo el gusto.

TERESA

Llegaron hace poco más de una hora y ya llevan descorchadas seis ó siete botellas. Lo que esos cenen después, que me lo claven en la frente. ¿Quiere usted que les llame?.

DANIEL

¡No, no!...

TERESA

No sé si ha reparado usted, don Daniel, en que le dije que hay en el comedor dos hombres y tres mujeres.

DANIEL

Sí.

TERESA

Pues entonces...

DANIEL

¿Y qué quieres decir con eso?

TERESA

¿No cae usted?

DANIEL

No caigo.

TERESA

¡Que sobra una mujer!

DANIEL

Pues sobra, hija mía, porque yo... ¡á la vista está!... yo, ¡como si no estuviese aquí! Oye, Teresa...

TERESA

Diga usted.

DANIEL

¿Está bien cerrada esa ventana?

TERESA

Sí, señor, está bien cerrada. Además, con los burletes no entra ni pizca de aire; traiga usted la mano, verá usted...

DANIEL

Basta que tú lo digas. Es raro... ¡tengo un frío esta noche! (Pausa.) Aunque yo creo que eso del frío, más que del tiempo, depende de la edad, ¿no te parece?

TERESA

Iba yo á decirlo.

DANIEL

¡Es claro!... Cuando somos jóvenes, ya puede nevar aprisa en la calle, que llevamos el verano dentro. En cambio, cuando llegamos á viejos y el fastidio nieva y nieva... y nieva... dentro del alma, ¿para qué sirve el sol?

TERESA

Ahí tiene usted á la señorita. Hasta después. (A Araceli y á Paco.) Con permiso...

ESCENA II
ARACELI, PACO, DANIEL

PACO

(Campechanamente). Adiós, marqués.

DANIEL

¡Hola, muchacho!... ¿Y tú, Araceli?

ARACELI

¿Y tú?

DANIEL

Muy bien. Acabo de llegar.

PACO

Creíamos que no vendrías.

ARACELI

Y lo sentíamos.

DANIEL

Ya sabéis que yo nunca falto á cenar los lunes, y menos los lunes festivos. Teresa me ha dicho que tenéis invitados...

PACO

Sí. Ángel y Nicolás han venido con tres amigas suyas; pensábamos comer aquí y luego marcharnos al Real... pero ahora resulta que la señorita Araceli no quiere ir al baile.

DANIEL

Ya...

PACO

¿Qué te parece?

DANIEL

¡Toma!... ¡Qué sé yo!

PACO

Pues yo sí que lo sé: es una estupidez.

ARACELI

No es una estupidez, Paco; es, sencillamente, que no tengo ganas de bailar. ¡Oye, Daniel, fíjate!...

PACO

¿Pero qué vas á explicarle á él?

ARACELI

¿Y por qué no?... Mira, Daniel, óyeme tú, porque estos señoritos que todavía no han salido de la infancia, no nos entienden.

PACO

Como que tenéis veinte ó treinta ó cuarenta años más que nosotros... ¡Es claro!

ARACELI

(Con amargura). Sí... soy vieja para ti.

PACO

¡Lo eres!... Yo te quiero, me gustas... ¡Naturalmente! ¿No te parece, Daniel?... Araceli me gusta, porque si no me gustase no estaría yo aquí... pero comprendo que no pensamos del mismo modo; cada cual interpreta la vida á su manera... ¡y eso me aburre! Yo no sé si es cuestión de temperamento ó cuestión de edad... Ahora, por ejemplo, yo quiero ir al baile; esos amigos han venido á buscarme; podemos pasar una buena noche... Y la digo: «Anda, Araceli, ponte un mantón y vámonos...» ¿Hay nada más natural?

DANIEL

Efectivamente...

PACO

¿Me faltarán mujeres que llevar al baile? Y, sin embargo, la prefiero á ella. ¡Si debías estar orgullosa!

ARACELI

Y lo estoy, y te lo agradezco...

PACO

Lo demuestras muy mal.

ARACELI

Pero, Paco... los hombres, con poneros el frac, ya estáis arreglados. Nosotras, no. Para ir al baile, yo necesito vestirme de cabeza á pies, ponerme el corsé nuevo, que me lastima mucho las caderas, peinarme bien... Y para hacer todo esto es indispensable tener buen humor, ganas de lucir, de divertirse... y yo esta noche no me siento bien... me duele la cabeza... (A Daniel.) Creo que tengo calentura...

PACO

¡Eso faltaba!

DANIEL

(Pulsando á Araceli). No, las manos un poco ardientes... pero, no... no hay fiebre...

