CAPÍTULO XI.
Paz y desarrollos interiores de la Iglesia de Judea.
Año 38
Desde el año 38 al 44 parece que no sufrió persecucion alguna la Iglesia[585]. Tomaron los fieles precauciones que sin duda descuidaran antes de la muerte de Estéban y evitaron hablar en público. Tal vez tambien las desgracias de los judíos, que durante todo el segundo período del reinado de Calígula, estuvieron en lucha con este príncipe, contribuyeron á favorecer la secta naciente. Efectivamente, los judíos perseguían más cuanto mayor era la armonía que reinaba entre ellos y los romanos. Para asegurar ó recompensar su tranquilidad, estos les aumentaron sus privilegios y en particular el que más querian, el derecho de castigar á las personas que miraban como infieles á la Ley.[586] Ahora bien, los años á que hemos llegado fueron de los más tempestuosos para la historia, siempre turbulenta de aquel pueblo singular.
La antipatía que los judíos por su superioridad moral, por sus nobles costumbres y tambien por su dureza, excitaban en las poblaciones en medio de las cuales vivian, habia llegado á su colmo, sobre todo en Alejandría[587], y estos ódios acumulados pudieron al fin satisfacerse al subir al imperio uno de los mayores locos que hayan reinado. Calígula, despues de la enfermedad que alteró sus facultades mentales (octubre, 37) daba el espantoso espectáculo de un furioso gobernando el mundo con el poder más enorme que jamás hombre alguno ha tenido en sus manos. La desastrosa ley del cesarismo hacia posibles é incurables semejantes horrores, que duraron tres años y tres meses. Dá vergüenza narrar en una historia séria lo que vamos á decir: antes de entrar en la reseña de estas saturnales, es necesario repetir con Suetonio: Reliqua ut de monstro narranda sunt.
El más inofensivo pasatiempo de aquel insensato, era ocuparse de su propia divinidad[588], demostrando una especie de amarga ironía, una mezcla de gravedad cómica (pues al mónstruo no le faltaba talento), y de irrision profunda al hablar del género humano. Los enemigos de los judíos comprendieron la inmensa ventaja que podian sacar de esta manía. Era tal el estado religioso del mundo, que no se levantaba una sola protesta contra los actos sacrílegos del César; y cada culto se apresuró á conferirle los títulos y honores reservados á sus dioses. La eterna gloria de los judíos es haber levantado el grito de la conciencia indignada en medio de esta innoble idolatría. El principio de intolerancia que les dominaba y que les conducia á tantas crueldades aparecia aquí bajo su verdadero aspecto. Afirmando que era absoluta su religion no se humillaron ante el odioso capricho del tirano y esto fué el orígen de tantas persecuciones sin fin. Bastaba que hubiese en una poblacion un solo hombre descontento de la sinagoga, malvado ó simplemente espía, para sentir espantosas consecuencias. Un día se encontraba un altar en honor de Calígula en sitio donde no podian tolerarlo los judíos[589]: otro una multitud de chiquillos escandalizaban porque sólo los judíos rehusaban colocar la estátua del emperador en sus lugares de oracion; corríase entonces á las sinagogas y á los oratorios; poníase en ellas el busto de Calígula[590] y colocaban á los infelices en la alternativa de renunciar á su religion ó de cometer un crímen de lesa majestad. De ahí originábanse espantosas vejaciones.
Habíanse renovado varias veces semejantes actos, cuando se le sugirió al emperador una idea todavía más diabólica, y fué la de colocar una colosal estátua de oro en el santuario del templo de Jerusalem y hacer dedicar el templo mismo á su divinidad[591]. Esta odiosa intriga aumentó por treinta años la revolucion y ruina de la nacion judaica.