PACO

¡Estamos divertidos!

ARACELI

¿Qué quieres, hijo mío?

PACO

¿Eh, Daniel?... ¡Estoy divertido! Supongo que cuando conociste á Araceli, ésta no sería así.

DANIEL

No era así, no.

PACO

Sería, probablemente, todo lo contrario.

ARACELI

Todo lo contrario... ¡Desgraciadamente!

PACO

(Irónico). ¡Ah, vamos!... Le querrías más que á mí...

ARACELI

¡No, hombre!

PACO

Sí, mujer, le querrías mucho más que á mí, y por eso eras con él mucho más complaciente que lo eres conmigo... ¡Delicioso!... ¿Pues sabes lo que digo?

ARACELI

¿Qué dices, Paco? (Resignada.)

PACO

Que esta casa es mía, y que tú eres mía... y que yo pago todo esto para mí, para divertirme, para usarlo cuando me parezca.

ARACELI

Eres grosero.

PACO

¡Déjame en paz!

ARACELI

Hay momentos en que te desconozco. Si tantas ganas tienes de ir al baile, vete; yo no me enfado.

PACO

¡Pero si quiero ir contigo, imbécil! ¿Es que no lo entiendes? ¡Quiero ir contigo... y emborracharme!... (Con énfasis cómico.) Porque si á ti te gustan los amores tranquilos y las copitas de coñac bebidas pacíficamente en tu casita, delante de una chimenea, á mí me gusta bailar y dormir en la delegación y beber el champagne en cubo... ¿te has enterado?...

ARACELI

Ya lo sé, hombre, ya lo sé...

PACO

(A Daniel). ¿No te parece?

DANIEL

Psch... sí...

PACO

Vamos, ya... tú crees que ella tiene razón.

DANIEL

No... tampoco. Araceli, á mi juicio, tiene razón, pero tú también defiendes un deseo justo... (Riendo con amargura.) ¡Qué vida... qué incomprensible vida esta, en la que todos, así el golpeado, como el que golpea, tienen razón!

PACO

Es muy cómodo decir: «Hoy no tengo ganas de salir», y quedarse en casa. O bien: «Hoy el cuerpo me pide retozo; llévame al campo...» Y el hombre, entretanto, convertido en figura decorativa, hecho un mamarracho, á disposición de la señora... ¡Eso, que se te quite de la cabeza! Tú vienes al baile porque yo deseo que vengas, ni más ni menos... porque tienes la obligación de divertirme, porque para eso vivimos juntos.

ARACELI

Bueno, Paco, iré... (A Daniel.) ¿Tú ves qué suplicio?

PACO

Pues, deprisita, deprisita... ¡que se hace tarde! (Dentro y por la derecha resuenan grandes carcajadas.)

VARIAS VOCES

(Dentro). ¡Viva! ¡Viva!

PACO

(Riendo). ¡Oye... cómo están ya esos!

ARACELI

Pero me dejarás ir como yo quiera...

PACO

¿Cómo?

ARACELI

Con capuchón.

PACO

¿Tú eres tonta!... ¿Pero cómo quieres que te lleve de capuchón, hecha una cursi?

ARACELI

¡Si es que no puedo apretarme el corsé!

PACO

Pues, ó te vistes bien, ó no vienes.

DANIEL

Déjala, hombre, que vaya á su gusto.

PACO

¡No quiero!... Yo, con mamarrachos, no voy al baile. La llevo para lucirla, eso es, no para que se rían de mí. Te pones el mantón azul, y te calzas bien, y te peinas bien... y la dices á Teresa que te traiga flores... ¡Ya lo sabes...!

ESCENA III
DICHOS y DON NICOLÁS

DON NICOLÁS

(Desde dentro). ¡Paco!... ¡Paco!... (Aparece por la derecha con una copa y una botella de «champagne»). ¿Qué, no queréis una copa?... Pero, ¿cómo no vais allí?...

PACO

Ahora vamos.

DON NICOLÁS

Señor marqués... beso á usted las manos... (Da muestras de hallarse ligeramente embriagado.)

DANIEL

¡Hola, Nicolás!

DON NICOLÁS

(Dirigiéndose á Araceli y á Paco). Apostaría algo bueno á que estaban ustedes riñendo...

ARACELI

No estábamos riñendo, no; porque yo no riño con Paco; es él, quien quiere reñir conmigo.

DON NICOLÁS

Pero como usted no quiere... ¡Pues no hay riña! ¡Claro!... Ea, tomad, tomad una copa; esto no es champagne, ¿sabes?

PACO

¿No?

DON NICOLÁS

El tabernero se ha equivocado; esto no es champagne; esto es sangre de dioses. ¡Bebe!

PACO

Venga.

DON NICOLÁS

Somos unos descorteses, Paco... lo somos porque hemos bebido antes que Araceli. ¡Qué demonio!... Y es que tú, maldito, estás borracho.

PACO

¿Yo?... ¡Sí!

DON NICOLÁS

Estás borracho. Y Daniel, donde le ves, también está borracho... (Riendo.) Y no se levanta de ahí por no caerse... (Riendo más.) Bueno... ahora usted, Araceli... ahora bebe usted.

ARACELI

Gracias, Nicolás, yo no quiero beber.

DON NICOLÁS

¿No quiere usted beber?

ARACELI

Ahora, no; luego.

DON NICOLÁS

¿Y por qué luego?... Luego también... ahora y luego, siempre... ¡se debe beber siempre!... Y si está usted enamorada, con más motivo; los amores son como las fresas, con vino están mejor.

ARACELI

Gracias, gracias... no deseo.

DON NICOLÁS

¿No quiere usted? Conformes; no insisto; en estos casos, la insistencia es descortesía. Pero tú, Daniel, sí beberás... tú eres de los míos.

DANIEL

Sí, hombre.

DON NICOLÁS

Va. ¡Ole! En el champagne que este hombre ha bebido podríamos naufragar los tres.

PACO

(A Araceli). Niña... me voy con éste al comedor; que te vistas en seguida...

ARACELI

Ya sabes lo que te he dicho...

PACO

¡No, con capuchón, no! Te vistes como he dicho.

DON NICOLÁS

¿Qué... qué? ¿A ver qué es eso? ¡Que yo me enteré!

ARACELI

Nicolás, déme usted la razón.

DON NICOLÁS

(Ofreciéndola la botella). Tome usted...

ARACELI

¿No piensan ustedes ir al baile?

DON NICOLÁS

Sí.

ARACELI

¿No se trata de pasar una buena noche, sea como sea?

DON NICOLÁS

Exactamente.

ARACELI

¿Y no es cierto que á usted no le importa que la mujer que usted lleve vaya vestida de este ó aquel modo?

DON NICOLÁS

Crea usted que eso del vestido en noches como esta, me tiene completamente sin cuidado. ¡Mejor si va desnuda!

ARACELI

Pues Paco no es así.

DON NICOLÁS

Pero, hombre... ¡parece mentira!... ¿No me ves á mí?... ¡Deja que la mujer vaya á su gusto, hombre!... Si al fin ha de ser lo que ella quiera...

PACO

Me parece que no...

DON NICOLÁS

¡Mírele usted!... Si debe usted estar orgullosa de verle así, tan enamorado.

ARACELI

¿Enamorado?

DON NICOLÁS

Y dije poco: loco... loco está por usted...

ARACELI

Dice que soy una vieja...

DON NICOLÁS

Hombre, tanto como una anciana, no... pero tampoco diré que es usted una niña... ¿Verdad, Daniel, tú que la conociste joven?

DANIEL

Para mí siempre será una niña.

DON NICOLÁS

¡Ole! (A Paco.) Esa frase también merece una copa. Bebe... (A Paco.) Ahora, vámonos al comedor. (A Araceli y á Daniel.) ¿No queréis venir?

ARACELI

Luego iré yo.

DON NICOLÁS

Usted manda. Tú, ¡eh!... tú, Daniel... ¿Vienes?

DANIEL

Después...

DON NICOLÁS

(Riendo). ¡No puede levantarse!... Está... ¡cómo está! (Dando á entender que Daniel está borracho.) Vente tú, Paquito, vente conmigo...

PACO

(A Araceli). Ya sabes...

DON NICOLÁS

¡Déjala, hombre!... ¡Déjala!... (Confidencial.) Te advierto que la Raquel está divina... ¡hay que comérsela!... (Salen por la derecha.)

ESCENA IV
ARACELI y DANIEL

ARACELI

¿Le has oído, Daniel?

DANIEL

Le he oído.

ARACELI

¿Y qué piensas de él?

DANIEL

¡Psch!...

ARACELI

Claro... tú, ¿qué vas á decirme? Eres amigo suyo.

DANIEL

No, si callo no es por eso; es... ¡porque no sé qué decir! Creo que, en este caso, al hombre más experto le sucedería lo mismo.