La moderacion del legado imperial, Publio Petronio y la intervencion del rey Herodes Agrippa, favorito de Calígula, previnieron la catástrofe; pero hasta el momento en que la espada de Querea libró á la tierra del tirano más execrable que habia sufrido, los judíos vivieron por todas partes bajo el terror. Philon ha conservado los detalles de la inaudita escena que tuvo lugar, cuando una diputacion, de la cual aquel era presidente, fué admitida á presencia del emperador[592]. Calígula les recibió mientras visitaba las poblaciones de Mecenas y de Lamia, cerca del mar en los alrededores de Pozzuoli. Era un dia en que estaba de buen humor: Helicon su primer bufon acababa de contarle toda clase de bufonadas sobre los judíos. «¡Ah! ¿sois vosotros, les dijo con amarga sonrisa y enseñándoles los dientes, los únicos que no quereis reconocerme por Dios y preferís adorar á uno que ni siquiera os atreveis á nombrar?» y acompañó estas palabras con una horrible blasfemia. Los judíos temblaron y sus adversarios alejandrinos tomaron la palabra: «Vos aborreceriais más, señor, á toda esa gente y á su nacion si supierais la aversion que os profesan, pues son los únicos que no han sacrificado por vuestra salud, cuando todos los demás pueblos lo han hecho.» Á estas palabras, contestaron los judíos que aquello era una calumnia y que ellos habian ofrecido tres veces para la prosperidad del emperador los sacrificios más solemnes que les permitia su religion. «Sí, dijo Calígula con seriedad cómica, habeis sacrificado muy bien pero no es á mí á quien habeis sacrificado; ¿qué ventaja he sacado yo?» y en seguida volvióles la espalda, empezó á recorrer las habitaciones, dando órdenes para su reparacion, subiendo y bajando sin cesar. Los desdichados diputados (entre los cuales figuraba Philon, de ochenta años de edad, el más venerable de aquel tiempo despues de la muerte de Jesús), le seguian por todas partes jadeantes, temblando, ridiculizados por los criados. Calígula volvióse de repente y dijo: «Á propósito, ¿por qué no comeis cerdo?» Los bufones se echaron á reir y los oficiales con tono severo les advirtieron que faltaban á la majestad del emperador con sus risas inmoderadas. Los judíos balbucearon y uno de ellos dijo sencillamente: «Pero hay personas que no comen cordero.—¡Ah! en esto, repuso el emperador, tienen razon, pues es manjar que no tiene gusto alguno.» Fingió entonces querer enterarse de su negocio, mas apenas empezaron la explicacion interrumpióles su discurso, se fué á dar órdenes para la decoracion de una sala que queria adornar con piedra lapidaria. Regresó afectando cierta moderacion, preguntó á los enviados si tenian algo que añadir y como estos reanudaran el discurso interrumpido, volvióles de nuevo la espalda para ir á ver otra sala que hacia adornar con pinturas. Este juego del tigre que se divierte con su víctima, duró horas: los judíos solo esperaban la muerte, pero en el último momento la fiera escondió sus garras: «¡Vamos! dijo Calígula decididamente, estas gentes son más dignas de compasion que culpables por no creer en mi divinidad.» Véase pues cómo se trataban las cuestiones más graves bajo el horrible régimen que la humillacion del mundo habia creado, que una soldadesca y una poblacion igualmente viles querian, y que la bajeza de todos sostenia.
Año 39
Se comprende que esta situacion tirante hubiese hecho perder á los judíos del tiempo de Marulo mucha audacia de aquella que les hacia hablar tan atrevidamente de Pilatos. Los cristianos, arrojados del templo, debian estar menos espantados que los judíos de los proyectos sacrílegos de Calígula ya que eran entonces poco numerosos para que Roma pudiera conocer su existencia. La tempestad del tiempo de Calígula, como la que precedió á la toma de Jerusalem por Tito, pasó sobre su cabeza sin tocarles y aun á muchos de ellos les favoreció. Todo lo que debilitaba la independencia judía les era favorable, puesto que les libraba del poder de una ortodoxia supuesta apoyando sus pretensiones con severas penas.
Este período de paz, fué fecundo en desarrollos interiores. La Iglesia naciente se dividia en tres provincias: Judea, Samaria y Galilea[593], á la cual sin duda pertenecia Damasco. Jerusalem tenia su primacia, absolutamente incontestable. La Iglesia de esta ciudad cuyos habitantes se habian dispersado despues de la muerte de Estéban se reconstituyó pronto: los apóstoles no abandonaron jamás la poblacion y los hermanos del Señor continuaban ejerciendo y gozando grande autoridad[594]. Parece que esta segunda Iglesia de Jerusalem no se organizó de una manera tan rigurosa como la primera; la comunidad de bienes no fué estrictamente restablecida y solamente se fundó una gran caja para los pobres, donde debian depositarse las limosnas que las iglesias particulares remitian á la Iglesia madre orígen y fin permanente de su fé[595].