ARACELI

¡Ah, Daniel, mi viejecito!... De todos los amores que pasaron por mi vida, el tuyo es el único que no ha dejado en mi carne ni en mi espíritu una sensación de brutalidad. Así, después de los años pasados, me pareces, más que un amante perdido, un hermano mayor, un segundo padre... algo muy mío que me quiere con cariño familiar... Cuando Paco, á quien yo le había hablado de nuestros amores, me dijo que habíais viajado juntos por el extranjero y que erais muy amigos, tuve una alegría inmensa. «Vendrá á verme», pensé. Y al saber más tarde que aún estabas soltero, hasta creí que te recobraba... «El me quiere—decía yo—, es el único hombre capaz de quererme, aunque ya no me encuentre bonita»...

DANIEL

¡Pobrecilla!

ARACELI

¿Tú sabes qué difícil y qué angustioso es para nosotras parecer bonitas, cuando ya vamos perdiendo la voluntad de serlo?

DANIEL

Yo lo sé todo, Araceli, por lo mismo que he pasado por todas las edades. Tú, en cuanto seas viejecita como yo, lo sabrás todo también. (Pausa.)

ARACELI

¡Qué mala, qué ingrata he sido para ti, Daniel!

DANIEL

Yo creo que no.

ARACELI

Sí, fuí muy mala, muy cruel contigo, y merezco que me guardes rencor. ¡Pobre Daniel!... ¿Te acuerdas? Hace muchos años, cerca de veinte años... otra noche de máscaras...

DANIEL

Sí...

ARACELI

¿Por qué te dejé aquella noche?... ¡Loca! ¡Estúpida!... ¡Aquel Manolo, que ya se ha muerto!... Y si yo le hubiese querido, aún habría para mi ingratitud alguna disculpa. ¡Pero si yo no le amaba!... Tú lo sabes, Daniel... ¡Si yo no le amaba!... Sí puedo decir que aquella noche te dejé por un baile y un mantón de Manila... Y cuando á la mañana siguiente volví á nuestra casa... ¿te acuerdas?... tú estabas allí... pero yo no te encontraba... no te encontraba porque tú ya no eras el mismo... (Llora.) ¡Lloras, Daniel! No, no, no... ¡eso no!... Yo no quiero hacerte llorar...

DANIEL

Déjame.

ARACELI

No quiero que llores...

DANIEL

Déjame... es que recuerdo... Los viejos no hacemos otra cosa; por eso lloramos tan á menudo; á mi edad, la conciencia es como una lágrima que llevamos dentro...

ARACELI

Pero, ¿es cierto que me guardas rencor por el daño que te hice?

DANIEL

Si tal hiciese, sería injusto contigo.

ARACELI

¡Oh, qué bueno eres!

DANIEL

No, no digas «¡qué bueno!...» Di, mejor, «¡qué viejo!...» La vejez suele parecernos bondadosa porque es pasiva... ¡fíjate en que, para reconocer mi bondad, has tenido que asomarte á la vejez.

ARACELI

¡Es verdad! Lo que fué torrente, hoy es agua mansa. ¿Por qué, cuando nos conocimos, no sería yo un poco más vieja ó tú un poquito más joven? Entonces, tal vez, hubiésemos sido dichosos el uno con el otro.

DANIEL

Tal vez...

ARACELI

Pero es muy difícil coincidir á esa cita que la Felicidad nos ha dado á todos; unos llegan demasiado pronto, otros demasiado tarde... Entonces, que yo me sentaba al banquete de la vida, tú, cansado ya de comer, empujabas con el pie la mesa de tu festín y cerrabas los ojos... Y los dos fuímos desgraciados: yo, porque deseaba mucho y tenía muy poco; tú, porque, teniéndolo todo, ya no querías nada... Pero tú, indudablemente, sufrías más que yo, porque tú no esperabas nada... mientras que yo deseaba, y un deseo siempre es una esperanza... y no hay bajo el sol nada más bonito que una esperanza... (Pausa.) ¡Ahora te comprendo! Nadie es bueno, nadie es malo... son las circunstancias las que, pasajeramente, nos hacen malos ó buenos... (Llora.)

DANIEL

No llores... Araceli... mi pobre Araceli... no llores... ¿para qué?... No se hable más de aquello, porque todos estamos pagados y en paz: lo que tú hiciste conmigo, lo hice yo con otra, y ahora Paco lo hace contigo. La vida es un veneno compuesto con mieles de amor, que va resbalando al través de los siglos de una boca á otra boca; y así, el hastío que tú bebiste en mis labios, se lo das á Paco ahora; y él, cuando sea viejo, besará otros labios jóvenes, y con el beso que les dé, les dará también el dolor... (Pausa larga.)

ARACELI

¡Qué frío!... ¿No te parece que hace mucho frío esta noche?

DANIEL

Sí, mucho frío... A Teresa se lo dije antes.

ARACELI

(Acercándose á la ventana). Pues, no... los burletes ajustan bien; por aquí no entra ni pizca de aire.

DANIEL

Habrá por ahí alguna puerta abierta.

ARACELI

(Asomándose á la del foro). No, todo está bien cerrado. (Se acerca á la chimenea como dispuesta á sentarse.)

DANIEL

No te sientes. Ve á ver qué ocurre en el comedor; me parece que ya va siendo hora de cenar.

ARACELI

En esta casa hoy no se cena.

DANIEL

¿Lo dices porque esos no dejan de beber?

ARACELI

¡Naturalmente! ¡Y no creas que Paco es el mejor!

DANIEL

¿Quieres un buen consejo?

ARACELI

¿Cuál?

DANIEL

Vístete en seguida.

ARACELI

Para el baile...

DANIEL

Sí.

ARACELI

¡Pero si no tengo ganas de salir!

DANIEL

No importa. Vístete y te ahorrarás un disgusto con Paco.

ARACELI

¿Y el disgusto de vestirme?

DANIEL

Bueno, allá tú. (Risueño.) Recuerda que aquella noche, de que antes hablábamos, te perdí por no querer ponerme el frac... Y que ahora es él quien tiene el frac puesto, y tú la que no quiere vestirse...

ARACELI

¿Tú pensabas ir al baile?

DANIEL

¿Yo? (Ríe.)

ARACELI

Entonces no salgo. Cuando esos se marchen, cenaremos juntos los dos. Yo te invito.

DANIEL

¿Y Paco?

ARACELI

Me es igual...

DANIEL

Me parece... en fin...

ARACELI

¿Qué?

DANIEL

Que haces una tontería. La cena va á costarte demasiado cara. (Suenan dentro risas y voces.)

ARACELI

Ahí vienen esos.

ESCENA V
ARACELI, RAQUEL, LUISA, DANIEL

RAQUEL

(Con una botella de «champagne»). ¡Qué sorpresa! (Riendo.)

LUISA

(Que trae una bandeja con pasteles). ¡Pero si está aquí don Daniel!...

RAQUEL

¡Viva el marqués, que va á beberse una copa de champagne!

DANIEL

Adiós, criaturas.

LUISA

¿Qué hacíais, pícaros?

ARACELI

Pues, ya lo veis...

RAQUEL

(A Araceli). Bebe.

LUISA

Toma antes un pastel; estos de chocolate son muy buenos.

ARACELI

¿Pero no vamos á cenar?

RAQUEL

¡Quién piensa en eso!

ARACELI

(A Daniel). ¿Qué te dije yo?

LUISA

Ahora nos vamos á Fornos; son cerca de las once. ¿Pero qué haces que no te vistes?

ARACELI

Ya veremos...

RAQUEL

Te aconsejo que no dejes á Paco solo.

ARACELI

¿Por qué?

LUISA

¡Ah, sí! Porque Paco está que arde. Yo no quería decirte nada, pero ya que ésta ha empezado...

ARACELI

Pues, ¿qué le sucede?

RAQUEL

Que Catalina está volviéndole tarumba.

ARACELI

Por mí...

RAQUEL

¿No te importa?

ARACELI

Ni pizca.

LUISA

¡Chica!... ¡Haces bien!... ¿Eh? ¿Verdad que estos pasteles de chocolate están muy buenos?

ARACELI

Muy ricos.

RAQUEL

Mirad, yo me chupo los dedos. Ello no será muy chic, pero es muy práctico.

LUISA

(Imitando á Raquel). ¡Yo también, yo también!...

RAQUEL

(Acercándose á la puerta lateral derecha). ¡Nicolás, Nicolás!... Os advierto que Nicolás, con lo que ha bebido, está delicioso esta noche.

LUISA

Tiene muy buena sombra.

RAQUEL

¡Ja, ja, ja!... Ese hombre, si se hubiese metido á clown, habría sido célebre. ¡Cuidado si la historia de don Casimiro tiene gracia!...

LUISA

¡Ah, sí! Cuéntala... veréis...

RAQUEL

Veréis... (A Araceli.) ¿Tú conoces á Casimiro Giralt, ese viejo pintado de rubio que te presenté una noche en Apolo?...

ARACELI

¿El que tuvo relaciones con Fuensanta?

RAQUEL

¡Ese! Como sabes, Casimiro está casado y tiene un hijo de veintidós ó veintitrés años, que se llama Antonio, y es «el ojito derecho» de su madre. (Bebe.) ¡Ah, y que no toquen á Antoñito, porque doña Cecilia se vuelve loca! ¿Usted se entera, marqués?