Año 40
Pedro verificaba distintos viajes apostólicos alrededor de Jerusalem[596] y gozaba todavía de una grande reputacion de milagrero. En Lydda[597] sobre todo, pasaba por haber curado á un paralítico nombrado Eneas, milagro que le valió numerosas conversiones en la llanura de Saron[598]. De Lydda se volvió á Joppe[599] poblacion que parece haber sido un centro para el cristianismo. Las poblaciones de obreros, de marinos, de gente pobre, donde los judíos ortodoxos no dominaban[600] eran los que ofrecian mejores disposiciones para la nueva secta. Pedro permaneció mucho tiempo en Joppe en casa de un curtidor llamado Simon que vivia cerca del mar[601]. La industria del cuero era demasiado impura y no se visitaba á los que la ejercian, aunque los blanqueadores estaban ya reducidos á vivir en un barrio separado[602]. Escogiendo Pedro semejante morada, da una prueba de su indiferencia por las preocupaciones de los judíos y trabaja para el ennoblecimiento de las pequeñas industrias que entran por mucho en la obra del espíritu cristiano.
La organizacion de las obras de caridad se proseguia con ardor. La Iglesia de Joppe poseia una mujer admirable llamada en armenio Tabitha (señorita) y en griego Dorcas[603], que consagraba todos sus cuidados á los pobres[604]. Parece que era rica y distribuia sus bienes en limosnas. Esta respetable señora habia formado una sociedad de viudas piadosas que se dedicaban[605] á tejer vestidos para los pobres. Como la excision del cristianismo y judaismo no se habia consumado, es probable que los judíos bendijeran estos actos de caridad. «Los santos y las viudas»[606] eran piadosas personas que hacian bien á todos, especie de mendicantes que solo eran sospechosos á los rigoristas de una ortodoxia pedantesca, unos fraticelli amados del pueblo, devotos, caritativos y llenos de piedad.
El gérmen de estas asociaciones de mujeres que son una de las glorias del cristianismo, existió de esta suerte en las primeras iglesias de Judea. En Jaffa empezó la generacion de estas mujeres vestidas de lino, que al través de los siglos debian continuar la tradicion de la caridad secreta. Tabitha fué la madre de una familia que no acabará mientras existan miserias que consolar, buenos deseos de mujer que deban satisfacerse. Más tarde se dijo que Pedro la habia resucitado. ¡Ah! la muerte por insensata que sea, por injusta que fuese en este caso, es inflexible. Cuando el alma más sublime se ha exhalado, el decreto permanece irrevocable; la mujer más excelente, como la más vulgar, no responde á las voces amigas que la llaman. Pero la idea no está sujeta á las condiciones de la materia. La virtud y la bondad escapan de las garras de la muerte: Tabitha no tenia necesidad de resucitar. Por pasar algunos dias más en esta triste vida, ¿habia necesidad de hacerla salir de su dulce é inmutable eternidad? Dejadla descansar en paz, ya llegará el dia de los justos.
En aquellas poblaciones tan mezcladas, el problema de la admision de paganos al bautismo se ofrecia á cada momento y convenia resolverlo con urgencia. Esto preocupaba mucho á Pedro. Estaba un dia orando sobre el terrado de la casa del curtidor, viendo ante él aquel mar que iba á llevar pronto la fé nueva á todo el imperio y tuvo un éxtasis profético. En medio de aquel débil sueño á que se hallaba entregado, creyó experimentar una sensacion de hambre y pidió alguna cosa. Mientras se lo estaban preparando, vió el cielo abierto y una canasta atada por sus cuatro lados que descendia. Habiendo mirado al interior de la canasta, vió animales de toda especie y creyó oir una voz que le decia: «Mata y come.» Objetando que varios de estos animales eran impuros, le repuso la voz: «No llames impuro lo que Dios ha purificado.» Esto le fué repetido tres veces seguidas. Pedro se persuadió de que estos animales representaban simbólicamente la masa de los gentiles, que Dios mismo acababa de declarar aptos para la comunion de su santo reino[607].