DANIEL

Sí, mujer, sigue.

RAQUEL

Pues dice Nicolás que Antoñito se enamoró, pero como una fiera, de una muchacha pobre, planchadora por más señas, y que á todo trance quería casarse con ella. Hasta que se lo dijo á su padre, á don Casimiro... y desde aquel día, el pobre muchacho no hizo más que llorar por los rincones, enflaquecer y quedarse sin color. Los médicos decían que iba para tísico.

LUISA

Como si estuviese embrujado, ¿comprendes?

RAQUEL

Hasta que doña Cecilia le cogió por su cuenta y, por buenas ó por malas, le arrancó el secreto de su pena.—Es que estoy enamorado de una mujer y no puedo casarme con ella—decía el chico.—¿Y por qué?—Porque no puedo.—¿Pero por qué no puedes?...—Hasta que cantó:—Porque mi padre me ha dicho que esa muchacha... ¡es hija suya!...

ARACELI

¡Pobre chico!

RAQUEL

No te apures... ¡Los muchachos se casan!...

DANIEL

¿Pero no son hermanos?

LUISA

¡No lo son!

RAQUEL

¡No lo son, no!... Porque doña Cecilia, comprendiendo que á su hijo aquella pena iba á costarle la vida, echó por la calle de en medio, y ha confesado que Antonio... ¡no es hijo de su padre! (Riendo.)

LUISA

(Riendo). ¡Y se casan, se casan!...

RAQUEL

(Como si llorase). Mujer, di más bien: «Y se casan, y se casan...» ¡No te alegres tanto del mal del prójimo!... (Todos ríen.)

ESCENA VI
DICHOS y CATALINA, PACO, DON NICOLÁS y ÁNGEL, que entran por la derecha con gran algazara

CATALINA

(Aparece empujada por sus acompañantes). ¡Que vais á hacerme caer! ¡No seáis locos!

PACO

¡Tú llegarás á donde quieras!

ÁNGEL

Llegarás al suelo.

DON NICOLÁS

Te impulsamos nosotros.

CATALINA

¡Dejadme, que tengo cosquillas!

ÁNGEL

¡Déjala, hombre!

DON NICOLÁS

¡Adiós! ¡Este la ha cogido ya!

ÁNGEL

¿El qué?

DON NICOLÁS

La borrachera, hombre.

ÁNGEL

¡Toma!

PACO

Todos estáis como uvas. A éste no le cabe en el cuerpo ni media copa más. Si le aprietas el cinturón, se vierte.

DON NICOLÁS

¡Y á mucha honra! Yo soy sincero... yo tengo el valor de mis vicios.

PACO

(Por Araceli y Daniel). ¿Y éstos, no beben?

DON NICOLÁS

Beberán, hombre, beberán; de ello me encargo yo.

ÁNGEL

Me encargo yo. (Coge una botella.)

ARACELI

Gracias, Ángel.

DANIEL

Yo, sí. ¡No se dirá nunca que le he vuelto la cara al champagne!

DON NICOLÁS

¡Muy bien!

RAQUEL

(A don Nicolás). Mira, mira cómo tienes la pechera...

DON NICOLÁS

¡Pobre camisa! Cuando salgamos del baile la vamos á llevar clavada en un bastón, como una bandera. ¡Vámonos al baile!...

ÁNGEL

Al baile.

LUISA

Al baile, al baile.

RAQUEL

¡Al baile!... ¡Todos!...

PACO

(A Araceli). ¿Y tú, no acabas de vestirte?

ARACELI

Pero Paco...

RAQUEL, LUISA, DON NICOLÁS, ÁNGEL

¡Al baile, pero todos!... ¡No valen disculpas!

RAQUEL

¡En esta casa no ha de quedar nadie!

PACO

(Amenazador). ¿No sabes lo que te dije antes?... ¿Es que quieres ponerme en ridículo?

ARACELI

Vete tú.

PACO

Pero contigo.

ARACELI

¡Conmigo!...

DON NICOLÁS, ÁNGEL

¡Con usted, sí, señora!

RAQUEL, LUISA

¡No hay escape!

CATALINA

No insistáis; si ella no quiere ir...

ARACELI

(Suplicante). ¡Pero si es que esta noche no me siento bien!... Paco ya lo sabe; que lo diga él... Me duele mucho la cabeza... Tengo mucho frío...

ÁNGEL

Yo creo que ese malestar es falta de champagne.