Pronto se presentó la ocasion de aplicar estos principios. Desde Joppe, Pedro se volvió á Cesarea, donde se puso en relacion con un centurion llamado Cornelio[608]. La guarnicion de Cesarea estaba formada en gran parte por una de aquellas cohortes compuestas de voluntarios italianos que se llamaban Italicæ[609]. El nombre completo de esta ha podido ser cohors prima Augusta Italica civium romanorum[610]. Cornelio era centurion de esta cohorte y por consiguiente italiano y ciudadano romano. Era un buen hombre, que despues de largo tiempo se sentia atraido por el culto monoteista de los judíos, oraba, hacia limosnas, y en una palabra, practicaba todos los preceptos de la religion natural que supone el judaismo; pero no habia sido circuncidado y por esto no era prosélito de grado alguno; era solo un pagano piadoso, un israelita de corazon, y nada más[611]. Toda su casa y algunos soldados de su compañía estaban, segun se decia, en las mismas disposiciones[612]. Cornelio quiso entrar en la nueva Iglesia, y Pedro cuyo carácter era franco y bondadoso acordóle lo que deseaba, y el centurion fué bautizado[613].
Tal vez Pedro no encontró de pronto dificultad alguna; sin embargo, á su regreso á Jerusalem se le dirigieron graves cargos. Habia faltado abiertamente á la ley, habia estado entre los incircuncisos y habia comido con ellos. La cuestion era efectivamente capital; se trataba de saber si la ley estaba abolida, si era permitido violarla por proselitismo y si los gentiles podian ser recibidos de hecho en la Iglesia. Para defenderse contó Pedro su vision de Joppe y más tarde el hecho del centurion sirvió de argumento para el bautismo de los incircuncisos. Á fin de darle más fuerza se supuso que en este grave asunto mediaba la intervencion del cielo; se explicó que Cornelio, despues de fervientes oraciones, habia visto á un ángel que le habia ordenado fuese á Joppe á llamar á Pedro; que la vision simbólica de Pedro, tuvo lugar á la misma hora en que llegaban los emisarios de Cornelio, y que desde entonces se habia encargado Dios de legitimar todo lo que se habia hecho, puesto que el Espíritu Santo, habiendo descendido sobre Cornelio y sobre las personas de su casa, estos habian hablado la lengua, y recitado los salmos á la usanza de los otros fieles. Y ¿era natural rehusar el bautismo á las personas que habian recibido el Espíritu Santo?
La Iglesia de Jerusalem estaba todavía compuesta de judíos y de prosélitos: que el Espíritu Santo descendiera sobre los incircuncisos, antes del bautismo, parecia un hecho muy extraordinario y es probable que desde entonces existiera un partido opuesto, en principio, á la admision de los gentiles, y que no todo el mundo aceptara las explicaciones de Pedro. El autor de las Actas[614] quiere que la aprobacion haya sido unánime; pero dentro de algunos años, veremos renacer la cuestion con mayor empeño[615]. Tal vez se acepta el hecho del buen centurion como el del eunuco de Etiopía, á título de hecho excepcional justificado por una revelacion y una órden expresa de Dios, pero el asunto está lejos de quedar resuelto. Esta fué la primera controversia en el seno de la Iglesia; el paraiso de la paz interior habia durado seis ó siete años.
Desde el año 40, poco más ó menos, la grande cuestion, de la cual dependia el porvenir del cristianismo, parece haber quedado resuelta. Pedro y Felipe con su buen juicio, entrevieron la verdadera solucion y bautizaron á los paganos. Sin duda en las dos reseñas que el autor de las Actas nos da sobre este asunto y que están en parte calcadas la una sobre la otra, es difícil desconocer su sistema. El autor de las Actas pertenece á un partido de conciliacion favorable á la entrada de los paganos en la Iglesia y no quiere confesar las divisiones que la violencia de la cuestion ha producido. Se conoce perfectamente que este autor, al narrar los episodios del eunuco, del centurion y de las conversiones de los samaritanos, no quiere dar más que los detalles referentes á una sola opinion; y por otro lado tampoco podemos admitir que invente los hechos que explica. Las conversiones del eunuco y del centurion Cornelio, son probablemente hechos reales presentados y transformados segun las exigencias de la tésis, en vista de la cual ha sido compuesto el libro de las Actas.