DON NICOLÁS

¡Es muy posible! Hay que someterla á un tratamiento enérgico. (Coge la botella.)

PACO

Déjame á mí; yo la curaré. Bebe, Araceli. (Agresivo.)

ARACELI

No quiero, Paco.

PACO

Bebe...

ARACELI

No tengo sed.

PACO

Sin sed. Bebe.

ARACELI

No bebo.

PACO

Bebe.

ARACELI

¿Estás borracho?

PACO

Estoy como quiero. ¡Bebe... bebe ó te rompo la copa en la cara!...

ARACELI

¡Paco!... (Llora.)

DON NICOLÁS

¡Eso, no!... (Todos se interponen.)

PACO

¡Maldita sea!... (Tira la copa al suelo.)

RAQUEL

¡La hizo añicos! Estas cuestiones familiares las paga siempre la vajilla.

DON NICOLÁS

¡Alto el fuego! A mí me gustaría que Araceli viniese con nosotros... me gustaría, porque á mí el buen humor del prójimo me engorda... ¡palabra!... Ya sé que la Humanidad no es así... ¡ni mucho menos!... Ya sé que, por regla general, lo que yo como á gusto le hace daño á mi amigo... Yo, no; yo quiero que todo el mundo ría, que todo el mundo esté contento... Pero, si Araceli no quiere, bueno... ahogaré mi dolor...

RAQUEL

Con vino lo ahogarás, borrachón.

DON NICOLÁS

Con vino... con vino...

ÁNGEL, LUISA

¡Ahoguemos nuestras penas!

CATALINA

No esté usted triste, Paco.

PACO

¿Yo?... ¡Ca!

CATALINA

Sí, lo he notado; se ha quedado usted triste.

PACO

¿Yo?... ¿Triste yo?... ¡No me conoces! ¿Triste yo, estando tú aquí? (La abraza.)

ARACELI

¡Paco, Paco!... ¿No consideras que yo estoy aquí?

PACO

¿Y qué?

ARACELI

Eso es una canallada; sois unos canallas; lo eres tú, porque la abrazas; lo es ella, dejándose abrazar por ti.

PACO

Hago lo que quiero.

ARACELI

Será fuera de aquí.

PACO

Será en la calle... Yo necesito una mujer para esta noche; tú no quieres acompañarme y busco á ésta. Ya te lo dije antes bien clarito: mujeres que vengan al baile conmigo, no han de faltarme.

ARACELI

Canallita... ¡Tú, como todos, sois unos chulos de frac! (Llora.)

ÁNGEL

(Recogiéndose los faldones del frac). ¿Nos ha llamado chulos?

DON NICOLÁS

(Solemne). ¡Respetable concurrencia! Creo llegado el momento de beber una copa.

RAQUEL, LUISA

¡Otra, dirás!

DON NICOLÁS

Otra... ¡y que no sea la última!

ÁNGEL

Amén.

DON NICOLÁS

Brindemos, pero solemnemente, con verdadera unción, por la ingratitud.

RAQUEL, LUISA, ÁNGEL

¡Viva la ingratitud!

DON NICOLÁS

¡Viva la diosa santa que embellece la vida, porque la llena de sorpresas! ¡Viva la ingratitud, repito! Porque, gracias á ella, las mujeres que amaron á otros pueden llegar á caer en nuestros brazos... y las amadas que ya empezaban á aburrirnos, se van con el primer amigo buen mozo que viene á visitarnos, y nos dejan en paz... (Bebe.)

TODOS

¡Bravo!... ¡Muy bien!

ARACELI

(Aparte). Miserables... (Va á sentarse cerca de Daniel.)

ÁNGEL

¡Bravísimo!

LUISA

¡Brindemos por todos los hombres que hemos olvidado!

CATALINA

Brindemos.

RAQUEL

¡No!... Porque ibais á estar bebiendo toda la noche y se os iban á quedar para otro día más de la mitad...

ÁNGEL

¡Divina! (Todas ríen.)

DON NICOLÁS

¿Conque, nos vamos?

PACO

¡Vámonos, sí!

ÁNGEL

¿A Fornos?

RAQUEL

A Fornos y desde allí al baile.

PACO

(A Catalina). Yo, contigo.

CATALINA

¿Pero... y Araceli?

PACO

¿Qué te importa? Esa concluyó, y empiezas tú.

ÁNGEL

(A Luisa). Mi brazo.

DON NICOLÁS

¿Qué decís? ¿Vamos á ir á pie?... ¡Ca, hombre!... En coche es mejor.

RAQUEL, LUISA, CATALINA

¡Sí, sí, en coche!...