Año 41
Aquel que diez ú once años más tarde debia dar á este debate un golpe decisivo era Pablo, el cual no se habia mezclado en ello todavía ya que se hallaba predicando en Haurán y en Damasco, refutando á los judíos y defendiendo á la nueva fé con tanto entusiasmo cuanto mayor era el que habia desplegado para combatirla. El fanatismo del cual habia sido instrumento, á su vez, no tardó en perseguirle. Los judíos resolvieron perderle obteniendo del etnarca que gobernaba en Damasco en nombre de Hareth, una órden para prenderle. Pablo se escondió: al saberse que habia de salir de la poblacion, el gobernador que queria complacer á los judíos, puso guardias en todas las puertas con órden de arrestarle, pero los hermanos le hicieron escapar de noche bajándole por una ventana que caia al otro lado de la muralla[616]. Libre de este peligro, Pablo dirigió sus pasos hácia Jerusalem. Hacia tres años[617] que era cristiano y aún no habia visto á los apóstoles. Su carácter duro, poco expansivo, y retraido, le habia hecho volver la espalda, bajo cierto aspecto, á la grande familia en la cual á su pesar acababa de entrar, y prefirió para su apostolado un país nuevo donde no pudiese encontrar colega alguno. Sin embargo, el deseo de ver á Pedro se habia apoderado de él[618], reconocia su autoridad, y como todo el mundo, le designaba con el nombre Kepha, «la piedra». Regresó pues á Jerusalem siguiendo en sentido contrario el camino que tres años antes habia recorrido bajo disposiciones muy distintas.
Su posicion en Jerusalem fué extremadamente falsa y embarazosa. Habíase dicho en esta poblacion que el perseguidor se habia convertido en el más celoso de los evangelistas y en el primer defensor de la fé que intentara antes combatir[619], pero existian contra él notables prevenciones: muchos le suponian algun horrible proyecto. Se le habia visto tan encolerizado y tan cruel penetrar en las casas, violando los secretos de familia para encontrar alguna víctima, que se le creia capaz de representar semejante papel para perder mejor á los que odiaba[620]. Parece que vivió en casa de Pedro[621]: pero varios discípulos permanecian sordos á su voz y se separaban de él[622]. Bernabé, hombre de corazon y de voluntad, desempeñó en aquella ocasion un papel importante.
En su calidad de chipriota y de nuevo convertido comprendió mejor que los discípulos galileos la posicion de Pablo. Presentósele delante; cogióle la mano de algun modo, le presentó á los más reticentes y salió garante de él[623]. Por este acto de sabiduría y de penetracion, Bernabé mereció el más elevado puesto en el cristianismo. Él fué el que comprendió á Pablo; á él es á quien la Iglesia debe el más extraordinario de sus fundadores. La fecunda amistad de estos dos hombres apostólicos, amistad que no empañó nube alguna, á pesar de sus divergencias, fué más tarde causa de la asociacion para las misiones contra los gentiles. Esta grande asociacion data de la primera permanencia de Pablo en Jerusalem. Entre las causas de la fé del mundo es necesario contar el generoso movimiento de Bernabé tendiendo la mano á Pablo sospechoso y despreciado; la profunda intuicion que le hizo descubrir un alma de apóstol bajo aquel aspecto humilde, la energía con que venció los obstáculos que presentaban los repugnantes antecedentes del converso, y tal vez ciertos rasgos de su carácter, que se habian interpuesto entre él y sus nuevos hermanos.
Por otra parte, Pablo evitaba sistemáticamente ver á los apóstoles. Él mismo dice, y lo afirma bajo juramento, que solo veia á Pedro y á Jacobo, hermano del Señor[624]. Su permanencia allí, solo duró dos semanas[625]. Es posible que cuando Pablo escribió la epístola á los Galatas (vers. 56) se hubiese encontrado, por las circunstancias del momento, obligado á falsear un poco el carácter de sus relaciones con los apóstoles y les presentara más secos, más imperiosos de lo que fueron en realidad; pero el versículo 56 tiende esencialmente á probar que nada habia recibido de Jerusalem y que en manera alguna era el mandatario del consejo de los Doce establecido en aquella poblacion. Su actitud en Jerusalem era la de un maestro altivo que evita las relaciones con los otros maestros para no estar subordinado á ellos, y no la actitud humilde de un culpable arrepentido de su pasado, como supone el autor de las Actas. Nosotros no podemos creer que desde el año 41 estuviera Pablo animado de esta especie de celo de conservar su propia originalidad que mostró más tarde. La rareza de sus entrevistas con los apóstoles y la brevedad de su permanencia en Jerusalem, reconocian por causa probablemente la cortedad que experimentaba delante de personas de naturaleza distinta á la suya y llenas de prejuicios contra de él, más bien que una política sagaz que le hubiese hecho comprender con quince años de anticipacion los inconvenientes que podia encontrar en sus relaciones.