DON NICOLÁS

¿No hay quien avise un coche?

PACO

¡Sí, hombre, al momento! (Asomándose á la puerta del foro.) ¡Teresa! ¡Teresa!...

DON NICOLÁS

No te oye... ¡Ja, ja, ja!... ¡Es inútil!...

PACO

¡Teresa!...

DON NICOLÁS

Estará borracha también.

ESCENA VII
DICHOS y TERESA

TERESA

¿Qué mandan ustedes?

DON NICOLÁS

(Asombrado). ¡No está borracha, no! ¡La templanza refugiándose en las cocinas!... ¡Increíble!

TERESA

Ustedes dirán.

PACO

Avisa un coche.

RAQUEL

Un coche es poco; avise usted dos.

ÁNGEL

Avise usted tres; ¡somos seis!...

TERESA

¿En qué quedamos?

DON NICOLÁS

En eso: avise usted tres coches... puesto que somos tres parejas.

TERESA

En seguida. (Vase. En este momento suena dentro un alegre paso doble, que se acerca y luego se aleja rápidamente. Todos corren hacia la ventana, dando muestras de gran alegría.)

RAQUEL, LUISA, CATALINA

¡Una estudiantina! ¡Una estudiantina!

ÁNGEL

¡Señores!... ¡Qué hermoso! ¡Está nevando!

PACO

¿Qué importa la nieve?

ÁNGEL

¡Viva la alegría!

DON NICOLÁS

¡Viva el champagne! (Pausa. Todos escuchan.)

RAQUEL

(A don Nicolás). Vamos á bailar.

DON NICOLÁS

No puedo.

RAQUEL

No sé entonces para qué vas al baile.

DON NICOLÁS

¿Pero es que á los bailes se va á bailar? ¡Inocente! ¡Se va á beber!...

ÁNGEL

¿Y no vamos á beber desde aquí hasta que lleguemos á Fornos?...

LUISA

¡Dejaros ya de vino!

ÁNGEL

¡Tengo una idea!... ¡¡Ah!!

DON NICOLÁS

¿Cuál?

ÁNGEL

¡Una admirable idea!

TERESA

Señores... ahí están los coches.

PAGO

¿Los tres?.

TERESA

Sí, señor, los tres.

ÁNGEL

¡Esperad, esperad!... (Sale precipitadamente por la derecha. Todos le siguen y se detienen junto á la puerta.)

DON NICOLÁS

¿Pero á dónde va ese?

RAQUEL

Alguna diablura se le ha ocurrido.

LUISA

Indudablemente. Le conozco.

DON NICOLÁS

¡Admirable, admirable!

RAQUEL

La gran idea.

ÁNGEL

¡La barrica del Jerez! (Aparece empujando un barril y todos le ayudan.) ¡Teresa, Teresa!...

TERESA

Mándeme usted.

ÁNGEL

Avise usted otro coche.

RAQUEL, LUISA, CATALINA

¡Otro coche! Hacen falta cuatro coches.

PACO

¡Cuatro... sí... cuatro!

DON NICOLÁS

Uno para cada pareja y otro para el vino.

PACO

Tú, Nicolás, súbete encima del barril; oficia de dios Baco...

DON NICOLÁS

No... no puedo... ¡dejadme! ¡Que me vais á romper algo! (Estúdiese bien toda esta escena, cuyo interés depende en absoluto del conjunto.)

RAQUEL, LUISA, CATALINA

¡Adiós, Araceli... Daniel!...

ÁNGEL

¡Hasta mañana, si podemos volver!... (Salen en tropel por el foro, gritando y riendo, y se oye un gran estrépito, como si el barril hubiese caído por la escalera.)

ESCENA VIII
ARACELI y DANIEL

DANIEL

Debiste marcharte con ellos.

ARACELI

¡Bah!... ¿Por qué?... Mejor estoy aquí.

DANIEL

¡Mi pobre Araceli!... Tú quieres á Paco... tú, en estos momentos, sufres mucho.

ARACELI

Sí, le quiero... (Con indiferencia fingida.)

DANIEL

¡No disimules! Le quieres tranquilamente, pero también intensamente, como yo te quise. ¿Ves?... En la vida todo se repite: un Carnaval me dejó sin ti, y otro Carnaval te deja sin él... (Pausa.) ¡Lloras!... No, no...

ARACELI

No puedo contenerme... Perdona... déjame llorar: lloro de rabia... no lloro por él, por él no... no... ¡no!...

DANIEL

¡Y aunque llorases por él!... ¿Acaso hace veinte años, en una noche como ésta, no lloré yo por ti?

TELON