En realidad lo que debia levantar una barrera entre los apóstoles y Pablo, era sobre todo la diferencia de carácter y de educacion. Los apóstoles eran todos Galileos y no habian estado en las grandes escuelas judías; habian visto á Jesús y se acordaban de sus palabras; eran de naturaleza buena y piadosa, y á veces ingénuos y graves. Pablo era un hombre de accion, lleno de fuego, medianamente místico, impulsado como por una fuerza superior á formar parte de una secta que no era en manera alguna la de su primitiva adopcion. La revolucion, la protesta, eran sus habituales sentimientos[626]. Su instruccion judía era mucho más profunda que la de todos sus nuevos hermanos; pero no habiendo oido á Jesús, no habia sido instituido por él; en esto era muy inferior, segun las doctrinas cristianas, y sin embargo, Pablo no habia nacido para aceptar un lugar secundario: su altiva individualidad exigia un sitio á parte. Probablemente por aquel tiempo concibió la atrevida idea de que despues de todo nada tenia que envidiar á aquellos que habian conocido á Jesús y que habian sido elegidos por él, puesto que tambien él mismo habia visto á Jesús, habia recibido una revelacion directa y el mandato de su apostolado. Aun aquellos que fueron honrados con una aparicion personal de Cristo resucitado, podian suponerse más privilegiados que él, pues por haber sido su vision la última, no por eso valia menos, puesto que se produjo en circunstancias que le daban un carácter particular de importancia y de distincion[627]. ¡Oh error! el eco de la voz de Jesús se encontraba en el discurso del más humilde de sus discípulos. Con toda su ciencia judía, Pablo no podia salvar la inmensa desventaja que resultaba para él de su tardía iniciacion. El Cristo que habia visto en el camino de Damasco no era, como decia, el Cristo de Galilea; era el Cristo de su imaginacion, de su propio sentido. Aunque estuviera atento para recoger las palabras de su Maestro[628], es evidente que no era más que un discípulo de segundo órden. Si Pablo hubiese encontrado á Jesús en vida, puede dudarse que se le hubiese unido. Su doctrina será la suya propia, no la de Jesús; las revelaciones de que habla con entusiasmo son el fruto de su cerebro.
Estas ideas que aún no se atreve á propagar le hacen incómoda su estancia en Jerusalem. Á los quince dias se despide de Pedro y parte. Habia visto tan poca gente que se atreve á decir que nadie en las iglesias de Judea habia visto su semblante y que lo que sabian de él, era solo de oidas[629]. Más tarde atribuyó él mismo á una revelacion esta brusca partida. Contó que un dia orando en el templo, tuvo un éxtasis y que vió á Jesús en persona y recibió la órden de abandonar pronto á Jerusalem «puesto que no estaban dispuestos á recibir su testimonio.» En cambio de la ciudad, Jesús le prometia el apostolado de las naciones lejanas y un auditorio sumiso á su voz[630]. Los que quieren ahogar el recuerdo de las disensiones y disgustos que la entrada de este indócil discípulo causó en la Iglesia, aseguran que Pablo pasó largo tiempo en Jerusalem viviendo con los hermanos bajo la más completa libertad, pero que habiendo querido predicar á los judíos helenistas, fué amenazado de muerte por ellos, y los hermanos que velaban por su seguridad le hicieron conducir á Cesarea[631].
Es probable que de Jerusalem fuese á Cesarea, pero estuvo allí poco, pues marchó á recorrer en seguida la Siria y despues la Cilicia[632]. Sin duda desde entonces empezó á predicar, pero solo por cuenta propia y sin acuerdo de persona alguna. Tarso, su patria, fué su morada habitual durante este período de su vida apostólica, que puede graduarse en dos años[633]. Es posible que las iglesias de Cilicia le deban sus primicias[634]; sin embargo, la vida de Pablo no fué en esta época tal como la vemos más tarde. Él no tomó el título de apóstol, reservado únicamente á los Doce[635]. Á partir de su asociacion con Bernabé (año 45) es cuando entra en esta carrera de peregrinaciones sagradas y de predicaciones, que le convierten en un tipo del misionero viajante.